← Memorias de Idhún IV- Archimago · de
Memorias de Idhún IV- Archimago — capítulo 17
Todos miramos a Christian preocupados, pues él no solía perder la paciencia de esa manera. Dejamos a Gaedalu en el Oráculo y nos marchamos de aquel lugar. Durante el trayecto Victoria se acercó a él y le cogió cariñosamente la mano, mientras reposaba su cabeza en el hombro de Christian.
-¿Qué pasa? ¿Qué has visto?- preguntó ella.
-Nada.- respondió él.- tiene una barrera mental muy alta que no puedo derrumbar.
Apretó la mano de la chica con rabia, pero le reconfortó saber que ella seguiría allí. Siguieron caminando hasta que a Victoria se le ocurrió preguntar a dónde íbamos ahora.
-A casa de Shail. Creo que allí encontraremos algunas respuestas.
La mujer no respondió, solo siguió andando a su lado. Así pues, en pocos minutos decidimos teletransportarnos, porque estábamos a días de la casa del mago. Nos dividimos en grupos, como últimamente hacíamos, y desaparecimos de allí.
Delante de nosotros estaba el hogar de Shail y Zaisei, donde habíamos estado horas antes, y la que era nuestra residencia temporal. Entre Victoria y Christian comentaron la mala noticia a la pareja, que la recibió con dolor y con pesar.
-La Madre cada vez está peor. Desde su encuentro con los dioses no ha vuelto a ser la misma. ¿Cómo se le ocurre enfrentarse a Kirtash y a Jaenor? Oh, pobre Madre. Ojalá se recupere.- comentó Zaisei.
-Estamos tras Qaydar y Covan. Aunque no he podido encontrar nada en la mente de Gaedalu, con este diálogo he podido averiguar algunas cosas.
-¿Cuáles?- pregunté yo.
-Qaydar y Covan pretenden cortar toda comunicación con los dioses. Por ello han derruido el Oráculo de Gantadd. El de Raden y el de Nanhai están destruidos. Solo falta el de Awa, pero los feéricos no querrán bajo ningún concepto que nadie arrase sus tierras y sus edificios, por ello atacarán con lo que sea. El Archimago, el otro- dijo mirándome.- cree que no posee suficientes dragones en su flota y desea más para destruir el Oráculo de Awa, llevándose todos los árboles que haga falta por delante. ¿Me seguís?- explicó el.
-¿Quieres decir que Qaydar quiere crear más Nuevos Dragones?- preguntó Victoria.
Christian asintió, sombrío, y volvió a preguntar algo para que adivinésemos qué quería decir exactamente.
-¿Qué necesita para esas criaturas? Escamas, garras, todo lo que haya pertenecido a un dragón. ¿Y sabéis dónde puede encontrar eso?
-En Awinor.- respondí yo, entre asustado y enfadado.
De repente Jack bufó y dio una patada al aire. El hecho de que sus enemigos estén profanando la tumba de sus progenitores le cabreó, y decidió ir allí de inmediato.
-¡Jack, no! Aun no estamos preparados para otra batalla.- exclamó Victoria.
Pero el hombre no la escuchó y, cogiendo a sus dos hijos, se transformó en dragón y salió volando de allí. Christian no esperó ni dos segundos para hacer lo mismo, y se llevó a Eva consigo. Finalmente nos quedamos Victoria y yo, que me miró preguntando:
-¿Preparado para otra batalla?
-¿Para protegeros? Siempre.- respondí.
Ella sonrió, y ambos desaparecimos de allí. Esta vez Victoria me llevó mediante la teletransportación a la tierra de los dragones, porque yo nunca había estado allí y como tal no sabía cómo era.
Huesos, polvo, ceniza. Todo eso era Awinor. Los Nuevos Dragones aun no habían llegado, y los siete esperábamos con calma su llegada. Jack, para disminuir su enfado, decidió llevarse a sus hijos a ver los huesos de la madre y el padre dragón de Yandrak mientras que Christian, Eva, Victoria y yo descansábamos y charlábamos en un pequeño cúmulo de rocas.
Al cabo de varios minutos, noté que algo no iba bien. Miré alrededor, desconcertado, pero todo parecía normal, no había cambiado. Algo debía pasar en otro lugar. Y no sé cómo, supe que ese lugar era Kosh.
Rápidamente avisé a Victoria y Christian, que me miraron un poco extrañados ante esa revelación.
-Avisad a Jack, vamos. Le voy a necesitar.- ordené.
-Vamos a buscarle mejor, y así nos vas contando qué te "ha llegado a la mente".- dijo Victoria haciendo comillas con los dedos.
Caminamos, casi corriendo, al lugar donde estaba Jack, al lado de sus padres. Realmente, me daba pena separarles de ellos después de tanto tiempo sin visitarles, pero el asunto que pasaba en Kosh era importante. Creía que era otro ataque de los Nuevos Dragones, pero estos ya más de cien, no como las otras veces.
-Veréis, tengo grandes sospechas de que algo grave está pasando en Kosh. Los Nuevos Dragones venían hacia aquí, pero se han detenido en esa ciudad. Seguramente estén buscando a alguien.- les miré a ver si podían deducir de quién se trataba.
-Kimara.- contestó Christian.- la buscan porque les traicionó en el ataque de Rhyrr. Y creen que la semiyan se encuentra allí.
Victoria ahogó un grito de asombro, y nos animó a ir más deprisa a buscar a Jack, mientras le llamaba en voz alta. Después de unos minutos les vimos a unos cien metros de nosotros. El padre y los hijos se dieron cuenta de nuestra presencia, y también de que estábamos preocupados.
-¿Qué ocurre?- preguntó Jack.- ¿Ya están aquí?
-Aquí, no.- respondí yo.- pero sí en Kosh. Están buscando a Kimara.
El hombre gruñó, maldiciendo a los Nuevos Dragones porque no le dejaban un día en paz, y me ordenó que le llevase a Kosh.
-Quizá deberíamos llevar a Christian, nos podría ayudar.- propuso.
-¿Estás loco? Kimara es un tema secundario, en cuanto vean a Christian irán más de cien dragones a por él.- respondí yo.
-Tienes razón.- aceptó Jack.- Pero entonces, ¿para qué me quieres a mi? Yo también soy un objetivo primario.
-Pero podrías animar a Kimara cuando la encontremos. ¿No teníais una fuerte relación?
Jack asintió, pero tampoco compartía mi opinión.
-Tenemos una fuerte relación, sí. Pero de ahí a que la pueda tranquilizar...
-*Tempus fugit.-*dijo Christian.- el tiempo que pasáis aquí lo aprovechan los Nuevos Dragones para arrasar Kosh.
Le miré, un poco extrañado, pues aquel hombre nunca utilizaba expresiones latinas, pero no tenía tiempo para preguntas.Cogí a Jack del brazo y, tras despedirme de Victoria, Christian y los niños, nos fuimos a combatir en un nuevo conflicto.