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Memorias de Idhún IV- Archimago — capítulo 33

Aparecimos en la casa de la Tríada, donde yo había pensado. Caminábamos hacia la puerta, Jack apoyado sobre mi, cuando noté que la temperatura descendía lentamente. Me dio un escalofrío y miré hacia todos lados, pero como me esperaba, no vi a nadie.

-Christian, somos nosotros. Jaenor y Jack.

-¿Dónde está Victoria?- preguntó él sin dejarse ver aun.

-Se ha quedado con Covan y Qaydar. Me ha dicho que traiga aquí a Jack. Está muy débil.

Me pareció ver moverse algunas hojas en un árbol, y de él salió una figura masculina vestida completamente de negro, ágil y felina. Pelo semilargo y castaño, y ojos azules como el hielo. En un abrir y cerrar de ojos se situó frente a mi y me levantó del suelo agarrándome del cuello.

Esta acción provocó que Jack se cayera al suelo, pero a Christian no parecía importarle, el solo tenía ojos para mi. Antes de que pudiese preguntar qué le ocurría conmigo, él me dijo, silenciosa pero amenazadoramente:

-¿Has dejado a Victoria SOLA ante Qaydar y Covan?

-Lo ha elegido ella.- pude decir con esfuerzo.- Además, están débiles. Dice que el Archimago morirá pronto, y el rey, si sobrevive, será desterrado.

-¿Dónde está ahora?

-Deberías saberlo. ¿No tienes acaso el anillo ese que te dice dónde está?

Christian entrecerró los ojos, ofendido.

-Mediante Shiskatchegg sé cómo se siente, pero no dónde está. Responde a la pregunta, Archimago.- escupió la última palabra.

-Está en la fortaleza de Nurgon.

-Voy para allá. Tú, quédate con los niños.

Me soltó y caí al suelo, pero sin caerme. Me froté un poco el cuello, pues me dolía.

-Bueno, vale.

-Y llévate a Jack.- dijo tras dirigirle una mirada.- No creo que a Victoria le guste verle en el suelo.

Sin responderle, cogí a Jack del suelo y le acompañé a casa mientras Christian se marchaba.

-¿Estás muy mal?- le pregunté.

Veía innecesario preguntarle si se encontraba bien, ni siquiera si se encontraba mal. A simple vista se notaba que su aspecto era deplorable. Si le soltaba, se caería y no se podría levantar. Odié aun más a Qaydar y Covan por haberle hecho esto. Jack no respondió a mi pregunta, así que le formulé otra.

-¿Quieres agua?

Él me asintió con la cabeza, y decidí llevarle al sofá. Le dejé allí y me fui a por agua, que de un cuenco bebió poco a poco.

-Vete a ver a los dragones. Búscalos por Idhún.- me dijo.

-¿Y te dejo aquí solo?- le pregunté.

-Los niños cuidarán de mi.

Ya me había olvidado de Erik, Eva y Laura, pues desgraciadamente Qaydar, Covan y la Tríada abarcaban toda mi preocupación.

-¡Erik! ¡Eva! ¡Laura! Jack está aquí.

Oí unas pisadas y al cabo de unos segundos tres chicos vinieron al salón.

-Hola, Jaenor.- dijo Erik.- ¿Dónde estábais?

-¿Dónde está mi padre?- preguntó Eva.

-Sí, juraría que estaba aquí hace un momento.- comentó Erik.

-Ha ido con Victoria. Están en la fortaleza de Nurgon.

Los niños no dijeron al principio nada hasta que se fijaron en Jack.

-¡Papá!- gritaron Erik y Laura.- ¿Qué te ha pasado?

El hombre suspiró e intentó levantarse, pero un gemido de dolor indicó que le era imposible, por lo que decidí intervenir.

-Venimos de Nurgon. Qaydar y Covan nos habían secuestrado junto a los dragones. Ni Jack ni yo sabemos dónde están, por eso voy a investigar. Quedáos aquí mientras esté fuera. Más tarde buscaré a vuestra madre y a Christian.

Los niños asintieron, sonreí levemente y me marché de la casa. Fuera, en el porche, visualicé el último lugar donde había visto a los hijos mayores de Aldun: la base de los Nuevos Dragones.

Y desaparecí de allí.