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Hermione y los merodeadores, nuevas amenazas — capítulo 5
Nada más llegar a la tienda, Lyall se fue a buscar nuevas partituras, mientras Remus llevaba a Aaron a que tocara un poco la batería que allí había, Nick el dueño de la tienda la tenia puesta para que todo el que quisiera tocar lo hiciera libremente.
Aaron sentándose en el taburete y cogiendo las baquetas empezó su concierto.
Cinco minutos después, a Remus le iba a explotar la cabeza, así que le dijo a su hijo que lo dejara, ahora recordaba porque no le compraban ninguna.
El niño dejando las baquetas se levanto y lo miro.
−Cuando termine tu hermano, iremos a la tienda de videojuegos y te compraremos un juego, ¿Qué te parece?
−Lo quiero.
−Eso está bien, es un premio por haberte portado tan bien las últimas semanas.
−No quiero que me vuelvan a castigar, no me gusto.
−Lo sé. −Le dijo Remus. −Pero sabes qué hiciste mal, y por eso te tuvimos que castigar, tienes que entender que algunas bromas no se hacen, y la que tú hiciste fue de mal gusto.
−No lo volveré a hacer. −Y lo abrazo.
−Lo sé. −Hacia casi dos meses Aaron había accionado la palanca anti incendios de la escuela, y no solo evacuaron a todos los alumnos sino que también vinieron los bomberos.
Cuando se enteraron de que todo fue broma de un niño se enfadaron mucho, tanto que estuvo una semana expulsado y en casa, le quitaron la tele, el postre y estuvo dos semanas sin dinero, y cuando volvió ayudo a su profesora después de clases, y desde entonces Aaron estaba más tranquilo.
Como bien dijo su profesora, Aaron no era un niño malo, solo que aun no entendía que algunas bromas no se hacían.
Remus poniéndole la mano en la cabeza le sonrió. −Vamos al mostrador haber si tu hermano termina.
−Sí. −Y los dos se acercaron donde Nick estaba terminando de atender a un cliente, cuando termino miro al niño. −Eres un gran percusionista, tendrías que ser baterista.
−No gracias. −Remus lo miro con horror. −Solo me faltaría eso, que se pasara todo el día tocando la batería, mis vecinos llamarían a la policía y yo terminaría en una habitación acolchada.
−Que exagerado. −Dijo riéndose y miro de nuevo a Aaron, al que conocía desde que era un bebe. −¿No te interesa la música?
El niño poniendo las manos en el mostrador y mirándolo negó. −A mí me gusta la natación.
−Es muy bueno. −Dijo Remus mirando orgulloso a su hijo, Aaron se pasaba horas y horas en la piscina que habían construido en el jardín de su casa, para que sus hijos tuvieran un lugar para bañarse y no tuvieran que ir siempre a la piscina pública que siempre estaba llena de gente, y miro a Nick. −Este año Aaron empezara en el club de natación de la escuela, y será un gran nadador.
El niño miro a su padre. −¿Podre entrar en el club?
El licántropo le sonrió. −Claro que si, seguro que te lo pasas bien, además es importante que hagas ejercicio físico, no es buena estar siempre delante de una televisión
−Sí.
−Padrino. −Orión se acerco corriendo. −¿Y Lyall?
−En las partituras. −Y señalo a su hijo.
−Ahora voy. −Y se acerco corriendo.
Sirius que iba con sus gafas de sol, se acerco más tranquilo, y sonrió a Aaron. −Hola pequeñajo, −¿Qué tal te has portado?
−Bien. Y señalo a las mujeres que se detenían y miraban descaradamente a Sirius. −Tío te miran.
El hombre quitándose las gafas lo miro. −Eso siempre, soy irresistible.
−Huy sí. −Dijo Remus, pero su amigo tenía razón, allí por donde Sirius pasaba todas se le quedaban mirando, incluso lo miraban mucho más que a James, pero a él no le interesaba ninguna, no desde que conoció a Hermione, desde entonces solo tenía ojos para ella. −¿Dónde están Hermione y las niñas?
Sirius lo miro. −¿No lo adivinas?
−En la tienda de lanas.
−Sí, y se han llevado a Alex y a Mary Rose.
