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La cuarta generación: Una nueva amenaza — capítulo 28
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Así que Leah lo sabe. - Angela bajó la cabeza y se mordió el labio de forma nerviosa.
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Sí. - Remus suspiró. Estaba sentado sobre el escritorio de su despacho y miraba a la chica con la frente arrugada. - Solo espero que no diga nada, no sé cómo lo habrá averiguado.
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Puede que… - La chica suspiró antes de atreverse a mirarlo a los ojos y terminar de decir aquello. - Puede que eso sea culpa mía.
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¿Qué quieres decir, Angy?
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Se lo dije a Kate.
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¿Qué? - La miró incrédulo. - Quedamos en que nadie podía saber esto.
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Lo sé, pero no pude evitarlo, Rem. - Se puso de pie y se acercó a él. - Supongo que se le escaparía delante de Adèle y ella se lo diría a Leah.
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Joder, Angy…
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Lo siento muchísimo.
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¿Sabes lo que esto implica? Vamos a tener que dejar de vernos. - Él se alborotó el pelo de forma nerviosa.
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Pero yo no quiero.
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¿Crees que yo sí? No nos queda otra, sabíamos que esto era muy arriesgado. Podrían expulsarte y a mí… - Suspiró sin poder evitarlo y ella lo abrazó. La rodeó con sus brazos y le dio un beso en la cabeza antes de separarse de nuevo. - Ni siquiera sé qué podrían hacerme. Me despedirían, desde luego, pero además, eres menor y yo tengo 21 años, si tus padres quisieran denunciarme, podrían y no quiero que tengas que pasar por eso.
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Sabes que me da igual lo que ellos digan, es mi vida, no la suya.
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Pero me importas demasiado como para obligarte a elegir entre tu familia y yo.
Los dos guardaron silencio. Para Remus, Angela era mucho más de lo que Leah había dicho. Tenía un algo diferente, era decidida, cabezota y, definitivamente, le daba igual tener que enfrentarse al mundo para conseguir lo que quería. No debería haberse dejado conquistar por esos ojos decididos y esa sonrisa burlona, sabía que todo acabaría mal. Por Merlín, tenía solo 15 años, aquello no podía terminar bien.
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A lo mejor no dice nada, ya han pasado algunos días.
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No lo sé, estaba realmente enfadada por el asunto de la carta aunque ahora con su madre en el hospital…
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¿La señora Collins está en el hospital? - Abrió mucho los ojos y el chico maldijo por lo bajo. La reprendía a ella por contarle lo suyo a Kate y él le soltaba aquello sin pensar. No es que fuera un secreto, probablemente la prensa acabaría por enterarse, pero el Ministerio y la familia no querían que nadie lo supiera de momento.
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Sí, la atacaron el otro día, probablemente tu madre lo sabrá, pero no habrá querido decírtelo, todavía no lo sabe mucha gente.
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¿Pero está bien?
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Sí, Lizzy es muy fuerte, no te preocupes.
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No creo que digan nada, Rem, deberíamos seguir con esto. - Murmuró ella, volviendo otra vez al mismo tema.
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Es muy arriesgado. - Se quejó él. - Esto puede terminar muy mal.
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Venga, me encanta el riesgo, además, me gustas demasiado como para dejarte ir sin pelear un poco. - Puso cara de pena y él sonrió sin poder evitarlo.
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¿Te han dicho alguna vez que eres muy persuasiva?
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Suelen utilizar el término testaruda, pero eso suena mejor. - Angela lanzó una carcajada y lo besó. - Venga, Remus, podemos hacerlo, nadie más va a enterarse y si lo hacen pues ya veremos cómo salir del lío. Dices que te importo, ¿no? - Él asintió. - Y yo asumo que también te gusto, ¿verdad? - Él volvió a asentir y ella se sonrojó. - Entonces tenemos que luchar, solo me separaré de ti si tú o yo así lo queremos, lo que digan los demás me da completamente igual.
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Eres muy valiente.
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No soy una Gryffindor en vano.
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Yo tampoco.
La besó y ella sonrió en mitad del beso. Estaban bien juntos, había una conexión fuerte entre ellos y, tal y como había dicho, no estaba dispuesta a renunciar a todo eso sin luchar. No se separaron hasta que escucharon unos golpes en la puerta.
- Remus, soy Leah.
Los dos se miraron y suspiraron. Él se encogió de hombros. Ya lo sabía, ¿qué más daba que la viera allí o no? Se puso de pie y abrió. La chica estaba cruzada de brazos y lo miraba con una mezcla de vergüenza y arrepentimiento que lo sorprendió. ¿A qué había venido?
