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La cuarta generación: Una nueva amenaza — capítulo 42
Jane entró en el dormitorio de los chicos de Slytherin preparada para la fiesta. Llevaba un vestido verde tipo péplum de manga a la sisa, una chaqueta americana negra y unos tacones a juego. Se había recogido el pelo a un lado, sujetándolo con horquillas, de forma que le caía en cascada sobre el hombro izquierdo. Matt - que seguía convaleciente y no podía ir - se incorporó en la cama nada más verla y sonrió de medio lado.
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Parece que alguien lleva los colores con orgullo. - Comentó. - ¿Estás segura de que quieres entrar con eso puesto en la guarida de los leones?
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Sé defenderme, tranquilo, no dejaré que me coman. - Le guiñó un ojo y lanzó una carcajada.
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Más les vale o se las verán conmigo. - La agarró de la cintura y la acercó a él. - Solo yo puedo comerte.
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¿Ah, sí? ¿Y quién te ha dado ese derecho? - Jane notaba su cara ardiendo y no pudo evitar sonreír un poco nerviosa antes de dejarse besar.
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Vale, tortolitos, parad ya. - Los cortó Dan, poniendo los ojos en blanco. - Estas cosas dejadlas para la intimidad, ¿de acuerdo?
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Tranquilo, dejamos muchas cosas para la intimidad. - Respondió su amigo con su mejor cara de niño bueno.
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Prefiero no saberlo, Matthew. - Lo fulminó con la mirada sin poder evitarlo y Jane volvió a reír. Se acercó a su primo y le dio un beso en la mejilla.
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Venga Dan, no te piques, sabes que solo lo dice para provocarte. - Dijo con dulzura.
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Y lo consigo.
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Sí, bueno, prefiero no saber nada de todas formas. - El chico bufó. - No me gustaría tener que tener una larga charla con mi padrino el auror sobre el lío de su hija. Por lo que le dijo a mi padre, quien por cierto, es el padrino de Jane y tiene acceso a golpeadores profesionales, no le caes demasiado bien.
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No, creo que lo mejor será dejar al señor Potter tranquilo. - Matt palideció un poco y los otros dos no pudieron evitar reír. Le tenía demasiado miedo al padre de la rubia. - Y a tu padre también.
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Pues no hagas nada malo, Matt.
Justo entonces la puerta se abrió y Orion asomó la cabeza.
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¡Vamos, tenemos prisa! - Dijo. - Por cierto, muy guapa Jane.
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Gracias.
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Creo que Matt va a quedarse hoy sin chica.
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Comentó el rubio, haciendo que ella se sonrojara y el otro enarcara una ceja. Los primos de Jane tampoco se lo ponían demasiado fácil.
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Todavía puedo ir a la fiesta, Leah me invitó.
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Sabes tan bien como yo que aún no estás bien. - La chica se acercó a él y le dio un rápido beso. - Descansa, Matt.
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¿Vendrás a dormir aquí?
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Debería volver ya a mi dormitorio, llevo más de una semana fuera, y no quiero despertarte.
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Por un día más no pasará nada. - Puso cara de pena y ella se mordió el labio. - Venga, no me importa que me despiertes.
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Ya veremos. De todas formas, no volveré tarde, ya sabes que no me gustan mucho las fiestas.
Le dio un último beso antes de salir de la habitación seguida por los dos chicos. Salieron de la Sala Común y se dirigieron hacia la de Hufflepuff, donde Alex e Ingrid ya los esperaban. Se saludaron rápidamente antes de poner rumbo a la Torre de Gryffindor.
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¡¿Qué te parece esto, Lyra?! - Leah tuvo que gritar para hacerse oír por encima de todo aquel ruido.
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¡Es genial, muchas gracias! - Contestó la rubia, antes de lanzar un grito y estirar ambos brazos al aire.
La verdad era que la fiesta era increíble, se notaba que su amiga lo había preparado todo perfectamente. Estaban todos los alumnos de Gryffindor a partir de quinto año, además de su hermano, su cuñada, Dan, Alex, Jane y, sorprendentemente, Remus - que se había auto-invitado para "supervisar la fiesta" y acaparaba las miradas de muchas chicas, por lo que Kate tenía que controlar a Angela para que no los delatara -. La verdad era que se lo estaba pasando genial, llevaba toda la noche bailando sin parar y cantando a voz en grito. Había estado tonteando un poco con un par de chicos y, por un momento, incluso se había olvidado de Chad. Siguió bailando y cogió otra copa de la mesa de bebidas, sin fijarse si quiera en el contenido.
