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Memorias de Idhún IV- Archimago — capítulo 4

Sagrada Irial. ¿Qué hago? ¿Huyo? ¿Lucho? ¿Me quedo quieto? Estos pensamientos se amontonaban en mi cabeza mientras observaba la escena que tenía frente a mi. Jack, Christian y Victoria, quien llevaba en brazos a Eva.

Ellos atacaron primero. De la mano de Qaydar surgió un rayo verde, el cual se dirigió hacia el bebé, pero Christian lo interceptó con un veloz movimiento de su espada.

-¿Por qué no podéis dejarnos en paz?- suplicó Victoria.- ¿Todo esto por un bebé?

-Lunnaris, la niña que portas en brazos es la descendiente del Séptimo. Tiene que morir para que no quede ningún shek en Idhún. Ella y su padre.- explicó Qaydar.

-Inténtalo, Archimago.- amenazó Christian.- Nunca te llevarás a Lune, ni tus manos ni las de nadie la tocarán para asesinarla.

Qaydar bajó rápidamente sus brazos y entre sus manos apareció una pequeña bola de fuego.

-Mira, shek. Esto no te gusta, ¿verdad?- dijo.

Se ha vuelto loco, pensé. El Archimago no razona con nada, sabe que la Tríada quiere irse a la Tierra y vivir una vida diferente, llevándose a Eva con ellos, y que no volverían a Idhún, pero aun así quiere matar a Eva, a Christian y a todo aquel que ose interponerse en su camino.

"Jaenor, si quieres ser útil, ve a por Erik y tráelo aquí. Nos tenemos que ir ya" pensé. No, yo no pensé eso. Alguien dijo eso por mi en mi cabeza. Miré a los lados, curioso, pero nadie parecía prestarme atención.

"Hazlo ya" volvió a decir la voz. Alguien estaba entablando una conversación mental conmigo. Debía ser Christian, porque me sonaba a él. Así que me introduje en la casa y fui a la habitación donde dormía el hijo de Victoria. Oí decir a alguien que quién era yo, pero otra voz, la de Victoria, dijo que no me hiciesen daño, que por lo contrario no tendrían piedad con ellos. Corrí hasta donde estaba Erik y le encontré durmiendo en la cama. Le cogí con cuidado y abrió un ojo, pero no parecía estar muy despierto, y se volvió a dormir al cabo de unos segundos. Al salir de la casa, me encontré a Qaydar luchando contra Victoria, la cual había dejado a Eva en el suelo, y Covan se dirigía hacia ella, pero Jack le cortaba el paso.

-¡Covan! A Alsan no le hubiese gustado esto que estás haciendo.- dijo Jack.

-Alsan quería acabar con todas las serpientes de Idhún, y yo cumpliré con su deseo.

La espada llameante del rubio, tras cuatro o cinco golpes con la de acero del rey, terminó tirándola al suelo, y le apuntó con ella al corazón.

-Y ahora, dejadnos marchar. O te mato.

La escena se detuvo. El bastón de Victoria estaba iluminado en la parte de arriba, Christian estaba junto a Jack, Qaydar bajó las manos con lentitud y el otro hombre, que casi no había intervenido, se colocó junto al Archimago.

-Os dejamos marchar si nos dais a la niña.- murmuró Covan.

-Nunca.- respondió Jack.

En ese momento, Shail y la celeste desaparecieron de Limbhad, lo que me desconcertó un poco. Había comprobado que el hombre era un mago, pero estaba muy herido, no parecía que pudiese realizar ningún hechizo en condiciones. ¿Habrán huido? Pensé. En aquel momento no lo sabía, pero pronto sí.

-¿Dónde han ido Shail y Zaisei?- preguntó Qaydar.

-A un lugar donde no les encontrarás. Y nosotros vamos con ellos.- dijo Victoria.

Jack separó la espada del corazón del rey Covan y le propinó una patada, lo que hizo que el otro hombre cayera al suelo. El hombre rubio corrió hacia Victoria mientras cogía a Eva, y Christian tiró de mi y me acercó a ellos.

-¡Que se escapan! ¡Cogedles!- ordenó Qaydar, pero ya era demasiado tarde.

Jack, Victoria, Christian, Eva, Erik y yo ya no estábamos allí.

Habíamos huido de Limbhad, rumbo a ¿la Tierra?