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¿Puedo pasar? - Murmuró.
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Adelante. - Él se echó a un lado para que Leah pasara.
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Oh, hola, Angela. - Saludó a la chica al verla, un poco cohibida. Seguro que sabía lo de la amenaza y también pensaba que era una persona horrible.
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Hola, Leah. - Le sonrió con tranquilidad, tratando de demostrarle que estaba por encima de todo. - ¿Qué haces aquí?
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He venido a pedirle perdón a Remus y, bueno, a ti. - La morena suspiró y paseó su mirada entre los dos. Aquello no iba a ser fácil. Él se sentó junto a Angela y la animó a continuar con la mirada. - No debería haberte amenazado, no pretendía decir nada, de verdad, solo quería evitar que enviaras esa carta, jamás me atrevería a denunciarte. Somos familia y tú siempre me has estado ayudando y protegiendo, no podría hacerte eso, eres como un hermano mayor para mí. Además, todo lo que dije estaba de más, no pienso eso de verdad, yo… lo siento muchísimo, Remus.
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Leah…
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Ya lo sé, no puedes perdonarme así como así, me pasé de la raya, especialmente con lo que te hice en clase. - Negó con la cabeza. - Me dio mucha rabia la carta de mi padre y te culpé a ti de todo, quería vengarme y, de verdad, tienes que creerme cuando te digo que lo siento muchísimo, aunque una disculpa no solucione nada. Haré todo lo que me pidas si así me perdonas, pero no quiero enfadarme con nadie, ni hacerle daño a la gente.
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Está bien. - Murmuró él, sorprendido. - La bromita se te fue de las manos, pero no puedo estar eternamente enfadado contigo por eso, además, ya he hablado con el director sobre vuestro castigo y creo que me voy a divertir mucho. - Sonrió de medio lado y Leah enarcó una ceja. - Oh, no me mires así, espero que te guste ser mi ayudante para las transformaciones humanas.
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¿Qué?
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Normalmente nadie quiere salir voluntario, ya sabes, puede haber problemas, el profesor puede ser un poco torpe…, pero tranquila, nada irreversible o, al menos, no del todo. - La chica palideció y él lanzó una carcajada sin poder evitarlo. - Leah.
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¿Qué?
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Solo bromeaba. - Volvió a reír y Angela, a su lado, tampoco pudo contener la risa durante más tiempo. La otra chica los fulminó con la mirada.
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No sé dónde le veis la gracia.
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Es que no te estás viendo la cara. - Dijo él, secándose unas lágrimas imaginarias. - Tranquila, solo tendréis que disculparos delante de todo el Gran Comedor y encargaros de la limpieza de la clase lo que queda de curso. Un castigo mínimo comparado con la expulsión.
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Supongo que tendré que darte las gracias.
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Con que no digas nada de lo mío con Angy me conformo.
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Oh, así que Angy, ¿eh? - Enarcó una ceja y la otra se sonrojó. - Ya veo. Por mí no os preocupéis, que no diré nada. Bueno, puede que Lyra y yo se lo dijéramos a Orion y Dan, pero nadie más va a saberlo. Quizás Jane, pero ya está.
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Joder, Leah.
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Lo siento, se nos escapó, estábamos furiosas contigo. - La chica suspiró. - Además, se habrían acabado enterando, pasamos mucho tiempo juntos.
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Eso es cierto, pasáis más tiempo juntos del habitual. - Remus arrugó la frente. - ¿Qué estáis tramando?
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Nada. - Mintió ella.
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Nos conocemos.
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Dan es el Delegado y Jane y Orion, prefectos, ¿de verdad crees que planean algo? - Suspiró y bajó el tono de voz.
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Confía en nosotros, ¿vale?
La miró durante unos instantes, serio. Sabía que le estaban ocultando algo, pero no sabía qué y era consciente de que no se lo dirían. Era un profesor, tenía obligaciones y lo mejor para él era no saber nada.
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No me queda más remedio. - Dijo finalmente.
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Vale. - Leah asintió lentamente. - Lo mejor será que me marche y os deje solos.
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¿Cómo está tu madre? No sé de ella desde que la vi el domingo, pero me dijo que ya le iban a dar el alta, ¿no?
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Está bien, hoy ya ha ido a trabajar. - Se encogió de hombros.
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Pero si solo estamos a martes.
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Ya sabes como es. - Puso los ojos en blanco. - Y ahora sí, os dejo solos parejita, cuidadito con lo que hacéis.
