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Memorias de Idhún IV- Archimago — capítulo 20
Yandrak tardó un poco en reaccionar, pero yo lo hice instantáneamente. Realicé el hechizo por el cual encerraba a mis objetivos en bolas justo antes de que Kirtash y la dragona llegasen a tocarse. El shek observaba fijamente y siseando a la dragona, mientras que esta rugía y arañaba la bola. Yandrak estaba atónito, pero no tardó en enfrentarse verbalmente a la serpiente.
-¿Pero qué haces, Christian?
"Es de los Nuevos Dragones"
Yandrak negó con la cabeza y miró a la dragona que aun rugía dentro de su bola, intentando salir para asesinar con placer al shek.
-No… ella, ella es mi madre.
Kirtash se detuvo y abrió mucho los ojos, sorprendido. Dejó de sisear y miró a la dragona, atónito.
-"¿Tu… tu madre?"
La dragona rosa no cesaba en su intento por salir, y yo un poco harto ya de ella comprimí un poco su particular celda, intentando intimidarla.
Christian se metamorfoseó en humano, aun sorprendido por la reciente noticia.
-Jaenor, sácame de aquí ya.
-Aún no.- respondí.- No hasta que la madre de Yandrak se tranquilice.
-Sigo sin entender cómo habéis podido resucitarla.
Yandrak también se había transformado, y se acercó a su madre con seguridad y relajación.
-Mamá, tranquilízate. Él es bueno.
-¡Los sheks nunca son buenos! ¡Son los hijos del Séptimo!
-Mamá, hay unos imitadores nuestros que pretenden conquistar Idhún. ¿Qué prefieres, luchar contra el único shek de Idhún, pues los demás han huido, o prefieres combatir a unos imitadores nuestros que pretenden conquistar Idhún?
Las palabras de Jack no surgieron el efecto que esperaba el hombre, sino que la dragona gritó de nuevo:
-¡Al shek!
Y arañó la bola, pero esta permaneció irrompible.
-No vas a poder quebrarla, es un hechizo muy poderoso.
La dragona pareció tranquilizarse por un momento, pues dejó de arañar y soltó unas volutas de humo por las fosas nasales.
-No quiero que se acerque a mí. Como haga algo raro,muere.
-Igualmente.- respondió Christian sarcástico.
Gracias a Irial que la dragona seguía encerrada, porque sino Christian habría muerto enseguida.
-¡Que no me tiente! ¡Que no me tiente!
Christian sonrió de medio lado, cuando llegaron Victoria y Kimara.
La semiyan, al ver a la furiosa dragona, se puso de rodillas ante ella y susurró, emocionada:
-¿Una dragona… de verdad?
-Ella es mi madre.- respondió Jack.
-¿Tu madre?- preguntó Victoria.
Kimara, que aun buscaba palabras para describir lo que estaba viviendo, preguntó a su vez:
-¿Pero… no estaban todos los dragones muertos?
Estaba jugando con la piedra que le había quitado al esqueleto de la dragona cuando Jack dijo:
-Ha sido gracias a él. Gracias a Jaenor.
-Pero esto es… esto es perfecto. Has resucitado a los dragones. Con ello podemos ganar la guerra a los Nuevos Dragones.- exclamó Victoria.
-Solo hemos resucitado a una. No hay seguridad que ocurra en todos.- respondí.
La mujer miró a la dragona, que miraba a todos con odio excepto a su hijo. Se había calmado un poco, pero de vez en cuando trataba de romper la bola.
-¿Y qué hace ahí dentro? ¿Qué ha pasado?
-Instinto.- respondió Jack, señalando a Christian.
Como vi que la dragona parecía bastante relajada comparado con hacía algunos minutos, decidí dejarla libre.
-Te voy a dejar libre, pero jura por Aldún que no tratarás de atacar a Christian.
-No sé por qué se me prohíbe atacar a mi enemigo, y más aun un humano como tú. Pero acepto, porque seguramente sepas como resucitar a toda mi especie, y además sé que hay más serpientes en Idhún. Lo noto.
Todos nos miramos, extrañados, hasta que Christian pareció entender a quien se refería.
-Eva. La dejé antes a las puertas de Awinor cuando escuché el rugido de la dragona. Seguramente seguirá allí, junto a Erik y Laura.
-Sí. Antes nos los habíamos encontrado, pero nos habían dicho que estabais aquí.- respondió Victoria.- deberíamos ir a buscarles.
