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Hermione y los merodeadores, nuevas amenazas — capítulo 16
Unos días después, Molly estaba en su tienda trabajando como siempre, la verdad es que el poner esa tienda le había alegrado y mucho, no solo había dejado de recibir el dinero de sus hermanos sino que ella tenía el suyo propio y podía decir orgullosa que lo había conseguido trabajando.
Además la tienda había sido muy bien recibido cada día entraba mucha gente y siempre se quedaba sin existencias, es como si la gente no pudiera vivir sin pasteles.
Molly estaba atendiendo a unos clientes, cuando la puerta se abrió y apareció Lucius, la mujer al verlo ya le puso mala cara e ignorándolo siguió atendiendo.
−Gracias por haber venido, disfrutad de vuestro pastel.
La mujer le sonrió. −Molly tus pasteles están realmente ricos, mi marido me pide uno cada semana.
−Es un placer hacerlos y que disfrutéis en familia de él.
−Volveré pronto, nos vemos.
−Hasta pronto. −Cuando la clienta se fue Molly miro a Lucius. −¿A qué has venido?
−¿No es evidente? A comprar un pastel, Lyra me ha pedido uno. −Y acercándose a la vitrina vio que había muchos de diferentes sabores, nunca había visto tantos, así que miro a la prima de su mujer. −¿Cuál me recomiendas?
Molly lo miro un momento mal, pero luego se le paso, aunque le caía realmente mal era un cliente mas y ella siempre respetaba a la gente que entraba en su tienda.
−¿Qué le gusta?
−De todo, la crema, el caramelo, el chocolate…
−Tengo de vainilla, tres chocolates, nata con fresas,
−Me llevare uno de tres chocolates y otro de nata con fresas, pero que no tengan bizcocho.
−Tengo sin bizcocho. −Y se puso a preparar el pedido cuando la puerta se abrió y apareció Dorea.
−Buenas Molly.
La mujer dejo un momento lo que estaba haciendo y sonrió a su tía, Molly ya había perdonado a Dorea, la señora Potter fue a pedirle disculpas diciéndole que no tendría que haberle dicho lo que le dijo en la fiesta de navidad, que cada uno era dueño de su propia vida.
Molly le dijo que era verdad todo lo que le había dicho y que necesitaba que alguien le abriera los ojos incluso le había ayudado a buscar un bonito diseño para sus cajas y sus tarjetas de visita.
−Ahora te atiendo.
−No te preocupes, yo mirare. −Y acercándose miro a Lucius. −¿Has venido a por pasteles?
El hombre la miro. −Lyra me ha pedido uno así que se lo llevare para merendar, ¿Cómo está Charlus?
−Trabajando como siempre, y los niños están en la escuela así que me aburro todo el tiempo sola en casa. −Y miro a Molly. −Te envidio tienes una hermosa tienda y haces unos pasteles buenísimos.
La mujer le sonrió. −Puedes venir cuando quieras a ayudarme.
−Oh no que horror, mis pasteles siempre terminan hundiéndose lo he intentado de mil maneras diferentes pero no me salen. −Y entonces tuvo una idea. −¿Por qué no das clases de pastelería? Yo me apuntaría encantada.
Molly la miro olvidándose completamente del pastel que estaba preparando.
−Dorea tiene razón. −Lucius la miro. −Si pusieras una clase podrías cobrar 20 galeones por clase o 50 al mes, y seguro que más de uno se apuntaría como la mujer de antes.
−Nunca he dado clase.
−Y nunca habías trabajado y la tienda siempre está llena, solo tendrías que buscar un lugar para hacerlas.
−Arriba hay espacio.
−Pues ya tienes espacio, solo lo tendrías que acondicionar. −Dorea le sonrió. −Si haces dos clases a la semana, podrías tener unas 20 alumnas o alumnos, y serían 400 galeones a la semana o más de 1000 al mes, y con lo que ganas en la tienda sería una buena suma, podrías empezar a ahorrar.
−Mama hazlo. −Le dijo Ginny que había salido del almacén.
Molly la miro. −¿Tú crees?
La niña le sonrió. −Se que lo que más te gusta es hacer pasteles, y ya has cumplido tu sueño pero hay personas como tía Dorea que no se le dan bien hacerlos y así les podrías enseñar, serías una buena profesora.
−−Ginny tiene razón.
−Está bien, me habéis convencido, ¿pero a quien pongo para que atienda? No quiero cerrar y tampoco me puedo permitir contratar a una ayudante no cuando acabo de empezar.
−La familia es muy grande, así que seguro que encontramos a alguien. −Le dijo Dorea.
−Sí, gracias por tu idea. −Y siguió preparando el pedido de Lucius.
Por la noche, Molly y Ginny le explicaban a Arthur lo de sus clases de pastelería, el hombre le sonrió. −Es una magnífica idea, mucha gente en el ministerio me pregunta tus secretos para hacerlos.
−Ahora tengo que buscar un ayudante para los días que yo de clases.