−A Mary solo le interesa que se le regalen los muñecos.
−Lo sé, nada más ver a Casi, tu hija le ha preguntado si ya tenía uno nuevo. −Y miro a Nick. −¿Tienes las partituras que te pedí?
−Sí, ya las tengo.
−Estupendo, pónmelas que me las llevo. −Y miro a Orión. −Ori ya tienen las partituras que querías.
El niño dejando de hablar con su primo, miro a su padre. −Que bien, me comprare una más.
−Solo una más, que ya tienes muchas nuevas.
−Sí. −Y volvió con las partituras y Lyall.
Remus miro a su amigo. −¿Cuántas has pedido?
−Cuatro, dos son para Orión y dos para Draco, como está de vacaciones no podía venir a buscarlas y me ha pedido que se las comprara.
−¿Como sigue Lyra?
−Bien, según mi prima, ya está de pie y juega con la arena de la playa y pronto podrá entrar en el agua.
−Eso está muy bien.
−Todo es gracias a ti. −Le dijo Sirius.
−Sabes que no hice nada.
−Te diste cuenta y no todos lo hubieran hecho.
Después de navidades, Lucius había tenido que hacer un viaje de negocios al extranjero y al volver no supo que volvía con la cepa de la viruela del dragón, como él estaba fuerte y sano pues el virus no creció, pero Lyra estaba constipada así que cuando el virus entro en el cuerpo de la niña de 8 años la enfermedad se descontrolo, los Malfoy preocupados por la salud de su pequeña, se fueron corriendo a san mungo donde ese día Remus estaba trabajando y se hizo con el control de la situación.
Gracias a que el medi mago fue tan rápido Lyra se recupero aunque le llevo alrededor de seis meses, lo hizo y para estar seguros de que no tenía la enfermedad en el cuerpo, se fueron a Italia de vacaciones donde el buen tiempo mediterráneo y el sol hacían del país el mejor lugar para que la niña terminara de coger fuerzas.
Y cuanto al otro ministro, Malfoy y los Black le echaron en cara que no avisaran de que tenían una enfermedad tan peligrosa por sus calles, y Remus como jefe de planta y el director de san mungo, como medi magos cerraron las chimeneas hasta que la viruela del dragón fuera erradicada, ellos ya la habían pasado y no querían que su gente volviera a tenerla.
−Es mi trabajo. −Y vio acercarse a Harry y Charlus corriendo. −Hola chicos.
−Hola, ¿y Orión y Lyall?
Sirius los señalo. −Allí.
−Voy. −Y Harry se fue corriendo.
James que iba más despacio les sonrió. −¿Qué tal?
−Eso te lo tendríamos que preguntar nosotros, sabemos que has estado con tus cuñados.
−Bueno ha sido interesante. −Y miro a su hijo. −Puedes salir a la calle, pero quédate por donde yo te pueda ver.
−Sí. −Y miro a Aaron. −¿Vienes?
Remus lo miro. −Puedes ir, pero no te alejes.
−No. −Y así los dos niños salieron de la tienda y se fueron a sentar delante de la tienda al lado de una columna donde los adultos los podían ver.
−¿Que ha sido eso de interesante? −Pregunto Sirius.
James lo miro. −No quería que Charlus lo escuchara, con mis suegros ha ido bien como siempre, pero con mis cuñados, los tendríais que ver son penosos, y luego dicen de nosotros. −Y miro a su hijo. −Harry solo una, que ya tu abuelo te ha regalado otras.
−Si papa. −Y con sus primos siguió buscando partituras nuevas.
Y James volvió a mirar a sus amigos. −Mi cuñado esta gordo como un elefante y con lo blanco que es cuando se pone rojo parece un elefante rosa.
Al escuchar eso, los dos hombres con Nick se pusieron a reír.
−Vaya cuñado te ha tocado. −Le dijo Sirius. −Si a mí me tratara como te trata a ti no me quedaría callado.
−Y muchas veces he querido hacerlo, pero luego pienso que mis suegros no tienen la culpa así que no digo nada.
−Estas teniendo mucha paciencia. −Dijo Remus.
−Lo sé, pero ni los Evans ni Lily se merecen pasar un mal rato por culpa de esos tres, porque el niño es igual que sus padres.
