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Memorias de Idhún IV- Archimago — capítulo 36

Seguía esperando la respuesta del Archimago, hasta que por fin decidió relatarme su huida.

-Verás, un buen archimago como yo conoce varios conjuros, y entre ellos conjuros oscuros. Bien, utilicé el hechizo *Ribaor Vetum,*esto es, robar vida. Y "bebí" de la fuente de vida de Lunnaris. Por lo cual, ella ahora está moribunda, y yo más vivo que nunca.

Sus palabras hicieron brotar en mi alma un odio tan profundo que hasta yo mismo temí, pero no traté de erradicarlo.

-¿Cómo has osado robar la vida de un unicornio en tu beneficio? ¡Los dioses te harán pagar por ello!

Tras decir esto, formulé un hechizo de hielo que hacía surgir de la nada helado que obedecía todas mis órdenes.

-¿Solo eso?- preguntó Qaydar sonriendo.

El Archimago se giró hacia Rodul y le susurró algo al oído, a lo cual el último llamó a los dragones.

-¡Dragones, atacad!- ordenó su "dios".

Pensé que un simple gigante helado de tres metros poco o nada podía hacer contra todos los dragones que resucité. Los grandes animales alados destrozaron literalmente a mi gigante hasta convertirlo en agua.

Observé a Victoria, Christian y Kimara y pensé cómo podía salvarlos. Rodul ordenó a los dragones matarme mientras mi cabeza trabajaba frenéticamente buscando una solución cuando, súbitamente, un dragón dorado apareció en la base.

"¡Yandrak! ¡Ha venido a salvarnos!" pensé por una parte.

"¡Oh, no! ¡Jack está aquí! Le atraparán y le matarán." pensé por la otra.

-Oh, mira, el que faltaba.- oí decir a Rodul.- ¡Dragones, acabad con este traidor!

Mientras sucedía esto, observé los rostros de los rehenes. Christian mantenía un semblante sereno, pero el dolor y el odio se podía percibir. Kimara estaba abatida y su piel brillaba, señal de que las lágrimas se deslizaban por su rostro. Victoria, en cambio, poseía en los ojos una luz que nunca había visto. Supuse que sería igual que la semiyan, pero era diferente, Ella tenía miedo.

Vi que se giraba para hablar con Christian, y ambos observaron al dragón dorado. Pero no con pena, ni rabia. Sino miedo.

Tras esto, todos los dragones atacaron a Yandrak y me horroricé. La seguna vez que iban a matar a mi amigo en un día. Intenté concentrarme y formular algún hechizo de defensa pero algo pasaba. No me sabía ningún conjuro para proteger el cuerpo del dragón dorado. Angustiado, formé en mi mente una pequeña lista de conjuros defensivos, pero todos parecían haber desaparecido sin más.

De repente, una voz desconocida penetró en mi mente. Al principio, pensé que sería Christian, pero cuando le mirá no me estaba observando, por lo que él no podía ser.

"Archimago, no realices magia, espera el momento".

Era una voz que no conocía, pero me pareció que el desobedecerle me acarrearía graves consecuencias, por lo que no formulé ningún conjuro.

"¿Quién eres?" pregunté.

"Tu pregunta se verá respondida en el debido momento. No te preocupes por Yandrak. Reúnete con Lunnaris y el shek."

Observé la escena en la que el dragón dorado caía abatido por decenas de los suyos, y la tristeza y la rabia se apoderaron de mi, pero confié en la voz desconocida. No parecía ser un enemigo, pero tampoco hablaba con amabilidad, sino poseía una voz neutra e inhumana.

Vi cómo Rodul y Qaydar reían la muerte del dragón y caminé hacia mis amigos, que me observaban tanto a mi como a Yandrak, con semblantes distintos: Kirtash, odio; Victoria, angustia; Kimara, admiración.

¿Admiración? ¿Acaso Kimara quería que muriese Yandrak? No podía ser, ella, le quería y adoraba. Quizá ver tantos dragones la emocionaba, pero ¡ella tenía una especial admiración hacia el dragón dorado!

Cuando estuve a un metro de ellos, que ahora sí observaban fijamente la escena, Victoria, sin mirarme, me saludó.

-Jaenor, ¿has oído la voz?

-Sí.- respondí.- ¿tú sabes quién es?

Victoria pareció dudarlo mientras miraba el cuerpo inerte del dragón derrumbado en el suelo, viendo cómo los demás de su raza se ensañaban con él como si fuese un shek.

-Me lo imagino, y temo por ello.

-¿Por? ¿Es un enemigo?

-Solo tiene un enemigo,- intervino Christian.- y se trata del Séptimo.