Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← La cuarta generación: Una nueva amenaza · de

La cuarta generación: Una nueva amenaza — capítulo 12

  • Llegáis tarde.

La voz de aquel encapuchado hizo que uno de ellos se estremeciera levemente. Sus compañeros de habitación habían tardado mucho en dormirse y no habían podido escaparse de la Sala Común antes. Sabían que aquello era considerado una falta grave y que podían castigarlos por su retraso.

  • Lo sentimos mucho. - Se excusó rápidamente.

  • No hemos podido salir antes.

  • Aquí no nos sirven las excusas. - Replicó el hombre. - ¿Creéis que a nuestro líder le importan vuestras vidas privadas? Solo os pedimos dos cosas: discreción y puntualidad y ya habéis incumplido una.

  • Sí, pero para mantener el secreto, nos hemos visto obligados a retrasarnos. - Añadió el otro con serenidad. - Creo que nuestro líder sabrá entenderlo, ya sabes la buena relación que tengo con él.

  • Uno de sus hombres más prometedores. - Masculló por lo bajo. Estaba harto de que aquel niñato se creyera el mejor del mundo.

  • Exactamente. - Sonrió con autosuficiencia bajo su capucha. - No le diré nada de esto, no te preocupes. Él no tiene por qué saber lo mucho que me has faltado el respeto, supongo que aprecias tu vida.

  • Supones bien. - Contestó en voz baja.

  • ¿No se te olvida decirme algo?

  • Gracias. - Masculló.

  • ¿Cómo dices? - Le encantaba recordarle quién tenía realmente el control allí. Aquel hombre podía ser el representante del líder en Hogwarts, pero él era uno de los miembros más valiosos de su grupo revolucionario. - No te he oído bien. Repítelo.

  • Muchas gracias.

  • ¿Por qué?

  • Por no decirle nada al líder. - Apretó los dientes al decir aquello. Odiaba con todas sus fuerzas a aquel chico.

  • Mucho mejor. - Asintió y empezó a andar, seguido de su amigo y el otro hombre. - ¿Ya han llegado todos?

  • Sí, sois los últimos.

  • Perfecto.

Los tres entraron en la clase en la que se estaban reuniendo aquella semana - cambiaban la ubicación cada pocas reuniones, no querían que los descubrieran - y se sentaron en las tres únicas sillas que quedaban libres. El resto de encapuchados - siempre llevaban túnicas a las reuniones, para que nadie pudiera descubrir sus identidades - los miraron fijamente, esperando que alguno de ellos empezara a hablar.

  • Ahora que por fin estamos todos, podemos dar comienzo a la sesión. - Anunció el mayor de los allí presentes.

  • ¿Hay noticias del líder? - Preguntó una chica de forma desganada.

  • Sí, me ha informado de su próximo plan: un pequeño ataque dentro del colegio.

  • Creía que no queríamos hacer daño a niños inocentes, su sangre es mágica, no deberíamos desperdiciar algo tan valioso. - Se apresuró a decir él de forma desafiante.

  • Nadie sufrirá daños, - Contestó, exasperado por la actitud chulesca del chico. - o bueno, al menos casi nadie.

  • ¿Quién?

  • Potter.

  • Potter es mía.

  • Qué posesivo, ¿no? - La chica que había hablado antes lanzó una carcajada. - ¿Ella lo sabe? No creo que le haga mucha gracia.

  • Me habéis entendido perfectamente. - Se sonrojó un poco. No había querido sonar de esa forma, pero no podía soportar la idea de que alguien quisiera hacerle daño. A ella no. - Es mi misión, me la encargó personalmente nuestro líder, me dijo que la vigilara de cerca y eso estoy haciendo.

  • Lo sabemos, tranquilo. - Su amigo intentó calmarlo. - Es muy importante y te la confió porque sabe que tienes un gran potencial.

  • Seguro que te está costando mucho. - La chica volvió a reír. - Creo que es una misión con muy buenas recompensas.

  • ¿Qué insinúas?

  • Oh, por favor, todos la conocemos en el castillo, sabemos cómo es y lo que hay entre vosotros. - Contestó. - Estoy segura de que es un trabajo, ¿cómo decirlo?, bastante satisfactorio.

  • Cállate.