-De acuerdo, te soltaré.- dije, cambiando de tema.
Cerré las manos y la dragona quedó libre, pero inmediatamente se giró hacia Christian, que desenfundó a Haiass dispuesto a matarla, fuese madre de quien fuese. En ese momento intervino Victoria, que creó un escudo alrededor de Christian para protegerlo de la dragona, pero esta giró la cabeza y dijo:
-No voy a hacerle nada. No es interesante. Es un pobre shek encerrado en elcuerpo de un humano.
-Yo soy un dragón encerrado también en el cuerpo humano, y Victoria un unicornio.
La madre de Yandrak nos miró a todos como si estuviésemos locos, pero no dijo nada, simplemente miró el cementerio que se extendía hasta los confines de Awinor. Victoria se acercó corriendo y me abrazó con fuerza.
-¿Y esto por qué?- pregunté sorprendido.
-Porque vas a reconquistar Idhún.- respondió ella.
-Ah, vale.- sonreí un poco torpe.
-Y porque le has dado una felicidad a Jack que yo jamás habría conseguido.
-Pero solo he resucitado a su madre.
Victoria me miró fijamente, y segura consigo misma dijo:
-Puedes resucitar a todos los dragones.
Sorprendido, observé la macabra escena que estaba frente a mí, y pensé en la cantidad de dragones que tendría que resucitar simplemente "pintándolos". Yo no podía hacer esto. Los demás Archimagos no pudieron, ¿por qué yo sí?
-¿Puedo?- pregunté.
-Puedes.- respondió Victoria decidida.
Me separé de ella lentamente y me dirigí a la dragona, que observaba la escena sin intervenir.
-¿Podrías indicarme quiénes son tus favoritos?
-Todos.- respondió la dragona.
-Bueno, ¿quiénes… quiénes son los más poderosos?
No me respondió al instante, sino que giró la cabeza en busca de alguien en concreto, y parece que lo encontró.
-En realidad, él no fue el más poderoso, pero fue muy importante para mí. El esqueleto que está…- suspiró- que está allí es…- miró a Jack, con un poco de emoción.- es tu padre, Yandrak.
Jack abrió mucho los ojos y miró con más atención el esqueleto, y luego con otra mirada me pidió que le resucitase.
Me acerqué al lugar que me señalaba y le pregunté a la dragona.
-¿Este?
-Sí. Daskein.- respondió.
-¿Das… qué?- pregunté.
-Daskein. Su nombre.
Victoria me miró, y sonrió.
-Vamos. Tú puedes.
Rocé el cráneo del dragón y vi que su mancha era negra.
Mientras le iba "pintando", Jack preguntó a su madre:
-Mamá… ¿cómo te llamas?
-Pursadrak.- sonrió.
Todos giramos la cabeza, pues su nombre era peculiar.
-¿La bella dragona?
-Sí.- Pursadrak alzó la cabeza con orgullo.
Continué con mi trabajo hasta que, una hora después terminé con Daskein. Pursadrak se acercó a él y lo tocó con una garra.
-¿Daskein? ¿Puedes oírme?
El dragón pareció moverse, tal y como lo había hecho Pursadrak horas antes, Jack sonrió al verlo y se giró hacia Victoria.
-Pursadrak y Daskein. Mis padres.
Los dos sonrieron de nuevo y Victoria le abrazó.
-Enhorabuena, mi amor. Tus padres están de vuelta.
Le besó con lentitud e infinito cariño y el hombre correspondió, pues hacía mucho que no sentía el roce de los labios de su amada. Se separaron al oír un potentísimo rugido. Dos grandes dragones, uno negro y otra rosa, volaban hacia el cielo idhunita enroscando sus colas.
-Oh, venga ya.- exclamó Christian.- qué escena más horrenda. Yo me voy.- se dio media vuelta y se dispuso a abandonar aquel lugar.
-No, venga. ¡Quédate!- le pidió Victoria.
-No. Voy a buscar a los niños, que estarán preocupados.
-Bueno, pues te acompaño.- se giró hacia Jack, sonriendo.- Jack, cariño, te quiero. Disfruta de este giro bueno e inesperado en tu vida.
Jack sonrió a su vez y se convirtió en dragón, alzando el vuelo junto a sus padres.
El ejército de los Antiguos Dragones estaba de vuelta.