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Memorias de Idhún IV- Archimago — capítulo 10
Al rato siguiente estábamos los cuatro reunidos en una habitación. Los niños se habían ido a dormir, pues ya era tarde, pero nosotros estábamos debatiendo acerca de regresar a Idhún.
-Deberíamos decírselo a los niños.- comentó Jack.
-No, no. Aun es demasiado pronto, son muy pequeños.- protestó Victoria.
-Pero, tarde o temprano, Eva descubrirá su secreto y nuestro plan de vivir con normalidad se esfumará.- respondió Christian.
-¿Y por qué no Erik?- pregunté yo.
-Los dragones no tienen la suficiente inteligencia para darse cuenta de esas cosas.
-¿Estas llamando tonto a mi hijo?- protestó Jack.
Christian le miró desafiante, y su contrincante le devolvió la mirada. Ambos cogieron la empuñadura de sus espadas y parecieron estudiar desenfundarlas para pelear allí mismo.
-¡Basta ya, los dos!- gritó Victoria.- pensaba que con los años se os había pasado el instinto, pero veo que no. Como os vea preparados para luchar, no dormiré con ninguno de los dos durante un largo tiempo.
Esta amenaza recalcó en Jack, que soltó su empuñadura al instante. Christian tardó un poco más. Yo observaba la escena sin intervenir, pues era algo demasiado pequeño ante tales criaturas.
-Tengo que relajarme, tanto estrés con Idhún puede conmigo... ¡haced lo que queráis!- y tras decir esto, la mujer salió de la casa.
Yo me dispuse a acudir tras ella para tranquilizarla, pero me topé con una fina hoja de metal blanca y que desprendía una fuerte sensación a frío. La mano que la sujetaba pertenecía a Christian. Pero otra espada, esta vez roja, la retiró y la retó.
-Basta.- dijo Jack solamente.
Christian le miró aun sin comprender lo que quería hacer, pero luego entrecerró los ojos y se preparó para la lucha.
-¿No te das cuenta de que este humano nos va a traer problemas a todos?- preguntó Christian.
-Le hemos salvado, y no tiene a dónde ir. Si vas a matarle, tendrás que acabar primero conmigo.
-Tu orgullo de dragón puede contigo, Yandrak.- respondió Christian.
El chico moreno atacó primero, pero su espada fue repelida por la de su contrincante. Habían comenzado a pelear, y yo no podía hacer nada. Pero sabía de alguien que sí, y fui tras ella, esta vez para alertarla del peligro. Salí corriendo de la habitación pero Christian se interpuso en medio, dispuesto a matarme. Por suerte, Jack le cogió fuerte de la cazadora negra y lo retiró de mi camino.
-¡Si vas a pelear, hazlo con alguien de tu nivel!- le gritó.
Aproveché la ocasión para salir corriendo de la habitación y buscar a Victoria, que suponía que estaba en el bosque. Por el camino me encontré con los tres niños, que se debían haber despertado a causa del alboroto.
-Jaenor, ¿qué pasa?- preguntó Erik.
-Nada, volved a vuestras camas y no salgáis.
Me obedecieron y regresaron a sus habitaciones, pero Eva se me quedó mirando esperando otra respuesta, que nunca llegó. Me quedé fascinado al ver sus ojos azules pero me di cuenta de qué tenía que hacer y seguí mi camino.
Cuando llegué al bosque, en un principio no vi a Victoria, y la llamé esperando oír su respuesta. Corrí alrededor de tres árboles hasta tropezar con un tronco que estaba en el suelo, y al que no había visto.
Lo que me asustó no es la caída posterior, sino una sensación diferente a la usual. En vez de sentir una sensación de caída, noté una de energía. Energía brotando espontáneamente desde mi brazo, recorriendo todo mi cuerpo hasta la punta de los pies. Energía demasiado fuerte para poder soportarla, pero demasiado bonita para dejar de notarla. Había cerrado los ojos, y cuando los abrí me encontré con una figura femenina que estaba con las manos sobre la boca en señal de culpabilidad.
-¿Jaenor?- preguntó la mujer.
No respondí, pero acerqué la mano izquierda al hombro derecho, donde me había dado el golpe. La sensación de que el brazo ya no me dolía me sorprendió hasta el punto de mirar el rostro de Victoria buscando una explicación, pero una cara detrás me la resolvió. El hombre de los ojos azules y el de los ojos verdes habían llegado allí, y me miraban junto a la mujer de los ojos marrones.
-Archimago. Parece mentira.- comentó enfadado Christian.
-¿Eh?- se me ocurrió simplemente preguntar.
Victoria enrojeció y trató de buscar una explicación algo más desarrollada.
-Eres un Archimago, Jaenor. Aquellos que sorprenden a un unicornio sin quererlo reciben una cantidad de magia superior a la de un mago normal. Nunca había pasado, pero en mi esencia de unicornio sé que eso es lo que ocurre cuando sorprendes a un unicornio sin desearlo aquel que lo hace.
Yo la miré, asombrado, intentando conectar mis ideas y buscando alguna solución, pero que nunca llegó. Sentí que me faltaba el aire y dejaba de ver. Lo único que pude oír antes de desmayarme de la sorpresa fue "¡Tenemos que ayudarle! ¡Llevadle a...!"
Después, silencio.
Nota de autor: sé que muchos os sorprenderéis ante la manera de alcanzar la magia del personaje del fic y protestaréis por dicha forma, ya que bajo ningún concepto puedes sorprender a un unicornio, pero tengo una explicación a ella que os puede resultar más "realista" que espero que os resulte mejor. La única "pega" esque está al final del fic, y solo allí obtendréis la respuesta. Una pista: ¿qué no está al alcance de los dioses? :)