  • ¿Tanto te molesta que hable de ella? - Preguntó irónicamente. Se levantó y se acercó a él lentamente. Se apoyó en su hombro y se acercó a su oído. - Solo recuerda que cuando esto acabe, tú tendrás que dejarla atrás y entonces yo te estaré esperando. Sabes que yo soy la buena.

  • Ya sabes cuál ha sido siempre mi respuesta a eso. - La apartó de él y ella, desganada, volvió a su sitio, maldiciendo a la otra chica por lo bajo. Ella sabía que era mucho más que una misión para él, aunque no lo admitiera.

  • ¿Puedo continuar? - Los interrumpió el hombre, algo cansado. ¿Por qué tenía que hacerse cargo de unos niñatos? Él se merecía una misión mejor, pero había sido idea de su líder infiltrarlo como profesor en el colegio para captar nuevos miembros y guiar a los que todavía estaban estudiando allí. Cuando todos se callaron, continuó. - No estaba hablando de esa Potter.

  • ¿Entonces? - Suspiró aliviado. No es que quisiera atacar a otra persona de esa familia, pero antes que a ella prefería atacar a quien fuera, como si le pedían prepararle una emboscada al mismísimo director.

  • Nuestro líder cree que atacarla directamente no serviría de nada, que debemos advertirla a través de alguien a quien ella quiera, quitarle las ganas de seguir con su pequeña resistencia.

  • ¿Y qué propone? - Preguntó, aunque ya creía saber por dónde iría la cosa.

  • En primer lugar necesito a cinco personas, contando contigo por supuesto, alguien tendrá que entretener a Leah mientras los demás actúan.

  • Sophie, ¿estás despierta? - Cassie sacudió un poco el hombro de su amiga. - Sophie, venga, es importante, tengo que contarte algo.

  • Pero, ¿qué pasa? - Preguntó la morena, girándose un poco y cubriéndose la cara con la sábana.

  • Venga, si ya estás despierta, ¿qué te cuesta escucharme un momento?

  • Seguiría durmiendo de no ser por ti. - Masculló por lo bajo. Cassie la destapó y ella maldijo un poco. - ¡Cassiopeia!

  • Es importante, te lo prometo.

  • Está bien, ¿qué pasa? - Se quedó tumbada de espaldas y bostezó. Estaba agotada, pero no podía ignorar así como así a su mejor amiga.

  • Le he escrito una nota a Ed, tienes que leerla y decirme si está bien. - Soltó la rubia de forma nerviosa.

  • ¿Una nota? - Sophie enarcó una ceja. - ¿Cuántos años tienes, Cassie?

  • ¿No crees que sea apropiado? - Destapó un poco la cama de la chica y se tumbó dentro. - Yo creía que sería una buena idea.

  • Pues es pésima. Es un chico de sexto, se reirá de ti, creerá que eres una niña pequeña y justo eso es lo que tú quieres evitar, ¿verdad?

  • ¿Qué sugieres?

  • Yo no soy Leah y no puedo aconsejarte como ella, pero creo que sé lo que te diría. - Bajó un poco el tono de voz. - Tienes que hacerle ver que no eres una cría. Acércate a él a través de tu prima Marianne o algo y demuéstrale lo madura que eres. Pídele ayuda con alguna asignatura o algo así.

  • ¿Tú crees que funcionará? - Preguntó dubitativa. Ojalá pudiera hablar con Leah, seguro que a ella se le ocurriría un buen plan, seguro que ella la ayudaría a conquistarlo, pero no era capaz de librarse de su auror y no podía preguntarle delante de ella. Solo le quedaba confiar en su instinto y en Sophie, lo que no era un gran consuelo.

  • Es lo único que se me ocurre. - Se encogió de hombros. - Es un chico mayor, supongo que ellos quieren chicas mayores, ¿no?

  • Hay muchos que van a por las pequeñas. - Puntualizó ella.

  • Sí, pero esos solo van a lo que van y yo creo que Ed no es de esos, ¿no?

  • No creo, ¿verdad? - La rubia frunció el ceño.

  • No lo sé, tú lo conoces mejor que yo o, al menos, eso supongo. - Sophie puso los ojos en blanco. A veces se preguntaba si su amiga realmente conocía al chico del que decía estar enamorada.

