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Historia 185958 — capítulo 2

Las letras en negritas, los personajes y lugares pertenecen a Rick. Ya saben, el loco al que le gusta dejar las cosas en suspenso. ¡¡Viva Rick Riordan!!Lo demás es mío, claro. :3_________________________________ **IHazel - Así es la alocada vida de un semidiós.**(Primera parte) Habían llegado los héroes del Olimpo... La luz segadora inundó la sala, para que de ella, segundos después, aparecieran cinco chicos. Todos lucían bastante desorientados, pero sobre todo, adormilados. Bueno, todos menos uno, un chico más bien flacucho, bajito y con el pelo rizado marrón, parecido a un duende latino, que no estaba en absoluto adormilado, y no parecía darse cuenta dónde se hallaba. Tenía un sándwich en la boca al estilo pirata, y con las manos jugueteaba con un pedazo de cristal y una pieza de bronce, murmurando para sí, aunque nadie estaba seguro de qué es lo que decía por culpa del sándwich.      -Westúphido frastrolabio imphpusible. ¡Twifenes quefgh encaghjafr! -se le entendía más o menos mientras caminaba algo frustrado por la sala sin que se diera cuenta de dónde se hallaba.  Un chico rubio con los ojos azules miró incómodo a los dioses, como pidiendo disculpas por el duende latino, y caminó hacia él.       -Ey, hombre, mira en donde estamos -le susurró, lo bastante alto para que todos lo oyeran, poniéndole una mano en el hombro.  El duende latino saltó, sorprendido. Abrió la boca para decir algo, o gritar, o las dos cosas, y el sándwich se le calló. Rápidamente escondió los piezas con las que estaba jugando en un cinturón porta herramientas amarillo que traía puesto. Miró al chico rubio con el ceño fruncido.      -¡Casi me matas del susto! -le recriminó, apuntándolo con un dedo- se toca antes de entrar en una habitación, ¿sabes? ¡Pude haber estado desnudo! ¡Y ahora me debes un sándwich! ¡Estaba bueno, Jason! ¡Eres un asesino de sándwiches!  Apolo y Hermes soltaron unas risitas, sin poder contenerse. Sólo entonces el chico se enteró de dónde estaba.      -Por el martillo de la forja -exclamó, alucinado- ¿qué demonios hacemos aquí?      -Bueno, Leo. A nosotros también nos gustaría saber que hacemos aquí.El chico rubio miró a los dioses, interrogante, como demandando respuestas. Atenea estaba a punto de responder cuando Zeus se levantó, furioso.      -¡¿Cómo osan demostrar tal falta de respeto?! ¡Inclínense, mestizos, ante los dioses del Olimpo! Los mestizos se vieron entre sí. Una chica de ojos caleidoscópicos, el pelo marrón chocolate y en apariencia Cherokee, rodó los ojos. El duende latino bufó. El chico rubio miró al rey de los cielos, como si no pudiera creer lo que acababa de decir. Los últimos dos chicos parecían más nerviosos, pero hicieron una mueca de desagrado. Eran una chica de pelo marrón oscuro rizado y ojos color miel, y un chico grande, algo musculoso, con el cabello negro, ojos cafés y rasgos asiáticos.      -¿Disculpa? ¿Qué nos arrodillemos ante ti? -preguntó incrédulo el chico latino- ¿ante ellos? -señaló a los demás olímpicos- Estás de broma, colega.Los demás semidioses asintieron.  Zeus parecía a punto de estallar. Nunca le habían faltado al respeto de tal manera, (le había llamado colega ¡¡colega!!) a él, el rey del Olimpo. Parecía a punto de tomar su rayo maestro y empezar a repartir golpes cuando Hestia intervino.      -¿Podrían presentarse, niños? -preguntó con una sonrisa amable, que los semidioses correspondieron.       -Por supuesto, Lady Hestia -dijo el chico rubio, inclinándose un poco ante ella. Zeus estaba rojo de cólera.      -Mi nombre es Jason Grace, hijo de... -una nota calló sobre el, interrumpiéndolo. La leyó y miró de nuevo a los olímpicos, interrogante- Es de las Parcas. Dice que no debo decir mi procedencia divina, ni ninguno de los datos del futuro hasta que lo averigüemos. ¿Qué significa eso?       -Verás, las Parcas nos enviaron un paquete -dijo Hestia- un libro, de hecho. Dijeron que teníamos que leerlo para cambiar algunas cosas en el futuro.      -Disculpe, señora Hestia -dijo tímidamente la chica de ojos color miel- ¿estamos en el pasado? Lo dijo con naturalidad, como si estuviera acostumbrada a cosas extrañas. Hestia asintió.      -Ah...  A la chica no parecía entusiasmarle la idea. Hades miró con detenimiento a la chica. Ella era igual a su hija, que apenas había muerto. ¿Sería posible que hubiera revivido? Era poco probable, pero una llama de esperanza se encendió en su interior.      -Bueno, sigamos. -dijo la chica de ojos caleidoscópicos. La mayoría de los dioses se le quedó mirando. Era realmente guapa, aunque intentara ocultarlo. Sus ojos, de colores cambiantes, eran realmente atrayentes. Y su cabello castaño, aunque estuviera cortado de forma irregular, se veía precioso. Tan bien se veía, que la mayoría de los dioses pensó que llevaba la bendición de Afrodita, cuando se quedaron mirándola embobados. Jason los miró mal, y Afrodita contuvo un chillido. Seguramente ella era una de sus hijas, y Jason estaba locamente enamorado de ella. Oh, qué hermosos eran los celos adolescentes.      -Soy Piper McLane. -se presentó. Apolo le guiñó un ojo, y Piper trató de darle una sonrisa sincera. Jason parecía que echaba humo de las orejas.El duende latino de adelantó, sonriente. Le guiñó el ojo a toda la sala.      -Soy el candente, magnífico, guapísimo, súper sexy, e irresistible... -sonrió pícaramente a Afrodita y Artemisa. La primera, le devolvió el gesto, y la segunda apartó la mirada gruñendo algo así como "hombres"       -¡Chico de las reparaciones! -gritó Piper, antes de que el duende latino dijera su nombre.  Los semidioses soltaron risitas. El chico miro hacia atrás, sonriendo sarcásticamente.      -Muy graciosa, reina de la belleza. Lo que pasa es que me tienes envidia. De hecho, soy el Capitán Supremo, el maravilloso, inigualable... ¡Leo Valdez!Extendió los brazos, haciendo con las manos el símbolo de amor y paz con los dedos. Todos se quedaron en silencio.       -Hey, aquí es donde un redes aplauden y gritan ¡Todos amamos a Leo...! Ok, intentemos de nuevo. Soy el maravilloso, inigualable... ¡Leo Valdez! De nuevo, todos quedaron en silencio. Los semidioses sonreían apretando los labios, intentando no estallar en carcajadas.      -Sigue soñando, Valdez -dijo mientras le palmeaba la espalda el chico corpulento de rasgos asiáticos. -no cuesta nada.      -Ja ja. Mira cómo me río, Zhang. -dijo Leo antes de enseñarle la lengua. Luego fue a reunirse con Piper y Jason, que le sonrieron, mientras Jason le pasaba un brazo por los hombros.      -Bueno, yo soy Frank Zhang -dijo incómodo el chico asiático. Miró a toda la sala, sin saber muy bien qué hacer ahora- Bueno, si. Eso.      -Mi nombre es Hazel Levesque. -dijo sonriéndole a Frank la chica de ojos dorados. Frank le sonrió agradecido y le tomó la mano. Afrodita, esta vez, no pudo contener un chillido. Los dioses cercanos a ella la miraron molestos, pero a ella no le importó. Ella tenía razón: miles y miles de parejas. Le entraban ganas de gritar de nuevo sólo de imaginarlas. En cambio se contuvo un poco y sonrió a Frank y Hazel.      -¡¿Ustedes son novios?! -preguntó con una sonrisa en la cara. Los dos asintieron un tanto nerviosos y cuando Afrodita se volvió hacia Piper y Jason suspiraron de alivio. Por un momento habían creído que les haría un interrogatorio policial o algo así- ¡¿y ustedes también?! -la pareja de semidioses asintió rápidamente. Piper tomó la mano de Jason, que temblaba un poco, rezando porque Afrodita no decidiera que era un novio poco digno de su hija y lo convirtiera en un cerdo salvaje. Luego ella miró a Leo.      -¿Y tú, querido?   Leo parpadeó, algo asustado de que Afrodrita explotara en gritos de nuevo.      -Uh... Yo ya estoy apartado -consiguió esbozar una sonrisa nerviosa, recordando la isla de Calypso y el estúpido astrolabio que no quería encajar con el cristal, preguntándose si en realidad podría volver ahí.      -¡¿Cuál es su nombre?! -chilló Afrodita, emocionada. Los dioses a su alrededor volvieron a mirarla, molestos. A ella no podría importarle menos.      -¿Cuál es el nombre del libro que vamos a leer? -preguntó él, evadiendo la pregunta.      -Dioses, nunca creí escuchar a Leo decir eso -le susurró Piper a Hazel. Las dos asintieron, sonriendo.      -Se llama La Casa de Hades -dijo amablemente, Hestia. Los semidioses palidecieron. Hazel, la chica de ojos dorados, parecía a punto de desmallarse. Los demás no estaban mejor. Piper parpadeaba muy rápido, como intentando contener las lágrimas, y Jason la abrazaba por los hombros en ademán protector. Aunque también él se mordía el labio con fuerza, y tenía una cara de tristeza. Frank abrazó a Hazel, aunque el chico tenía los ojos enrojecidos y temblaba de arriba a abajo.  Leo abría y cerraba la boca, intentando decir algo que los animara, pero no pudo. Hestia se preocupó, junto con Hades. Él quería correr directamente a su hija, y obligar a Apolo a que le hiciera un chequeo de salud. ¿Comía bien? ¿Cómo estaban sus signos vitales? ¿Tendría alguna enfermedad postraumática?Pero su mayor pregunta era cómo había revivido. Revivir era algo que sólo se les otorgaba a las almas de los Elíseos. A menos que hubiera escapado... Daba igual. Lo único que importaba era que estaba viva. Y que ahora podría explicarle todo. Su figura parpadeó un poco, entre Hades y Plutón, pero nadie lo notó. Hades volvió a tener el control. Ya le preguntaría más tarde cómo se encontraba.      -Ahí sale -dijo Leo con voz estrangulada- el nombre de la chica... De... Bueno, ella. Los semidioses lo miraron con los ojos bien abiertos. Leo no había querido contar nada, bueno, a nadie menos a Jason, que no podía resistirse al embrujahabla de Piper cuando le dijo que le contara todo, que no resistió y se lo contó a Annabeth, que le ganó la tentación y se lo contó a Percy, que estaba demasiado shockeado para decir nada. Leo también se lo contó a Hazel (más bien Hazel le había obligado a que se lo contara todo), y ella, sintiendo que necesitaba una segunda opinión se lo contó a Frank a la hora de la comida, que se atragantó con su jugo de naranja, convirtiéndose en un pájaro azul, cuando Percy se acercó a él, buscando a alguien para hablar sin sacar a colación el tema de Leo. Cosa que, por supuesto, no consiguió. Y  Frank se lo volvió a contar. Y Percy volvió a quedarse flipado.Así que no, nadie en el Argo II sabía nada. Pero todos sabían que era difícil para Leo hablar de ello, y fingían que no sabían nada. En especial Percy. Él sabía lo difícil que era hablar al principio sobre Calypso de primera mano.Entonces los cinco de la profecía que se hallaban en la sala miraban intermitente a Leo y al libro, sin decidirse si ir a abrazarlo o robar el libro y huir corriendo para luego quemarlo. Ninguno estaba seguro. Las dos posibilidades parecían igual de buenas.      -Bueno, bueno, mientras antes leamos, antes descubrirás a esa chica, Afrodita. Siéntate y deja que Hetesto lea -gruñó rodando los ojos Hera. Los mestizos (en especial Piper, que no había olvidado que Hera casi mató a Jason. Y que se la había tomado con Annabeth, que recién había salido de... Ese lugar. Y que le había hablado de forma muy grosera a su madre) rodaron los ojos y la miraron feo.  Aún así, obedecieron, y cuando estaban a punto de sentarse en el suelo de mármol, Hestia hizo aparecer una especie de sillones. Todos le sonrieron y se acomodaron. Hefesto carraspeó y comenzó a leer. I Hazel La chica frunció el ceño ¿ella sería la primera en narrar? ¿En serio? ¿Narraría todo el libro?  