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La cuarta generación: Una nueva amenaza — capítulo 14
Cuando los mellizos llegaron a la enfermería se encontraron a Lyra y Orion en la puerta. El chico estaba pálido y caminaba de un lado a otro de forma nerviosa mientras su hermana lo miraba con preocupación.
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¿Qué sabéis? - Preguntó Leah nada más llegar.
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Todavía nada, Hannah está con ella, me ha dicho que no podía dejarme pasar hasta que la examinara por completo.
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Joder… - La chica se mordió el labio y le pegó una patada a la pared sin poder evitarlo. Su hermano se acercó a ella y la abrazó. - Es mi culpa.
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No lo es. - Susurró él. - Tranquila, se pondrá bien.
Asintió lentamente y se acurrucó un poco en los brazos del chico. Solo quería que esa puerta se abriera y la dejaran entrar a ver a su prima. Ella no tenía ninguna culpa, era buena y sensible, no había atacado a nadie, no se había revelado contra nada, pero claro, ellos sabían que aquello le dolería más que atacarla directamente. Sabían que ella preferiría sufrir a ver sufrir a la gente que quería. La tenían completamente atrapada en aquel momento.
- Esto puede ir para largo. - Murmuró Lyra.
Los cuatro chicos acabaron por sentarse frente a la puerta. Esperaron durante lo que parecieron horas hasta que, de repente, esta se abrió. Hannah Longbottom salió con una media sonrisa y les dedicó una mirada amable, tratando de tranquilizarlos. Todos se levantaron y corrieron hacia ella, ansiosos por saber algo.
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Se acaba de despertar. - Anunció haciendo que tanto Leah como Orion suspiraran de alivio.- Ha sufrido un brote de estrés muy fuerte, ha colapsado, algo nervioso. ¿Sabéis si ha tenido alguna emoción fuerte recientemente?
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Hombre, algo pero no creo que sea tan fuerte. - Murmuró el rubio, pensando en Zabini. No podía haberse puesto así por él. Tenía que haberle pasado algo grave y tenía un muy mal presentimiento.
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No lo sé, intentad hablar con ella, si necesita ayuda no tiene más que pedirla, pero tiene que estar pasando por algo muy grave para colapsar de esa forma. - La mujer suspiró. - Me ha dicho que tiene que hablar con Leah urgentemente, es muy tarde y en ocasiones normales no lo permitiría, pero creo que puede venirle bien. Me ha pedido que sea a solas, supongo que es algo entre vosotras, así que tanto su auror como yo nos quedaremos aquí en la puerta, ¿te parece bien?
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Sí, claro, lo que sea. - Se apresuró a responder ella. - Solo quiero que Jane se recupere cuanto antes, haré todo lo que esté en mi mano.
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Bien, pues cuando terminéis de hablar, sal para que nosotras podamos entrar otra vez.
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De acuerdo. - Leah asintió. - Hannah, ¿podrías evitar decirle esto a mis tíos? No quiero que se preocupen, nosotros nos haremos cargo.
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Sí, ya tienen bastante. - Intervino rápidamente Lyra.
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No puedo hacer eso, chicas…
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Por favor, te prometemos que la vigilaremos y que le daremos toda la ayuda que necesite. - Insistió la morena.
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Confía en nosotros. - Intervino Dan. - Por favor, Hannah.
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Está bien. - Accedió finalmente la mujer después de meditarlo durante unos instantes. - Pero si vuelve a recaer o le pasa cualquier cosa los avisaré de inmediato. Supongo que Albus ya tiene bastante con todo lo que está pasando.
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Muchas gracias de verdad. - La morena suspiró. - Voy a entrar.
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Cuando quieras.
La chica abrió la puerta de enfermería y, nada más cerrarla, conjuró un muffliato. Jane estaba tumbada en una de las camillas del centro, estaba pálida y parecía agotada. Tenía un paño puesto sobre la cabeza y, sobre la mesita de su lado, había varios tarros tanto llenos de pociones como vacíos.
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Hola. - La saludó tratando de sonreír un poco e incorporándose.
