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virginity — capítulo 8
8
Esta noche mis sueños están revueltos, otra vez las pesadillas de siempre. Las rosas, la sangre y los vidrios, fueron las rosas estoy segura de eso. Las malditas rosas despertaron el recuerdo, quiero despertarme pero soy incapaz de hacerlo. Todo fue culpa de Carl, el maldito Carl y sus flores de gasolinera. -Hey, hey hey.-Escucho la voz que me sacude con suavidad intentando despertarme. En silencio ruego que lo consiga porque estoy asustada. Otra vez las pesadillas malditas. Había pasado un buen tiempo de que no volvían a atormentarme, fueron las flores no cabe duda, las mismas malditas flores que papá, lo odio por eso, desde que las he visto no puedo quitarme el frío del cuerpo. Estoy temblando y siento que voy a llorar. Abro los ojos, pestañeo y me encuentro con Mike, sus ojos preocupados me miran desde arriba. Tiene su mano sobre mi brazo, estoy sudada pero no parece darle importancia, ni siquiera hace por apartarse de mi. -¿Estás bien?-Me pregunta. Asiento y me incorporo a medias para despejar mi mente. -Joder.-Murmuro. -¿Sueles tener pesadillas como esas a menudo?¿Patadas y gemidos?-Pregunta y por una vez no se ve burlón, sólo preocupado. Asiento y por primera vez lo miro, parece que ha saltado de la cama y ha venido corriendo, tiene el seño fruncido, remera y pantaloncillos blancos de dormir. La última vez que tuve una de estas pesadillas Jeff y sus fuertes brazos estaban ahí para consolarme, pero ahora no, ahora sólo estaba yo, el charco de transpiración y los ojos del muchacho preocupado que tengo en frente. -Aparta.-Me dice con suavidad. Me hago a un costado y él se mete a la cama conmigo. Por instinto me abrazo a él y apoyo el rostro en su pecho.
- ¿Quieres ver una peli?-Pregunta. Asiento y me pasa el mando a distancia. Hace tanto tiempo que no estoy cerca de un muchacho que me resulta extraño. Me gusta, pero es extraño, me siento extrañamente cómoda sintiendo el calor de su pecho y como se eleva a medida que respira. Me rodea con un brazo y mira a la pantalla, lo siento algo tenso. Intento evitar pensar en la incomodidad de la situación, cambio los canales una y otra vez hasta que encuentro una película que no conozco. Nos quedamos media hora mirando a la pantalla, pronto se relaja y veo como sus músculos se distienden. Para cuando me doy cuenta veo su mano dibujando patrones en la piel de mi brazo. -Mike.-Murmuro y levanto la vista a observarlo. Sus ojos brillan bañados por la luz de la pantalla. -Eres la más guapa de las amigas de mi hermana.-Me dice y algo se remueve en mi estomago, no se si es nerviosismos o si me agrada, hace tanto no siento nada por nadie que fácilmente confundiría acidez con mariposas en el estómago.-Leona me dijo algo de una apuesta... -Mike.-Repito con tono severo esta vez y me aparto. -Podría ayudarte, puede no ser tan malo.- Dice y me siento como si estuviera regateando el precio en un mercadillo de pulgas. Me siento en la cama y él se incorpora detrás de mí . Me rodea por la espalda hundiendo su nariz en mi cuello.-Sólo una oportunidad.-Insiste y sus labios rosan suavemente mi piel. Tal vez no sea tan malo, pienso, hace tanto tiempo que no estoy con nadie... inclino mi cuello hacia un costado permitiéndole el acceso y comienza a besar mi piel. No es tan malo. Tal vez sea una buena idea, tal vez pueda quitarme este problema de la apuesta de encima. No es feo, es guapo pero sigue siendo el pequeño Mike y no consigue que deje de pensar. Aunque parece tener manos ágiles, de lo segundo que soy consciente es que me ha mentido mano debajo de la remera.
