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Please, don't go — capítulo 9
-¡Los campeones no pueden recibir ayuda para el torneo!
-¡Lo sé, Luna!
-¿Entonces?
-¿Entonces?
-Has roto las reglas. Hermione Granger, rompiendo las reglas
-No exageres, Luna. No me voy a sentir peor porque digas que la impecable Hermione se ha saltado las reglas - dijo ella, que en el fondo si se sentía un poco avergonzada de lo que había hecho.
-No te recrimino nada. Sólo expreso mi opinión, pero te respeto y te apoyo. Lo sabes, Hermione.
-Sí, Luna, lo sé. Gracias por estar conmigo - respondió la castaña sonriendo a su amiga.
Una inocente y risueña sonrisa adornó la cara de la rubia.
-¡No hay de qué!
-Sí que lo hay, no creo que nadie más me entendiera.
-Es totalmente comprensible. Yo haría lo mismo si se tratara de ti.
-Gracias, Luna.
-¿Pero has estudiado para tu examen inicial?
-¡El examen inicial! - exclamó Hermione, golpeándose la frente con la palma de la mano -. ¡Por Merlín, sólo queda me quedan tres semanas! ¡No he estudiado lo suficiente! ¡Tengo muchas cosas acumuladas! ¡No voy a aprobar!
-¡Hermione! ¡Hermione! ¡Cálmate! - intentó Luna tranquilizar a su amiga, al ver que ésta estaba hiperventilando.
-¡Pero Luna! ¡¿Cómo me voy a calmar?! ¡Voy a suspender!
-¡No vas a suspender!
-¿No?
-¡Claro que no! - dijo Luna risueñamente, muy segura de sus palabras -. Eres mejor bruja que muchos que llevan aquí tres años. Ya verás…
-Pero hay cosas que no manejo bien… Y el examen es justo antes de Navidad.
-¿Qué cosas no manejas bien?
-No sé… Pociones, por ejemplo.
-Podrías pedirle ayuda a Draco. Él es bueno en pociones.
-¿Ya estáis hablando de Malfoy?
- dijo la voz de Harry en tono de desprecio, apareciendo por detrás y adelantándolas para hablar a las chicas de cara -. Ni que fuera tu novio, Hermione. Siempre que te veo estás con él y cuando no lo estás hablas de él.
-Yo también me alegro de verte, Harry - dijo Hermione sarcásticamente.
-Ya casi estás tan amargada como él - añadió Harry.
-Si estoy amargada te aseguro que no es culpa de Draco - Hermione dijo esto sin querer. Harry podía llegar a sacarla de sus casillas.
Harry se quedó callado ante ese comentario y de su cara desapareció esa mueca de desprecio. Miraba al suelo, como si se arrepintiera.
-¿Y de quien es la culpa? - preguntó en un tono más calmado, incluso con pena, mirando a Hermione a los ojos.
Ella, al ver la tristeza en aquellos conocidos ojos verdes que la miraban, se enterneció. Sabía que él no era malo. Simplemente ella no le caía bien. No había tenido esa suerte.
-Olvídalo, Harry
-No, dímelo.
-Estaba hablando con Luna y nos has interrumpido.
-Dime lo que quiero saber y te dejaré en paz.
-¿Y qué quieres saber? - preguntó ella exasperada.
-¿Quién te amarga?
-Dicho así suena muy fuerte.
-Has dicho que si estás amargada no es por Malfoy. ¿Estás amargada?
-No, Harry, no estoy amargada. Simplemente, a veces estoy desanimada.
-¿Por qué?
-¿Eso te interesa?
-Te lo he preguntado, por algo será - Harry intentaba mantener toda esta conversación sin que su rostro adoptara ninguna expresión, negándose a mostrar ningún tipo de emoción.
-No sé cómo te puede interesar el motivo de mi desánimo cuando estás cada día recordándome que no quieres que me meta en tu vida. ¡Si me quieres lejos, no te acerques tú a mí!
Hermione se arrepentía de haber dicho eso. Como si pudiera ir peor…
-Está bien - dijo Harry -. Pero no esperes que vuelva a preocuparme por ti.
-¿Te preocupas por mí? - preguntó Hermione irónicamente.
