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La cuarta generación: Una nueva amenaza — capítulo 15
A la mañana siguiente, Leah entró al Gran Comedor con la cabeza alta y una mirada arrogante. Las lágrimas habían quedado ya en el pasado, ahora tenía que demostrarles que seguía con su lucha. Dan iba con ella y los dos se sentaron en la mesa de Slytherin, donde estaban Lyra y Orion. El rubio estaba un poco pálido y tenía ojeras, se notaba que apenas había dormido.
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¿Cómo está Jane? - Le preguntó la chica en voz baja. No quería que nadie más se enterara de lo que había pasado; cuantas menos personas lo supieran, mejor.
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Bueno, Hannah le dio una poción y ha dormido toda la noche del tirón, pero esta mañana estaba un poco inquieta. - Suspiró. - Me lo ha contado todo y contad conmigo para lo que sea. Tenemos que hacérselo pagar.
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Lo haremos, estoy pensando un plan. - Leah se mordió un poco el labio. - Debemos ser muy cuidadosos a partir de ahora, no quiero que ninguno de los pequeños sufra por nuestra culpa, ni tampoco vosotros por la mía.
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Hermanita, estamos juntos en esto, creo que todos sabemos dónde nos metemos. - Dan apoyó una mano en el hombro de su hermana, tratando de aportarle un poco de serenidad.
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Exactamente, ya somos mayorcitos. - Lyra sonrió. - Lo único que queremos Orion y yo es que Cassie y Carina queden fuera de esto.
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Tranquila, no permitiré que les hagan daño.
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La morena asintió. - Pensaré algo y empezaremos con esto en cuanto Jane salga de la enfermería, aunque lo que sí os quiero proponer es hacer pequeños turnos de vigilancia para controlar que a los pequeños no les pase nada. Ni siquiera están seguros con sus aurores.
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No es que esté en contra, pero nosotros tres tenemos las rondas de prefectos. - Dijo el moreno con el ceño fruncido. - No podemos descuidar nuestras obligaciones.
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Bueno, pues Lyra y yo podemos hacer más turnos que los demás, ¿no? - La rubia se encogió de hombros con cierta resignación. - Pero tenemos que sacar tiempo para estudiar.
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Quizás lo mejor sería repartirnos a los primos.
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Sugirió Lyra. - Que cada uno se encargue de algunos, no sé.
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Sí, pero creo que solo deberíamos hacerlo con los de quinto hacia abajo. - Añadió Orion. - Los de sexto y séptimo deberían saber defenderse ya y no creo que Remus necesite nuestra ayuda precisamente.
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Sí, lo veo bien. - Leah asintió. - ¿Qué os parece si vosotros os encargáis de Slytherin y Hufflepuff y nosotras dos de Gryffindor y Ravenclaw? Creo que son más.
Los otros tres asintieron, conformes con eso y empezaron a desayunar, cambiando drásticamente el tema de conversación. Nadie podía descubrirlos, aunque muchos ya sospechaban de aquella unión.
- ¿Estás bien?
Chad apartó la mirada de la mesa de Slytherin al escuchar la voz de Ryan Fortescue, su mejor amigo y compañero de habitación.
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Sí, claro. - Contestó, fingiendo indiferencia. - ¿Por qué preguntas?
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No apartabas la vista de la mesa de las serpientes. - El rubio se acercó un poco a él y bajó el tono de voz. - ¿Crees que hay una unión Potter-Malfoy contra nosotros?
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¿Acaso lo dudas? - Chad negó con la cabeza y tuvo que reprimir una sonrisa. - Yo lo esperaba desde que escuché el plan, no es tan fácil persuadir a Leah, supongo que estará furiosa después de lo que le han hecho a Jane.
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Se pasó, tuve que detenerla, estaba ansiosa. - Ryan suspiró. - Sabes que está medio loca y que odia a Leah por lo que hay entre vosotros.
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Lo sé. - Removió un poco su café, un poco nervioso. - Las cosas van a complicarse a partir de ahora, debemos tener más cuidado que nunca, van a venir directamente a por nosotros.
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¿De verdad la crees capaz de eso?
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De eso y de mucho más. - Sonrió de forma distraída. - Tú no conoces a Leah o, al menos, no la conoces como yo.
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¿Nunca has intentado convencerla de que se una a nosotros? - Chad se giró para mirarlo, esperando que aquello fuera una broma, pero al ver la mirada de su amigo se dio cuenta de que estaba hablando completamente en serio.
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¿Para qué? Jamás accedería.
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A nuestro líder le encantaría tenerla entre nuestras filas, ¿te lo imaginas? La nieta mayor de Harry Potter apoyándonos. Te recompensaría de forma inimaginable.
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Leah nunca aceptaría, tiene sus propios principios.
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No tienen por qué ser mejores que los nuestros.
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Para ella lo son. - El moreno negó con la cabeza. - Es imposible, Ryan.
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Pero tú la quieres.
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¿Y qué más da? - Chad se puso de pie y le dedicó una mirada algo dolida a su amigo. - No hay ningún futuro posible para nosotros.
