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La cuarta generación: Una nueva amenaza — capítulo 27
Prácticamente toda la familia pasó por la habitación para ver a Lizzy, aliviados al ver que estaba bien. Casi a la hora de la cena llegaron algunos de los que todavía estudiaban en Hogwarts y que habían conseguido un permiso especial para salir a ver a la mujer. Alex y Lyra entraron juntas nada más ver salir a los padres de la rubia - no podía haber más de cinco personas en la habitación según los sanadores - y abrazaron a los mellizos, que seguían allí junto a su padre ya que sus abuelos habían ido a cenar algo.
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¿Estás bien? - Le preguntó Alex a su novio, después de besarlo. - Qué susto me he llevado cuando ha venido Orion ha contármelo.
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Sí, ya estoy más tranquilo, no te preocupes. - Él sonrió. - Ya está despierta y los médicos dicen que pronto le darán el alta.
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Menos mal… - Suspiró antes de girarse hacia su suegra. - Hola, Lizzy.
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Hola, Alex. - La mujer sonrió y miró con cariño a ambos chicos antes de ponerse a hablar con ella de forma amistosa.
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Tenías razón. - Murmuró Lyra en el oído de su amiga al abrazarla.
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Te lo dije, no debería haberme tomado la poción.
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No debería haberte obligado, lo siento. - Se separaron y le dedicó una media sonrisa. - A partir de ahora me fiaré de tus presentimientos.
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¿Qué presentimientos? - Preguntó James, mirando a las dos chicas con el ceño fruncido.
Leah y Lyra se miraron la una a la otra sin saber qué decir. Se suponía que la maldición era un secreto y nadie podía saberlo. Se lo habían repetido cientos de veces, pero ella no había podido evitar contárselo a la chica cuando ambas tenían apenas ocho años.
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Anoche tenía la sensación de que algo malo iba a pasar y no quise tomarme la poción, pero Lyra me obligó. - Confesó su hija, con la vista fija en el suelo.
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¿Lo sabe? - Asintió lentamente. - ¡Leah!
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¿Qué ocurre? - Intervino Lizzy. James la miró sin saber si decírselo o no y ella enarcó una ceja. - ¿James?
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Leah le ha contado a Lyra lo de la maldición.
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¿Qué? ¡Leah!
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Bueno, tú se lo dijiste a papá, ¿por qué no podía decírselo yo a ella? Es mi mejor amiga. - Se quejó. - No se lo ha dicho a nadie, ni va a hacerlo.
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Pero te dijimos que era un secreto, además, yo solo se lo dije a tu padre porque no me quedó más remedio.
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Venga, sabes que este es un peso que se lleva mejor compartido, mamá.
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¿De qué están hablando? - Murmuró Alex mirando a su novio con el ceño fruncido.
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Se supone que no puedo contarlo, pero… - Suspiró. - Hay una maldición en la familia de mi madre que pasa de madres a hijas desde mi bisabuela. Tienen el "don" de ver el futuro.
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¿En serio?
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Sí, pero no es algo bueno. - En su mente volvieron a resonar los gritos atemorizados de su hermana durante su primera visión y se mordió el labio. Jamás podría olvidarlo, por muchos años que pasaran. - No pueden controlarlas, vienen de noche, mientras están dormidas, y no pueden despertarse hasta que terminan. Lloran, gritan, patalean… pero nadie puede hacer nada para ayudarlas. Empiezan a tenerlas cuando cumplen cinco años.
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Vaya… - Alex sabía que había palidecido. - Pero, ¿por qué les pasa eso?
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Mi tatarabuelo rompió su compromiso con una mujer para casarse con una muggle y ella, enfadada, la atacó y la maldición afectó a la hija que ambos esperaban.
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Lo siento mucho.
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Es algo con lo que tienen que aprender a vivir, por suerte mi abuelo consiguió crear una poción que las evita. - Apretó un poco la mano de la chica y ella le devolvió el apretón. - No puedes decir nada, ¿vale?
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No te preocupes, no lo diré. - Lo besó y se apoyó en su hombro antes de centrar de nuevo su atención en lo que pasaba en la habitación.
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No, te digo que si alguien deja de tomar esa poción seré yo. - Lizzy estaba cruzada de brazos.
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Estás convaleciente, ¿por qué eres tan cabezota? - Leah bufó un poco. - ¡Lo haré yo y no hay más que hablar!
