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Memorias de Idhún IV- Archimago — capítulo 5
Me desperté, mareado, sobre una silla de madera. En realidad no era una silla, porque era muy larga y no tenía reposabrazos. Estaba tumbado, y me levanté con esfuerzo. Una figura femenina percibió mi reacción y me saludó.
-Hola, Jaenor. ¿Cómo estás?- preguntó.
-Uf, bastante mareado. Esto de los viajes interdimensionales vuestros acaba con mi energía. Victoria, ¿y los demás?
-Jack ha salido a investigar un poco la ciudad, y con él van Erik y Eva. Christian no andará lejos tampoco.- respondió Victoria.
-¿Dónde estamos?
Realmente, el olor que percibía no era muy agradable, y de fondo había mucho ruido. La gente vestía de una forma muy extraña, con pantalones azules y otro tipo de prendas nada idhunitas. Otra cosa que observé esque todos eran humanos, no había yan, ni gigantes, ni celestes, ni mucho menos varu.
-En Madrid.- sonrió ella.
Madrid era el lugar que decían que vivía Victoria antes de ir a Idhún, por lo que estábamos en el lugar correcto. Me levanté y me coloqué al lado de la chica mientras le preguntaba qué ibamos a hacer ahora.
-Vamos a mi casa.- respondió. Habrá que coger un taxi, está un poco lejos.
-¿Qué es un taxi?- pregunté.
-Lo que te queda por aprender aun, idhunita.- rió ella.
Poco después apareció Jack, con sus dos hijos.
-Hola, Jaenor.- saludó.- ¿qué tal el viaje?
-Mal, no es de mi agrado esto de los viajes interdimensionales.
-Bueno, ya no haremos más en bastante tiempo.- respondió él.
-¿Dónde está Christian?- preguntó Jack, cambiando de tema.
-Llegará pronto.- respondió Victoria.
"Y tan pronto" pensé yo cuando bajó considerablemente la temperatura.
-Ya estoy aquí. He ido a por un poco de dinero para comprarnos ropa terrestre, que la gente nos mira de una forma extraña.- dijo el recién llegado Christian.
-Vale.- respondió Jack.- ¿alguna tienda en especial?
-Nunca me ha interesado el tema de las tiendas,- respondió Victoria.- pero podemos ir a la más cercana, y ya iremos investigando.
Y así fue. Todos caminamos hasta una tienda cercana, donde una señora nos observó con una cara extraña, pero no nos echó del local. Dijo algo que no entendí, y Victoria le respondió algo que tampoco. Jack tampoco parecía comprender nada, pero de repente sí, y cogió un collar que tenía en el bolsillo.
-No me parecía algo que olvidar en Idhún, y creo que nos va a servir bien.
Se trataba de un collar con forma hexagonal, y en cuanto me lo puse todos empezaron a hablar en idhunaico. No, no hablaban en mi idioma, yo les entendía a ellos.
-¿Qué es esto?- le pregunté a Jack. Era un idioma del que no había oído hablar nunca, pero parecía que fuese mi lengua materna.
-Es un collar de comunicación. Con él, comprendes y hablas la lengua de tu hablante. Ahora mismo te estoy hablando en danés, y Victoria y la mujer están hablando en español.
-Interesante...- dije.
Presté atención a lo que hablaban las dos mujeres.
-Sí, deme cinco pantalones, diez camisetas y cuatro abrigos para los adultos, y ropa de bebé para los dos niños.- estaba diciendo Victoria.
-¿De qué marca desea la prenda?- preguntó la mujer.
-De la que sea. Usted deme eso y ya nos apañaremos.
La señora nos acompañó y nos dio todo lo que la pedíamos. A mi, un pantalón, tres camisetas y un abrigo. Llegamos al principio del local y la mujer pasó nuestras prendas por un objeto que pitaba de vez en cuando.
-Son ochocientos cincuenta euros.
Victoria miró a Christian, quien del bolsillo del pantalón sacó un buen fajo de papeles de colores, y se los dio a la señora, quien los guardó en la máquina y les devolvió uno pequeño.
-Gracias. Adiós.- se despidió Victoria.
-A ustedes, vuelvan cuando quieran.
Salimos de la tienda y caminamos hasta donde se situaban grandes objetos con ruedas.
-Los taxis.- me dijo Victoria.- con ellos iremos hasta mi casa. Veo que Jack te ha dado el amuleto que le regalé el primer día que le conocí. Ahora a ti te servirá más que a él. Algo de español sí que sabe, y bastante inglés. Lo tendrás por lo menos hasta que domines el español con fluidez.
Asentí y me dirigí hasta los taxis. Como éramos demasiados, decidimos dividirnos en dos grupos. Victoria y Christian irían en un coche, y Jack, los niños y yo en otro.
Mi compañero indicó al conductor que siguiera al taxi de enfrente, y fuimos tras ellos hasta llegar a una mansión enorme. Jack le dio al conductor algunos billetes y salimos al exterior.
-Mi casa.- dijo Victoria.- tantos buenos y malos momentos en ella...
Entramos dentro y estaba todo sucio, y el jardín muy poco cuidado. La hierba tenía una altura considerable, y aunque la distribución de la casa era correcta, el polvo se hacía notar por todas partes.
-Siento que esté todo así, pero hace mucho tiempo que no vengo. En realidad, pensaba no volver nunca, pero las circunstancias me han hecho volver.
-Tranquila, lo limpiaremos,- dijo Jack.- pero primero nos tendremos que instalar, ¿no?
-Yo no voy a estar aquí todos los días,- comentó Christian.- así que vosotros dos podríais dormir juntos, Jaenor en una habitación aparte, y los niños en otra.
A todos nos pareció correcto, y así lo hicimos. Nos instalamos, y Victoria nos pidió a Jack y a mi que fuesemos a comprar comida para unos cuantos días.
-Necesitaremos un coche.- dijo Jack.
-Todo a su tiempo. No vamos a despilfarrar todo el dinero hoy.- respondió Christian.
-Pero, ¡no vamos a poder con todo!- protestó el rubio.
Finalmente no compramos ningún coche, y Jack y yo compramos mucha comida en un supermercado cercano. Durante el trayecto estuvimos hablando sobre la Tierra y aprendí todo lo que pude mientras estábamos fuera. Cuando volvimos a casa, Victoria y Christian estaban limpiando, y los niños durmiendo en un sofá.
Por la noche cenamos una ensalada y nos fuimos a dormir. Y así fue mi primer día en la Tierra, un lugar bonito en algunos aspectos y feo en otros. No utilizaban magia, utilizaban tecnología, como comprobé con los electrodomésticos que había en la cocina.
Me metí en la cama y pronto me dormí. El día de hoy había sido muy excitante, pero espero tranquilidad en los próximos años.