← Memorias de Idhún IV- Archimago · de
Memorias de Idhún IV- Archimago — capítulo 25
Después de descansar un rato, decidí acudir a casa de Shail, suponiendo que allí también estaba Victoria, por lo que realicé un conjuro de teletransportación y desaparecí de allí. Al llegar al hogar del mago, no fue él quien me recibió, sino Zaisei, que pegó un pequeño salto al verme.
-Ho... Hola, Archimago. ¿Cuál es el honor de tu visita?
-Hola, Zaisei. ¿Sabes dónde está Victoria?
-En su casa, creo. ¿Por?
-¿Sabes dónde vive?- pregunté.
Aunque había conocido a la Tríada cerca de su casa, cuando escapaban de Idhún perseguidos por los Nuevos Dragones, no sabía exactamente dónde vivían, y estaba casi seguro de que la respuesta de la celeste sería afirmativa.
-Em... sí. Te acompaño si quieres.- sonrió.
-Gracias, pero ha de ser deprisa. Debo hablar con ella urgentemente.
-¿Qué ocurre?- preguntó ella preocupada.
-Te lo cuento sobre la marcha.- respondí.- ¡Vamos!
Zaisei dejó a sus hijos sobre aviso de su marcha y llamó al pájaro haai, que acudió a ella con alegría. Después de darle la bienvenida, se montó sobre él y yo la seguí. El haai alzó el vuelo y siguió las indicaciones de la mujer celeste. Volamos un rato hasta que vi una casa apartada de la ciudad y supe que era esa. La casa de la que huyó la Tríada tantos años atrás. Aterrizamos cerca de allí y desmonté del haai para acercarme a la casa.
-Victoria, ¿estás ahí?- pregunté.
Una persona salió a recibirme, pero no era ella.
-Hola, Archimago. ¿Qué buscas por aquí?- preguntó Christian.
-A Victoria, ¿acaso no te has dado cuenta?- respondí.
El hombre me miró con algo de desprecio, pero no hizo ademán de ir a por mi. En cambio, entró en casa. Esperé unos segundos hasta que emergieron dos figuras por la puerta. Una era Christian. La otra era una mujer de cabello y ojos marrones.
-Hola, Jaenor. ¿Qué ocurre?- preguntó ella.
-Victoria, Jack se ha ido con los Antiguos Dragones a la base de los Nuevos. Quería estar seguro de que no ibas a venir.
-No, Jaenor. No quiero ser responsable de muertes inocentes.
La miré apenado, pero sabía que esa iba a ser la respuesta.
Realmente, solo había ido allí para verla a ella.
-De acuerdo.- dije finalmente.- Te lo cuidaré bien.
Victoria sonrió y agachó la cabeza despidiéndose. Christian me miró y dijo:
-Recuerda, Archimago: si huyen, no les sigáis. Quedaos en su base. En ella hay buenos materiales.
Asentí y desaparecí de allí, después de agradecer a Zaisei el viaje y explicarle el por qué de la urgencia. Jack llegaría pronto a la base. Debía ser raudo. Aparecí cerca de la base, porque yo la conocía de haberla visto antes de conocer a la Tríada, pero preferí mantenerme un poco alejado. No quería levantar sospechas. Aun no habían llegado los dragones, pero tardarían poco. Finalmente, y después de unos minutos, me aburrí y decidí entrar en la base, previamente realizando un hechizo de invisibilidad.
Me recibió una escena en la que todo el mundo trabajaba, excepto dos personas. Me acerqué a ellos y descubrí que eran Covan y Qaydar.
-Sabes que eso no es posible, Archimago,- comentó Covan.- el dragón, el shek y el unicornio no están en Idhún.
-¿Y cómo explicas la pérdida de las tropas de Kosh? Han debido venir aquí por alguna razón.
Covan pareció replanteárselo, porque dijo:
-Alguien ha debido contarles nuestras intenciones. Si no hubiera sido por aquella vez, hubiésemos conquistado Kosh y con ello Idhún.
-Falta Awinor.- cortó Qaydar.
-Awinor está muerto, Archimago.- contestó Covan.- No hay nada allí.
Sonreí para mis adentros. La sorpresa que se iban a llevar cuando supiesesn que Awinor tenía más vida que Nanhai.
-Por cierto, Archimago,- dijo Covan.- ¿no te parece raro que un dragón y un shek, solos, puedan con nuestras tropas?
El Archimago acarició su barbilla, pensativo.
-Han debido de tener la ayuda del mago que posee el cuerno.
-¿Shail?- preguntó Covan.
-Sí, Shail. Él ha debido ayudarlos.
En ese momento, un piloto caminaba a nuestro lado y al oír la conversación se detuvo.
-Archimago, si me permitís intervenir, no creo que un mago simple fuera capaz de realizar lo que allí ocurrió, por muchos cuernos que tenga.
-Entonces, ¿quién ha podido ser?
Mientras pensaban quién podría haber sido, unas figuras voladoras aparecieron al fondo. Al principio, no eran más que puntos, pero después de un tiempo, eran grandes figuras con alas a ambos lados.
Un piloto novato se acercó a Covan a informarle de la situación.
-Señor, ha venido una patrulla de dragones nueva.
El caballero frunció el ceño, preocupado.
-No hemos enviado a nadie. Mira a ver quiénes son.
Sonreí de nuevo para mis adentros, y salí de allí. Se llevarían una no muy grata sorpresa.