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Memorias de Idhún IV- Archimago — capítulo 22

Al llegar donde Christian y compañía, Victoria y yo les propusimos la idea de visitar Awinor y Erik, junto a su hermana pequeña, aceptaron curiosos. Por el contrario, Christian, Eva y Shail decidieron no aceptar. Me pareció un poco extraña la postura del mago, pero no dije nada al respecto. Sus razones tendrá para no ver a los dragones. Decidimos que Victoria se quedaría y yo me llevaría a los niños a Awinor.

Me teletransporté de nuevo a la tierra del sol creciente, donde había dejado a Yandrak. Los viajes interespaciales no me desgastaban tanto como a los otros magos, incluso a los Archimagos, cosa que me resultaba un tanto preocupante. Observé que había algunos dragones que habían dejado de volar. En aquel momento me di cuenta de que no eran tantos como había previsto, pero seguramente fuesen suficientes para llevar a cabo la tarea que tenían que realizar.

El dragón dorado, al vernos, sonrió e invitó a sus hijos a montar sobre él. Ayudé con una sonrisa a Laura a subir al lomo de Yandrak y me quedé en tierra saludándoles. El dragón alzó el vuelo y llevó a sus hijos al corazón de Awinor. Al poco rato otro dragón se acercó a mi, uno que yo ya conocía. Más bien, una. Pursadrak.

-Saludos, Archimago. Enviada por los dragones, vengo a darte las gracias por lo que has hecho, resucitando a parte de los nuestros. Muéstranos dónde están los farsantes, y acudiremos a la batalla.

Dudé un poco, ya que no sabía dónde estaban ahora los Nuevos Dragones. Pero sí dónde estaba su base. Aun así, preferí dejar el ataque para el día siguiente.

-Levantad el vuelo cuando el segundo sol salga mañana.- dije.- os espero en las Puertas de Awinor.

Pursadrak asintió y se alejó volando hacia el horizonte. Comencé a dar un paseo por Awinor, investigando la tierra de los dragones, pues a mi siempre me había resultado fascinante, pero nunca había podido estar allí por diversas razones. Algunos dragones me miraban al pasar, y me saludaban, y yo les correspondía respetuoso.

Aunque fuera un Archimago, siempre tendré a los dragones por encima. Después de un rato, decidí que debíamos volver a Celestia y, por tanto, tenía que encontrar a Yandrak. No me resultó difícil, pues él se presentó pasados unos pocos minutos delante de mi.

-Jaenor.-saludó al llegar.- Se está haciendo un poco tarde. ¿Crees que va siendo hora de regresar con Victoria y compañía?

Asentí, y el dragón descendió a la tierra. Ayudé a los dos niños a descender del lomo dorado y Jack se metamorfoseó en humano.

-Erik.- dijo dirigiéndose a su hijo.- ¿Qué te ha parecido la experiencia?

-¡Ha sido una pasada! ¡Me gustaría repetirlo mil veces!

Jack sonrió, y se dirigió a su hija.

-¿Y a ti, Laura?

La niña apretó los labios, asustada. Pensé que no debía ser una buena señal.

-¿Qué pasa, Laura? ¿No te ha gustado?- pregunté.

-Me he mareado mucho, Jaenor.- sollozó.

-Oh, pequeña, no llores por eso. No te asustes, tu padre jamás consentiría que te ocurriese nada malo.

Erik se acercó a su hermana y la dio un abrazo consolador. Miré a Jack, y supe qué él estaba pensando lo mismo que yo.

-¿Crees que... crees que Laura no tiene el poder de los dragones?

-Aun es pronto para saberlo.- respondió Jack.- tiene solo diez años. Erik tuvo "síntomas" hace poco, en su cumpleaños. Tiene trece años.

Laura había dejado de sollozar, pero pidió que volviésemos a casa de Shail. La cogí de la mano, y ella a Erik. El niño a su padre, y juntos desaparecimos de Awinor.

Aparecimos en los alrededores de la casa del mago, donde estaban Zaisei y sus hijos. Se sobresaltaron un poco ante nuestra llegada pero enseguida sonrieron.

-Hola a todos.- saludó la celeste.

-Hola, Zaisei.- respondió Jack.- ¿Han llegado Victoria, Christian, Shail y Eva?

-No, pero no creo que tarden. Pasad, pasad.- nos invitó a entrar.

Ya dentro de la casa, para pasar el tiempo Erik preguntó:

-Papá. ¿Nosotros antes vivíamos aquí?

-No, hijo.- respondió Jack.- vivíamos en otro sitio.

-¿Y dónde está?- prosiguió el niño.

-En Kelesban. Si quieres un día vamos a visitarla.

Erik asintió, y dijo que quería ir a verla alguna vez. Pero primero había que limpiarla, y ordenarla. Pocos minutos después llamaron a la puerta, y cuando Zaisei acudió a abrir aparecieron cuatro figuras.

-Bienvenidos, Shail, Victoria, Eva y Kirtash. Jaenor, Jack y sus hijos están aquí ya.

Nos saludamos y el mago propuso que mañana viésemos a los dragones, que antes no estaba muy receptivo. Acepté, sin tener en cuenta la conversación que había tenido horas antes con Pursadrak.

-Ahora vamos a cenar y a dormir. Mañana va a ser un duro día.- dijo Jack.

Estuvimos contando las anécdotas de cada uno, y yo continué sin acordarme de la conversación con la dragona, lo que me traería un pequeño problema al día siguiente. Victoria y sus acompañantes habían ido a la casa donde antes vivían y la habían limpiado un poco. A Erik le gustó eso, y propuso ir al día siguiente, por lo tanto mañana iríamos a Awinor y a Kelesban.

Parecía haber un tiempo de descanso.