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Memorias de Idhún IV- Archimago — capítulo 16

-Cuánta gente hay hoy, ¿no?- preguntó sorprendida la sacerdotisa.

Señaló a Jack y Victoria, aun sorprendida.

-Vosotros... sois el último dragón y el último unicornio.

La pareja sonrió y se apartó, dejando ver a su hijo.

-Ya no. Este es nuestro hijo, Erik.

La mujer abrió la boca, emocionada, y sonrió entre lágrimas. De repente notamos que la temperatura descendía y faltaban dos personas, y Jack instó a darnos prisa.

-Tenemos que ir al Oráculo.- dijo, y salió de casa.

Victoria, Erik, Laura y yo le seguimos, decididos.

-Pero ya no hay sacerdotis...as.- dijo la mujer, pero no ya no la oímos.

En el exterior de la casa, decidimos dividirnos en dos grupos. Christian y Eva no estaban allí, por lo que nos juntamos los que quedábamos. Los grupos estarían compuestos por: Victoria, Erik y Laura y Jack y yo. Así habría un mago en cada uno y podríamos teletransportarnos con rapidez.

Los dos hombres aparecimos en las afueras del Oráculo de Gantadd. Victoria y los niños aun no estaban allí, por lo que decidimos investigar el terreno. En pocos minutos nos encontramos a Christian y Eva, que ya habían inspeccionado un poco el terreno, pero no habían encontrado nada.

-Después de que Neliam casi destrozase el Oráculo, las sacerdotisas lo habían arreglado, pero los Nuevos Dragones lo han vuelto a derrumbar. Esta vez quizá para siempre.- comentó Christian.

-Neliam no sabía qué estaba haciendo, pero sí Qaydar y compañía. Lo han destruido a propósito. Son unos sádicos.- respondió Jack.

En ese momento aparecieron Victoria, Erik y Laura. Entramos en el Oráculo, sorteando algunos obstáculos, y decidimos volver a dividirnos.

-Separémonos.- propuso Victoria.- Jack, Erik, Laura y yo por un lado y Christian, Eva y Jaenor por otro.

A mi no me parecía bien estar siempre entre sheks, pero acepté con resignación porque quizá eso me salvase la vida. Mis compañeros y yo nos adentramos en la oscuridad, serenos, cuando Eva escuchó un ruido y lo hizo saber.

-¿Habéis oído eso?- preguntó.

Su padre asintió, pero yo, que no había oído nada, respondí preocupado:

-Yo no.

-Es una varu.- contestó Christian.- una varu a la que tengo muchas ganas de ver.

Eva le miró desconcertada, no entendiendo qué relación tenía su padre con varus, pero yo tenía grandes sospechas acerca de quien sería, pues la Tríada me había hablado de ella más de una vez.

-Gaedalu.

Pensaba que la varu, tras su encuentro con los Seis, había vuelto a las profundidades del mar, pero quizá haya vuelto al saber que su Oráculo había quedado destruido. Christian comenzó a correr en una dirección concreta y Eva y yo le seguimos. Llegamos a una habitación semiderruida, en la que todo estaba desordenado. En el centro había una figura femenina sentada en el suelo. Al vernos llegar alzó la cabeza y sonrió malevolamente.

<<Por Neliam, vaya visita. El shek y su hija shek-unicornio. Del otro no sé la identidad, pero seguramente sea igual que vosotros>>- saludó.

<<Qué mentira>> pensé. Olvidé el hecho de que estaba entre telépatas y todos pudieron escuchar mi pensamiento, pero nadie dijo nada. Christian se interpuso con Haiass en alto entre Gaedalu y Eva, protegiéndola ante cualquier mal que la varu pudiese causarle, pues quería verla muerta.

<<Guarda la espada, serpiente. Aun no pensaba hacerla  nada... de momento>> en ese instante sacó del bolsillo de su túnica una extraña piedra negra. <<¿La recuerdas?>> le preguntó a Christian.

El hombre palideció y protegió aun más a Eva.

-No la vas a hacer nada, bruja. Y a mi tampoco.- ordenó.

Gaedalu rio ante tales palabras y lanzó la piedra directamente a la cabeza de Christian. Él interpuso su espada enseguida, aunque el objeto nunca llegó a tocarle. Creé un pequeño escudo que bloqueó a la piedra. Christian aprovechó la confusión de la varu, pues no sabía que yo era un mago, y la agarró de los pelos, colocándola con fuerza contra la pared. La varu cogió otra piedra y trató de lanzársela al hombre, pero estuve veloz y se la quité. Por si acaso, le inmovilicé las manos.

<<¿Habéis contratado un mago, teniendo al unicornio? Qué perdida de tiempo más inútil.>>

Christian no respondió a esa pregunta, sino que la empujó aun más contra la pared y la preguntó, desafiante:

-¿Qué haces aquí?

Gaedalu no dijo nada, por lo que el hombre acarició suavemente el cuello de la mujer con Haiass, produciéndola un pequeño corte. La varu gimió, pero continuó callada.

-¿Qué haces aquí?- repitió Christian.

<>- respondió Gaedalu.

-Tu hogar debería ser bajo una tumba.- contestó el hombre.

<<Ése debería ser el tuyo, shek>> la varu trató de zafarse, pero solo consiguió clavarse aun más el filo gélido de Haiass. Su grito de dolor retumbó en mi cabeza y me produjo una fuerte migraña.

-No grites así, varu.- Christian también la había oído.

Alejó a Gaedalu de la pared para arrastrarla por el suelo hasta la salida. En el exterior, Christian observó su anillo y a los pocos minutos dijo:

-Victoria y compañía pronto estarán aquí.

Efectivamente, tras un par de minutos tres figuras salieron del exterior del Oráculo y se acercaron a nosotros. Jack se fijó en Gaedalu, que estaba tirada en el suelo, sucia y ensangrentad tras haber osado enfrentarse a Christian, y dijo:

-Vaya, vaya. ¿A quién tenemos aquí?

<<A mi, estúpido dragón><Está bien. Sí, estaba en el bando de Qaydar y Covan. Pero me enteré de que querían destruir mi Oráculo, y traté de impedírselo><Puedo deciros dónde están>