Dicho esto, abandonó el comedor y se dirigió hacia la puerta del aula de Defensa contra las Artes Oscuras, su primera clase de aquella mañana, pero no había terminado de recorrer el pasillo cuando escuchó unos pasos a su espalda. Sujetó su varita antes de volverse rápidamente.
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Soy yo, tranquilo. - Leah le dedicó una media sonrisa. - No voy a atacarte, al menos de momento.
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Nunca se sabe. - Respondió él, aunque bajó su varita. - ¿Cómo estás?
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Bien, ¿por qué lo preguntas? - Contestó, tratando de aparentar normalidad aunque era consciente de que él sabía toda la verdad.
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He oído rumores. Dicen que Jane ha pasado la noche en el hospital y que tú has dormido con los Slytherin. - Mintió él.
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Cómo le gusta a la gente hablar en este castillo. - Leah lanzó una carcajada irónica, pero fingió creerle.
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También he escuchado que no ha sido un desmayo normal, que algo o más bien alguien lo ha provocado. - Añadió Chad con cuidado, acercándose un poco a la chica.
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También les gusta inventar. - Le sostuvo la mirada a pesar de la mentira y dejó que él terminara de acercarse y posara sus manos en su cadera. - Pero si esa gente la hubiera atacado les diría que a partir de ahora deberían dormir con un ojo abierto porque en lugar de detenerme, lo único que han conseguido ha sido enfurecerme.
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Bonito mensaje.
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Lo sé. - La chica sonrió con autosuficiencia. - Además, me aseguraría de que les llegara, igual que estoy segura ellos me habrían hecho llegar uno a mí al atacarla.
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Por suerte lo de Jane ha sido solo una crisis nerviosa.
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Sí, menos mal. - Sintió una punzada en su estómago. Sabía que el chico se lo diría, así que no podía evitar estar un poco nerviosa. Solo esperaba que los pequeños estuvieran a salvo a pesar de aquello.
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Pero, ¿cómo está?
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Está bien. - Enredó los brazos alrededor de su cuello y se acercó un poco más a él, hasta que sus labios quedaron a apenas unos milímetros. - No me apetece hablar ahora mismo de cosas malas, Chad.
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¿Ah, no? ¿Entonces qué te apetece?
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Esto.
Lo besó con delicadeza al principio, aunque en seguida el beso se volvió más apasionado y fiero. Leah lo apoyó contra la pared y se puso un poco de puntillas para poder besarlo mejor, sin importarle la gente que pasaba por los pasillos y que los miraba y comentaba de forma poco disimulada. No podía quitarse de la cabeza que debía aprovechar el momento, que todo iba a cambiar a partir de entonces. No se separaron hasta que un continuo y molesto carraspeo los interrumpió. La chica se volvió con una ceja enarcada y Chad detrás de ella, resopló. ¿Por qué tenía que aparecer ella justamente en ese momento?
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¿Qué quieres, McLaggen?
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Tan simpática como siempre, Potter. - La chica, de pelo castaño claro y ojos verdes, le dedicó una sonrisa desdeñosa y una mirada de superioridad. - Vengo a hablar con Chad, es mi compañero de duelo, por si no lo recuerdas.
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Teniendo en cuenta que compartimos dormitorio y lo dejas caer cada cinco minutos, creo que me ha quedado bastante claro. - Le dedicó una media sonrisa. - ¿No ves que estamos muy ocupados ahora?
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La clase empieza en cinco minutos, creo que ya habéis acabado.
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Amber, ¿tan urgente es? - Chad la fulminó con la mirada y se cruzó de brazos.
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Mucho. - Lo cogió del brazo y le dio un tirón. - Vamos.
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¡Luego nos vemos, Leah!
La morena negó con la cabeza mientras veía al chico alejarse. Amber se acercó un poco a él y empezó a susurrar.
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¿Y bien?
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¿Y bien qué? - El chico suspiró. Estaba hartísimo de ella.
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Por favor, sabes perfectamente a lo que me refiero. - Lo miró con urgencia y él se encogió de hombros. - ¡Chad!
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Lo que pase entre Leah y yo es únicamente asunto nuestro, así que deja de entrometerte.
Se soltó de su agarre y siguió andando hacia el aula él solo. La castaña maldijo un poco por lo bajo y apretó los dientes. Leah Potter pagaría algún día por robarle al amor de su vida.
- ¿Se puede?
Jane pegó un bote en la camilla al escuchar la voz y empezó a peinarse con los dedos de forma nerviosa.
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Señor Zabini, - Hannah se acercó a la puerta. - ¿le ocurre algo?
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He venido a ver a Jane. - Contestó haciendo que la chica se sonrojara un poco. - ¿Puedo pasar?
-
Espere un momento, iré a preguntarle.
La enfermera fue hacia la cama donde la chica descansaba y la interrogó con la mirada.
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Déjalo pasar. - Contestó ella, con una sonrisa nerviosa. - Y, ¿sería mucho pedir que nos dejarais cinco minutos solos?
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No puedo hacer eso.
