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Hermione y los merodeadores, nuevas amenazas — capítulo 4
Mientras los Potter estaban en casa de sus abuelos maternos, en san mungo, Remus terminaba su jornada laboral, se había pasado las últimas cuatro horas rellenando historiales clínicos, y antes de que lo llamaran para alguna consulta cogió sus cosas y despidiéndose de las recepcionistas se desapareció para aparecerse delante de su casa.
Nada más entrar escucho la música que provenía del violín de su hijo, Lyall se pasaba horas y horas delante de sus partituras ensayando, dejando las cosas en el armario de la entrada se acerco a la cocina donde Alex estaba preparando la comida.
La mujer al ver a su marido le sonrió. −Ya estás aquí.
−Sí. −Y acercándose la beso. −¿Por qué hay tanto silencio?
−Como puedes escuchar Lyall está ensayando y Aaron y Mary Rose están en el jardín jugando con Moony.
−Los voy a ver, la última vez que no los controlamos el pobre Moony termino siendo verde.
Alex se rio recordando que con un colorante verde el perro termino siendo verde en vez de blanco que era su color.
−Me he asegurado de que no tengan más colorante.
−Mejor. −Y besándola de nuevo, se fue al salón donde Lyall estaba con su violín, su hijo tocaba hermoso, sin querer molestarlo en medio de la pieza que estaba tocando se apoyo en la pared y cerró los ojos.
No paso ni cinco minutos cuando se escucho una risa, al abrir los ojos vio a su hijo mayor riéndose. −Te vas a quedar dormido.
Remus le sonrió. −Estaba escuchando como tocabas, ¿es tu nueva composición?
−Sí, aunque aún no tiene nombre.
−Seguro que le encuentras un buen nombre, sigue tocando que yo iré a ver a tus hermanos.
−Espero que Moony no sea verde de nuevo.
−Yo también lo espero. −Y saliendo al jardín vio a sus hijos jugando con el perro que les había regalado Sirius y Hermione.
Moony era el hijo de Snow el perro de los Black, y hacía un par de años había tenido una camada y le habían regalado uno, a los Potter otro, y así hasta encontrar familia para cuatro de los cinco cachorros de la nueva familia.
Remus miro a sus hijos estaban jugando tranquilamente en el jardín, eso nunca era bueno seguro que se les ocurría algo.
−¿Niños que hacéis?
Los niños al escuchar la voz de su padre dejaron lo que estaban haciendo y lo miraron.
−Nada. −Dijo Aaron, el tenia ocho años y era castaño con los ojos castaños como los suyos, el era una mezcla entre James y Sirius se pasaba todo el día haciendo bromas incluso su profesora le había llamado varias veces para contarle las cosas que hacía en la escuela.
−Es verdad papi no estamos haciendo nada malo. −Dijo Mary Rose de siete años que era idéntica a su madre rubia con los ojos verdes, como tenía dos abuelas y ya no querían tener más hijos en vez de ponerle el nombre de las abuelas le pusieron el nombre de dos de sus bisabuelas, y era un buen nombre, le gustaba mucho, y la niña era bastante tranquila menos cuando se juntaba con su hermano, entonces era cuando se tenían que preparar.
−Bueno dejar a Moony que ya es hora de comer, ir a lavaros las manos, que esta tarde nos iremos al restaurante de los abuelos.
−Sí. −Y levantándose se fueron.
Cuando sus hijos entraron en la casa, Remus se agacho y toco la cabeza de Moony. −Esta tarde estarás solo, los monstruitos se irán.
El perro como si le entendiera le lamio la cara.
−Lo sé, tú los quieres pero a veces quieres estar solo, esta tarde podrás descansar. −Y levantándose entro en la casa.
Después de comer, Remus los miro. −Quiero descansar un rato, así que poneros a ver la tele y cuando me despierte nos iremos al restaurante.
−Si papa.
−Gracias. −Y miro a su mujer. −Dormiré un par de horas.
