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virginity — capítulo 11

11

-¿Conducirás hasta casa por mi?-Me pregunta con naturalidad mientras salimos de la casa de Glenn.

-No estás tan ebrio.-Le  digo. 

-Prometiste que lo harías.

-No lo hice, pero de todos modos ¿Por qué quieres que lo haga?

Se encoje de hombros.-Me gusta el modo en que frunces la nariz y me da más libertad para mirarte sin pensar en si no vendrá un camión a llevarnos puesto. 

-¡Ja! Frunzo la nariz porque odio  a los borrachos.-Le digo inclinando un poco la cabeza en su dirección. Cómo es posible que luego de todo lo que hemos pasados podamos charlar tan tranquilamente mientras caminamos tomados de la mano de vuelta al coche.No es como si hubiera sido ayer cuando rompimos y esta fuera otra de las tantas reconciliaciones por las que pasamos.

-Yo no soy como él.-Me dice y sé que habla de mi padre, Jeff es la única persona con la que he hablado nunca sobre él. Mamá casi no lo menciona y yo también evito hacerlo, un poco por ella, un poco por mí. Es como si el día en que se fue hubiera dejado de existir básicamente, son pocas las veces en las que lo mencionamos, pero no es más que un recuerdo lejano como unas vacaciones de la infancia  que recuerdas con cariño pero que ya han perdido significado. 

-Te llevaré  de camino a mi casa, pero luego tu te marchas.-Le digo para cortar el tema. No quiero hablar sobre papá, no con él que me ha hecho sufrir casi tanto como el hombre en cuestión.

Jeff asiente y me tiende las llaves. La hora en el salpicadero marca las once, no hemos estado casi nada de tiempo en la "fiesta" más es lo que nos hemos pasando conduciendo hoy.

-¿Por qué no vamos a ver una peli al trasnoche?-Me pregunta Jeff siguiendo mi mirada.-Carol se decepcionará si te regreso tan temprano. 

Asiento y tomo la calle 32 hasta el Cinemark, hace tiempo que no conducía el coche de Jeff, pero es como casi todas esas cosas que importan en la vida, una vez aprendes ya no se te olvidan. Aparco cerca de la entrada y como todo los fines de semana el aparcamiento está que estalla de gente. En la boletería Jeff y yo discutimos por que ver, él insiste por ver la romántica que sospecha es lo que quiero ver y yo insisto en la película de acción. Hemos tenido esta discusión cientos de veces antes y a estas alturas del partido me gustaría que fuera capaz de tomar una decisión tan simple como qué mierda vamos a ver. Pero no, él prefiere tomar otras decisiones como si me dejará o no, pero en estas estupideces se muestra solícito y cariñoso.

Al final acabamos viendo un documental que es tan aburrido que me paso la mitad de la película durmiendo. 

-Es la primera vez que vemos una película por completo desde que nos conocemos.-Me susurra, y no es cierto porque me pasé la mitad de  la cinta durmiendo pero síes cierto que no nos hemos besado en todo el rato. Aunque me he entretenido dándole palomitas de maíz en la boca y eso que sé que las detesta. 

Pero así es Jeff, capaz de hacer cualquier cosa por conquistar una mina, desde comer mierda hasta hacerse una hernia de disco por cargarla en brazos. Me encantaba que lo hiciera conmigo pero no puedo dejar de pensar en las veces en las que habrá usado los mismos trucos para conquista a otras mujeres y eso me revuelve el estómago. No debería, pero lo hace, lo hace y mucho de veras,, puedo sentir como el calor comienza a burbujear por todo mi cuerpo. 

-¿Qué pasa?-Me pregunta de pronto serio mientras salimos del cine. Estamos junto a la puerta que da a los haceos, en medio de ese entumecimiento que tarda un momento en abandonar el cuerpo de las personas luego de haberse pasado más de una hora en la misma posición frente a la pantalla luminosa.

Lo miro de soslayo y quiero preguntarle con cuantas mujeres ha estado en todo este tiempo, no es como si no hubiera pasado nada, las cosas pasaron y no puedo dejar de pensar en cuanta mujeres habrán estado sus labios o acariciado su cuerpo, me emborracha de celos la idea de que otra pueda descubrir exactamente esos detalles que sólo yo conocía de él y que ahora de íntimos y secretos no tienen nada. 

Mi atención se centra en sus labio.Esos suaves labios que me son tan familiares y extraños ahora mismo. Quiero decirle que las cosas han cambiado, que nada es lo mismo y que estoy harta de que finja que nada haya pasado. Sin embargo mis actos traicionan a mis pensamientos y antes de que sea consiente de lo que estoy haciendo, lo beso. 

Primero torpe, y luego nuestros cuerpos acostumbrados encuentran el equilibrio. Jeff se sorprende pero no se resiste, pronto hunde sus manos en mi cabello y me acerca hacia él, su boca devora la mía y nuestras lenguas juguetean de forma alocada retozando un poco en su boca, un pocoen la mía.

Gimo contra sus labios, y eso basta para que se de vuelta y me estampe contra la pared sin despegarse de mi.  Me alza por los muslos y me pone a su altura, me importa un bledo el vestido, sólo quiero sentirlo cerca más cerca y enredo mis brazos alrededor de su cuello  estirando de él, me muerde el labio superior y por instinto chupo su labio inferior, es tan suave que jamás me cansaría de saborearlo. 

-Ehemm.-Se oye un carraspeo y Jeff me suelta, de pronto vuelvo a la sala del cine, por un momento había olvidado por completo donde estábamos. Uno de los guardias nos mira alzando las cejas, no está verdaderamente sorprendido pero supongo que hace su trabajo, por instinto intento aplanarme el cabello con una mano y alisarme el vestido con la otra.  Jeff se remueve incómodo pero me sujeta la mano y me aferro a él como si fuera a desplomarme en cualquier momento de la vergüenza. 

-Vayan a un motel.-Nos dice apuntándonos con su linternita de mano en la cara y entonces se va.

No pasan más de un minuto de que se marcha el tipo, que Jeff y yo comenzamos a reír de forma frenética. Jeff tiene las mejillas sonrosadas y por lo agitada que me siento supongo que debo verme igual. 

Jeff me envuelve con sus brazos por la cintura, me deposita un beso en el hombro, otro en el cuello y un tercero en ese punto exacto detrás de la oreja que sabe me vuelve loca.

-¿Por qué no te quedas a dormir conmigo esta noche?-Susurra en mi oído para luego acariciar mi oreja con la punta de su lengua.

-Jeff... no creo que...-Intento decir pero él me interrumpe y agrega:

-Te prometo que no pasará nada que tu no quieras.

Y sé que es una mentira, pero una mentira que quiero oír y por eso veinte minutos después nos encontramos en la carretera de camino a su casa. O mejor dicho el nuevo apartamento que comparte con Glenn.