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Memorias de Idhún IV- Archimago — capítulo 34

Frente a mi, apareció el lugar que yo pensaba. Pero, ¡por los Seis! Había cometido un fallo típico de un novato: aparecerme en, exactamente, el lugar que visualizaba, sin tener en cuenta a las personas que podría haber allí.

Y las había. Montones de ellas.

Al verme, súbitamente detuvieron todo lo que estaban haciendo y me miraron incrédulos y desconfiados.

-¿Quién eres tú?- preguntó uno de ellos.

Se trataba de un hombre alto, fornido y con varias marcas en los brazos. Su estética y antropomorfía denotaban que era humano, pero su piel era más oscura de lo normal. Era un mestizo. Tenía el pelo muy marrón y los ojos del mismo color. Su rostro me hacía recordar al hombre que acompañaba a Qaydar y Covan el día que escapamos de Idhún. Sí, debía ser él. Pero no me acordaba cómo se llamaba.

-Soy...- pensé en decirles la verdad, pero quizá sabrían quién era, por lo que decidí mentirles.- soy un mago.

El hombre me miró aburrido, como si ya lo supiese.

-Eso ya lo sé, un no-inicado no se aparece así por así. Dime tu nombre.

-Soy Kise, un aprendiz de Qaydar.

-¿Cómo es que no te había visto antes por aquí?

El cuestionario me estaba poniendo nervioso, y quizá mi tapadera de mago novato no servía. O quizá sí. El conjuro que acababa de realizar era típico de un aprendiz, y podría seguir con ello. Lo importante era que nadie me reconociese.

-Acabo de ser consagrado como mago.

-Ya no hay unicornios en Idhún.- replicó el hombre.

-Hay un hombre que reparte magia mediante un cuerno de unicornio. Qaydar me ha aceptado como un alumno suyo, ya que quedamos pocos.

-¿Y ya sabes realizar un hechizo de teletransportación? Yo no soy un mago, pero sé que ese hechizo es difícil de realizar.

-Fue el primero que me enseñó.- respondí nervioso y sudando levemente.- dice que es muy útil.

El hombre no dijo nada, y por un breve instante pensé que le había convencido, pero una voz masculina rompió el silencio con una revelación.

-¡Miente!- dijo ese hombre.

Cuando descubrí quién me delataba, me quedé sorprendido. Era el piloto que advirtió a Covan de la llegada de los dragones. Era un humano de pelo negro, alto y ojos marrones. Su blanco tono de piel contrastaba con sus vestimentas negras: un chaleco y un pantalón corto, además de unas sandalias.

-Se trata de Jaenor, el Archimago que acompañaba a Yandrak cuando nos arrebataron la base.

-Veo que la habéis recuperado sin esfuerzo alguno.- comenté.

-Con la resistenciaah que había.- dijo provocando un bostezo burlesco.

Eso me trajo el recuerdo de por qué acabé en Nurgon.

-¿Dónde están los dragones?- pregunté mientras mi ira aumentaba.

El hombre de piel oscura sonrió malévolamente y ordenó a cuatro personas que abriesen unas puertas grandes que había al fondo.

Poco a poco se fueron separando y aquello que se ocultaba detrás me sorprendió. Los dragones estaban allí. Rojos, azules, negros, más grandes, más pequeños, machos, hembras o de cualquier tipo. Mientras observaba asombrado aquella escena, el hombre de las marcas volvió a hablar.

-Después de que cayéseis en la trampa de Qaydar, volvimos a la base. Los dragones despertaron y, por un momento, pensamos que nos atacarían. Pero no recordaban nada, así que aprovechamos y les dijimos que estaban de nuestro bando.

-Y, ¿cuál habéis dicho que es vuestro objetivo? ¿Conquistar Idhún?- pregunté con burla.

-No.- el hombre sonrió con desprecio.- que vosotros queréis conquistar Idhún.

Me enfadé, porque habían mentido a los dragones y porque los habían puesto en nuestra contra. Con un grito, realicé un conjuro de ataque dirigido a mi contrincante, pero otro hechizo lo bloqueó. Miré a los lados, furioso, y visualicé mi nuevo objetivo: un mago. Con un gruñido, me olvidé del hombre con quien hablaba antes y ataqué al mago. Este bloqueó mi hechizo, y con un grito pareció que llamaba a un dragón.

No pareció. Lo hizo de verdad.

De todos los dragones, uno de color negro como el carbón rompió filas. Otra vez la sorpresa se apoderó de mi. Se trataba de Oganor.

-Dragón veintitrés diez quince, yo te ordeno atacar y matar a este humano que viene a provocar disturbios en nuestra tranquilidad.- dijo el hombre de la piel oscura.

El dragón negro, con un rugido, se lanzó hacia mi con sus fauces abiertas. Tuve que pensar rápidamente, si le mataba, o si le derrotaba. Alzó el vuelo y se dirigió a mi, dispuesto a matarme. Tomé una decisión.

Cuando Oganor estaba a escasos metros de mi, me teletransporté justo detrás de él y le rasgué la cola con fuerza. Como suponía, el dragón rugió de dolor y me lanzó una llamarada. Por suerte, levanté una barrera que bloqueó su bola de fuego y la desintegró.

-Para.- le ordené.

Oganor sonrió mostrando una hilera de dientes puntiagudos, y descendió al suelo.

-No recibo órdenes de humanos.

-Y él, ¿qué?

Señalé al hombre que le había ordenado matarme, que observaba la escena impaciente.

-Rodul es el dios que me ha creado a mi y a toda mi raza. Sus deseos son mis órdenes.

No puede ser, me dije. Han olvidado todo lo de su raza. No saben quién es su dios.

-Él no es vuestro dios... ¡es un farsante!- grité.

-¡No oses dirigirte así a Rodul!

Oganor alzó el vuelo de nuevo y, con un potente rugido, se dispuso de nuevo a matarme.

-Ya me he hartado de ti, dragón.- siseé.

Invoqué el poder del aire y formé un pequeño tornado, pero lo suficientemente poderoso para que desestabilizara al dragón negro y le hiciese caer al suelo.

-¡Abre los ojos, estúpido dragón!- le grité.- ¡Vuestro dios es Aldun! ¡Aldun!

De todos los dragones que conozco, realmente él es con quien menos me entiendo. Al parecer, a Oganor no le gustó el insulto, pues se lanzó hacia mi con una ira irrefrenable, como si yo fuese un shek.

Me coloqué de nuevo en posición ofensiva.


Nota de autor: ¡Hola! ¿Cuanto tiempo, eh? ;) Siento no haber escrito en estos últimos días, pero he estado muy atareado. Intentaré escribir más a menudo a partir de ahora, porque es algo que me encanta hacer. Ya queda menos... ;)