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Please, don't go — capítulo 12

Ese mismo día, a la hora de comer, Hermione buscó a Harry en la mesa de Gryffindor. Lo encontró, magullado y agotado, pero victorioso. Se acercó a él corriendo y lo abrazó por la espalda.

-¡Enhorabuena, Harry! - exclamó

El chico se sobresaltó.

-¡Eh! ¡¿Qué haces?!

-¡Lo has hecho genial! - siguió Hermione, sin dejarse alterar por el ya habitual comportamiento de Harry.

Harry la apartó, pero la castaña seguía sonriendo. El chico la miraba algo intimidado.

Hermione se sentó al lado de Ron

-Nadie te ha invitado a sentarte aquí - le espetó Harry.

-Estoy segura de que a Ron no le importa, ¿a qué no? - le preguntó Hermione al pelirrojo con una sonrisa.

Ron sonrió igualmente.

-En absoluto.

Harry dirigió una mirada asesina a su amigo, pero a éste no pareció afectarle, porque, de hecho, agravó la situación.

-Harry tiene algo que decirte, Hermione. ¿Verdad? - miró insinuante a Harry.

Éste no daba crédito. ¿Cómo le ponía Ron en una situación así?

-¿El qué? - preguntó ella emocionada, estirando la cabeza para mirar a Harry.

El chico fijo los ojos en su mirada emocionada y vio por un momento ahí a la chica más maravillosa del mundo, y a él un imbécil por tratarla así sin motivo. Pero ese sentimiento desapareció en seguida, asustándole a él mismo. Era un tema que no entendía y que le causaba vulnerabilidad, así que prefería alejarse de él y ser fiel a las defensas que el mismo había construido.

-Nada - le espetó.

-Al final seguiste mi consejo - dijo Hermione, deseosa de mencionar el tema.

-¿Qué consejo? - preguntó él, molesto.

Seguiste las instrucciones que venían en el pergamino que te di.

Harry miró hacia otro lado.

-Y ahora viene lo que Harry te tenía que decir - intervino Ron.

Harry se obligó a no lanzar una maldición imperdonable a Ron ahí mismo.

-Gracias

  • masculló.

-¿Qué?

  • Hermione estaba emocionadísima.

-He dicho gracias - dijo un poco más alterado.

De algún modo, se sintió más aliviado… liberado. Esa era la mínima palabra que le debía a Hermione por todo su esfuerzo y dedicación, y porque sin ella él ahora mismo no estaría vivo.

-No hay de qué - respondió Hermione sonriéndole -. Te dije que siempre estaría ahí para lo que necesitaras - tras decir esto se encogió de hombros.

Harry la miró, consciente de que una parte de él deseaba poder decir lo mismo, poder corresponder esa… devoción incondicional que ella le mostraba.

La clase de Transformaciones fue toda una novedad. La profesora McGonagall decidió aplazar el contenido a enseñar para anunciar oficialmente el baile de Navidad.

-No me creo que vayamos a perder clase por una estupidez como ésta… - comentó Hermione

-¡Oh, pero el baile de Navidad es lo mejor del torneo! Es muy romántico y una gran oportunidad para… conocer a los chicos búlgaros - terció Lavender Brown con una risita pícara mientras miraba con complicidad a Parvati Patil

Hermione rodó los ojos y entonces, al pasear la mirada por la sala, se encontró a Harry. Un pensamiento fugaz cruzó su mente. Se le ocurrió que tal vez Harry podría invitarla. O ella a él. Eso estaría muy bien… en sus sueños. Apartó la vista

-¡Orden, por favor! - pidió la profesora McGonagall.

Hermione obedeció al instante, pero pasaron bastantes minutos hasta que se logró el silencio absoluto

-Bien - comenzó la profesora -. Como todos sabéis, porque lleváis varias clases comentándolo sin parar, en breve se celebrará el baile de Navidad.

Un revuelo de emoción recorrió la sala. McGonagall les concedió ese momento de entusiasmo y luego siguió.

-Es mi deber informaros de que el baile de Navidad no consiste en una juerga para descontrolarse y arrimarse al sexo opuesto

-Guau, con qué delicadeza habla - le comentó Ron a Harry en el oído

Harry tenía la mente ya en otra parte. Eso era precisamente lo que quería hacer: descontrolarse y ligar mucho, olvidarse de todo, incluidos los sentimientos, que últimamente no le traían más que problemas

-En definitiva - concluyó McGonagall -. Perderemos las siguientes lecciones de transformaciones hasta después de las vacaciones, aunque luego las recuperaremos - añadió al notar los cantos de victoria de algunos alumnos, y el evidente desasosiego de Hermione -, para ensayar la danza del baile de Navidad.

Ahora la sorpresa se hacía presente entre los alumnos.

-Veamos… Nosotros, como escuela anfitriona, debemos dar ejemplo. Los campeones (evitó mirar a Harry) inaugurarán la danza, y deben ejecutarla a la perfección.

Harry resopló.

-Así que empecemos con ello - anunció la profesora -. Y procuren llevar todos una pareja al baile.

Y así dieron comienzo los ensayos, día sí y día también, ante la ambición de la jefa de la casa porque sus alumnos mostraran lo bien educados que estaban.

-¿Te puedes creer que los suertudos de Slytherin se van a perder pociones con esto del baile? - terció Ron

Esos días no sólo se perdieron las clases de Transformaciones. Aprovechaban todas las clases para analizar posibles acompañantes y pedirles ir con ellos al baile. Para Hermione, todo esto no resultaba más que un estorbo, un contratiempo. ¿Cómo podían los profesores permitir que se tomaran tan poco en serio las clases a causa de un estúpido baile?

