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Memorias de Idhún IV- Archimago — capítulo 15

No sabía dónde estaba, solo un dolor horrible en las costillas donde las garras habían conseguido rasgar mi carne humana. Al abrir los ojos, noté que otros de color rojo me miraban preocupados y detrás de ellos iris azules, marrones y verdes, que estaban observándome atentamente.

De repente noté una sensación cálida que recorrió todo mi cuerpo, y supe que alguien me estaba curando, pues esa sensación la había tenido antes. Moví las muñecas y me palpé el costillar pero no había dolor o herida en ellas. Me senté en la cama y observé aquellos ojos colorados con interés.

-Hola, ¿quién eres?- pregunté a su portadora. 

-Me llamo Kimara.- respondió ella.

Acercó su rostro aun más al mío y susurró: 

-La-que-vio-la-luz-en-la-oscuridad.

-Oh, ya sé quién eres. La Tríada me ha hablado mucho sobre ti. 

La semiyan rio y salió de la casa. Por el camino se encontró con Jack, y ambos intercambiaron algunas palabras amigables. Detrás de él venían Victoria y Christian, que cojeaba. La Tríada se acercó a mi cama y me observaron. La mujer le dio un codazo a Jack y este comenzó a hablar.

-Jaenor, hemos… hemos vencido. Gracias a ti. Bueno, en especial gracias a todos, pero tú casi te dejas la vida en esta batalla. Debes aprender a usar tu poder… 

-Porque vas a ser un gran mago.- completó Victoria, sonriendo.

Observé a los tres y me sonrojé antes tales cumplidos. Aunque me habían curado, yo me seguía encontrando débil, y además las lunas asomaban por el horizonte, por lo que tomé una decisión. 

-Muchas gracias por vuestras palabras, pero ahora, si me permitís, deseo descansar, y creo que vosotros también.

Ellos asintieron y se marcharon a sus habitaciones. 

-Buenas noches, y que Irial os proporcione puros y luminosos sueños.- me despedí.

Ellos se rieron, y desaparecieron de mi vista. Poco a poco cerré los párpados hasta que me quedé dormido. 

Al día siguiente me desperté por el ruido entre dos espadas. Temiéndome algo malo, me levanté rápidamente y acudí al lugar de la pelea, pero me tranquilicé al ver que nadie iba a resultar herido. Dos hombres de parecido físico pero de experiencia muy diferente luchaban el uno contra el otro para tratar de desarmar a su contrario. Una figura femenina observaba la escena sin intervenir. Me acerqué a ella y descubrí a Victoria, que no me miraba pero yo sabía que me prestaría atención.

-¿Quién ha empezado?- pregunté saludándola. 

-Erik quería aprender a luchar como su padre, y Jack ha aceptado encantado.- respondió. Ve a la entrada exterior de la casa: alguien te está esperando. Picado por la curiosidad, obedecí y me marché. Por el camino cogí algo de comida y saludé a Zaisei. Fuera, me llevé una decepción al no ver a nadie. Mientras me preguntaba cómo había podido Victoria mentirme de esa manera, una sombra se deslizó por entre los árboles y alzó las manos.Pronunció un hechizo que me paralizó y me impidió mover las manos.

-¿Eo é…?- pregunté sin cerrar la boca.

-¿Pero qué? No ¿Eo é?- el extraño cerró la mano y pude volver a moverme.- ¿Quieres saber más hechizos? 

La figura de Shail apareció entre las sombras y sonrió, y yo sonreí a su vez.

Asentí, ilusionado, puesto que por fin iba a aprender magia de forma más profunda, y no en casos extremos como había hecho con Victoria. El mago me pidió que me quedase fuera y se internó en su casa. Poco tiempo después salió de ella portando un libro escrito en idhunaico arcano, de cuyo título solo entendía "hechizo" y "magia". Durante mi tiempo libre estudiaba algunas palabras en este idioma, pero al no tenerlo casi, mi vocabulario era bastante pobre. 

-El Libro de los Hechizos Básicos de la Magia.- explicó él.- un libro que te dirá todos los hechizos conocidos y legales.

Me lo tendió y yo lo cogí, curioso. 

-Pero, hay un pequeño problema.- dije.- Yo no sé idhunaico arcano.

Podía saberlo si siguiese portando el amuleto de comunicación, pero se lo devolví a Jack poco después de regresar a Idhún. 

-No te preocupes, detrás hay un diccionario. Pero tenemos algo de prisa, por lo que yo te diré varios hechizos y tú tendrás que repetirlos y probarlos.

Y así pasamos toda la mañana, mi entusiasmo por aprender magia me ayudaba a aprenderme los conjuros la primera vez que los intentaba, hasta que Shail dijo que era suficiente y me propuso un duelo mágico. 

-Durante el duelo tú y yo pelearemos mediante hechizos de defensa y ataque. Cada vez que vea que cometes un fallo, te lo diré y lo corregirás. ¿Entendido?

-Sí.- respondí yo. 

Y así estuvimos hasta la hora de comer. Shail me corrigió tres o cuatro veces y no parecía haber un claro ganador. Cuando oímos la llamada de Zaisei nos detuvimos y entramos a comer.

En la mesa había gran cantidad de personas. Más de diez, y cabíamos todos a duras penas. 

-Bueno, Shail,- comentó Jack.- aún no nos has contado las nuevas de Idhún.

-Ah, sí. Pues veréis. Nos vemos en un asunto muy serio. Quizá no tan serio como lo fue el de Ashran, pero si no actuamos a tiempo puede que llegue a esa gravedad. Después de la retirada de los Seis y de vuestra huida de Idhún, los Nuevos Dragones, liderados por Qaydar y Covan, están conquistando todo Idhún desde Nanhai hasta Awinor, y no hay quien los detenga, excepto vosotros siete. Ahora mismo ya han conquistado tod excepto Kash-Tar y Awinor. 

Jack asintió, pensando que era un asunto muy grave, pero como estábamos en un ambiente tranquilo y pacífico ahora mismo propuso cambiar de tema y le susurró unas palabras a Victoria, quien sonrió y asintió.

-Shail, Zaisei, tengo el honor de presentaros a nuestra hija Laura.- dijo señalando a la pequeña. 

La otra pareja saludó y se presentó a la niña, que sonreía un poco intimidada ante tantas miradas.

-Pues nosotros tenemos el gusto de presentaros a nuestros hijos: Kaimei, que la habéis conocido antes, Eanei y el más pequeño, Ha-Ele. 

Nosotros nos presentamos y los chicos, todos humanos con un tono azulado de piel, respondieron cordialmente.

Mientras charlábamos se escucharon unos fuertes golpes en la puerta y después una sucesión de llamadas impacientes a grito de <<¡Zaisei!>>. La celeste, sobrecogida, abrió la puerta y comencé a formular un hechizo de ataque, por si acaso. Al abrir la puerta una sacerdotisa humana entró estrepitosamente. 

-¡Zaisei! ¡Los Nuevos Dragones han entrado al Oráculo de Awa, solo hemos sobrevivido tres! La Madre Gaedalu, La Madre Karale y yo.- la sacerdotisa lloraba amargamente.

Los Nuevos Dragones habían atacado de nuevo. Nosotros, contraatacaremos.