  • No es que haya hablado demasiado con él, no he tenido muchas oportunidades. - Suspiró sin poder evitarlo. - ¿Tú crees que haríamos buena pareja?

  • Supongo. - La morena bostezó. ¿Qué hora sería?

  • Quieres que te deje dormir, ¿verdad? - Cassie sonrió. Era normal que estuviera cansada, eran las cuatro de la mañana.

  • Sería todo un detalle. - Refunfuñó un poco.

  • Yo no te he despertado nunca a estas horas para preguntarte tonterías.

  • No son tonterías para mí, estoy completamente enamorada de él, quiero pasar toda mi vida a su lado y tener hijos con él.

  • Pero no ahora, ¿verdad? - Sophie enarcó una ceja y la cara de su amiga se puso tan roja como el pelo de su madre.

  • Claro que no, pero es que no puedo dejar de pensar en él. - Suspiró un poco sin poder evitarlo. - No sé explicar lo que siento, ¿tú me entiendes?

  • A ratos solo. - Confesó su amiga. - Creo que nunca me he enamorado de nadie y, la verdad, no tengo prisa. Me gusta dormir mis ocho horas por las noches y hacer cosas productivas, no soy de las que pierden el tiempo fantaseando con cosas que, probablemente, nunca sucederán.

  • Qué optimista.

  • ¿Qué te esperabas a estas horas de la madrugada? - Sonrió levemente. - Puedes quedarte aquí si quieres.

  • Gracias, Sophie. - Se colocó bien al lado de su amiga y cerró los ojos. Estaba agotada y, la verdad, ella también tenía muchísimas ganas de dormir.

  • Buenas noches, rubia.

  • Buenas noches.

A la mañana siguiente, Cassie se sentó en uno de los sofás de la Sala Común y fingió leer un libro. Tenía plan y no podía esperar más para llevarlo a cabo. Esperó durante lo que a ella le parecieron horas hasta que vi a Marianne y las gemelas bajando de su dormitorio. Comenzaba la fase uno.

  • ¡Chicas! - Las llamó con una cálida sonrisa.

  • Hola, Cassie. - La saludó Fleur cuando las tres llegaron hasta ella. - ¿Qué pasa? ¿Necesitas algo?

  • Quería preguntaros si conocéis a alguien que sea muy bueno en Runas.

  • ¿Y eso? - Marianne arrugó la frente. - ¿Estás teniendo problemas este curso?

  • Sí, bueno, es que tengo dudas, y no sé de nadie más mayor que pueda ayudarme. - Suspiró y puso cara de niña buena. - Sé que vosotras no dais esa asignatura, pero es que mi hermana está demasiado ocupada con sus ÉXTASIS y no quiero molestarla, así que había pensado que quizás podíais conocer a alguien.

  • Bueno, Ed es muy bueno. - Comentó Marianne.

  • Te acuerdas de él, ¿no?

  • Sí, sé quién es.

  • Podría comentárselo si quieres, no creo que le importe. - La morena se encogió de hombros.- Aunque si prefieres a otro, puedo preguntar.

  • No hace falta. - Se apresuró a decir. - Si él quiere, a mí me parece bien. No he hablado mucho con él, pero parece un chico agradable.

  • Lo es. - Emma sonrió tímidamente. - Pues déjanoslo a nosotras entonces. ¿Por qué no vienes a desayunar y se lo preguntamos en el comedor? Estoy segura de que no podrá decirte que no si le pones esa carita.

  • ¿Qué carita? - Preguntó ella, sonrojándose un poco. ¿Se habían dado cuenta de lo que pasaba realmente?

  • No te hagas la tonta, Cassie, nos conocemos. - Su prima lanzó una carcajada. - Ya sabemos que Ed es mono, es normal que lo prefieras a él como tutor que a cualquier otro.

  • Oh, bueno… - Murmuró. - ¿Tan evidente es?

  • Bastante. - Marianne volvió a reír. - Anda, guarda ese libro y vamos.

La rubia sonrió, cerró el libro y se levantó rápidamente. Su plan ya estaba en marcha, ahora solo era cuestión de tiempo.


Parece que Hogwarts no es un lugar seguro ;)

Espero que os haya gustado el capítulo y dejéis vuestros comentarios. Parece que la cosa va a ponerse movidita... A ver qué pasa.

Muchos besitos y nos leemos el viernes,

María ^^