- Bueno.- Le digo y me volteo para besarlo pero sus labios me saben demasiado duros y secos, no, no es mi Jeff ¿MI Jeff? ¿Desde cuando Jeff es mío? La lengua de Mike fuerza su paso por mi boca y lo aparto. No, esto no va a funcionar, no es mi tipo. -lo siento.- le digo. -¿Que? ¿Que pasa?-Dice sorprendido. No parece ser consciente de mi incomodidad. Sus mejillas se han enrojecido y la tela de sus pantaloncillos ha comenzado a tensarse a la altura de la entrepierna. -No puedo Miky. Te conozco desde antes de que te acabaran de salir pelos en los huevos. -Uhff.-Bufa y se tira en la cama rebotando melodramáticamente. Se ve algo molesto pero lo entiendo. Yo también lo estaría si me dejaran excitada. Veo que quiere hablar pero no se decide que decir. Abre y cierra la boca un par de veces, cierra los ojos con fuerza como si no se decidiera que hacer. Tiene una de sus manos en su frente.-Esto es lo más vergonzoso que me ha pasado.-Dice por fin. -Lo siento, sos como un hermanito menor. Lo siento.- Repito . Mike menea la mano para que lo deje. -Está bien. No importa. Me arrastro a la cabecera de la cama y me recuesto con la espalda sobre ella. Mike permanece en silencio. Hasta que al fin se levanta. Me mira con algo asi como el pánico en los ojos. -¡Venga Mike!-Lo invito a venir abriendo los brazos en forma de ve y muevo las manos invitándolo a que se acerque, como los niños cuando quieren algo abro y cierro los puños.-Siempre serás mi polluelo. Mike lo piensa un momento.Parece molesto pero igual acepta y se mete en la cama a mi lado y lo rodeo con los brazos como al niño que siempre será para mi. Hace puchero y agarra mi pecho de almohada casi con saña pero no me atrevo a negarme luego de rechazarlo por segunda vez -Al menos tenía que intentarlo.-Se encoje de hombros quitándole peso al asunto. Me pasa el mando a distancia de nuevo y buscamos algo en la tele. Permanécenos un rato en silencio hasta que me suelta. -¿Puedo decir al menos que te he besado?- Pregunta. -Bueno.- Le digo poniendo los ojos en blanco. -¿Y que te toqué las chichis? -No Mike.- Le digo con fastidio. Él asiente y nos quedamos un rato en silencio. -Eso que ha dicho tu hermana¿En verdad le hueles las tangas?- Pregunto para picarlo y cortar la tensión. -¡Claro que no! No soy un enfermo.-Responde ofendido.- Sólo las de sus amigas. Una sonrisita sátira se forma en su rostro y no sé si lo dice en serio o no pero igual le doy un golpecito en el brazo. Nos quedamos así. Viendo películas hasta quedarnos dormidos. Al principio lo vi intentando acariciarme con disimulo pero ni caso le hice, no quería correrlo de la habitación ni quería nada con él así que simplemente hice eso: nada, y él no tardó en rendirse. Supuse que eso de la fijación sexual era algo de familia. Cuando desperté por la mañana su mano apretaba mi pecho derecho. Puse los ojos en blanco y me lo quite de encima sin despertarlo. Realmente no me sorprendió. La tele aún estaba encendida así que la apague y bajé a la cocina. Me encontré con Leona que bebía café sentada sobre la pequeña islita de mármol que su madre tanto adoraba. Si los padres de mi amiga estuvieran en casa seguro no lo estaría haciendo. -¿Lo hiciste con Mike?- Me suelta nada más verme. -¿QUE? NO. No, claro que no. Se encoje de hombros. -Pudiste haberlo hecho. -No. No podría, es como un hermanito.-Admito. Aunque hubiera sido más fácil todo si lo acababa ahí con Mike. Bien.- Me dice y me ofrece una taza de café. -Ahora como hermana no jodas a mi hermanito.-Me advierte en un tono tan severo que me da gracia y tengo que ocultarlo dándole un sorbo al café. Yo nunca buscaría a Mike, ella lo sabe yo lo sé y el mismo Mike lo sabe, pero su deber como hermana mayor es que nadie toque a su pequeño polluelo y parece tomárselo muy en serio. -Tranquila no volveré a tocarlo.-Le digo alzando las manos. Ella asiente.-Hablando de tocar...¿Que hay de ti y ese tal Trevor? Su rostro se ilumina al oír su nombre y sonríe como quinceañera. -Anoche salimos.-Me dice lo obvio. -Mike dice que llevan un tiempo saliendo y que tiene cara de contable. -Es un encanto y no. No es contable, es cura. -¡¿Qué?!-Me atraganto y escupo un poco el café. -Bueno, ya no lo es, no estoy segura de que lo haya sido nunca, creo que estudiaba para eso o no lo sé... -El novicio rebelde.