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No hagas esfuerzos. - Dijo rápidamente mientras terminaba de acercarse. Se sentó en el borde de la cama y la cogió de la mano.
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Tengo que hablar contigo, es muy importante. - Murmuró, alterada.
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Tranquila, no te pongas nerviosa, puedes recaer. - Le apretó un poco la mano, tratando de darle un poco de ánimo. - Te han atacado, ¿verdad?
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Y me han dado un mensaje para ti. - Bajó la mirada y sus ojos se llenaron de lágrimas. - Me dijeron que si seguías así, que si continuabas con tu pequeña rebelión, irían a por todos nosotros, uno por uno.
Aunque ya se lo imaginaba, escuchar aquello fue un duro golpe para Leah. Tenía razón, aquella era su forma de atacarla, de debilitarla. No podía permitir que su familia pagara las consecuencias, pero si se mostraba asustada sería peor. No podía dejarlos ganar, pero si seguía pagaría gente inocente. La cabeza de la chica empezó a dar vueltas, no sabía qué hacer, no sabía qué era lo correcto. Sabía que debía luchar, pero no podía permitir que los demás sufrieran por su culpa.
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Lo siento, Jane, yo…
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Leah, esto no es tu culpa. - Se apresuró a decir la rubia. - Tú no has hecho nada, han sido esos locos. - Suspiró. - No puedes decirle esto a nadie, me dijeron que si intentaba hacer algo, que si gritaba o pedía ayuda irían a por mi hermano y… - Su voz se quebró y se incorporó para poder abrazar a su prima. - Yo no quería que esto pasara, pero es que cuando volví a la Sala Común estaba tan asustada y preocupada. No podía permitir que le hicieran daño a Thomas y tenía que darte el mensaje y…
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Jane, ¿qué te hicieron?
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Nada. - Mintió ella.
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Sabes que quieren que lo sepa. - Le dijo. - Ellos lo han hecho para asustarme, para que deje de enfrentarme tan abiertamente a ellos. Quieren que me lo cuentes para que deje mi pequeña lucha.
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Si te lo digo estaré entrando en sus planes. - Respondió en un susurro.
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Pero tienes que hacerlo. - Le acarició el pelo lentamente. - Venga, Jane, confía en mí. Tienes que soltarlo todo para poder tranquilizarte.
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No creo que logre volver a tranquilizarme en la vida. - Se mordió el labio antes de volver a hablar. - Atacaron a mi auror por la espalda, le han hecho un obliviate así que he fingido que se había mareado, me dijeron que si le decía la verdad irían a por Thomas.
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Tranquila, no diré nada.
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Después de eso vinieron a por mí, eran cuatro, una chica y tres chicos, no pude reconocer sus voces debido a unos hechizos. - Siguió diciendo. - La chica me amenazó, me dio el mensaje para ti, dijo que tenía que recordarlo todo bien porque tenía que contártelo. Y entonces me… - Negó con la cabeza y se apartó un poco de su prima. - Mira, da igual.
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Jane, ¿qué te hizo?
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La cruciatus.
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Susurró. - Una vez, pero no sabría decirte durante cuánto tiempo. Yo solo quería morirme.
El mundo de Leah volvió a caerse aquella noche. Aquello era su culpa, Jane había pasado por eso porque querían mandarle una advertencia. Notó que empezaba a temblar, pero trató de controlarse. No podía hundirse delante de su prima, no después de todo por lo que había pasado.
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Lo pagarán. - Le prometió. - Haré todo lo que esté en mi mano para que paguen por ello.
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¿Qué vamos a hacer ahora? - Le preguntó. Su voz sonó un poco desesperada. - No quiero que Thomas sufra las consecuencias y estoy aterrada, pero no podemos rendirnos justo después de esto. Tenías razón, tenemos que demostrarles que no les tenemos miedo, aunque por dentro estemos aterrados.
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Mañana no lo verás así.
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Lo veré más claro. - Apretó su mano. - No quiero que le pase nada a Thomas, pero después de lo de esta noche me da igual lo que me hagan a mí.
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No deberías decírselo a nadie, tenemos que ser muy cuidadosos a partir de ahora.
