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Memorias de Idhún IV- Archimago — capítulo 19
-¿Cómo fue? ¿Qué pasaba?- preguntó Victoria cuando llegamos.
Jack y Kimara me habían despertado antes de reencontrarnos con Victoria y Kirtash, y al llegar estaba atento, aunque no descansado.
-Un ataque de los Nuevos Dragones.- respondí.- Nada grave.
-¿Nada grave? ¡Ha helado Kosh! ¡Será recordado por siempre!- gritó Kimara.
La otra chica me miró, pero no dijo nada.
-¿Hay alguien herido?- preguntó Victoria.
-No, que sepamos. De los nuestros, quiero decir.- contestó Jack.- aunque pregúntale a Kimara. Ella sabrá más.
-No creo que nadie haya resultado herido. El combate acaso duró unos minutos. Pero podríamos ir a prestar ayuda psicológica. Los yan son nerviosos, y con lo que acaba de pasar aun más.
Victoria aceptó la propuesta, y las dos chicas desaparecieron de allí. Christian, junto a los niños pequeños, las vio marchar, pero no dijo nada. Solo recibió una corta mirada hostil de Kimara, a la que no le dio importancia.
-Jack…- comencé.
El receptor me prestó atención y me preguntó que quería.
-¿Dónde… dónde está tu madre? Un día me comentaste que la habías ido a visitar… y me gustaría ver a algún dragón real aparte de ti.
El hombre se puso serio, pero no dijo nada al principio. Pareció recordar tiempos pasados, tiempos muy pasados y no tanto, y al final decidió algo.
-Estamos descansando ahora mismo. Además, yo también quiero volver a verla. Christian… tú no querrás ir, ¿verdad?- preguntó Jack.
-No por dos cosas: es algo venerado, es un cementerio de nuestros enemigos, y hay que tenerles respeto. Segundo, no me parece bien eso que hacéis, pero es tu madre y estás en tu derecho de visitarla, aunque yo no voy a ir.
Jack asintió, y me indicó el camino a seguir. Caminamos unos veinte minutos, dirigiéndonos muy pocas palabras, hasta que se pudieron ver algunos esqueletos. Ahogué un grito, pues era algo sumamente macabro, pero no me detuve. La curiosidad podía con el miedo. Todos los dragones me parecían iguales, pero para Jack uno era totalmente reconocido. Se quedó quieto frente a él, y yo tardé algunos segundos en darme cuenta de ello, pero enseguida supe por qué.
-Bueno, aquí está.- dijo.
Miré el esqueleto, enorme, gris debido al polvo, con enormes colmillos, y garras. Sí, más o menos como Yandrak. Me fijé en que tenía una piedra encima del cráneo. No sabía cómo había llegado allí, pero se lo dije a Jack.
-Quítasela.- respondió suspirando.
Me acerqué a la cabeza de la dragona y le quité la piedra, pero me fijé en que le había quedado una mancha rosa.
-¿Eing?- me pregunté.
Intenté quitarle la mancha, pero solo conseguí que se hiciese más grande. Decidí alertar a Jack acerca de esto.
-Yandrak.- le llamé así porque me parecía la ocasión.- Creo que deberías ver esto.
El hombre se giró, curioso, y miró lo que le mostraba. Le enseñé mi mano blanca y a continuación la coloqué sobre el cráneo. Cuando la retiré, una mancha se quedó donde lo había puesto. Jack me miró, asombrado, y me indicó que continuase.
Continué moviendo la mano por todo el cuerpo, mirando preocupado a Jack de vez en cuando, aunque él siempre me indicaba que siguiese. Cuando terminé, media hora después, una dragona rosa parecía estar durmiendo sobre el cementerio de Awinor. Jack se atrevió a acercarse a ella y trató de despertarla tocándola la cabeza.
Lo consiguió.
El hombre observó, mientras sus ojos estaban a punto de llorar de felicidad, cómo la dragona abría los ojos y nos miraba enojada.
-Está viva.- dijo Jack (o Yandrak).- mi madre está viva.
La dragona se levantó,y con un gruñido preguntó:
-¿Quiénes sois?- se giró y observó aterrada el paisaje que estaba alrededor.- ¿Pero qué ha pasado aquí?
-M…mamá.- dijo Jack.- estás viva.
-¿Mamá? ¿Pero qué dices, humano?- preguntó la dragona.
Jack sonrió, y se apartó un poco de nosotros. Unos segundos después yo estaba entre dos dragones, sonriendo.
-¿Hi… hijo?- preguntó la dragona.
-Mamá.- respondió Yandrak.
La dragona rugió de alegría al volver a reencontrarse con uno de sus hijos. Había vuelto de la vida, pero recordaba lo que había sucedido años antes de dejarla.
-Jamás pensé que pasaría esto. Muchas gracias, Jaenor, no sé cómo agradecerte esto.- dijo Yandrak.
-Yo tampoco pensé que ocurriría. Pero ha ocurrido, no me preguntes cómo. Parece que la magia hace cosas más allá de la imaginación.
Súbitamente, la temperatura comenzó a descender y me preocupé. Me preocupé porque suponía quién iba a ser, y lo que ocurriría a continuación.
-Me ha parecido oír un rugido de triunfo. ¿Acaso…?
Christian no terminó la frase, pues había visto a la dragona, y viceversa.
Medio segundo después, dragona y shek combatían a muerte.