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Memorias de Idhún IV- Archimago — capítulo 24
Al día siguiente me levanté temprano, y eso me sirvió para acordarme de algo que tenía que hacer aquella mañana. Aun estaba saliendo el primer sol, pero al segundo tenía que estar ya en Awinor, donde me esperaban Pursadrak y los dragones. Acudí a despertar a la Tríada y a sus hijos, y después de quejarse de por qué no se lo había dicho antes y qué pronto era, desayunamos y acudimos a Awinor.
Victoria se llevó consigo a Christian y Eva y yo a Jack y sus hijos. Era un viaje largo, pero no me cansaba demasiado como al resto de los magos. En cuanto llegamos allí, Pursadrak ya estaba esperándonos, ofendida.
-Archimago, has llegado tarde.- me recriminó.
-Yo... lo siento, me olvidé.
Pursadrak gruñó, pero nos dejó pasar a su tierra. Otro espectáculo me recibió como el anterior, distinto, pero a la vez igual. Docenas de dragones estaban colocados en filas, esperándonos y preparados para entrar en acción. Me emocioné al reconocerlos a casi todos, pero traté de serenarme. Caminé para colocarme frente a ellos y levité tres metros sobre el suelo, para que todos me escuchasen. Pursadrak y Yandrak ya estaban asentados en sus puestos.
-Hoy es el día en el que los dragones de carne y hueso vencerán a los farsantes que quieren conquistar Idhún. ¡Cuidado! Todos ellos poseen escamas de dragón que os robaron mientras estábais muertos. No caigáis en sus trampas. Todos ellos tienen fuego, pero limitado. No ataquéis con ese elemento, pues están compuestos de una materia refractaria, es decir, que no le afecta el fuego. Tienen humanos dentro que...- me detuve. ¿Vamos a matar a toda esa gente solo por tres personas? Miré a Victoria.- ¿Vamos a matarlos a todos solo por sus tres líderes? Creo que deberíamos darles un ultimátum.
Los dragones empezaban a mostrarse preocupados y algunos gruñían de frustración. No entendían por qué había dejado de hablar. Yandrak alzó el vuelo y se acercó a nosotros, para ver qué ocurría.
-Nos conocen a todos...- murmuró Victoria.
-¿Quién nos conoce?- preguntó Laura.
Al escuchar su voz me dijo indirectamente la respuesta.
-No saben quién es Laura. Podríamos...
Victoria se giró hacia su hija pequeña, preocupada, pero me devolvió la mirada.
-No...- suplicó.
-No tenemos otra opción.
-Ellos se lo han buscado.- dijo una nueva voz.- no haber seguido en los Nuevos Dragones.
Jack había escuchado parte de la conversación sin intervenir, pero ahora había decidido hablar.
-Jack, Laura es muy pequeña. No podemos enviarla a dialogar.
El hombre frunció los labios, pensando.
-Avanzaremos poco a poco. Cuando nos vean llegar, si nos atacan, respondemos. Si huyen, nos quedamos con su base.
-Yo estoy de acuerdo. ¿Y tú, Victoria?
La mujer ladeó la cabeza, preocupada.
-No sé, no sé. Parece buena idea. Pero no quiero atacar a gente inocente.
-No haber seguido en los Nuevos Dragones.- repitió Jack.- o eso, o nada. Y el nada implica tener tanto a los Antiguos Dragones como a los Nuevos en contra. ¿Acaso quieres eso, Victoria? ¿Acaso quieres tener en contra al mundo que te vio crecer?
-Pero los celestes, gigantes, varu... no atacarán.
-Están conquistados, Victoria. Solo Awinor es libre.
La mujer miró a su hija pequeña, y luego a Jack.
-De acuerdo, haced eso. Pero no contéis conmigo, ni con mis hijos. Me voy a casa.
Cogió la mano de Laura y se preparó para irse de allí.
-Pero la casa está muy lejos, Victoria, y aun no estás descansada. Vas a tardar mucho.- dije.
-Tengo a Christian. Él me llevará.- dijo señalándose Shiskatchegg.
Jack la miró, pero no trató de detenerla. Cuando se hubo alejado varios metros, el hombre se giró hacia mi.
-Continúa tu discurso, Jaenor.
Corrió hacia los dragones, y, dando un salto, se convirtió en dragón, aterrizando en su anterior puesto. Carraspeé, y me dispuse a continuar.
-Bien, como iba diciendo, los dragones son artificios controlados por humanos. Ellos derrotaron a los sheks, pero ahora quieren controlar Idhún. El poder se les ha...
-Archimago,- me cortó un dragón negro.- ¿acaso no hay sheks en Idhún?
-Hay uno, bueno... en realidad es medio shek.
-¿Cómo que medio shek?
-Es un híbrido. Es como Yandrak.- respondí.
-¡Pues vayamos a por él!- gruñó el dragón.
-¡No! Él es de los nuestros.
Los dragones se miraban unos a otros, desconcentrados. ¿Un shek, un aliado?
-No combatiremos al lado de un humano que es amigo de un shek.
-Yo os he devuelto la vida, Ogadrak. Me debéis un favor.
-No me llamo Ogadrak, me llamo Oganor.- gruñó el dragón.
-Ya. El sol negro, ¿El mal?
Oganor rompió filas al oír esto y voló hacia mi dispuesto a matarme, pero se encontró metido en una bola de magia.
-Estamos perdiendo mucho tiempo, estúpido dragón. O nos acompañas, o te quedas.
El dragón continuó arañando y rugiendo dentro de la bola, por lo que yo la cerré un poco más para que se sintiese intimidado.
-¡Oganor!- dijo Pursadrak.- ¡no nos hagas perder tiempo! del shek nos encargaremos luego. Yo le conozco, y tengo cuentas pendientes con él. Pero mi hijo le respeta. El Archimago le respeta.
-¡Los dragones siempre hemos sido más poderosos que los sheks y los archimagos!- gruñó el dragón.
Furioso, cerré aun más la bola y Oganor comenzó a sentirse agobiado.
-¡Yandrak! Comanda tú al resto de los dragones.- le dije al dragón dorado.- yo me encargo de reeducar a Oganor.
Yandrak aceptó mi orden y se colocó delante de todos los dragones. Alzó el vuelo, y al segundo todos los de su especie le siguieron, excepto Oganor, que seguía en la bola, agobiado.
-¡Por favor, Archimago!- suplicó.- No cierres más la bola, quiero volar con los demás.
Le miré, pensando si me estaba vacilando o no. Finalmente cerré las manos y la bola desapareció. El dragón negro estiró las alas y el cuello.
-Te seguiré de cerca, dragón. No hagas que me arrepiente.
Oganor expulsó volutas de humo por los orificios nasales, pero no dijo nada. Alzó el vuelo y se marchó volando. Resoplando, me senté en el suelo, observando el hermoso lugar que era Awinor. La vegetación también había comenzado a resurgir. Pronto tenía que ir a casa de Shail para un asunto un poco urgente. En aquel momento, un poco relajado, seguía pensando, cómo era posible que Qaydar no hubiese podido resucitar a los dragones y yo sí.
Por qué era especial. Solo era un joven humano.