Alex le sonrió. −Duerme lo que necesites se que has estado trabajando mucho últimamente.
−Sí. −Y llevando su plato al fregadero se fue a su cuarto, donde se puso unos pantalones cortos y se metió en la cama a dormir, le gustaba su trabajo, pero a veces era muy cansado como ahora, así que cerrando los ojos se relajo para descansar.
En la planta principal, los niños ayudaron a recoger los platos y luego se sentaron en los sofás para ver la tele un rato.
Mientras miraban la tele, Alex miro a sus hijos, sus pequeños tesoros los amaba muchísimo, Remus le había dado el mejor regalo de todos, y gracias a las pociones de Chi, ninguno de los tres tenia la licantropía de su marido, aunque a ella no le importaría pero sabía que a su marido sí, no quería que ellos pasaran por lo mismo que el paso.
Y sus padres cuando se enteraron del secreto de Remus, pues decidieron contárselo y no tener secretos se enfadaron mucho, incluso creo que se plantearon quitarles a los niños, pero al final con mucha paciencia y hablándolo lo pudieron arreglar y con el tiempo, la relación volvió a ser igual.
−Mama. −Lyall la miro divertido. −Los marmotas ya se han dormido. −Y señalo a sus hermanos.
Alex miro a su hija y vio que se había dormido ocupando todo el sofá y Aaron igual, ocupaba el otro sofá.
La mujer miro a su hijo mayor. −Son pequeños y se han pasado toda la mañana jugando así que es normal que se queden dormidos.
−Sí, ¿podre comprarme unas partituras?
Ales lo miro. −¿Pero la semana pasada no te compraste otra?
−Sí, pero me gusta, por fa. −Y la abrazo.
Alex riéndose lo abrazo. −Claro que si cariño, pero ahora vamos a seguir viendo la tele.
−Tengo sueño. −Dijo bostezando.
−Duerme. −Y le dio un beso en la frente. −Cuando tu padre se despierte nos iremos.
−Sí. −Y apoyándose en las piernas de su madre cerró los ojos.
Mientras miraba la tele, acariciaba el cabello de su hijo, era rubio dorado muy suave.
Aunque en esa casa nunca había tanto silencio, pues sus hijos eran niños y tenían que jugar, de vez en cuando habían silencios como ese sobre todo cuando Remus trabajaba más de diez horas seguidas en el hospital.
Su marido no solo había podido mantener su secreto oculto sino que era un hombre de éxito, era el jefe de planta en san mungo y también trabajaba a tiempo parcial en un hospital muggle, y su bóveda en gringotts tenía mucho dinero, siempre estaba haciendo inversiones siguiendo los consejos de su padre y de Charlus, sus hijos no tenían privaciones y tenían un estilo de vida alto, los niños Lupin iban a una escuela privada en Londres junto a los Black y los Potter y nunca se habían tenido que preocupar del dinero, todo gracias a que Remus trabajaba duro por su familia.
Ella misma trabajaba, pero no tantas horas como su marido, pues preferían que sus hijos se criaran con ellos en vez de con niñeras y desconocidos.
Alex que estaba viendo la tele no se dio cuenta de que poco a poco se fue quedando dormida, hasta que Remus la despertó sonriendo. −Buenos días dormilona, veo que no soy el único que se ha dormido. −Y miro a sus hijos, los tres estaban durmiendo.
La mujer le sonrió. −Estaba viendo la tele, pero la película debía de ser muy aburrida porque ni me he dado cuenta de que me quedaba dormida.
−No te preocupes, cuando me he despertado he bajado y como os he visto durmiendo, he vuelto a subir y me he bañado, voy a sacar a Moony para que pueda aguantar hasta cuando volvamos mientras tú despiertas a los niños.
−Lo hare.
El hombre besándola se fue a buscar al perro y atándole la correa se fueron.
