Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← virginity · de

virginity — capítulo 9

9 Me quedo con los O'Connor hasta después del mediodía. Ese es el apellido de Miky y Leona, esta última aún dormía cuando me fui de la casa y Miky seguía sin creerse que el nuevo novio de su hermana sea cura. -Es que somos irresistible.-Dice haciendo alusión a lo de anoche.-Lo llevamos en la sangre, no es nuestra culpa que no puedan quitarnos las manos de encima. -Vete a la mierda Miky.-Digo levantándome para irme y él me lanza un beso en el aire. Es un cretino simpático que al menos se ofrece a alcanzarme hasta casa. Todo el camino se la pasa haciendo alusión a la fantástica noche que no tuvimos y yo me la paso evitándolo con la cabeza en la ventanilla mientras intento pensar en otra cosa. -Tranquila Reach.- Me dice cuando aparca frente a mi casa.-Pero éste es el momento donde debes besarme antes de bajar. -Te meteré una demanda por acoso.-Replico y el se ríe mientras me bajo del coche. -¡Hey!-Me llama, me doy vuelta y me inclino un poco para mirarlo por la ventanilla del acompañante. Aún tiene el cabello revuelto y la misma remera y pantaloncillos blancos arrugados de anoche -No diré nada. -¿No dirás nada de la loca noche que pasamos?-Ironizo con fastidio y él pone los ojos en blanco. -No, no diré nada. Sólo te fastidio porque me gusta ese gesto que haces con la nariz y como me mandas a la mierda. ¿Soy rarito no? -Eres rarito.-Afirmo y le sonrío con cariño.-Vete a la mierda niño. No harás que me moje con eso. -Debía intentarlo.-Se encoje de hombros y me lanza un beso. Me Levanto, le doy unas palmaditas cariñosas al coche a modo de despedida y lo veo marcharse.  Es un crío de mierda. Mamá está en casa. Está algo depre pero no triste, es sólo por la idea de que no lo verá en un tiempo. Eso significa que lo de anoche ha ido bien. Odio a Carl por eso. Me saluda con una sonrisa débil y le cambia al canal cuando paso cerca de ella. No tengo gran cosa que hacer así que voy por mi portátil y vuelvo al comedor a sentarme a los pies del sillón de mamá. Ella me pone un pie en el hombro de forma holgazana, luego otro y empieza a pellizcarme despacito con los dedos de los pies, el cuello las mejillas... Es un fastidio pero la quiero asi que me ofrezco a cambiarle el esmalte de las uñas para que deje de molestarme. En Facebook no hay mucho, Jeff ni siquiera se ha molestado en confirmar la invitación como para que no lo cancele, y yo no voy a confirmar si él no pregunta, parecería desesperada. Así es como a las 7 estoy parada frente a mi espejo con un horrible dolor en el estomago producto de la ansiedad. Incluso me han entrado arcadas, me siento como en la primeras citas. Mamá me ha ayudado a arreglarme y siento que si me llega a dejar plantada me moriré de vergüenza. Ella me sonríe, se para detrás de mi y me pasa un collar de perlas doble por el cuello. Llevo un vestido clásico, tubo negro sin grandes adornos, le he atado un lasito a la cintura pero no demasiado llamativo, lo combiné con medias negras y tacones altos. Me maquillé un poco y dejé mi cabello suelto como sé que a él le gusta, rebotando en cascada sobre mi espalda sólo con una lasito perlé que lo sujete. Estoy nerviosa y me tiemblan las manos, mamá intenta sacarme conversación pero no puedo. Me limito a sonreír y asentir. A las ocho siento que voy a desmayarme de pánico, aún no ha llegado, a las ocho y cinco quiero quitarme todo de encima y echarme a llorar junto al pote de helado para aplacar la humillación. Mamá me detiene y me obliga esperar un rato más. Es inútil, no vendrá. Me ha dejado de plantón. Ha sido sólo otra de sus formas de humillarme y demostrar su poderío sobre mí. Otra de sus malditas formas de hacerme daño. A las ocho y 15 se oye una bocina y por fin libero el aire de los pulmones que no sabía que había evitado exhalar. Entonces mamá me lanza una mirada significativa que dice te lo dije.-No debiste ser tan escéptica todo este tiempo, sé cuando un chico quiere volver con una chica. Los años algo me han enseñado y ese chico te quiere. Al menos le gustas mucho. Y tu aún lo amas. Quiero decirle que no tiene idea de lo que habla, que si supiera leer en verdad a los hombres no se habría llevado tantas decepciones pero la bocina vuelve a sonar y es mejor que baje antes de que se ponga impaciente. Jeff me ve y se baja del coche para abrirme la puerta con una reverencia pomposa. Sonríe y su rostro se ilumina como el de un niño pequeño lleno de hoyuelos. Lleva una camiseta blanca, vaqueros negros y una chaqueta de cuero de esas que no abrigan demasiado pero que se ven muy monas. Tiene una chapita al cuello, una pequeña chapita de esas que llevan los militares sólo que la suya lleva grabado nuestros nombres. ¿Por qué diablos se ha puesto eso? ¿La ha llevado todo este tiempo? No seas idiota, ha estado con otras mujeres claro que se la ha quitado. Seguramente sólo la lleva puesta para molestarme. Tal vez ni siquiera sea la nuestra, tal vez sólo es otra chapita que remplazó a la nuestra del mismo modo en que me remplazó por vaya uno a saber cuantas otras mujeres. Siento aquella horrible sensación creciendo en mi estomago. Estoy celosa,  furiosa y frustrada, no me gusta esto, no me gusta para nada sentirme así. Ha sido un error, no tendría que haber venido, ha sido una mala idea. -¡Hey,Rech!