Harry, por su parte, se pasaba el día ojeando las clases, pasillos y jardines de Hogwarts en busca de una chica que mereciera la pena, pero sin lograr en ninguna ocasión reunir en su cabeza las palabras para una proposición decente. Siempre que veía a Hermione cerca se alejaba, ya que se le antojaba demasiado bochornoso tener que soportar el rechazo de una chica frente a Hermione. Siempre Hermione, de nuevo. Siempre era ella la que le hacía sentir miedo, pasar vergüenza o conseguir algo. Si no la hubiera conocido aquella mañana de 1991, todo habría sido mucho más fácil.

"Ya, y si no la hubieras conocido, te faltaría algo. Lo peor es que lo sabes". Le recriminó una recóndita parte de su ser.

No. Hermione era un estorbo. Fin.

Habían pasado dos días y Harry aún no tenía pareja. Hermione, tras pensarlo mucho, decidió intentar pedirle que fuera con ella. Sí, era de pesada y de tonta. No tenía sentido, pero, al mismo tiempo, no era algo tan descabellado.

Al principio, Hermione tenía claro que no iba a ir a esa estupidez de baile. Prefería ocupar su tiempo en algo más productivo. Sin embargo, su pequeña llama de esperanza de recuperar algo de la amistad que antaño mantuvo con Harry no se había extinguido del todo, aunque estaba en las últimas.

Por supuesto, contó con todo el apoyo de Luna. Ya se había hecho a la idea de que Harry la mandaría a freír espárragos al instante, sin vacilar lo más mínimo. Pero, francamente, no tenía nada que perder. Era algo totalmente habitual, y por intentar no se iba a morir.

Aquella tarde, Hermione se encontraba en la biblioteca con su amiga. Se había reunido con un grupo de alumnas para hacer un trabajo. Aunque ninguna de ellas fuera a ofrecerle una mano amiga, por lo menos debían tratarla con respeto, ya que era la que les ayudaba a hacer los deberes y estudiar los exámenes.

Tras un rato, Ginny entró a la biblioteca, seguida de Ron, y más tarde de Harry. Al ver a Luna y Hermione, la pelirroja no dudó en sentarse cerca de aquel grupo tras saludarlas, acicalada siempre con su mejor sonrisa. Harry y Ron se sentaron con ella, habiendo accedido a ayudar a Ginny con un trabajo. Hermione vio la sonrisita de complicidad que Luna dirigía a Ginny, y viceversa. Después, ambas miraron inocentemente a Hermione, que ya tenía la mosca detrás de la oreja. Puede que Luna hubiera contado a Ginny sus intenciones de proponer a Harry ir al baile… En tal caso, luego hablaría con ella.

Como siempre, Harry actuaba como si Hermione llevara puesta una capa de invisibilidad, algo que no alteró a Hermione lo más mínimo. De repente, le vinieron a la mente sus encuentros con Malfoy en la biblioteca, justo donde Ginny, Harry y Ron estaban sentados ahora mismo. Rió interiormente. En el fondo, era buen chico, aunque su máscara de arrogancia echaba para atrás. Sin embargo, su rivalidad con Harry le hacía no verle del todo con buenos ojos. Si Harry era un amor, ¿quién rivalizaría con él?

Volviendo al trabajo, Hermione escribió algunos datos en su pergamino. Cuando se dispuso a coger un libro de los que había traído y dejado en la mesa, pensando que podían ser útiles, se percató de que las demás chicas del grupo estaban inmersas en una conversación sobre el baile. La castaña resoplo y chasqueó los dedos frente a ellas, a lo que éstas reaccionaron dirigiéndole una mirada impaciente.

-¿Queréis dejar de hablar del baile y centraros?

Harry, que pasaba en ese momento al lado de ella volviendo de coger un libro, había oído la reprimenda de Hermione.

-Es normal que a ti no te guste el tema, e incluso te deprima, porque nadie querría ir contigo al baile, pero deja a las demás con su ilusión - le soltó y volvió a su mesa como si le acabara de hacer un comentario sobre el tiempo.

En ese preciso instante Hermione recapacitó y decidió que no diría nada a Harry.

Días más tarde, casi todos los alumnos de más de tercer curso, y algunos menores, como Ginny, estaban emparejados, aunque aún había grupos de chicas, masas, más bien, que perseguían a determinados chicos por Hogwarts. Entre ellos Krum, Diggory, Malfoy…

Harry aún no había conseguido pareja, no se había lanzado a ninguna chica aún, aunque había visto muchas que no estaban nada mal.

Así pasaron más días hasta que la situación para el azabache era crítica. Estaba obligado a asistir al baile con acompañante, y no tenía a nadie.

Tras darle muchísimas vueltas y quebrarse la cabeza mil y una veces, decidió ir a lo seguro, a la única que seguro le diría que sí. Y, tras tomar esa decisión, fue consciente de una ínfima parte de él que saltaba de alegría, mientras que su orgullo dominante le reprendía.

Hermione caminaba por los pasillos, ya desde hace días totalmente segura de que no asistiría al baile. Entonces, se chocó con alguien, no accidentalmente precisamente. Lo reconoció al instante por su rubio brillante

-Mira por donde andas, Granger - espetó este sonriendo levemente con algo de sorna.

Hermione se levantó y optó por ignorarlo y seguir su camino, pero Malfoy le agarró por la muñeca antes de que pudiera avanzar.

-Espera, tengo una pregunta para ti. Es muy sencilla, no hace falta ser una cerebrito.

-A ver…

  • respondió ella sin mucho entusiasmo.

-¿Te apetece ir al baile de Navidad conmigo?