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No pensaba hacerlo, solo a Orion.
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Yo se lo voy a contar a Lyra y Dan, si no te importa, y pensaré qué hacer. - Le dedicó una pequeña sonrisa de ánimo, aunque por dentro estaba destrozada. No podía quitarse de la cabeza la imagen de Jane gritando por su culpa.
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Claro, díselo.
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Los cinco nos encargaremos de esto en cuanto tú estés mejor. Ahora descansa, hemos conseguido que no les digan nada a tus padres, pero no puedes volver a recaer.
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No quería que esto pasara, pero entre el miedo, la maldición y todo… Traté de controlar la respiración y de mantener la calma, pero no fui capaz. Solo podía pensar en que mi hermano podía sufrir lo mismo que yo. - Suspiró. - Tenemos que hacer esto por ellos.
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Idearemos un plan, no les tocarán ni un pelo. - Le dio un beso en la frente. - Me voy ya, ¿vale? Hannah y tu auror querrán entrar.
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Vale.
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Mañana vendré a verte, descansa y tranquila, no volverán a hacerte nada, yo me encargo.
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Leah, - Se volvió casi en la puerta. - ¿podrías decirle a tu hermano que le diga a Matt que estoy bien? Vi su cara cuando llegué a la Sala Común y si no está aquí es solo porque Dan y Orion no lo dejaron acercarse a mí.
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Se lo diré yo misma si hace falta.
Le dedicó una última sonrisa antes de deshacer el hechizo y salir.
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Ya está más tranquila. - Dijo con una sonrisa, intentando aparentar normalidad.
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De acuerdo. - La enfermera asintió. - Nosotras dos debemos volver dentro; Orion, si todavía quieres pasar la noche aquí…
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No pienso dejar a Jane sola. - Dijo rápidamente, con la preocupación todavía dibujada en su rostro.
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Pues entonces, vamos. - La mujer sonrió. - Vosotros tres marchaos a descansar. Mañana podréis entrar a verla.
Ellos asintieron y, tras despedirse, empezaron a andar hacia sus respectivos dormitorios. Lyra y Dan miraban a Leah con preocupación y la interrogaban con la mirada. Ella no dijo nada hasta que vio una clase vacía. Cogió a cada uno de un brazo, los metió dentro e hizo un hechizo silenciador.
- ¿Qué le ha pasado a Jane? - Se atrevió a preguntar por fin la rubia.
Leah suspiró y comenzó a contárselo todo, sin omitir ningún detalle. Los otros dos estaban pálidos y boquiabiertos y, cuando terminó el relato, la abrazaron.
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No es tu culpa. - Se apresuró a decir su hermano.
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Por supuesto que no lo es. - Añadió Lyra. - Vamos a hacérselo pagar los cinco juntos.
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Haremos que se arrepientan, - Murmuró. - pero no me digáis que no es mi culpa porque los tres sabemos que eso no es verdad.
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Leah…
Se separó de los dos y se apartó el pelo de la cara. Tenía los ojos brillantes y quería llorar. No podía evitar sentirse culpable, ella había sido quien había empezado con aquello en Hogwarts, ella era la que siempre criticaba en voz alta, la que gritaba todo lo que pensaba. Por supuesto que era su culpa. Un par de lágrimas se deslizaron por sus mejillas antes de que pudiera darse cuenta. Se las limpió y se encogió de hombros. Solo lloraba delante de Dan, de Lyra y de sus padres, no dejaba que nadie más la viera en ese estado de vulnerabilidad.
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Dan, ¿puedo dormir esta noche contigo? - Le pidió. Desde pequeños, cuando a uno de los dos le pasaba algo, dormían juntos. Habían compartido dormitorio hasta los cinco años y durante aquel tiempo se habían acostumbrado a eso.
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Por supuesto. - Su hermano sonrió y le pasó un brazo por los hombros. - Anda, vámonos ya. Mañana hay clase y tenemos mucho que hacer.