-Me llama la atención despegando por un segundo la vista del frente.  Sujeta el volante con una mano y con la otra forma círculos delante de mi rostro para captar mi atención. -humm.-Digo para hacerle saber que lo escucho.Me siento de pronto avergonzada y clavo la vista en mis pies. Sé que no pudo oír lo que pensaba pero de sólo pensarlo me siento estúpida  y puedo sentir como el calor comienza a agolparse por mis mejillas. Necesitaré un trago pronto. -Decía que estás muy bonita esta noche. Pensé en traerte flores pero sé que las odias. -Lo sé, gracias. Lo sé, gracias. ¿Es en serio eso lo más inteligente que pude decir? Me maldigo a mi misma por actuar como una idiota esta noche. Está claro que sé que no me gustan las flores , cómo voy a no saber que me gusta y que no.  Me llevo una mano al cabello y me lo peino con nerviosismo, primero detrás de las orejas y luego lo vuelvo a su sitio. Al menos si me cubre el rostro podré ocultarme tras él. -Te ves muy bien, también, digo.. Er, estas más.. mmm... Maldita sea, esto es una puta mierda. Jeff se muerde el labio y sé que intenta contener una sonrisa, tiene labios finos pero los conozco lo bastante bien para saber lo bien que saben y lo suave que son. Maldita sea, ¡Rachel Payton!Deja de pensar en eso. Me digo a mi misma. Pero ni por asomo puedo dejar de mirarlos de reojo. -He ido al gimnasio -Dice.-Puede que eso me haya puesto más: mmm... Está sonriendo, sé que está sonriendo por el tono de su voz así que trato de distraerme y bajo la ventanilla para que me de un poco de aire fresco en la cara, nececito enfriarme un poco o acabaré haciendo combustión espontanea en este  puto coche. -Puede que si.-Digo y me maldigo por no haber ido al gimnasio yo también. Incluso me pregunto si no habré engordado desde la última vez que nos vimos. ¡Joder! Nos pasamos el resto del trayecto en silencio por lo que me permito echarle una ojeadita de vez en cuando. ¿Por que tiene que estar tan guapo? Su cabello negro crespo le enmarca la cara y se ha dejado una barbita bien recortada que le queda espantosamente bien. Amo a los hombres con barbita, los deja tan sexys. -Puedes mirarme si quieres, me gusta que lo hagas.-me dice sonriendo. No de forma burlona, una sonrisa suave y amable que parece borrar todo lo que me ha hecho sufrir antes su propietario.-No seas tímida conmigo Rech. Esa era nuestra relación, yo me pasaba el día entero amándolo y diciéndole lo hermoso que era, cuanto me gustaba y como me ponía y  él me regalaba algún cumplido, pero lo que más hacia era desfilar para mi y permitir que lo adorada como al centro de mi universo. Jeff era mi dios, yo vivía en pos de él, pensaba a través de él, estaba ciega, ciega por su luz y por todo lo que lo amaba y así de perdida quedé cuando se marchó.  Los primeros dias fueron los peores, esperé a que volviera, que me buscara como lo había prometido, pero nada. Simplemente desapareció y yo hice lo mismo. Si una sola cosa me dejó luego de marcharse fue el orgullo. El orgullo, o lo poco que quedaba de él, fue lo único que me mantuvo viva después de él. Me obligaba a fingir y a ser fuerte. Luego de que papá se marchó jamás volví a llorar hasta que Jeff se marchó y nunca más volveré a hacerlo.  Él consiguió quebrarme en el buen y mal sentido. Quebró la barrera que había creado para separarme del mundo y cuando pudo ingresar a mi mundo personal me elevó de felicidad y amor para luego arrojarme de lo más alto y destrozarme. Y los pedazos que junté se transformaron en lo que soy hoy.  Hice un gran esfuerzo por repararme pero aún  como acaro a la luz me atrae. Sé que va a quemarme y que no debería estar precisamente ahora mismo sentada en el mismo coche que él, pero nunca pude evitarlo. Estoy loca, loca por él. Loca por la estupida manera en que se ríe y la curvatura de su clavícula donde mi cabeza siempre parece encajar, loca por cada uno de sus lunares y la amplitud de su espalda y la ternura de sus ojos caramelo. -Llegamos.-Me dice. Y en verdad lo agradezco porque de sólo estar cerca de él la piel comienza a arderme y necesito aire fresco para quitarme aquella quemazón de la espalda. Aire fresco y un par de bebidas con mucho hielo. Llegamos a una casa gigante, parece una mansión muy bonita. Jeff a aparcado sobre un hermoso parquizado que mañana sufrirá los estragos de la juerga y los coches que han aparcado sobre él.  Posiblemente el césped mañana esté completamente arruinado pero hoy está brillando para nosotros. Y yo me siento un poco como el césped. No se que pasará mañana conmigo y con Jeff pero sé que hoy estoy brillando sólo para él