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Memorias de Idhún IV- Archimago — capítulo 7
VARIOS MESES DESPUÉS
-¡Buaaa!- ya estaba otra vez. Erik estaba llorando como llevaba haciendo cada tres noches desde hacía unas semanas, y en ese momento su padre se levantó para calmarle.
Yo estaba en la habitación contigua, pero no me importaba. Dormía de un tirón, y Jack lo haría si no fuese porque su mujer lo despertase para ir a calmar a su hijo. Miré el despertador. Eran las tres de la mañana, aún me quedaban seis horas para levantarme, así que retomé el sueño hasta que el sol apareciese en la bullida ciudad de Madrid.
A las nueve de la mañana me levanté, un tanto perezoso pero sin estar cansado, y tras lavarme la cara fui a la cocina a prepararme el desayuno. Allí se encontraban Victoria y Christian, junto a sus dos hijos. Jack vino cinco minutos después de mi, y recibió el mismo saludo por parte de Victoria que yo, pero en diferente parte. A mi me dio un beso en la mejilla mientras que a él se lo dio en los labios.
-Buenos días.- saludó Victoria.
-Hola.- respondimos Jack y yo.
Cuando cogí una taza para prepararme la leche noté que algo me agarraba del pantalón y bajé la vista para ver lo que era, y sonreí al reconocerlo.
-Hola, Erik. Hola, pequeño.- saludé.
-Hola, Jaenor.- respondió él, sonriente.
Me hice el desayuno con dos buenas tostadas y una taza de leche. Más tarde, tras arreglarme completamente, cogí el abrigo, pues estábamos en esa época de otoño cerrado y frío, y acompañé a Jack y a su hijo a la escuela. Cuando salimos nos encontramos con Christian, que iba a grabar su canción Beyondpara la radio, y se despidió de nosotros con un frío adiós. Al llegar al colegio y dejar a Erik, Jack también se fue a trabajar y yo volví a casa caminando, pues ya me sabía el camino desde hacía meses.
Durante el trayecto de vuelta me di cuenta de que la temperatura bajaba poco a poco y eso me extrañó, pues el clima terrestre no era así. Me di cuenta más tarde de lo que ocurría y mi corazón comenzó a acelerarse y también empecé a soltar adrenalina cuando me di cuenta de lo que ocurría.
Un shek, una de esas criaturas tan letales que vivían en Idhún, andaba cerca de mi posición. ¿Qué hacía allí, en medio de una ciudad de un mundo que no era el suyo? Una vez la Tríada me contó que un grupo de serpientes aladas habitaba en la Tierra, pero muy lejos de nuestra casa, por lo que había muy pocas probabilidades de que un shek se acercara a Madrid. Bien, ahora acababa de ocurrir una de esas remotas probabilidades.
Miré de lado a lado tratando de buscar la figura de la serpiente pero no vi nada. Noté que algo se acercaba muy peligrosamente por detrás y me giré para ver cómo un enorme cuerpo verde y unas gigantescas fauces mortíferas se aproximaban y escuché la llamada de la muerte, pero la comunicación se cortó cuando otra figura, esta vez dorada, se interpuso entre el shek y yo.
Nunca había visto a Jack metamorfoseado en dragón, pero espero que esta no sea la última. Ambos seres majestuosos peleaban con ferocidad en el aire y, finalmente, tras tres ataques letales por parte del dragón, en el último soltó una gran bola de fuego de sus fauces que dio de pleno en el cuerpo del shek que, con un chillido agónico y escalofriante, se precipitó al suelo provocando un fuerte ruido. Jack se metamorfoseó en humano de nuevo y me miró con seriedad.
-¿Jack?- pregunté preocupado.
El chico no respondió pero con un gesto ordenó callarme. Poco después, habló con seriedad.
-Los sheks no deberían estar aquí. No sé que hacen por esta zona, pero me preocupa bastante. Creo que han notado nuestra presencia en la Tierra, pero al ver que seguimos fuertes y resistentes, no creo que gasten sus tropas tan pronto: esperarán a que pase el tiempo. Los sheks son muy pacientes. Bueno, ¿ves a toda esa gente de allí?- preguntó cambiando de tema.
Observé con atención a una multitud de personas que se habían agrupado en torno al shek muerto, entre atemorizados y curiosos. Había alguno que incluso sacó su móvil para hacer fotos. Asentí a la pregunta de Jack, que era un poco obvia.
-Christian ha detectado mi petición de venir aquí y ha aceptado, no tardará en llegar.- dijo él.
Efectivamente, en menos de un minuto noté que la temperatura volvía a bajar, pero no tan drásticamente como antes. La presencia de Christian provocaba una corriente momentánea de aire frío, y una temperatura inferior respecto a la de anteriormente. Jack le miró y ambos se entendieron sin necesidad de hablarse. El hombre de los ojos azules se acercó a la gente, que le miraban con temor, y uno a uno fue haciéndoles caer al suelo simplemente con su mirada. Cuando terminó, miró de nuevo a Jack y desapareció llevándose a todas las personas consigo.