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virginity — capítulo 7
7
El miércoles por la tarde el cretino de Carl volvió a aparecer con un pequeño ramo de flores compradas en la estación de servicio, te dabas cuenta de lejos, pero mamá parecía no notarlo o no importarle. No hizo mención de ningún acto delictivo sobre su coche así que empecé a dudar de si no me había equivocado de patente. La preocupación dio paso a aquella sensación de culpa que me hizo sentir enferma cuando oí a mamá prácticamente lanzándole la excusa que yo me había inventado a la cara. Y el muy listillo de Carl, por supuesto que no tardó en aceptarla, la cosa fue más o menos así: -Te vi en la tienda con tu mujer.-Lo acusó con el seño fruncido, en eso Carl se pone blanco hasta que mamá agrega:-Fue para arreglar los papeles del divorcio ¿verdad?-y su voz sonó más a ruego que a otra cosa. Estaba tan desesperada por creerlo que ni siquiera vio la sospechosa expresión de alivio en su rostro cuando le dio la excusa que necesitaba. Así que gracias a mi dichosa capacidad de inventar excusas, Carl se sigue tirando a mi madre, y se va de rositas, cómo no. Por poco no vomito al darme cuenta de lo que hice. Le ha dicho que tiene un viaje de negocios así que pasará fuera una temporada, eso me alegra, le ha enviado un mensaje el jueves cuando mamá estaba en la tienda aunque fui yo la que lo recibió, mi madre tiene una tienda de dulces, pastelillos y esa cosas, es la mejor cocinera del mundo, nunca conocerán manjares como los que ella prepara. A veces la ayudo en la tienda, pero no se me da bien eso de cocinar yo sólo atiendo a los clientes cuando está demasiado atareada con todo el ajetreo ese de la cocina. Juro que pensé en no decirle que se iría, entonces si Carl sólo desaparecía, le partiría el corazón de una vez y ya no la engañaría más, pero al recordar como se puso la última vez decidí que sería demasiado cruel así que le pasé el mensaje como una buena hija que soy y me mordí la lengua. Al fin y al cabo el problema realmente no era mío, si no era Carl seguro algún otro fulano se encargaba de joderla. Mamá le devolvió el mensaje al llegar a casa, y por ser ese el último día antes de su viaje decidió cerrar y reservar su noche para él. Cuando bajé a la cocina cerca de las 7, la casa olía a una extraña mezcla entre coco, pasteles, rosas y algo más picante como algún tipo de detergente o limpiador, tal vez cera, no podía asegurarlo. Ella llevaba un hermoso vestido de coctel plateado sin mangas y un mono delantal rosado de borlas sobre él, se veía monísima, la atrapé en el momento exacto en el que probaba la salsa del pollo antes de ponérsela para echarlo al horno. Al verme me sonrió y tras un instante de estudiarme me mira con gesto de reprobación. -¿Por que no te has cambiado? Carl llegará en media hora, me hacía ilusión que comiéramos todos juntos. -Lo siento.-Digo, y en verdad sé que le hacía ilusión que me quedara pero en verdad no tengo estómago para todo el teatro cuando llegue. Vomitaré antes de conseguirlo.-Quedé con las chicas.-Miento. -Ah-Me mira con gesto dolido y suena decepcionada. Me muerdo la mejilla y tuerzo el gesto como cada vez que algo me fastidia. Así es mejor, mamá, quiero decirle. Pero ella no lo aceptará así que me lo callo, decir que voy con las chicas es más fácil que tirarle a la cara todas las mierdas que pienso del petardo de su novio. -Lo siento.-Repito y voy a por mi chaqueta antes de que se le ocurra alguna excusa para detenerme. Voy andando hasta la casa de Leona. La razón: Es la más cercana a la mía y sé que así aparezca con un cadáver a las dos de la mañana y le pida que me ayude a ocultarlo, no se negaría. 15 minutos a pie después estoy ante su puerta. Doy unos golpecitos y espero. -¡YA VOY!!-Su voz se oye demasiado alegre, casi excitada y cuando abre la puerta entiendo por qué, lleva un vestido ajustado de lentejuelas doradas o algo parecido, es como si llevase una camiseta media mangas súper pequeña que apenas le tapa el trasero con unas medias negras y tacones altos, pero no queda vulgar, en ella se ve todo menos vulgar, parece una diva en alguna entrega de premios o algo así, con sus ojos ahumados y sus labios empapados en gloss se ve radiante. Se ha oscurecido un poco el cabello en las puntas y lo ha inflado para darle volumen, si yo intentara eso parecería que tengo el frizz más jodido de la temporada pero en ella se ve intencional y preciso. -Uhmm-Digo dándome cuenta de que estaba ocupada. La sonrisa de sus rostro desaparece y es intercambiada por aquella de camarería que siempre me lanza. -¡Eh, Chica!¿Qué haces ahí afuera? ¡Pasa!¡Pasa!