−Ya estamos. −Los tres niños volvieron y pusieron sus compras en el mostrador.
Orión le enseño dos a su padre. −Una es para Casi me ha pedido esta partitura.
−Si es para Casi no digo nada. −El pasatiempo de su hija era coser, pero también le gustaba tocar el piano de tanto en tanto y era bueno que aprendiera nuevas piezas. −Nick las seis partituras. −Y miro a su hijo. −¿Tienes partituras en blanco?
−El otro día, mama me compro dos cuadernos y un paquete de partituras en blanco.
−Estupendo. −Y volvió a prestar atención al dependiente. −¿Cuánto es?
Cuando los padres terminaron de pagar las partituras de sus hijos salieron a la calle y Remus miro a los niños. −Ahora vamos a la tienda de video juegos.
−Sí. −Y así la familia fue a la tienda que no estaba muy lejos, y al llegar los niños se fueron en todas direcciones.
Harry que ya sabía lo que quería, no tardo mucho en volver con su juego y se lo enseño a su padre. −Es este.
James cogiéndolo lo miro, para él todos esos juegos eran iguales, así que miro a su hijo. −¿Seguro que es este?
−Si papa.
−Pues ya estamos.
Antes de que James empezara a pagar, Charlus volvió con una caja. −¿Papa me lo compras?
El castaño miro a su hijo. −Hemos dicho un juego y el abuelo ya te lo ha comprado.
−Lo sé, pero lo quiero. −Y se lo enseño a su hermano. −Mira.
Harry cogiéndolo miro la caja. -Metroid II. −Y miro a su Charlus. −¿De qué es?
−De extraterrestres. −Y miro a su padre. −Porfis.
James los miro. −Haremos esto, os lo comprare pero cuando llegamos a casa tendréis que darme lo que cuesta el juego de vuestra paga.
Los hermanos se miraron y asintiendo miraron a su padre. −Por mi está bien. −Dijo Harry y le sonrió. −Pronto será mi cumpleaños así que no tengo que comprar nada porque tendré muchos regalos.
−Que listillo. −Y miro a Sirius que se estaba riendo. −No se lo habrás enseñado tú, ¿verdad?
−¿Yo? Que va, los niños cuando quieren algo no dudan en pedirlo. −Y mientras James pagaba, vio que Orión llegaba cargado. −¿Ori porque vas tan cargado?
El niño lo miro. −Mama me dio ayer mi paga y como había estado en la escuela no lo había podido gastar y es mucho, así que me quiero comprar todo esto.
−Primero lo quiero ver. −Sirius cogió las cajas y vio que eran tres juegos y un muñeco raro. −¿Qué es esto? −Pregunto enseñándoselo.
−Es un troll. −Dijo Harry mirando a su padrino. −En la escuela todas las niñas menores les gusta, así que le he dicho que se lo comprara a Altea.
Sirius lo miro bien. −Es feo. −Y se lo enseño a sus amigos. −¿Qué os parece?
−Que es feo, y va desnudo pero no da miedo y no muestra nada, así que se lo puedes comprar.
−Sí, es lo que voy a hacer. −Y miro a su hijo. −Yo pagare un juego y el muñeco de tu hermana. ¿Qué te parece?
Orión asintiendo sonriendo.
−Ori. −Remus miro a su ahijado. −¿Me puedes traer un muñeco de esos? −Es para tu prima.
−Claro. −Y le entrego su monedero a su padre para que fuera pagando.
−Faltan Lyall y Aaron. −Y mirando por toda la tienda, no tardo mucho en encontrar las cabezas rubias de sus hijos, así que se acerco. −¿Habéis terminado?
Los niños lo miraron. −Es que queremos tres juegos pero solo somos dos, así que no sabemos cual dejar.
Remus los miro. −Haremos esto, os comprare los tres, pero cuando lleguemos a casa, me tenéis que pagar el tercero con vuestra paga.
−Vale. −Aaron miro a su hermano mayor. −¿Lo hacemos?
−Sí. −Y le dio los juegos a su padre. −Son estos.
−Pues a pagar, que los demás ya están. −Y volviendo al mostrador cogió el muñeco que le daba su ahijado y pagaba.