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Memorias de Idhún IV- Archimago — capítulo 18

Tras desaparecer de Awinor por una alerta mental que recibí, aparecí en Kosh acompañado de Jack. Allí, el espectáculo era un caos. Tanto yan como humanos u otras especies que en ese momento estaban en Kosh corrían de un lado a otro asustados, perseguidos por grandes dragones, aunque solo era una semiyan en concreto a la que buscaban.

Buscamos por las calles a Kimara, susurrando, pues si lo hacíamos gritando nos relacionarían con ella y nos matarían. Por suerte, solo pasaron unos minutos hasta que ella nos encontró.

-¡Jack! ¡Jaenor! GraciasaAldúnqueestáisaquí.- dijo deprisa.- LosNuevosDragonesquierenmatarme. Porfavorllevadmelejosdeaquí.

No comprendí todo lo que dijo, pero sí lo clave: está en búsqueda y ejecución. La acaricié el pelo, tranquilizándola, y ordené a Jack que se quedase junto a ella. Pasaron unos minutos hasta que Kimara se convenció de que estaríamos allí para ayudarla y protegerla. Dioses, que los Nuevos Dragones traten así a una desertora me parece una aberración. Cada vez que los veo los odio más.

Observé, sombrío, cómo los Nuevos Dragones perseguían a muchas personas, sobre todo mujeres. Formulé un hechizo simple de levitación y me coloqué poco a poco a varios metros del suelo. Noté cómo los invasores se detenían y me prestaban atención, desafiantes. Igual estaba yo, que a veinte metros del suelo, expuse con otro hechizo amplificador:

-¡Nuevos Dragones! Vosotros, sustitutos inservibles de los Antiguos Dragones. ¡Deteneos en nombre de los Seis! O la maldición del Séptimo caerá sobre todos vosotros, aterradora y sin piedad.

Todo Kosh estaba en silencio. Todo el mundo me miraba. Estaba bajo una presión infinita, pero no podía dejarlo ahora. Quizá los Nuevos Dragones se rían de mi. ¿Un simple mago pretende intimidar a una enorme flota de más de cien dragones? Que rían, no saben el poder que dentro llevo.

Grande fue mi sorpresa cuando les vi dar media vuelta y alejarse volando de Kosh. ¿Un simple discurso breve les había hecho reflexionar acerca de sus actos? Debían ser o demasiado razonables o demasiado ineptos. Vi cómo Kimara salió de su escondite junto a Jack y comenzó a aplaudir lentamente. Poco a poco se le fue uniendo más gente hasta que el sonido de las palmas se pudo escuchar en todo Kosh.

Me parecía todo demasiado fácil. Descendí al suelo y Kimara me abrazó emocionada, pero yo no a ella. La semiyan se separó, preocupada, y me preguntó qué ocurría.

-Ha sido todo muy... simple. ¿Ya está? ¿Un simple discurso y se marchan?

-¿Qué más quieres? ¿No hay suficientes batallas aun para ti?- preguntó Jack.- desde que has llegado a Idhún no has hecho más que pelear contra los Nuevos Dragones. Quizá deberíamos habernos quedado en la Tierra.

-Echaba de menos mi mundo. Necesitaba volver.- contesté.

-¿Después de todo lo que has vivido estos últimos cinco días?- preguntó.

-*Suml-Ar-Idhún.-*respondí simplemente.

Me tranquilicé en los próximos minutos, pero no me sirvió de nada cuando alguien gritó aterrorizado:

-¡Que vuelven! ¡Los Nuevos Dragones ahora son más!

Observé la llegada de esas criaturas junto con todas las personas allí presentes. Gruñendo me volví a preparar para la batalla. Por suerte aun estaban lejos, y me dio tiempo a pensar algo. Decidí crear un escudo alrededor de Kosh, o por lo menos alrededor de todo lo que me fuese posible.

Cuando los dragones llegaron, yo ya había realizado el hechizo, y media ciudad se encontraba protegida. Pero yo confiaba poco en el escudo, porque era muy grande y por tanto más débil, por lo que decidí que Jack y Kimara debían intervenir.