-Me apremia haciéndose a un lado. -Lo siento, no sabía que tenías planes para hoy. -Digo siguiéndola. Ella va hasta el espejo de cuerpo entero que tienen en el recibidor para ponerse unos aretes en forma de botones de perlas. Se encoje de hombros mientras se concentra en su trabajo. -Salgo con Trevor.-Dice. No tengo ni puta idea de quien es Trevor pero asiento con gravedad, como si lo conociera de toda la vida. -¿Y tú que haces a las tantas por aquí?-Pregunta sin inmutarse poniéndose ahora el arete en la otra oreja. -Carl va a cenar a casa y no tengo ganas de aguatarme todo el teatro de la mesa familiar y esas chorradas.-Admito. Ella asiente para hacerme saber que me escucha y entonces se oye una bocina.La sonrisa de éxtasis vuelve a aparecer en su rostro y me lanza entonces una sonrisa cómplice. -Bueno, quédate en casa, puedes hacer lo que quieras ya sabes donde está mi habitación. No volveré hasta mañana. ¡ Hay dios!-Dice y en verdad parece nerviosa. Se remueve como si quisiera hacer pis y se sopla con las manos como si le faltara el aire.-¿Como me veo? Nunca la había visto tan nerviosa en mi vida. Luego tendrá que hablarme de ese tal Trevor. Me río.- Genial, como siempre. Suspira se aplana una vez más el vestido y se yergue luciendo toda su altura, por su nerviosismo y el modo en que cuadra los hombros cualquiera diría que va a la guerra no a una cita. Aunque ya se ha dicho, el amor es una guerra y en ella todo vale ¿no? Luego de que el huracán que es Leona sale por la puerta me volteo y me encuentro con Mike. Está apoyado en el barandal de la escalera y la mira salir con los ojos en blanco. -Parece que se meará encima por ese tipo.- Suelta y sonrío al descubrir mi pensamiento en sus labios. -¿Quien es ese tal Trevor? -Nuevo ligue, supongo.-Se encoje de hombros.-Parece muñeco de torta. No se parece en nada a los tipos con los que siempre sale. Lleva mocasines y camisas a toda hora, tiene cara de contable. La imagen mental de un tipo de lentes y camisitas a cuadros o chalecos de rombos no va para nada con la clase de chicos con los que se enrolla siempre. -Y ya es la octava vez que salen en citas.- Agrega. Eso es verdaderamente nuevo viniendo de ella, quiero saber más sobre este nuevo personaje pero en verdad prefiero conocerlo de primera mano, sé que mi mejor amiga no dudará en contarme nada, ni siquiera los detalles más escabrosos. -¿Te han dicho que con eso de los chismes eres peor que una mina?- Le suelto. Él pone los ojos en blanco y se encoje de hombros con inocencia. -Supongo que me contagié de oírlas por años chismoseando sobre tal o cual cosa. Se olvidaban de que mi habitación estaba al lado de la de mi hermana y resultaba imposible dormir o estudiar con sus risitas molestas.-Dice y su sonrisita se vuelve traviesa, muy igual a la de su hermana.- La parte buena es que me enteré de todos sus secretos más jugosos. Pongo los ojos en blanco para disimular mi vergüenza. Es cierto que por años olvidamos que Mike tambien estaba en la casa. Era tan natural verlo como a una planta, así que ninguna de nosotras tenía reparos en hablar cerca de él. Comencé a preguntarme cuanto sabía acerca de todas nosotras. -¿Has comido?- Pregunta al fin cambiando de tema.- Hay comida en la encimera, iré a acostar a mi abuela. - Dice perdiéndose en dirección al comedor. Y por fin me doy cuenta de que llevo todo el rato desde que llegué parada en el rellano. Me dirijo a la cocina y encuentro una fuente con restos de fideos con salsa, por el modo esmerado en que han cortado las verduras y el pollo sé que ha cocinado Mike y eso me abre el apetito. Es un gran cocinero aunque a veces se comporte como un cretino. Una media hora después, luego de dejar la cocina nuevamente habitable fui a la habitación de Leona. Su portátil rosa estaba sobre la cama, estar en la habitación de Leona era como estar en la mía propia. Me metí en su cama y abrí su portátil. Había una pagina de citas minimizada. Su Nick y su contraseñas estaban cargados aún. Le di entrar, sabía que no se molestaría por que lo hiciera. A Leona no le importaban esas estupideces. Navegué un rato por los chats, tardé un poco en darme cuenta de que había entrado en una sala gay así que me despedí cortésmente y pasé a otra sala de chat. Allí un tipo me pidió que charláramos en privado, cuando acepté la solicitud, la ventanita de la cámara se abrió de golpe mostrando un pene flácido en la cámara. De la impresión maldije y cerré de golpe. Ya tuve demasiado de esto, parece que todos son unos malditos pervertidos en internet. Me dije que era mejor que me fuera a dormir. Me tumbé de lado y me tapé hasta la barbilla antes de apagar las luces.