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Memorias de Idhún IV- Archimago — capítulo 27

Cuando todos los pilotos habían abandonado la base, nosotros entramos en ella. Yandrak se acercó a mi volando y aterrizó a mi lado, convirtiéndose en un humano. La mayoría de dragones le miraron asombrados.

-¿Cómo has hecho eso, Yandrak?- preguntó uno.

-Ya lo había hecho más veces, ¿no?

-Sí, pero solo conmigo.- respondió Pursadrak.

Observaba la escena extrañado, pues estaba seguro de que los dragones sí habían visto a Yandrak transformarse, aunque quizá no tan cerca. No le di demasiada importancia.

-Ah,- continuó Jack.- pues soy capaz de hacer eso porque los principales archimagos de hace unos veinte años me crearon híbrido.

-¿Quién?- preguntó otro dragón.

-Em... todos, supongo.

-¿Y por qué te crearon así? ¿Qué tienes de especial?

Jack abrió la boca para responder, pero la cerró al no saber qué decir. O, quizá, saber demasiado. Me miró dudoso. Era híbrido porque los archimagos habían enviado el alma de Yandrak a través de un portal interdimensional a la Tierra. Apreté los labios y alcé levemente los hombros, sin saber qué decir, por lo que el hombre comenzó su historia.

-Bien, veréis. Esto va para rato. Acomodaos.

Yo también me senté, y me encontré en una escena curiosa. Docenas de dragones en posición relajada estaban escuchando a un hombre hablar sobre su historia.

-Era una tarde a finales de mayo...- comenzó él.

Narró la historia hasta cuando descubrió que Christian era un shek, donde los dragones rugieron de asco. Jack detuvo la historia y se levantó de su asiento.

-Se está haciendo tarde. No os recomiendo volver a Awinor ahora, estaréis cansados. Especialmente del viaje, porque de acción poco habéis tenido.- rió un poco.- En fin, que os pido que os quedéis aquí a dormir.

Algunos dragones bostezaron de sueño mientras otros, curiosos, nos hacían gran cantidad de preguntas.

-A ver, por favor. Todo a su tiempo. Ahora, dormid. Mañana tendremos tiempo para más. Los más despiertos que monten guardia, no vaya a ser que ocurra algo. Jaenor y yo nos iremos a dormir con mi familia...

-Nosotros somos tu familia, Yandrak.- cortó Pursadrak.

Jack me miró, indeciso.

-Es verdad. Los dragones también son mi familia. Diles a Victoria y Christian que les veré mañana. Buenas noches, Jaenor.

-Adiós.- respondí.- Hasta mañana.

Salí de la base viendo a Jack convirtiéndose en dragón y desaparecí de allí. Al volver a estar estable, estaba frente a la casa de la Tríada. No había nadie fuera, por lo que supuse que todos estarían durmiendo. Me acerqué allí hasta que noté un gélido aliento tras mi nuca.

-¿Dónde estábais? Victoria está preocupada.- dijo la voz.

Me asusté un poco al oírle, pero ya me había acostumbrado a estas conversaciones tan esporádicas.

-Estábamos en la base de los Nuevos Dragones, han abandonado la conquista y su cuartel.- respondí.

-¿Así de fácil, sin lucha ni nada?- preguntó Christian.

-Sí, han visto a los Antiguos Dragones y se han ido.

El hombre ya se había colocado frente a mi, pero no le podía ver bien debido a la oscuridad y a su ropa, que se camuflaba en la noche.

-Esos traman algo, seguro. No van a abandonar por ver a unos pocos dragones de verdad.

-No son unos pocos de ellos, Christian, Es una buena cantidad.

-Hablando de dragones, ¿dónde está Jack?

-Se ha quedado a dormir con los dragones. Dice que ellos también son su familia.

Christian no dijo nada por unos momentos, pero frunció levemente los labios.

-Estúpido dragón.- Comentó simplemente.

Le miré pero no dije nada más. Caminamos hasta la casa.

-Están todos dormidos, Victoria, Erik, Eva y Laura. No hagas ruido.

-¿Y tú por qué estás despierto?- pregunté yo.

-Porque Victoria estaba preocupada por vosotros, y yo por ella, así que indirectamente estaba preocupado por vosotros.

-Vaya, cuánta preocupación.- comenté yo.

Ya habíamos entrado en la casa, y Christian con un leve gesto de cabeza se despidió de mi.

-Hasta mañana.- dijo fríamente.

-Adiós.

Vi cómo caminó casi deslizándose a su habitación, y yo decidí irme a la mía. Cuando me metí en la cama, aun no me pude dormir por unos minutos, pues seguía pensando en todo lo que me estaba ocurriendo. Quizá Christian tuviese razón, desgraciadamente, pensé. Quizá los Nuevos Dragones volverían en cualquier momento.

Finalmente, el sueño se apoderó de mi, y me rendí a él.