No sé porqué he pasado de ser un chico despreocupado y débil a ser un hombre seguro y fuerte en estos últimos años, quizá en estos últimos días. El proceso de 'transformación' de la Tríada había durado varios años, en cambio el mío solo en unos pocos días. No podía ser, algo o alguien debía estar controlándome. Algún día, si los dioses quieren, podré llegar a conocer el secreto que me dejó oculto la magia que me entregó Victoria.

Los Nuevos Dragones intentaban traspasar por todos los medios la barrera que les impedía entrar en Kosh, y ordené a mis amigos:

-¡Jack, Kimara! ¡Transfóntate!

Estaba con tanta adrenalina que no me di cuenta de que había unido dos palabras.

-¿Qué?- preguntaron a dúo.

-¡Transfórmate! ¡Móntate!- me corregí.

Ellos asintieron y obedecieron, y en menos de diez segundos dos dragones despegaron del suelo a luchar contra... contra más de cien. Me di cuenta de mi enorme y garrafal error a tiempo, y traté de atraer la atención de Yandrak, que era quien más cerca estaba de mi.

-¡¡¡JAAACK!!!- grité.

-¡¡¿QUÉÉÉ?!!

-¡¡AVISA A KIMARA QUE BAJE!!!

Él asintió y se giró hacia Ayakestra, que tras oírle descendió al suelo y su portadora se acercó a mi.

-¿Qué pasa?- preguntó Kimara.

Señalando a los dragones que intentaban penetrar mi barrera mágica, pregunté:

-¿A qué son más vulnerables?

-¿Al hielo?- respondió dudosa.

-Vale. ¡¡JAACK!! ¡BAJA!

El dragón dorado descendió y, metamorfoseado en humano, se colocó junto a Kimara.

-Quedaos los dos aquí.- ordené.- Kimara, protege a Ayakestra con un hechizo de defensa.

-¿Con cuál?- preguntó ella.

-Con el más resistente que conozcas.

Me preparé para lo que iba a realizar a continuación. Cuando comprobé que Ayakestra estaba bien protegida, decidí entrar en acción, y formulé un hechizo que podría acabar con mi vida, pero que era letal para aquel que lo recibiese. Lo leí en la sección de "hechizos peligrosos" del libro que me prestó Shail el día de mi aprendizaje.

Deshice el conjuro de la barrera, y vi cómo los dragones entraron velozmente, concentrados en un solo objetivo: yo. "¿Qué haces?" oí decir a Jack, pero yo solo respondí "Protegeos vosotros y todos detrás de las casas"

Cuando un dragón estuvo lo suficientemente cerca de mi, formulé el hechizo y noté cómo mi cuerpo cambiaba muy bruscamente de temperatura, una temperatura gélida. Sentí que algo en mi explotaba, y yo cerré los ojos y grité a causa de la presión a la que me veía sometido en ese momento.

Escuché cómo los dragones intentaban escapar aterrorizados ante lo que acababa de realizar, pero cómo no fueron suficientemente rápidos y fueron congelados por la onda helada que produje. Abrí un poco los ojos para ver cómo ciento siete dragones caían al suelo convertidos en hielo, y se estrellaban contra él, convirtiéndose en innumerables trozos de madera.

Tuve completamente perfecta visión y me giré hacia la ciudad yan. Como suponía, estaba congelada. Parecía que hubiese nevado allí. Pero no era nieve, era hielo. Descendí al suelo y Kimara y Jack se acercaron a mi.

-¡Jaenor! ¡Increíble! ¡Has destruido una flota completa de Nuevos Dragones con un solo hechizo!- exclamó Kimara.

Aunque habíamos vencido, me sentía derrotado por el dolor y el cansancio. Pero aun debía realizar un conjuro más.

-¿Vas a dejar Kosh así?- preguntó Jack, agarrándome del brazo.- ¡Ah! ¡Estás helado! Deberías realizar un hechizo de temperatura.

Asentí, y pronuncié un conjuro que calentó tanto a mi como a Kosh. Poco a poco mi cuerpo fue alcanzando su temperatura normal, y la ciudad yan la suya. Volvía a hacer calor. Pero yo estaba cansado, demasiado agotado siquiera para tenerme en pie. Caí de rodillas, y pude ver cómo Kimara y Jack trataban de ayudarme. No podía más. Finalmente, me desmayé por el agotamiento.

-¡Rápido, Kimara! ¡Transpórtanos a Awinor!- pude escuchar a Jack.

Después, silencio.