Alex despertando a los niños les dijo que se fueron a lavar la cara y a prepararse que no tardarían en salir, mientras ella se lavaba la cara y luego le cambiaba el agua a Moony y le ponía unas galletas en su cuenco para que no se pasara todo el tiempo que estuvieran fuera sin comer, ya cuando volvieran le daría la cena.
Aunque el pienso lo compraban en una clínica veterinaria, las galletas las hacían ellos, no solo era divertido sino que también así estaban seguros de lo que comía su querido Moony, la mascota de la familia.
−Mama ya estamos. −Le dijo Lyall entrando en la cocina.
−Yo también estoy, voy un momento a peinarme y ya nos podremos ir.
−Sí.
Y dándole un beso en la cabeza, subió a su cuarto.
Media hora después, el coche de los Lupin salía del garaje, como vivían en un barrio donde habían otros mestizos no tenían problemas con tener coche y otras cosas muggles.
−Papa. −Lyall que iba en la parte de atrás lo miro. −Mama me ha dicho que me puedo comprar una nueva partitura.
Remus que iba conduciendo y se tuvo que parar en un semáforo en rojo lo miro. −Pues si te lo ha dicho, te lo puedes comprar, pero solo una que te conozco, que si me despisto te compras tres o cuatro.
−Pero papa, es que las partituras que me compro son muy finas y pronto las aprendo.
−Cuando estemos en la tienda, decidiremos.
−Sí. −Y feliz de que le dejaran comprar más partituras se puso a mirar por la ventana.
Cuando llegaron al paseo donde se encontraba el restaurante de los abuelos Lupin, dejaron el coche bien aparcado y se fueron a verlos.
Como siempre pasaba, la terraza del restaurante estaba a reventar de clientes, no cabía nadie, y dentro pasaba lo mismo, el restaurante tenía mucho éxito y para las cenas se tenía que reservar mesa y eso que era un local familiar, pero era normal que tuviera tanto éxito el ambiente era muy bueno y se podía comer muy bien, y en estos diez años que llevaban abiertos habían recibido varios premios y la prensa había hablado varias veces de ellos.
Remus estaba muy contento con sus padres, habían conseguido que su restaurante familiar fuera conocido por toda la ciudad, incluso les habían hecho ofertas para comprarlo pero ellos siempre se negaban a vender.
−Abuela. −Mary Rose se acerco corriendo a su abuela que estaba hablando con unos clientes y la abrazo.
−Hola cariño. −Y dándole un beso en la cabeza miro a los demás.
−Mama. −Remus le dio un beso en la cabeza. −Como siempre esto está lleno.
Hope dándole un beso a Alex sonrió a su único hijo. −Que te puedo decir, les gusta la comida de tu padre, además esta mañana ha venido el dueño de un restaurante nuevo y le ha hecho una oferta de trabajo.
−¿No paso lo mismo la semana pasada?
−Sí.
−Sabes que a papa no le interesa trabajar en otro lado.
−Lo sé. −Y miro a los niños. −¿Queréis algo?
−No gracias, hemos comido hace dos horas. −Dijo Alex sonriendo a su suegra. −Nos iremos un rato al parque hasta que lleguen los demás.
−Cuando tenga una mesa libre os llamo.
−Sí, gracias. −Y miro a los niños. −¿Vamos al parque?
−Yo quiero ir a comprar las partituras.
−Vamos a por ellas. −Remus miro a su madre. −Sirius y James ya no tardaran mucho en llegar, ¿les dirás que estamos en la tienda?
−Lo haré, yo tengo que volver al trabajo.
−Sí.
Antes de irse con sus hijos a la tienda de música, Remus le dio otro beso a su madre y la miro. −Me alegro mucho de que tu restaurante vaya tan bien.
Hope le sonrió. −Lo sé cariño. −Y le dio un beso en la mejilla. −Ahora ves que tus monstruitos ya se están impacientando.
−Eso siempre. −Y diciéndole que pronto estarían de regreso, se fueron a la tienda, aunque Aaron era mas de deportes que de música, también se lo llevo para que Mary Rose estuviera tranquila un rato.