-Acabo de hacerlo.
Hermione miraba a todos los lados, sintiendo sus mejillas ruborizar.
-Pues… gracias… Pero no quiero que te preocupes por mí.
-¿No?
-No.
-Pues no parecía eso el otro día cuando me reclamabas que no valoro a una persona que me quiere.
-Pero insististe en que me alejara de ti. Me desprecias constantemente y ahora me preguntas por mis problemas, cuando sé que mañana me acercaré a ti ilusionada y tú me dirás que me vaya, que no me quieres a tu lado. Por eso no quiero que te preocupes por mí.
-¡Cuando te pregunto por tus problemas no significa que tengas que esperar que siempre voy a andar preocupándome de ti! Además, si tú no me dejas en paz, yo tampoco lo hago.
-¿Y qué te he hecho yo? ¡Si yo te dejo en paz!
Luna observaba callada la escena.
-Ya - dijo Harry -. ¿Y esto qué es? - preguntó arrojando con furia una bola arrugada de pergamino a los pies de Hermione.
Hermione lo cogió y lo abrió.
-Léelo en alto - dijo él.
-"Cómo invocar objetos con accio a distancia" - leyó Hermione con voz temblorosa.
-¿Cómo ha llegado eso a mi cama?
-Le pedí a Ron que te lo dejara - dijo ella, sin querer esconder nada -. Estuve toda la tarde en la biblioteca preparándolo.
-¿Para qué?
Hermione hablaba con voz firme.
-Pensé que te serviría de ayuda para la primera prueba.
-¿Y te ha preguntado alguien lo que pienses?
-¿Y te has preguntado qué pasaría si aceptaras mi ayuda? ¡Harry, la prueba es en tres semanas y sé que estás tan asustado como yo! ¡Intento ayudarte!
-¿Estás asustada? - preguntó Harry insinuante, que se había quedado con esa parte.
-Sí.
Harry se acercó a ella.
-Así que tú si puedes preocuparte de mí pero yo no.
-No. ¡Lo que no puedes hacer es amargarme como lo haces- Harry sonrió ante la deseada confesión, aunque en el fondo no le agradaba saber que era él quien desanimaba a Hermione, a pesar de ser totalmente consciente de que lo hacía -, y luego venir preguntándome por qué estoy desanimada! - Hermione estaba perdiendo totalmente la paciencia.
Harry le dedicó una última sonrisa, un rápido vistazo a Luna a modo de despedida, y se marchó por donde había venido.
Hermione miró a Luna y ésta la miró a ella sin decir palabra. Ambas siguieron caminando por los pasillos de Hogwarts, Hermione hecha una furia.
Ambas chicas se despidieron cuando se dirigieron a sus respectivas clases.
Cuando acabaron todas las clases del día, Hermione seguía mirando apenada el pergamino arrugado, fruto de su esfuerzo, dedicación y amor por Harry, que éste le había tirado sin ningún tipo de consideración.
Muy bien, pues ya no le ayudaría más. Si es tan capaz de salir airoso él sólo, que lo haga, y si no, que aprenda a ser más considerado con ella, porque ya no se entrometería más.
Fue, como cada día, a la biblioteca. Con una montaña de deberes y apuntes para estudiar.
Dejó el pergamino en una esquina de la mesa, aplastado por todos los libros, esperando que recuperara algo de su lisura inicial, y comenzó a hacer deberes.
Llevaría una hora y media allí sentada cuando, cómo no, apareció de nuevo Draco, que se dirigió a la mesa de Hermione y se sentó frente a ella sin ni siquiera preguntar o saludar.
-¡Vaya! - dijo Hermione con sarcasmo -. Qué raro verte por aquí.
-Qué raro ese recibimiento tuyo - respondió él igual de sarcástico.
- No es un despectivo - aclaro ella -, pero no sé por qué vienes aquí si ni siquiera lees o estudias. Y tampoco te veo hacer los deberes.
-Ya es para mí una costumbre venir a verte cada día. Además, es lo que tiene estar enchufado al profesor más temible de Hogwarts.
-¿Enchufado? - repitió ella incrédula -. Yo creía que eso sólo era en los colegios muggles.