Las dos chicas asintieron y salieron de aquella clase. Acompañaron a Lyra hasta la torre - su auror, al igual que el de Orion, estaba dormida cuando todo había sucedido y había ido hasta la enfermería sola - para evitar un nuevo ataque y después bajaron los dos hasta las mazmorras. Ambos entraron a la Sala Común de Slytherin, que estaba ya prácticamente vacía, y subieron hasta los dormitorios. Todos los compañeros de Dan estaban ya allí y se giraron rápidamente al ver que la puerta se abría.
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Hola. - Saludó Leah, con una media sonrisa.
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Va a dormir aquí esta noche, así que id echando las cortinas que tiene que cambiarse. - Dijo Dan, mirándolos de forma un poco amenazante. Suavizó su mirada y su tono antes de dirigirse a su hermana. - ¿Quieres que te preste una camiseta o algo?
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Sí, por favor.
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Voy.
Todos se metieron en la cama y cerraron las cortinas - durante aquellos siete años habían aprendido que, cada vez que Leah estaba en el cuarto, ellos tenían que ver lo mínimo -, exceptuando a Matt que miraba a la chica con preocupación.
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¿Cómo está Jane? - Preguntó.
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Está ya mejor, ha sido una crisis nerviosa.
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Contestó. Miró al chico, sin saber muy bien cómo seguir aquella conversación. Necesitaba saber qué intenciones tenía con Jane, no podía permitir que alguien más le hiciera daño. - Oye Matt, ¿qué quieres de mi prima?
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¿Cómo que qué quiero?
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Lo que oyes. - Se cruzó de brazos. - Ella no es como las demás, no es como… bueno, como yo. No puedes acostarte con ella y luego dejarla así como así.
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No pretendo eso, Leah. Ya se lo he dicho a tu hermano y te lo diré a ti también, para mí es especial. Nunca había sentido nada así al besar a alguien así que supongo que mis intenciones son buenas. - Contestó algo cansado. Estaba harto de que todos pensaran mal de él. Vale que siempre había sido un poco mujeriego, pero Jane era Jane.
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Está bien. - La morena suspiró. - Pero si le haces daño, contaré lo que te pasó conmigo aquel día y no creo que quieras que todo el castillo se entere.
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Eres malvada.
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Lo sé. - Se encogió de hombros.
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Por Merlín, ahora voy a imaginarme cosas raras. - Murmuró Dan acercándose a su hermana y dándole una camiseta. Miró entonces a su amigo. - ¿No te vas a dormir?
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No es nada que no haya visto ya.
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¡A la cama, Matthew! - Lo fulminó con la mirada al decir aquello. - Ahora.
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A sus órdenes, capitán. - El chico lanzó una carcajada. - Buenas noches, chicos.
Se metió en la cama y cerró las cortinas mientras Leah se desabrochaba la camisa y ponía la camiseta antes de quitarse la falda y, por último, el sujetador. Dejó la ropa sobre el baúl de su hermano y se metió en la cama. Dan no tardó en seguirla. Cerró las cortinas e hizo un muffliato antes de volverse para mirar a la chica, que tenía los ojos completamente anegados en lágrimas. No dijo nada, simplemente la abrazó y dejó que se acurrucara en su pecho. La escuchó culparse una y otra vez mientras le susurraba que no pasaba nada y le acariciaba el pelo con ternura. Su hermana podía ir de chica dura, pero realmente era muy sensible, aunque eso pocos lo sabían.
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Leah, no puedes venirte abajo ahora, tenemos que luchar contra ellos, no podemos rendirnos.- Le susurró.
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Dan, déjame comportarme como una cría asustada de diecisiete años esta noche, te prometo que mañana idearé un plan, pero esta noche déjame desahogarme.
El chico asintió y la abrazó con más fuerza. Era lo mínimo que podía hacer. Ya tendrían tiempo para luchar, aquel día podían permitirse el estar asustados.
Desde luego, y como diría Leah, menudos hijos de Morgana... Pobre Jane, pobre Leah y pobres todos.
Ya me diréis qué os ha parecido el capítulo y cómo creéis que va a seguir esto en los comentarios.
Nos leemos el miércoles.
Muchos besos,
María :)