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Memorias de Idhún IV- Archimago — capítulo 3

Jamás olvidaré la cara que puso Christian cuando supo el nombre del bebé que sujetaba en brazos. Victoria le miraba, sonriente, mientras colocaba su brazo derecho detrás del cuello de Christian. Jack observaba a ambos con felicidad, y yo tenía los ojos puestos en la niña. Se había despertado cuando su madre la había cogido, pero no se puso a llorar, solo miraba curiosa todo lo que había alrededor y, sobre todo, a aquel hombre que la observaba emocionado, sin saber qué decir.

-Bueno, ¿qué te parece?- le preguntó Victoria a Christian.

-Es... es preciosa.- pudo responder este.

-Tanto como su padre.- dijo la chica.

Christian la miró y le dedicó una sonrisa, mientras ella se ruborizaba por momentos. En ese momento Jack carraspeó y atrajo la atención de todos los presentes.

-Bien, después de este emotivo momento, creo que habrá que decidir qué vamos a hacer ahora que no tenemos hogar.

-Podríamos ir al apartamento de Christian.- propuso Victoria.

-¿Un apartamento? ¿Qué es un apartamento?- pregunté yo.

Todos me miraron, un poco extrañados ante mi duda, poniéndome un poco incómodo, pero luego sonrieron y me relajé un tanto.

-Jaenor, ahora no estás en Idhún. Resulta extraño, pero es lo que hay. Dentro de poco nos iremos a un mundo diferente, distinto. Realmente, al mundo donde nacimos Victoria y yo.- dijo Jack.- allí, la vida es diferente a la vida idhunita. No hay magia, pero hay tecnología. Un apartamento es un hogar pequeño, un piso dentro de un edificio.

-¿Es que acaso sois... extraidhunitas?- pregunté yo.

-Extraidhunitas, qué extraña palabra.- dijo Victoria.- Sí, en parte, se podría decir que somos extraidhunitas, pero desde el punto de vista de la Tierra, que es el mundo al que vamos a ir, eres un extraterrestre, no perteneciente a ese mundo. Nacimos en Idhún, pero también nacimos en la Tierra.

-A ver, que nos vamos del tema.- dijo Christian.- en mi opinión, creo que ir a mi apartamento es una mala idea. Aparte de que os recuerdo que es mi *usshak,*en el cual solo dejaría entrar a Victoria y a Eva, ni a Jack, porque sería muy extraño que un shek dejara entrar a un dragón a su *usshak,*ni a Jaenor, que le he conocido hoy, no sé si es de confianza, y además, es mi espacio, no dejo entrar a alguien por el cual no tenga un afecto especial. Muy especial.- dijo mirando a Victoria, la cual sonrió.- Erik podría venir a veces, pero no podría estar todo el rato allí. Aparte de eso, el apartamento es pequeño, y sería muy incómodo estar todos allí.

-Bueno, habrá que buscar otro sitio.- dijo Victoria.-Jack, ¿qué te parece tu casa? Es un lugar tranquilo y apacible, allí, en Dinamarca. Una vez me dijiste que tenías familia. Podríamos ir a visitarlos.

Yo observaba la escena sin intervenir. No sabía que decir, todo aquello que no esté o sea de Idhún estaba fuera de mi conocimiento. 

-Justamente por mi familia, creo que no deberíamos ir allí. Hace años no quería volver por si acaso a cierta persona le daba por asesinarlos,- dijo mirando a Christian, el cual le devolvió un semblante frío y serio.- y ahora es igual. Los Nuevos Dragones quieren acabar con la vida de Eva, y de paso con la de todos lo que la protegen. Tengo miedo de que, al acercarme a la familia que me queda, ellos los asesinen para hacerme daño. No. No es opción la de viajar a Dinamarca.

-Entonces solo nos queda un sitio.- dijo Victoria.- Madrid.

-Es una buena opción. Una mansión con bosque, en una capital de un país desarrollado, con buena tecnología y un lugar donde los niños crezcan ajenos a lo que ocurre en su mundo.

-Al menos por unos años.- dijo Jack.

-Espero que para siempre.- respondió Victoria.

Si me había enterado bien, los héroes de la profecía querían ir al mundo conocido como Tierra y quedarse allí para siempre. ¿Y yo qué? ¿No podría volver a Idhún?

-Siento interrumpiros, pero a mi me gustaría volver a Idhún en algún momento, quizá no ahora, quizá no dentro de unos meses, pero alguna vez sí. Mi familia se estará preocupando por mi. -Oh, es verdad. No podemos dejar a Jaenor fuera de su hogar, al menos durante mucho tiempo.- dijo Victoria.- ¿Qué hacemos?

-Este chico nos dará problemas.- dijo Christian.

-Pero no le podíamos dejar en Idhún.- respondió Jack.- los Nuevos Dragones pensarían que tendría alguna afiliación con nosotros y le secuestrarían o le matarían.

Secuestrarme o matarme. A mi, que solo iba a dar un paseo a la luz de los tres soles. Quizá tendría que quedarme más tiempo en la Tierra hasta que se calmasen un poco las cosas.

-Entonces decidido, ¿no? Madrid.- dijo Victoria.

-Sí.- respondieron a dúo Christian y Jack.

-Sí.- murmuré yo también.

-Coged a los niños y vayamos allí. El único problema es el dinero. Mi abuela tenía una fortuna, pero no sé dónde la habrá dejado. Solo tendríamos la casa y el dinero que hay en ella.

-Yo gané bastante en mi época de cantante.- respondió Christian.- por lo que podría cubrir los gastos de la familia.

-Vale. Recoged esto un poco, y cuando estemos listos nos marcharemos.- dijo Victoria.

En ese momento se oyó un ruido proveniente del exterior de la casa. La Tríada se miró, extrañada, y corrieron fuera para ver qué ocurría. Yo hice lo mismo.

Lo que ví cuando llegué me extrañó mucho, pero Victoria gritó, angustiada, así que supe que aquello no era bueno.

Delante de un un humano de unos treinta y pocos años y una mujer celeste estaban tendidos en el suelo, ensangrentados. Me acerqué corriendo preguntándome quiénes eran esos, por qué estaban así y qué había pasado.

-¡Shail! ¡Zaisei! ¿Qué os ha pasado?

-Victoria, nos han encontrado. Vienen aquí. Debéis huir.- dijo el tal Shail con esfuerzo.

-¿Quién? ¿Quién os ha encontrado?- preguntó ella angustiada.

De repente hubo un destello en el oscuro cielo de Limbhad y tres figuras cayeron al suelo. Yo conocía a uno de ellos, pero no a los otros dos. Tres hombres, uno con el pelo de un curioso color, otro que tenía la piel morena y otro que portaba una corona. Este último se trataba del rey Covan de Vanissar.

-Nosotros.- dijo el del pelo curioso.- Hemos venido a acabar la tarea que comenzamos hace tiempo. Mataremos a la niña, y a su padre, y habremos acabado con todos los sheks de Idhún.

-Nunca, Qaydar.- respondió Victoria, desafiante.

-Entonces preparaos a morir, Lunnaris.