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Conquistando a mi esposo — capítulo 6

Perdería la única familia que tenía…otra vez.

El acuerdo que tuvo con su esposo para anular su matrimonio hace 3 años no se había borrado de su memoria, simplemente Sansa ya no pensaba en separarse de él. Llegó a conocerlo mejor como amigo y como amante… solo mediante palabras… de otras mujeres tristemente.

De a poco los sentimientos fueron cambiando. Pasando de la gratitud cuando el decidió no quitarle su virtud la noche de bodas, el asombro cuando lo vió peleando en Rhaegal, el sonrojo cuando este besó sus labios al terminar la batalla frente a todo el reino, el respeto cuando veía que su nombre era cantado y alabado en todo Desembarco del Rey, la cercanía que sentía cuando este la tomaba de la mano para guiarla, al deseo cuando lo veía recostado a su lado en la recámara con ese aroma tan dulce para ella, cuando sentía la suavidad de sus labios al besarlo mientras el dormía.

De niña le enseñaron las habilidades que necesitaría para manejarse en la corte, en los libros aprendió las hazañas de valerosos caballeros que dedicaban  grandes victorias a sus damas para obtener su mano o su admiración, aprendió que esos héroes eran hermosos y galantes, corteses pero también astutos.  Tyrion era todo eso para ella, tal vez no era un hombre de estatura normal o rostro perfecto descrito en los libros, pero al fin y al cabo los grandes caballeros no eran nada comúnes, mucho menos lo sería su Jinete Alado salvador del reino. Tyrion… ¿por qué…?

  • Mi señora bonita?- Dijo Marci que seguía llamándola así- Está torciendo sus puntadas otra vez.

  • ¿Qué? Oh no, perdón - Sansa se apresuró en su disculpa.

Estaban cosiendo en los jardines, para evitar pensar en su esposo ((que pronto no lo sería)) o tener que verlo ella decidió refugiarse en la costura, cosa que no era muy efectiva cuando estaba sola, debido a eso decidió llevarse a Marci para que la acompañara pero los resultados no mejoraron mucho.

Hubo un silencio en el cual ambas se miraron.

Su criada dejó de lado su bordado y le tomó las manos. Eran algo frías y un poco suaves. Las de Tyrion eran toscas y con callos debido a sus aventuras en las tierras libres y por montar a menudo en Rhaegal su dragón, el siempre decía que lo disculpara por eso, pero siempre estaban cálidas, cálidas como ninguna otra. A ella no habría importado que sus manos fueran como lijas.

  • Sabía que mi padre conoció al vuestro, Lord Eddard? 

  • No - dijo Sansa.

  • El siempre me contaba la historia de cómo vió a Lord Eddard Stark en la guerra de las Islas de Hierro, en la rebelión al Rey Robert.- dijo Marci con una sonrisa.

  • Debió ser un gran caballero - sobrevivir una guerra siempre era digno de alabanza.

  • Un escudero en realidad - rió Marci -tenía 11 años.

  • ¿A que casa servía?

  • Greyjoy.

  • Espera - reparó Sansa.

  • El debió morir sí. - Marci lo decía tranquilamente - pero su vida fue perdonada. Por vuestro padre.

Poco o nada sabía sobre su criada, salvo que era alegre y siempre dispuesta en su trabajo. Aquello la avergonzó bastante.

  • No, no lo sabía.

  • En las Islas de Hierro no olvidan nada, siempre recuerdan las guerras que pelearon. Y por sobre todo a los oponentes dignos de ser recordados, por uno u otro motivo. Somos un reino guerrero. - concluyó satisfecha.

  • Si que lo son - de los 7 reinos que estaban en Poniente eran los que más guerras habían disputado, y Marci tenía un ligero acento que la distinguía como proveniente del lugar.

  • Es la costumbre- continuó Marci-La emoción que se tiene de pelear por lo que anhelamos es lo que nos dá fuerza, lo que nos hace vivir así. El sentimiento que nos inunda al conseguirlo es lo mejor del mundo. Son cosas por las que vale la pena vivir.

Marci hablaba como en sueños, como acariciando las palabras. De repente Sansa sintió que estaba con una vieja Tata rejuvenecida.

  • Para algunos lo que más desean es ser capitán de su flota de barcos, para otros crear las mejores armaduras o espadas, para otros el conquistar pueblos y almas para nuestro dios y para otros- tomó una pausa y mirándola a los ojos apretó su mano suavemente- conquistar a la persona que aman.