Angela se sonrojó un poco sin poder evitarlo y Remus negó con la cabeza mientras Leah salía del despacho. Desde luego, era incorregible.
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Tres días. - El profesor Reynolds les enseñó el número del Profeta que se publicaría al día siguiente a los allí reunidos. - Esto es inadmisible.
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No es culpa nuestra precisamente. - Replicó Amber. - Por si no te das cuenta, estamos aquí dentro.
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Pero deberíais aprender de los errores de los de fuera. - El hombre suspiró. ¿Por qué eran tan ineptos? - ¿Quién podría decirme cuál ha sido su mayor error?
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¿Me dejas ver el periódico? - Pidió Chad, interrumpiéndolo.
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No hemos venido a eso.
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Me gusta estar informado de todo. - Se acercó y se lo arrebató. - No creo que al líder le haga mucha gracia que no me permitas informarme correctamente sobre mi misión. No querrás hacerlo enfadar, ¿verdad?
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Claro que no.
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Pues eso. - Lo abrió y empezó a leer en voz alta. - "*Solo tres días después del brutal ataque perpetrado probablemente por un grupo de radicales pro-muggles que buscaban evitar un pacto para la revelación del secreto durante el congreso internacional celebrado este fin de semana en nuestro país, Elizabeth Collins, diplomática del Ministerio y mujer de James Sirius Potter, que resultó herida de gravedad, regresa al trabajo. Cuando le hemos preguntado por esto nos ha dicho que se necesitan más de cuatro cruciatus para acabar con ella y que jamás apoyará a las nuevas corrientes anti-muggles que, según ella, son las verdaderas culpables del atentado. La señora Collins se ha negado a concedernos una entrevista con los detalles de lo acontecido alegando que eso son asuntos internos del Ministerio y que no interesan a nadie".*Verás cuando Leah lo lea mañana…
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Genial, desayuno con espectáculo. - Amber sonrió de medio lado.
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No sé a quién tenemos infiltrado en el Profeta, pero es muy bueno. - Añadió Ryan. - Aunque la madre de Leah parece una mujer de armas tomar.
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¿A quién te crees que ha salido su hija? - Chad no pudo evitar sonreír un poco. No había entrado a ver a la mujer aquel día en el hospital (era consciente de que habría estado completamente de más debido a la situación), pero por lo que había escuchado, no era de las que se asustaba con facilidad precisamente. - De todas formas yo el error más básico que veo es que atacaron a la persona equivocada.
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¿A quién habrías atacado tú?
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No lo sé, pero no a alguien que fuera a volver al trabajo un par de días después. Parece que solo se ha roto una uña y, por lo que sé, estuvo muy grave y temieron que no llegara a sobrevivir incluso.
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Yo habría atacado a la mujer de Albus Potter, me parece el eslabón más débil de esa familia, o quizás al marido de Lily Scamander, no parece muy temible. - Comentó otro chico. - Cualquiera habría sido mejor opción.
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Bien, veo que vais aprendiendo. - El profesor Reynolds asintió, satisfecho con las respuestas.- Elegir a la víctima correcta es lo más importante. Es obvio que creyeron que podrían debilitar a la familia Potter a través del hijo mayor, que quisieron aprovechar que son los únicos que no llevan escolta, pero fallaron. Tendrían que haber elegido a otra persona para causar un impacto mayor, lo que nos lleva a nuestro próximo movimiento.
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¿A quién vamos a atacar ahora?
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A alguien un poco menos cercano a Leah, pero no por ello menos importante para ese grupo.
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No sé si debemos atacarlos justo ahora, os recuerdo que saben quiénes somos y que están planeando cosas contra nosotros. - Chad estaba empezando a ponerse nervioso. Cada vez le gustaba menos aquel juego. - Creo que lo mejor sería esperar un tiempo prudencial, hacerles creer que nos tienen acorralados.
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Esa es solo tu opinión, el líder ya me ha dado su permiso.
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¿Y de quién se trata?
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¿Por qué tienes tanta prisa? Necesitaremos tiempo para planearlo, pero tenemos hasta las vacaciones de Navidad para conseguirlo.
Hola a todos y feliz lunes ^^
Espero que os haya gustado el capítulo. Leah ha tenido que tragarse su orgullo y pedirles perdón a Remus y Angela (que no sé a vosotros, pero a mí me parecen muy cuquis) ;)
Y respecto al próximo ataque, ¿de quién creéis que hablan? Hagan sus apuestas jajaja
Quería daros las gracias por vuestro apoyo, como siempre, y ya sabéis dejad vuestros comentarios ;) Nos leemos el miércoles.
Un beso,
María :)