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Anoche lo hiciste con Leah.
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Porque era tu prima, pero no voy a dejarte sola con un chico en la enfermería. - La mujer negó con la cabeza y la rubia suspiró. - Aunque tu auror y yo podemos quedarnos en mi despacho, ¿te parece suficiente?
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Gracias, Hannah.
La mujer sonrió y se dirigió de nuevo hacia la entrada.
- Pase, señor Zabini.
Él asintió y se dirigió hacia la zona de la que había venido la mujer mientras esta y la auror se iban al pequeño despacho. Sonrió de forma nerviosa antes de descorrer un poco la cortina para poder pasar.
-
Hola, Jane. - La saludó. - ¿Cómo estás?
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Mejor. Creo que esta tarde o mañana me darán ya el alta. - Respondió ella, sentándose. - Veo una exageración que me tengan tanto tiempo encerrada por una tontería, tengo muchas cosas que hacer.
-
Por eso mismo te tienen aquí. - Él negó con la cabeza. - Tienes que descansar un poco y recuperarte por completo.
-
Acabas de hablar como mis primos. - Jane puso los ojos en blanco sin poder evitarlo.
-
Es que tenemos razón. - Se sentó en la camilla junto a ella. - Puede que esto que voy a hacer ahora no ayude mucho a tu estado, pero no puedo evitarlo.
-
¿Qué…?
No pudo terminar la pregunta pues los labios del chico la callaron, enviándole una descarga eléctrica por todo el cuerpo. Cerró los ojos y se dejó besar. Se aferró a su cuello mientras él apoyaba una mano en su nuca y la otra bajo su pecho. Cuando se separaron, ella sentía una fuerte sensación de mareo y él, un cosquilleo en el estómago que jamás se había creído capaz de sentir. Los besos de la rubia eran adictivos.
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No quiero agobiarte más y, tranquila, no se me ha olvidado nuestra conversación, pero estaba preocupado por ti y no me he podido controlar. - Dijo con una media sonrisa, acariciando su mejilla lentamente. - Jane, mi propuesta sigue en pie. Me gustaría ver qué pasa entre nosotros. Piénsatelo, ¿vale?
-
Lo… lo haré. - Respondió ella a duras penas. Tenía el cerebro completamente embotado y lo único que quería era seguir besándolo hasta que no pudiera más e, incluso, otras cosas que no se atrevía ni a pronunciar en sus pensamientos. - ¿Crees que podríamos repetirlo o sería abusar demasiado?
Él no contestó, sino que se limitó a besarla de nuevo y a estrecharla entre sus brazos con cuidado. Podría pasarse así el resto del día y eso era algo que lo tenía un poco preocupado. Vale que Jane fuera distinta pero, ¿tanto? El beso fue aumentando de velocidad y él tuvo que controlarse para no hacer ningún movimiento brusco que provocara el rechazo de la chica. Lo traía loco, eso estaba claro, y no quería asustarla y, mucho menos, que ella creyera que solo la quería para una cosa. Cuando se separaron, le dedicó una sonrisa antes de darle un beso en la nariz que hizo que lanzara una carcajada.
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¿Vendrás conmigo a la próxima salida a Hogsmeade?
-
Sí. - Respondió la chica, casi sin pensar.
-
¿En serio? - Matt abrió mucho los ojos, incapaz de creerse aquello.
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Creo que podemos pasárnoslo muy bien y así podemos ver también hacia dónde va esto. - Dijo Jane, con una sonrisa dulce. - No sé, puede estar bien.
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Será genial, ya lo verás, preparé un buen plan. - El chico se puso de pie de un salto y le dedicó una sonrisa pícara. - No te arrepentirás de esto.
-
Eso espero.
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Tengo clase, así que lo mejor será que me vaya pero, ¿por qué no te pasas a verme cuando te den el alta? - Le preguntó, un poco dubitativo. A lo mejor aquello era demasiado.
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No sé si podré, tengo mucho que recuperar, tengo muchas asignaturas este curso y no quiero quedarme atrás en ninguna. - Se excusó ella con un leve sonrojo. - Pero no te preocupes, le diré a Dan u Orion que te avisen de que estoy bien.
-
Como tú quieras.
Se acercó a ella una vez más y le dio un beso rápido.
-
Hasta luego, Jane.
-
Adiós, Matt.
El chico se fue y ella se dejó caer de espaldas, con el corazón latiéndole tan deprisa que amenazaba con salírsele del pecho. Se tapó la cara con las manos y sonrió como una tonta sin poder evitarlo. Aquel chico desde luego la traía completamente loca.
Hola a todos ^^
Parece que nuestros chicos van a luchar y poco a poco vamos descubriendo a más miembros de ese grupo ;)
Y Jane y Matt... ainss Mane feelings -
Bueno, ahora sí que no sé cuando podré volver a subir (probablemente hasta el lunes que viene no pueda y ni siquiera entonces estoy segura), así que felices fiestas a todos, disfrutad mucho de estos días, comed mucho y que os traigan muchos regalitos ;)
Muchos besos,
María :)