-Ya ves - respondió él con tono de superioridad.
-Y… ¿Cuál es el profesor más temible de Hogwarts?
Draco puso cara de sorpresa.
-¿No sabes cuál?
-Eso es una pregunta subjetiva.
-No, eso es una regla general. El profesor al que todos más temen. Severus Snape, por supuesto.
-¿Qué hay de Alastor Moody?
-¿El ex auror? - dijo Draco en tono de burla -. No, ese es de mucho ladrar y poco morder. Además, yo temería más a un ex mortífago que a un ex auror.
Hermione iba a hacer un comentario sobre eso, pero pensó que era mejor callarse, así que siguió con sus deberes y cogió el último libro de la pila que aplastaba el pergamino, dejándolo ver, bastante más liso que antes.
-¿No ha habido suerte con Potter no?
-¿De qué hablas?
-Por lo que veo - dijo Draco, señalando con un movimiento de cabeza el pergamino -, no ha aceptado tu ayuda.
-Ya… - dijo Hermione -. Tampoco esperaba que la aceptara sabiendo que era mía.
-Vaya imbécil.
-Por favor, no le insultes.
-Es que me da asco ver que trata así a alguien que lo da todo por él.
-Pues así es como solías tratar a la gente tú también.
Draco se quedo callado unos segundos.
-Buena - admitió sonriendo a Hermione.
-Lo siento, no debería haber dicho eso. Hoy no paro de decir cosas fuera de lugar y…
-No es nada fuera de lugar - dijo Draco sonriendo -. Es la verdad, pero no me molesta que lo digas, porque estoy intentando no ser así más.
-Me alegro.
Draco sonrió y calculó lo que iba a decir, como si le costara pronunciar las palabras.
-Gracias, sangre sucia.
Hermione sonrió.
-Pues sí que avanzas.
-Yo consigo todo lo que quiero.
-Eso ha sonado muy prepotente.
-Tómatelo como quieras - contestó él -, pero es la verdad.
Tras decir esto miró sonriendo a Hermione fijamente a los ojos durante unos segundos que para ella fueron muy confusos. ¿Qué había querido decir?
-Bueno - dijo él -, ¿puedo tirar ese pergamino que Potter no ha querido aceptar, aún pudiendo ser su única salvación en la primera prueba del Torneo de los Tres Magos?
-No - se apresuró a contestar Hermione mientras lo cogía rápidamente y lo guardaba entre las hojas de sus libros -. Lo guardo por si acaso.
Lo que ella no sabía era que Harry se había leído el pergamino entero, que le había resultado asombroso y un alivio enorme, y se estaba pasando la tarde intentando practicar el conjuro.
-¿Aquí? - gritó Ron a Harry a 30 metros de él junto al lago negro, sujetando un libro (concretamente el de adivinación).
-¡No! - gritó Harry -. ¡Más lejos!
-¡Si ni si quiera has podido a 20 metros! ¿Cómo vas a poder con esto?
-¡Ponte más lejos!
Parecían dos locos, pero a Harry le daba igual. Conseguiría realizar el conjuro como fuera.
Ron se colocó a unos 40 metros.
-¡Vale! - le gritó Harry.
Entonces apuntó al libro (o lo que podía ver de él) con la varita.
-¡Accio!
El libro saltó de las manos de Ron, pero no avanzó ni 3 metros hacia él.
-¡No! - se lamentó Harry una vez más, pegando una patada al césped.
Ron cogió el libro y se acercó corriendo a Harry.
-Harry, tío… - dijo Ron jadeante, pues ya había repetido el ejercicio varias veces -. ¿Y si lo dejamos por hoy?
-¡No puedo dejarlo! ¡Tengo que hacerlo!
-¿Por qué no le pides ayuda a Hermione?
Harry miró con rostro serio a su amigo.
-Porque no. No la pienso llamar. Y punto.
-¿Pero por qué no? Ella te podría ayudar. ¡De hecho, quiere ayudarte!
-¡He dicho que no, Ron!
Ron lo miró acongojado.
-Lo siento - se disculpó Harry -. Dejémoslo por hoy.
Y se encaminaron hacia la Sala Común.