-Digo y ella se sonroja. -En verdad me gusta, aún ni siquiera lo hemos hecho y llevamos dos meses saliendo. Tres de esas salidas fueron a misa, pero te juro que fue genial. No sabes los bonitos sermones que da. -¿Pero no que lo ha dejado? -Sí, pero eso hace poco, antes sólo éramos amigos. Me encanta de verdad, él es casto ¿sabes? deberías verlo cuando me toca, es como si temiera que me fuese a romper en cualquier momento, claro que no tiende a querer tocarme, casi siempre soy yo la que lo busca, de verdad parece un niñito asustado debatiendo consigo mismo por que hacer, es para sacarle una foto. Te dan ganas de comerlo, si vieras como tiembla... -En verdad me alegro por ti y tu chico bueno pero no creo que realmente sea algo que quiero ver.-Bromeo y ella pone los ojos en blanco.-¿Pero cómo lo conociste? Tu nunca vas a misa. -Creo que fue destino, con él hasta me siento púdica ¿Sabes? Uno de los cretinos con los que siempre ando me dejó tirada en la calle sabes, en mitad de la noche. Discutimos y no quise dejarle que me tomara fotos mientras se la mamaba en el coche así que ahí acabó todo, me dejó tirada en la vía como todo un putón. Tuve que andar un rato, no me quedaba de otra, en eso un coche se aparca, asustada salí corriendo y él se bajó y me corrió asegurándome que no tuviera miedo. Dijo que sólo intentaba ayudar y le creí ¿sabes? Hay algo en su voz que te da buena espina... Así que dejé que me alcance. Yo había llorado y el se sacó un pañuelo y me lo dio para que me limpiara el rostro. Me invitó a que lo acompañara y lo seguí hasta su coche, ¡joder fue estúpido pero me había dado un pañuelo! No se fijó en mi ropa, no me desnudó con la mirada, ni me juzgó por las pintas. Me enamoré al instante, era todo un caballero, me trajo a casa, lo invité a pasar y ya sabes, lo normal. le ofrecí café, encendí la tele y al minuto me lancé sobre él en el sillón. Del susto dejó que lo besara un poco y lo toqueteara, pero pronto me apartó de él. Me molesté, en verdad me puse furiosa. Esa noche estaba de malas así que lo eché a patadas.-Recuerda con una sonrisa divertida en el rostro.-Al día siguiente él apareció por casa, me explicó que era cura o que estudiaba para serlo, no lo sé, dijo algo sobre el celibato, y que yo era hermosa, eso era lo único que me importaba oír, lo demás no me interesaba hasta que me dijo que él no podía andar con ninguna chica. Me invitó a misa pero por supuesto lo mandé a guardad. No sé por qué, no pensaba ir pero lo hice, fui a ver su sermón y luego tres más, siempre parecía que indirectamente hablaban de mí, entonces una tarde se acercó y me invitó un café, salimos un par de veces más en plan amigos hasta que una tarde me dijo que lo dejó, que no podía con eso, que me quería... -Eh, ¡¿A que se debe tanta sonrisita?-Nos interrumpe Mike desde la escalera. Tiene el cabello alborotado y la ropa un tanto arrugada, bosteza y se restriega los ojos. Por la dulzura con la que me ha contado Leona toda la historia de ese tal Trevor estoy segura de que yo tengo la misma sonrisa estúpida en el rostro que ella. Mi mejor amiga pone los ojos en blanco y sube a su habitación no sin antes darle un puntapié a su hermano por el camino. -Más les vale que no me encuentre ningún condón en el piso.-Nos advierte. Mike sonríe y yo pongo los ojos en blanco. El muchacho desciende las escaleras de dos en dos, se sirve un poco de café y me ofrece unos panecillos que saca del horno. -Son de ayer a la tarde.-Me advierte antes de ir a sentarse en el sofá de la sala. De todos modos los acepto. Le doy un bocado y no está nada mal, en verdad que es un gran cocinero. Lo sigo hasta la sala y me siento a su lado sacando otro bocadito de la bandeja. -Deberías trabajar en la pastelería de mi madre.-Comento con la boca llena mientras los bajo con un trago de café. Él asiente y me rodea con un brazo. -Tal vez lo haga, asi pasaría más tiempo cerca de ti. Pongo los ojos en blanco y me suelto de su abrazo de forma amable, ahora él es el que pone los ojos en blanco. -¿Sabías que el tal Trevor es cura? Mike escupe y yo me río. -¡No me jodas!-Ruge abriendo grande los ojos. Me mira como si buscara algún gesto que indicara que es broma y repite.-¡No jodas!