No había duda que Marci era más inteligente e intuitiva que la mayoría de las personas. La mirada era sincera y sin vacilaciones.

  • Y sabía usted que mi madre casi muere en la batalla del río? ella estaba pescando en el puerto ese momento.

La manera en que Marci hablaba era profunda ahora.

  • Ella… ella ayudó con la muralla? - La pira de fuego formada por el incendio de los botes en el puerto que duró un tiempo y mantuvo a raya a los Otros antes de que Tyrion llegase en Rhaegal para aniquilarlos.

  • Su grupo decidió quemar los botes que estaban en el muelle, casi se arrojaron a las llamas ellos mismos porque las llamas empezaban a extinguirse. Yo tenía 13 años y casi veo a mi madre morir frente a mis ojos. Pero nuestro Jinete Alado llegó, salvó a mi madre y a la ciudad. De no ser por vuestros familiares yo no habría nacido o hubiese quedado huérfana.

Marci se arrodilló frente a ella sin soltarle las manos.

  • Mi vida hubiese sido muy diferente de no ser por vuestro padre o vuestro esposo mi señora bonita, y nosotros los Hijos de Hierro jamás olvidamos. Mi gratitud hacia usted es inmensa.

  • Pero yo no hice nada.

  • Su padre perdonó la vida al mío y su esposo salvó a mi madre, y usted tiene una de las cosas por las que mis padres me enseñaron que vale la pena vivir.

  • Que puedo tener yo?- Sansa a veces sentía que su vida se limitaba a soportar pruebas. Joffrey un prometido hermoso que resulto ser un monstruo, su familia asesinada, sus desengaños con Meñique y Harry el Heredero, y ahora su matrimonio que sería anulado.

  • Amor mi señora - dijo Marci suavemente.

A Sansa le hubiese gustado llorar, que le hablaran de amor cuando ella empezaba a creer que jamás tendría algo era muy triste, pero una vez más se comportó como una dama de la corte.

  • El no me ama. - dijo Sansa con dolor en la voz que no pudo contener. Los ojos comenzaban a arderle con lágrimas que se formaban. Ella ya ni hablaba mucho con su esposo.

Tyrion tuvo la delicadeza de mostrarse preocupado por su repentino alejamiento y no forzar diálogos en la única cena que tuvieron juntos la última semana, pero eso solo hizo que su dolor aumentara.

Su criada se limitó a mirarla con cierta ternura, como si ella fuese su hija, a pesar de ser menor.

  • Eso piensa él - dijo Marci- … por ahora. Pero la pregunta es… ¿usted lo ama?

  • ¿Qué?

  • Si usted ama a su esposo.

Las lágrimas salieron, casi tan rápido como en las últimas noches cuando ella apagaba las velas y hacía todo lo posible para contener gemidos que delataran su dolor a Tyrion.

Ella la abrazó rápidamente. Por un momento Sansa pensó en Arya. Su pequeña hermana guerrera. ¿Qué diría si me viera ahora? Llorando por el Gnomo.

Se burlaría probablemente por estarse lamentando y  por no pelear por el…

Por dejarle marcharse…

Por aceptar la separación sin decir lo que pensaba, lo que sentía…

  • Si usted lo ama mi señora bonita… ¿no valdría la pena luchar por él?

-¿Cómo, como lo hago? Yo solo…

Marci la calmó  rápidamente, y contó sus ideas como si no existiera un mañana, el tiempo apremiaba pues ya anochecería. La noche traería consigo una de las últimas oportunidades de salvar el matrimonio.

El viento frío las azotó un poco, parecía que el olor de Invernalia llegó con él. Una Stark jamás se rendiría sin pelear hasta la muerte.

Sansa se separó para mirar el rostro risueño de su criada. Un calor que se formaba en su pecho empezaba a dar vida a sus esperanzas con Tyrion. Una sonrisa tranquilizadora le indicaba que todo iría bien. El calor en su pecho se hacía mas intenso y grande, sentía que la vida volvía a ella.

¿Entonces mi señora?

  • Yo amo a Tyrion Lannister mi esposo, y si algo aprendí estos años es a … es a sobrevivir, y  también aprendí de lo que soy capaz de provocar en un hombre. Y que todo vale en el juego de tronos… y más aún en el juego del amor. ¡Haré lo que me dijiste!

  • Si! Sí! - Marci asintió emocionada.

Ella miró al cielo oscuro.

  • Vamos Marci - dijo Sansa poniéndose de pie decidida- cada segundo con mi esposo vale oro - terminó mientras se adentraba en el castillo.