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¿Sabes que Ryan no deja de mirarte? - Le dijo Leah entonces, acercándose a su oído para que nadie más la escuchara. Aquello no era exactamente verdad, lo había visto mirarlas de reojo, pero a su amiga le vendría bien un poquito de diversión y él era tan válido como cualquier otro.
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¿Qué dices? - Lo buscó entre la multitud sin poder evitarlo, completamente roja.
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¿Por qué no te lías con él?
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¿Estás loca? - La rubia abrió mucho los ojos. - Es uno de ellos, ¿ya se te ha olvidado?
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Pero si es solo para pasar el rato. - Replicó la morena, encogiéndose de hombros. - Está muy bueno, si no fuera el mejor amigo de Chad ya habría intentado algo con él, pero hay que respetarlo. Los mejores amigos son sagrados, es como si Chad se liara contigo, a mí no me sentaría bien.
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No sé, Leah… - Apartó la mirada. Su último comentario le había sentado bastante mal, pero debía disimular.
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Venga, será divertido.- Insistió. - Tienes 18 años y ni siquiera has besado a nadie, yo creo que ya es hora. No te estoy diciendo que te acuestes con él que, oye, no lo vería mal, pero un beso no es nada. Yo di mi primer beso a los 13.
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Lo sé, lo vio todo Hogwarts, yo incluida. - Miró de nuevo al chico, un poco dubitativa. Era muy mono, la verdad, pero eso de que perteneciera a esa banda le ponía los pelos de punta. - No puedo, Leah.
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Bueno entonces dime, ¿quién te gusta? ¡Tiene que gustarte alguien!
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Nadie.
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No me lo creo. - Puso un puchero. - ¿Por qué no confías en mí? Te ayudaré a ligarte a quien tú quieras, solo dime un nombre y al final de la noche estarás con él.
La rubia lanzó una carcajada irónica. Su amiga no diría eso si supiera el nombre que se le pasaba por la cabeza.
-
Leah, déjalo, de verdad.
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Pero venga, ya va siendo hora, ambas lo sabemos. - Siguió insistiendo. - Será divertido, ya lo verás. Cuando te líes con alguien, te arrepentirás de no haberlo hecho antes.
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Ya te he dicho que no.
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Pero…
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Deja de insistir y no me amargues la fiesta. - Se alejó de allí a paso apresurado.
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¡Espera, no era mi intención! - Leah la siguió corriendo, preocupada. No quería que se pusiera así, solo pretendía ayudarla. Lyra se volvió y ella la abrazó. - Lo siento, dejaré de insistir.
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Está bien. - La rubia sonrió. Odiaba cuando Leah le insistía tanto. Ella no quería liarse con nadie porque sí, le hacían falta un mínimo de sentimientos y no entendía cómo la otra sí podía hacerlo así sin más. Aún así, se encogió de hombros y decidió dejarlo pasar. Sabía que no tenía mala intención. - Anda, sigamos bailando, queda mucha noche por delante.
Dan y Alex bailaban pegados en mitad de la Sala Común, entre risas y besos. Llevaban ya allí un par de horas y ambos habían bebido varias copas, por lo que estaban un poco achispados. La chica sabía que la actitud de su novio había cambiado debido a lo que había pasado durante las vacaciones, parecía que quería vivir el momento, que no quería pensar tanto en el futuro como antes.
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Oye, Alex, ¿por qué no nos vamos de aquí? - Sugirió el chico, riendo sin parar.
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¿Dónde quieres ir? - Contestó ella, también riendo.
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Se me ocurren un par de sitios. - La besó y la cogió de la mano. - Vamos, será divertido.
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Está bien.
La pelirroja dejó que la sacara de la fiesta y lo siguió por los pasillos desiertos. Era de madrugada y si los pillaban merodeando podrían meterse en un buen lío, pero a ambos les daba igual. Dan la llevó hasta la Sala de los Menesteres y, una vez apareció la puerta, ambos entraron rápidamente, volviendo a reír. Alex enredó sus brazos alrededor del cuello de su novio y lo besó con pasión mientras él la elevaba un poco, haciendo que enredara las piernas alrededor de su cintura. Sin dejar de besarla, la llevó hasta la cama y la tumbó en ella.