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No lo haréis ninguna, no merece la pena. - Terminó aquella discusión por ellas James. - No podéis controlar lo que veis, no os va a servir para nada. - Miró a Lyra. - Encárgate, por favor, de que se la beba todas las noches.
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Lo haré. - Dijo la rubia.
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Bien, yo me encargaré de que Lizzy la tome también.
Terminaron aquella conversación y en seguida tanto Lyra como Dan y Alex - que iban a por algo de comer - salieron de la habitación, dejando que Jane, Orion y Cassie - que había cancelado su cita con Ed nada más enterarse de lo que le había pasado a su madrina y había pasado toda la tarde con los demás intentando salir del colegio para poder verla - entraran. Saludaron a la mujer y acababan de empezar a hablar justo cuando se abrió la puerta y Lyra asomó la cabeza.
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Leah, Chad está aquí.
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¿Qué? - La morena se puso de pie de un salto y se sonrojó un poco al notar todas las miradas clavadas en ella.
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Pues eso, que ha venido a verte, ha conseguido que el director lo deje salir también. - Explicó rápidamente. - ¿Vienes?
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Sí, claro. - Miró a sus padres, que le dedicaban miradas interrogante, y se colocó un mechón detrás de la oreja de forma nerviosa. - Es un… amigo. Voy a salir un momento, vuelvo en media hora o puede que un poco más.
Salió corriendo antes de que nadie pudiera decir nada. El matrimonio se miró con preocupación mientras los tres chicos trataban de contener en vano la risa. Leah salió al pasillo donde el chico la esperaba, un poco cohibido debido a todas las miradas que estaba recibiendo.
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Chad. - Corrió hacia él y lo abrazó. Él la estrechó con fuerza entre sus brazos y le dio un beso en la cabeza antes de separarse. - ¿Qué haces aquí?
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Tenía que venir a verte. - Suspiró. - ¿Cómo está tu madre?
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Bien. - Su respuesta fue algo seca, pero no podía olvidar que él pertenecía a la banda que la había mandado al hospital. ¿Cómo podía estar viéndose con él después de todo lo que estaban haciendo? Estaba completamente loca, desde luego.
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Me alegra saber eso.
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Ven. - Lo cogió de la mano y tiró de él un poco.
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¿Dónde vamos?
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No lo sé, a cualquier lugar donde nadie nos esté observando. - Se acercó a su oído y murmuró, para que solo él pudiera escucharle. - Creo que hay un baño aquí cerca que no está del todo mal, podríamos ir a comprobarlo.
Él lanzó una carcajada y ella no pudo evitar sonreír mientras lo conducía hasta la salida.
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Eres incorregible, Potter.
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Era broma, imbécil. - La morena puso los ojos en blanco, pero sonrió. - Venga, date prisa, te invito a un café.
Poco después de que su hija se fuera, los tres chicos también abandonaron la habitación dejando a James y Lizzy solos por fin.
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¿Crees que cuando Leah dice amigo se refiere a un amigo de verdad o a un "amigo" como lo éramos nosotros? - Se atrevió a preguntar él, algo preocupado.
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Prefiero pensar que es la primera opción, pero creo que ambos sabemos que es la otra. - Ella suspiró. - ¿Has visto cómo se le ha iluminado la cara cuando Lyra le ha dicho que estaba aquí?
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Sí. - James asintió lentamente. - Bueno, si ella es feliz yo me alegro, solo espero que tenga mucho cuidado. Quizás deberíamos hablar con ella.
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Cuando dices deberíamos, te refieres a mí, ¿verdad? - Sonrió de medio lado y él se sonrojó un poco. Lo conocía demasiado bien.
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Son cosas de chicas, ¿no? - Le dijo, con un poco de malicia.
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¿Todavía estás con esas? Lily tenía 15 años y yo 17, además, no es lo mismo hablar de eso con tu cuñada pequeña que con tu hija. - Ella puso los ojos en blanco y James no pudo evitar sonreír un poco. - De todas formas, sé que no te molestó tanto como pretendes aparentar.
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Claro que no, es que me gusta picarte. El caso es que yo ya hablé con Dan, creo que te toca hacer lo mismo con Leah.
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Está bien, lo haré cuando la cosa se tranquilice un poco. - Le prometió Lizzy. - Ahora necesito descansar y poner mis pensamientos en orden.
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¿Cómo estás de verdad?