−Seguro que lo encuentras. −Le dijo Arthur orgulloso.
En casa de los Black, Hermione miraba emocionada a su marido. −Sabes, sabes.
Sirius la miro sonriendo. −No, ¿Qué?
−Molly va a dar clases de pastelería en su tienda, y me voy a apuntar.
−Eso está muy bien.
−Mucho, y me llevare a Altea para hacerlos entre las dos.
−Es una buena idea, ¿y cuando empiezan las clases?
−Pues no lo sé, aun no ha decidido nada, me lo ha dicho mama esta tarde.
−Yo también tengo algo para ti. −Y le dio un sobre.
−¿Qué es? −Pregunto cogiéndolo.
−Ábrelo y lo sabrás.
Hermione abriéndolo vio que era unas fotos y pasándolas vio una que hizo que las lagrimas empezaran a salir, en esa foto estaba con los Granger, durante la fiesta de navidad de los Potter había hablado con ellos, pero no sabía que le habían hecho ningún foto. −¿Cómo?
−Mi tío pidió a uno de los fotógrafos que contrato que estuviera pendiente de ti y si te veía con ellos que no perdieran la oportunidad y te hicieran la foto.
−Me encanta, es el mejor regalo de todos. −Y lo miro. −Gracias.
−De nada hermosa, tengo algo más. −Y le dio otro paquete.
La mujer abriéndolo vio que era un portarretratos. −Has pensado en todo.
−Claro que sí. −Y abriendo el portarretratos puso la foto y enseñándosela se levanto y la puso al lado de las otras familiares. −Así los podrás ver todos los días.
Hermione levantándose lo abrazo por la cintura y apoyándose en su pecho se puso a verla. −Me encanta.
−Lo sé. −Y besándola se quedaron viendo la foto, hasta que el pequeño terremoto de la familia entro corriendo con Polar el cachorro de perro que la familia tenía.
−Tenemos hambre. −Protesto.
La mujer separándose de su marido miro a su hija. −Ves con papa a bañarte yo me pondré con la cena.
−¿Mami que vamos a cenar?
−Estofado que hace mucho frío. −Y miro a su marido. −Sécale bien el cabello, con este frio no quiero que se constipe, últimamente san mungo está lleno de enfermos.
−La secare bien. −Y cogiendo a su hija en brazos se fueron escaleras arriba, mientras Hermione miraba una última vez la foto de sus padres y se iba a la cocina a preparar la cena.
Antes de ponerse a cocinar miro por la ventana y vio que los arboles no dejaban de moverse por culpa del aire, hacia mucho frio ni loca salía a la calle, por suerte ya no tendría que salir Sirius ya había sacado a los perros a pasear y podían disfrutar de el calor del hogar, y olvidándose del frio que hacía fuera se puso a preparar la cena.
El tiempo fue pasando y pronto el frio invierno dejo paso a la primavera, aunque en Londres no se podía apreciar bien, pues era como si aun estuvieran en invierno, el sol se dejaba ver a ciertas horas del día.
Termino de pasar enero, febrero y marzo para llegar a abril, Hermione recordaba que en esas fechas, Quirell se había acercado a Hagrid para descubrir el secreto de Fluffy.
Ese día le dijo a Remus que salía un poco antes de su ronda y se fue a ver a su padre que como siempre estaba en su despacho.
Al llegar al ministerio saludo a varias personas a las que conocía y se fue al despacho de su padre, después de saludar a la secretaria, pico a la puerta y cuando le dieron permiso entro.
Charlus que estaba sentado detrás de su escritorio al verla dejo de hacer lo que estaba haciendo y levantándose la fue a abrazar.
−No te esperaba, ¿todo bien?
−Si papa, solo quería saber cómo vas con lo del dragón.
−He enviado a mis aurores para que controlen el caldero chorreando por la noche, pero de momento no han encontrado a nadie, y estamos vigilando a Hagrid.
−Igual Quirell sabe como esconderse, y puede dar esquinazo a tu gente.
−Lo sé, pero lo que nosotros queremos es pillarlo delante del espejo, así que tampoco queremos impedirle que se reúna con Hagrid.
−Ese hombre me cae bien, pero es bastante simple cuando se trata de animales mágicos y criaturas poco comunes, y habla demasiado sin darse cuenta.
−La verdad es que si. −Y le sonrió. −No te preocupes esta todo preparado.
−Lo sé. −Y levantándose le dio un beso y le sonrió. −Tengo que ir a buscar a la monstruita de tu nieta a la escuela.
−¿Qué tal esta?
−Muy bien pero desde que fuimos a las clases de cocina de Molly siempre me quiere ayudar incluso me ha pedido un delantal.
Charlus le sonrió. −Eso está bien, así tienes un pinche de cocina.
−Mi pinche se come todo lo dulce que ve, la tengo que ir controlando.
−Es como su padre.
−Y que lo jures, me voy nos vemos pronto. −Y dándole otro beso en la mejilla se fue.