Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Memorias de Idhún IV- Archimago · de

Memorias de Idhún IV- Archimago — capítulo 20

Yandrak tardó un poco en reaccionar, pero yo lo hice instantáneamente. Realicé el hechizo por el cual encerraba a mis objetivos en bolas justo antes de que Kirtash y la dragona llegasen a tocarse. El shek observaba fijamente y siseando a la dragona, mientras que esta rugía y arañaba la bola. Yandrak estaba atónito, pero no tardó en enfrentarse verbalmente a la serpiente.

-¿Pero qué haces, Christian?

"Es de los Nuevos Dragones"

Yandrak negó con la cabeza y miró a la dragona que aun rugía dentro de su bola, intentando salir para asesinar con placer al shek.

-No… ella, ella es mi madre.

Kirtash se detuvo y abrió mucho los ojos, sorprendido. Dejó de sisear y miró a la dragona, atónito.

-"¿Tu… tu madre?"

La dragona rosa no cesaba en su intento por salir, y yo un poco harto ya de ella comprimí un poco su particular celda, intentando intimidarla.

Christian se metamorfoseó en humano, aun sorprendido por la reciente noticia.

-Jaenor, sácame de aquí ya.

-Aún no.- respondí.- No hasta que la madre de Yandrak se tranquilice.

-Sigo sin entender cómo habéis podido resucitarla.

Yandrak también se había transformado, y se acercó a su madre con seguridad y relajación.

-Mamá, tranquilízate. Él es bueno.

-¡Los sheks nunca son buenos! ¡Son los hijos del Séptimo!

-Mamá, hay unos imitadores nuestros que pretenden conquistar Idhún. ¿Qué prefieres, luchar contra el único shek de Idhún, pues los demás han huido, o prefieres combatir a unos imitadores nuestros que pretenden conquistar Idhún?

Las palabras de Jack no surgieron el efecto que esperaba el hombre, sino que la dragona gritó de nuevo:

-¡Al shek!

Y arañó la bola, pero esta permaneció irrompible.

-No vas a poder quebrarla, es un hechizo muy poderoso.

La dragona pareció tranquilizarse por un momento, pues dejó de arañar y soltó unas volutas de humo por las fosas nasales.

-No quiero que se acerque a mí. Como haga algo raro,muere.

-Igualmente.- respondió Christian sarcástico.

Gracias a Irial que la dragona seguía encerrada, porque sino Christian habría muerto enseguida.

-¡Que no me tiente! ¡Que no me tiente!

Christian sonrió de medio lado, cuando llegaron Victoria y Kimara.

La semiyan, al ver a la furiosa dragona, se puso de rodillas ante ella y susurró, emocionada:

-¿Una dragona… de verdad?

-Ella es mi madre.- respondió Jack.

-¿Tu madre?- preguntó Victoria.

Kimara, que aun buscaba palabras para describir lo que estaba viviendo, preguntó a su vez:

-¿Pero… no estaban todos los dragones muertos?

Estaba jugando con la piedra que le había quitado al esqueleto de la dragona cuando Jack dijo:

-Ha sido gracias a él. Gracias a Jaenor.

-Pero esto es… esto es perfecto. Has resucitado a los dragones. Con ello podemos ganar la guerra a los Nuevos Dragones.- exclamó Victoria.

-Solo hemos resucitado a una. No hay seguridad que ocurra en todos.- respondí.

La mujer miró a la dragona, que miraba a todos con odio excepto a su hijo. Se había calmado un poco, pero de vez en cuando trataba de romper la bola.

-¿Y qué hace ahí dentro? ¿Qué ha pasado?

-Instinto.- respondió Jack, señalando a Christian.

Como vi que la dragona parecía bastante relajada comparado con hacía algunos minutos, decidí dejarla libre.

-Te voy a dejar libre, pero jura por Aldún que no tratarás de atacar a Christian.

-No sé por qué se me prohíbe atacar a mi enemigo, y más aun un humano como tú. Pero acepto, porque seguramente sepas como resucitar a toda mi especie, y además sé que hay más serpientes en Idhún. Lo noto.

Todos nos miramos, extrañados, hasta que Christian pareció entender a quien se refería.

-Eva. La dejé antes a las puertas de Awinor cuando escuché el rugido de la dragona. Seguramente seguirá allí, junto a Erik y Laura.