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Jamie, me han lanzado cuatro cruciatus y no precisamente suaves, ¿cómo quieres que esté? Me duele todo y tengo un dolor de cabeza y oídos que me está matando.
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El sanador ha dicho que se te pasará en un par de días. - Le recordó él. - Le ha sorprendido tu fortaleza.
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Me crié con una auror y una dama como abuelas. - Se encogió de hombros. - Tengo una alta tolerancia al dolor.
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He pasado mucho miedo, ¿sabes, Lizz? - Volvió a cogerle la mano y la besó. - Por un momento creí que te irías enfadada conmigo.
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Sabes tan bien como yo que no estaba enfadada, bueno, sí lo estaba, pero que se me habría pasado en un rato.
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Ya, pero aún así…
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Te quiero más que a nada, James, y siempre te querré.
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Siento que te hayan hecho esto por ser mi mujer.
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Prefiero pensar que lo han hecho porque soy una diplomática clave y sensacional. - Dijo con chulería y él no pudo evitar reír.
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¿Sigues sin querer un auror que te proteja?
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Sí. - Asintió. - Aunque empiezo a estar preocupada por los niños.
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Ahora sí que no lo aceptarán. - James suspiró. - Dirán que así solo demostraríamos estar asustados.
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Lo sé. - Lizzy se mordió el labio. - ¿Por qué ellos?
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Porque son exactamente iguales que nosotros. - La besó y ella asintió lentamente. - Anda, descansa un rato, te vendrá bien.
Alex entró a la Sala Común de Hufflepuff a más de medianoche. Dan le había dicho que podía quedarse a dormir con él, pero ella había preferido volver al colegio, al igual que Chad. Creía que todo el mundo estaría ya en sus dormitorios por lo que se sorprendió al ver a Ingrid allí. Se levantó en cuanto la vio y se acercó corriendo.
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¿Cómo está la madre de Dan?
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Bien, se va a recuperar pronto. - Contestó ella con una sonrisa. - ¿Me estabas esperando despierta para esto o te pasa algo más?
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Bueno, sí, es que… - Suspiró. - Alex, tú sabes que yo soy nacida de muggles y que no me entero de todo lo que pasa igual que los demás. Necesito que me cuentes que está pasando exactamente.
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Ingrid, no te preocupes, las cosas se arreglarán pronto.
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Alex, estoy saliendo con Orion. Es un Malfoy y sé que me estoy metiendo directamente en la boca del lobo. - Bajó el tono de voz. - Mis padres son muggles, sé lo que me estoy jugando, lo que podrían hacerles.
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¿Tú estás enamorada de él?
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¿Qué?
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¿Lo estás? Porque si no es así mi consejo es que te alejes de él. - Sabía que aquello sonaba muy frío, pero veía en los ojos de su amiga lo asustada que estaba.
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Lo estoy. - Susurró ella. - Lo quiero.
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Entonces, siéntate, esto puede ir para largo. - La pelirroja suspiró. - Mi madre me dijo cuando empecé con Dan que no eran buenos tiempos para salir con un Potter, déjame decirte que tampoco lo son para salir con un Malfoy.
Las dos chicas se sentaron y Alex empezó a contarle todo lo que sabía gracias a Dan: las amenazas, los ataques, el miedo. Le dijo que iban a por ellos por ser la mayor oposición a esas nuevas corrientes y en qué punto quedaban ellas. Le contó que Dan estaba asustado y que temía por ella, que Lizzy estaba en una cama de hospital por haberse casado con James. Ingrid no dijo nada, se limitó a asentir y escuchar con atención el relato, tratando de no asustarse demasiado. No era nada que no imaginara ya, pero que se lo confirmaran era muy duro.
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Tienes que estar preparada para lo que sea.
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Murmuró Alex. - Por eso mismo te digo que si todavía puedes alejarte lo hagas.
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No voy a dejar a Orion. - Contestó ella con decisión. - Si tú has aprendido a vivir con esto, yo podré hacerlo también.
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Ven aquí, anda. - La abrazó y sonrió un poco. - Al final merecerá la pena, esto pasará tarde o temprano y entonces todo estará bien.
Ingrid asintió y se dejó convencer por las palabras de la pelirroja. Quería a Orion y se enfrentaría a quien hiciera falta por él. ---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------Hola a todos ^^ ¡Por fin es viernes! Espero que os haya gustado el capítulo y, ya sabéis, dejad vuestros comentarios :3 Nos leemos el lunes.Un beso,María :)