- Dan…
La chica no sabía ni siquiera qué decir, qué hacer, así que volvió a unir sus labios y empezó a desabotonar su camisa. Él empezó a acariciar sus piernas bajo su falda antes de besar su cuello.
-
¿Estás borracho? - Se atrevió a preguntar la pelirroja, conteniendo un suspiro.
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No, solo un poco contento. - Contestó él. - ¿Y tú?
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Igual. - Sonrió y volvió a besarlo. - ¿Quieres seguir con esto?
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Sí. - Respondió. - No quiero arriesgarme a que algo pase y no haber pasado por esto contigo. Te quiero, Alex, y creo que no hay una mejor forma de demostrártelo. Jamás había estado tan seguro de algo.
Siguieron besándose y acariciándose, cada vez con más pasión. La ropa pronto sobró y ambos empezaron a explorar sus cuerpos con curiosidad, recorriendo cada palmo de piel del otro, tratando de no perderse ningún detalle: ni un solo lunar, ni una sola marca, ni una sola peca. Ambos se dejaron llevar por el momento, dejando el miedo y las dudas atrás, olvidándose del resto del mundo, de todo lo que estaba pasando fuera. Aquella noche eran solo ellos dos y nada parecía poder detenerlos hasta que, de repente, un par de lágrimas descendieron por las mejillas de la chica y el momento se rompió.
- Para.
No tuvo que repetirlo, ni siquiera elevar la voz. Dan se apartó y se dejó caer a su lado, un poco confuso. La miró con preocupación, sin saber muy bien qué decir. Creía que Alex quería aquello, ¿qué había pasado? Ella agachó la mirada y se cubrió con la sábana, algo nerviosa y avergonzada.
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Lo siento. - Murmuró. - Me dolía mucho. Ingrid me dijo que solo me molestaría pero no ha sido así.
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No quería hacerte daño. - Dan arrugó el ceño, todavía más preocupado. - Lo siento, Alex, seguro que esto es culpa mía. Soy un desastre.
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No, claro que no, solo necesitamos un poco más de tiempo. - Contestó ella. Por fin sus miradas se cruzaron y ambos se sonrojaron. - No tenemos por qué apresurar las cosas. Ya nos saldrá, ¿verdad?
-
Sí, ya nos saldrá. - Él la besó lentamente, todavía preocupado pero esforzándose por tranquilizarse.
-
Te quiero.
-
Yo también, Alex. - Le apartó un mechón de pelo de la cara. - ¿De verdad estás bien?
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Que sí, no te preocupes. - La pelirroja sonrió de medio lado, aunque no pudo evitar sonrojarse. - ¿No te resulta un poco irónico que después de todo lo que he insistido haya sido yo quien se haya echado atrás?
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Simplemente creo que no ha sido nuestro momento.
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Eso ya lo sé, pero aún así… - Agitó la cabeza antes de acurrucarse y dejarse abrazar por su novio. - ¿Quieres que durmamos juntos?
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Si alguna vez te digo que no a eso, tienes mi permiso para lanzarme un desmaius.
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La chica rió y él se unió a sus risas. - Lo digo en serio. Adoro dormir contigo, eres lo mejor que me ha pasado en muchísimo tiempo.
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Eres el chico más tierno del mundo, ¿lo sabías?
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Solo exageras.
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No, no lo hago, Dan. - Lo miró y no le hizo falta añadir nada más. Lo dijo todo con aquella mirada y Dan la estrechó entre sus brazos con más fuerza. Mientras estuviera con ella, nada malo podía pasarle.
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Creo que lo mejor será irnos a dormir, mañana tenemos clase.
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Está bien. - Se besaron lentamente otra vez y él arropó bien a la chica. - Buenas noches, amor.
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Buenas noches, preciosa.
Hola a todos ^^
Ayy pobres Dan y Alex, les está costando todo mucho... Pero bueno, eso no impide que sigan siendo la pareja cuqui y dulce de siempre :3 Y Matt y Jane son amor en todo momento, incluso cuando sus primos se meten con él jajaja
Y, bueno, la reacción de Lyra en la fiesta... Creo que tenía que dejarle las cosas un poco claras a Leah, cada uno puede hacer con su vida lo que quiera y si ella quiere vivirla así pues es su decisión.
Espero que os haya gustado el capítulo y, ya sabéis, dejad vuestros comentarios ;)
Pasad un buen fin de semana. Muchos besos,
María :)