-Sí. Antes nos los habíamos encontrado, pero nos habían dicho que estabais aquí.- respondió Victoria.- deberíamos ir a buscarles.

-De acuerdo, te soltaré.- dije, cambiando de tema.

Cerré las manos y la dragona quedó libre, pero inmediatamente se giró hacia Christian, que desenfundó a Haiass dispuesto a matarla, fuese madre de quien fuese. En ese momento intervino Victoria, que creó un escudo alrededor de Christian para protegerlo de la dragona, pero esta giró la cabeza y dijo:

-No voy a hacerle nada. No es interesante. Es un pobre shek encerrado en elcuerpo de un humano.

-Yo soy un dragón encerrado también en el cuerpo humano, y Victoria un unicornio.

La madre de Yandrak nos miró a todos como si estuviésemos locos, pero no dijo nada, simplemente miró el cementerio que se extendía hasta los confines de Awinor. Victoria se acercó corriendo y me abrazó con fuerza.

-¿Y esto por qué?- pregunté sorprendido.

-Porque vas a reconquistar Idhún.- respondió ella.

-Ah, vale.- sonreí un poco torpe.

-Y porque le has dado una felicidad a Jack que yo jamás habría conseguido.

-Pero solo he resucitado a su madre.

Victoria me miró fijamente, y segura consigo misma dijo:

-Puedes resucitar a todos los dragones.

Sorprendido, observé la macabra escena que estaba frente a mí, y pensé en la cantidad de dragones que tendría que resucitar simplemente "pintándolos". Yo no podía hacer esto. Los demás Archimagos no pudieron, ¿por qué yo sí?

-¿Puedo?- pregunté.

-Puedes.- respondió Victoria decidida.

Me separé de ella lentamente y me dirigí a la dragona, que observaba la escena sin intervenir.

-¿Podrías indicarme quiénes son tus favoritos?

-Todos.- respondió la dragona.

-Bueno, ¿quiénes… quiénes son los más poderosos?

No me respondió al instante, sino que giró la cabeza en busca de alguien en concreto, y parece que lo encontró.

-En realidad, él no fue el más poderoso, pero fue muy importante para mí. El esqueleto que está…- suspiró- que está allí es…- miró a Jack, con un poco de emoción.- es tu padre, Yandrak.

Jack abrió mucho los ojos y miró con más atención el esqueleto, y luego con otra mirada me pidió que le resucitase.

Me acerqué al lugar que me señalaba y le pregunté a la dragona.

-¿Este?

-Sí. Daskein.- respondió.

-¿Das… qué?- pregunté.

-Daskein. Su nombre.

Victoria me miró, y sonrió.

-Vamos. Tú puedes.

Rocé el cráneo del dragón y vi que su mancha era negra.

Mientras le iba "pintando", Jack preguntó a su madre:

-Mamá… ¿cómo te llamas?

-Pursadrak.- sonrió.

Todos giramos la cabeza, pues su nombre era peculiar.

-¿La bella dragona?

-Sí.- Pursadrak alzó la cabeza con orgullo.

Continué con mi trabajo hasta que, una hora después terminé con Daskein. Pursadrak se acercó a él y lo tocó con una garra.

-¿Daskein? ¿Puedes oírme?

El dragón pareció moverse, tal y como lo había hecho Pursadrak horas antes, Jack sonrió al verlo y se giró hacia Victoria.

-Pursadrak y Daskein. Mis padres.

Los dos sonrieron de nuevo y Victoria le abrazó.

-Enhorabuena, mi amor. Tus padres están de vuelta.

Le besó con lentitud e infinito cariño y el hombre correspondió, pues hacía mucho que no sentía el roce de los labios de su amada. Se separaron al oír un potentísimo rugido. Dos grandes dragones, uno negro y otra rosa, volaban hacia el cielo idhunita enroscando sus colas.

-Oh, venga ya.- exclamó Christian.- qué escena más horrenda. Yo me voy.- se dio media vuelta y se dispuso a abandonar aquel lugar.

-No, venga. ¡Quédate!- le pidió Victoria.

-No. Voy a buscar a los niños, que estarán preocupados.

-Bueno, pues te acompaño.- se giró hacia Jack, sonriendo.- Jack, cariño, te quiero. Disfruta de este giro bueno e inesperado en tu vida.

Jack sonrió a su vez y se convirtió en dragón, alzando el vuelo junto a sus padres.

El ejército de los Antiguos Dragones estaba de vuelta.