Por los dioses, esperaba que no. ¿Las Parcas la odiaban? ¡Aquello no era justo!  Frank, al ver la cara contrariada de su novia, sonrió y la abrazó por los hombros. Afrodita contuvo un chillido. ¡Eran taaaaaaaaan monos! DURANTE EL TERCER ATAQUE, Hazel estuvo a punto de comerse una roca.      -Uh, chica, lamento decirte que las rocas no se comen. -se burló Ares. Nadie se rió. Frank, (de hecho, todos los semidioses, pero sobretodo Frank), Afrodita, Hades y Hestia lo miraron molestos. Hazel estaba completamente roja.      -Ares, si vas a hacer comentarios estúpidos, mejor no los hagas -le refunfuñó la diosa del amor.  Ares cerró el pico, un tanto sorprendido. Afrodita nunca le replicaba, aunque él supiera que su amante tenía carácter. Uf, vaya si lo tenía. Igual, ella casi no replicaba nada. Así que se sintió un poco ofendido/sorprendido.Afrodita fulminó desde su trono a Ares. Algunas veces no tenía ni idea de qué le había visto. Era un idiota, y además, ¡¡Con sus parejas nadie se metía!! Bien merecido se lo tenía que lo callaran de vez en cuando.      -Espera, espera. -Hestia miró a Hefesto, para que se detuviera un poco- Querida, Hazel, ¿antes de ese ataque... Hubo otros dos?  Hazel asintió, junto con los otros mestizos. De hecho, habían sido más de dos, pero ella sólo sufrió tres ataques durante su guardia con Nico y Leo. Podía considerarse con suerte.       -¿Quién los atacó? ¿Cómo? ¿Estás bien? -Hestia estaba preocupada. Eso se veía a leguas.      -Si, señora Hestia. Estoy bien. Y supongo que se dirá quién nos atacó y eso en el libro.      -Bueno. Por favor,  Hefesto, sigue leyendo. Estaba mirando hacia la niebla con los ojos entornados, preguntándose cómo era posible que costara tanto volar a través de una estúpida cordillera,      -Bueno, Hazel, creo que todos nos preguntamos lo mismo -comentó Leo- parece que para nosotros, todo lo que se puede poner difícil, se pone difícil.  Los otros semidioses bufaron. Habían gastado más de dos días en cruzar esas montañas, cuando los mortales podían cruzarlas en avión en cuestión de minutos. Ser semidiós apestaba.Algunos dioses los miraron preocupados con el ceño fruncido. cuando las alarmas del barco sonaron.      -Pero si están en barco, ¿cómo es que van a atravesar las montañas? -preguntó Atenea, curiosa.       -Magia negra. Magia negra -sonrió Leo. Amaba su barco. Hacía casi tantos imposibles como los propios mestizos. Atenea rodó los ojos, indicando a Hefesto que siguiera leyendo. Sabía que no iba a conseguir nada más de ese duende latino. -¡Todo a babor! -Gritó Nico desde el trinquete del barco volador.      -Es un barco volador, Nea. ¡Increíble! ¡Podría ser como el de Tom! -dijo Apolo, sonriendo Atenea gruñó algo así como: yamedicuenta. Hefesto alzó la mirada. Una sonrisa se adivinaba en su rostro peludo.       -¿Quién lo diseñó? ¡Nadie ha hecho un barco volador desde Tom! -exclamó, emocionado.      -Oh, por favor, no me recuerdes a Thomas Faynor. -gruñó Démeter- ¿sabes la de campos de trigo que destruyó cuando chocaba con su cacharro ese? ¡Era un insensato!       -Era muy simpático -dijo Hermes- hacía trucos con botellas muy increíbles.      -También era muy listo -añadió Atenea.      -Lástima que murió tan joven -se lamentó Hefesto- Fue mi último hijo usuario del fuego. Desde ese incendio...      -En el que por cierto, también incineró otro campo de sorgo. -dejó caer Démeter.      -Ahora está en los Elíseos. Creo que está feliz... Se consiguió una novia, también -dijo Hades, pensativo. Thomas había sido de los pocos semidioses que le habían caído más o menos bien.      -¡Al fin! Ese Tom, era muy guapo. Me extraña que no tuviera pareja antes. -sonrió Afrodita.      -Pero siempre estaba cubierto de grasa. Y era un hombre -refunfuñó Artemisa. A ella no le había caído muy bien. Thomas Faynor había sido muy egocéntrico. Y un hombre. Ella odiaba a los hombres.      -Estar cubierto de grasa es sexy. -comentó Leo. Los semidioses rodaron los ojos, sonriendo. Afrodita estuvo de acuerdo con Leo.  Ella miró de reojo a Hefesto. Tenía algunas manchas de grasa en el traje, pero si. Estaba sexy. Lástima que la ignorara. Desde que le había sido infiel por primera vez, Hefesto dejó de hacerle caso.Al principio no estaba de acuerdo con el matrimonio. ¡Si sólo era un capricho de Zeus! Ella no iba a obedecerlo así como así. Era hija de Urano, por tanto, la mayor de los olímpicos. No iba a seguir las órdenes del bebé Zeus sólo para calmar su rabieta. Aún así, sentía curiosidad sobre Hefesto. Entonces se esforzó mucho por ser amable con él. Y descubrió que él era muy agradable. Una vez superada la timidez, Hefesto era un amor. Le hacía regalos, como hermosas flores mecánicas tan delicadas y realistas que parecían flores de oro, acabadas de recoger del jardín. Era siempre atento y caballeroso. Pero Afrodita... Quería pasar a la acción. Y como siempre se había sentido atraída por Ares como el amor por la guerra, le fue infiel por primera vez a Hefesto. Probablemente el mayor error de su vida. Él los descubrió, y desde entonces, la ignora. No le habla a menos que sea absolutamente necesario. Y eso, a ella le sienta como una roca en el estómago. Estaba enamorada de Hefesto, lo admitía. Y que no le hiciera caso, le hacía sentirse mal.Así que suspiró, y miró a su esposo, que estaba conversando con Leo sobre Tom.      -¿Fue hijo tuyo? Hefesto asintió, con algo de tristeza.      -Como dije, mi último hijo usuario del fuego. Es... Muy triste. Era muy inteligente. Y valiente. Inició el incendio de Londres en 1666 por accidente. En realidad no fue su culpa. Él intentaba proteger a su madre de un monstruo, pero... Se descontroló cuando aquel monstruo la mató. Por eso no les he dado y no les daré el don del fuego a mis hijos. Sólo los perjudican. Leo asintió, pensativo. En ese caso, ¿por qué a él si le había dado el don del fuego?Sintió que tenía un lazo con aquel medio hermano suyo. Igual se había descontrolado cuando era pequeño y sin quererlo mató a su madre en el incendio de el taller. Ya sabía que Thomas Faynor había causado el incendio de 1666, pues en la cabaña de lo habían dicho alguna vez. Pero él no sabía los motivos, y cuán parecido era a él. Había perdido a su madre. Su vida era la mayoría de las veces un fiasco por culpa de aquel incendio. Y los dos habían hecho un barco volador. Quería saber más sobre él, pero cuando iba a preguntar a su padre, este bajó la vista hacia el libro. Ya se lo preguntaría luego. De nuevo timón, Leo tiró de la rueda.      -¿Sabes navegar? -se autointerrumpió Hefesto, con los ojos brillantes. Tal vez aquel era su hijo...       -Por supuesto. ¿Qué clase de Capitán Supremo sería si no supiera pilotar mi nave?       -De hecho, solo dos personas saben cómo hacer que el barco se mueva a la manera convencional. -añadió Hazel- Leo y... Annabeth. Los semidioses fruncieron el ceño, con algo de tristeza, ante la mención de la chica. Ella, junto con Percy, no habían aparecido en la sala con ellos ¿se encontraban solos en el barco? ¿Los habrían llevado a otro lugar? No había manera de saberlo. Sólo podían esperar a que aparecieran pronto y se encontraran bien.Los dioses reconocieron el nombre como el de la chica que se hallaba en el Tártaro.       -Te olvidas del entrenador Hedge. Él sabe navegar. -comentó Leo, para intentar aliviar un poco la tensión que se había creado. Funcionó, sólo un poco.      -Pero él no es una persona -razonó Jason- él es un...      -¡No spoilees! -prácticamente le gritó, Piper- recuerda que las Parcas dijeron que no podíamos decir nada del futuro hasta que saliera en el libro.      -Vale, tranquila, Pipes -Jason besó la coronilla de su novia- lo siento. Afrodita parecía a punto de estallar de ternura. ¡Amaba a las nuevas parejas!      -Has dicho "a la manera convencional" -le dijo Artemisa a Hazel- ¿quieres decir que hay una manera no convencional de hacer que se mueva el barco?      -Oh si. -asintió Hazel- muchas. Pero en realidad Jason y... Percy... Ellos son los que hacen que el barco avance de manera poco convencional.      -¿Entonces cómo...?      -Artemisa, si te callas y dejas que Hefesto lea, lo descubrirás -refunfuñó Hera de malos modos. Todos la miraron mal, pero Hefesto siguió leyendo. El Argo II viró a la izquierda, y sus remos aéreos hendieron las nubes como hileras de cuchillos.      -Vaya, Hazel, no sabía que tenías pensamientos tan sádicos. -le sonrió, Leo- Cuchillos, ¿ah? Los remos no parecen cuchillos. ¿Y por qué querría apuñalar a las nubes? Yo no... Hazel se sonrojó y Piper le dio una colleja a Leo.      -Déjala. Hefesto, siga leyendo, por favor. Hazel había cometido el error de mirar por encima de la barandilla.      -¡No! -gritó Hestia- Puedes caerte, cielo. Dime que no te pasó nada. Hazel miró hacia arriba, silbando.      -Bueno, Hestia, antes han dicho que estaban bajo ataque, y... -fue interrumpida, Atenea.      -Somos semidioses -dijeron con desánimo los mestizos. Todos menos Leo, que ya sabía que era lo que pasaba, miraron con preocupación a Hazel. Aún así, no puedo evitar torcer el gesto. Por un momento, había creído que ella había salido lastimada. Y Nico. Dioses, había creído que el tipo había muerto. Suerte que tenía una cabeza dura.        -Entonces son semidioses, haciendo cosas arriesgadas en pleno ataque ¿qué podría salir mal? -bromeó Apolo. Artemisa lanzó una flecha, justo al lado de su cabeza.      -Entiendo, entiendo. No te enojes hermanita. Hefesto, sigue... ¡Sigue leyendo! ¡Ahhh! Una cierva adulta plateada, como hecha de luz de luna, corría a toda velocidad hacia el trono de Apolo, con una mirada imposiblemente inteligente, y sobre todo, sádica. Él saltó de su trono, evitando a la cierva por los pelos. Pero la cierva no había acabado. Empezó a perseguir a Apolo por toda la sala, que gritaba como niña. Hermes tomaba video con su caduceo convertido en celular riéndose entre dientes, pensando en todas las visitas que tendía el video apenas lo subiera a la red. Ya se imaginaba el título: "Apolo, dios del sol, siendo perseguido por una cierva, pidiendo piedad y gritando como niña"Ohhhh si. Millones y millones de visitas.La cierva por fin acorraló a Apolo. El chillaba, como víctima en una película de terror, olvidando que era un dios y podía teletransportarse o hacer desaparecer a la cierva. Pero Artemisa contaba con eso. Apolo estaba encogido en una esquina, temblando. El ciervo casi parecía sonreír maléficamente.      -¡Ahhh, por favor, quita esto de encima, Arty! ¡Me lleva la... Se está comiendo mis tenis nuevos! ¡Noooooooooooo! ¡Suelta, bicho asqueroso! ¡Ay, qué me muerde, me está...! ¡¡Auch!! ¡Ese era mi brazo! ¡¡Hermanita!! ¿Qué te he hecho? ¡Yo no... Suelta, bicho, suelta! Uh, Uh, eran de colección... ¡¡No, mi cabello no!! ¡Cómo toques mi cabello, bicho horrible, juro que...! ¡Aaaaah! ¡¡Mi cabello!! Cuando Artemisa consideró que su hermano había sufrido lo suficiente, hizo desaparecer a la cierva, dejando a un Apolo totalmente traumatizado en el suelo.      -Para que te acuerdes que nunca, DE LOS NUNCA JAMÁS debes llamarme hermanita, ¿oíste? -le dijo Artemisa.      -Hujm. Mis tenis. Eran nuevos, último modelo... Hujm. Mi cabello. Mi hermoso cabello. Mira cómo lo ha dejado ese bicho horrible. -murmuraba él mientras arrastraba los pies hacia su trono. Hermes miró a los mestizos varones.      -Moraleja: nunca hagan enojar a una mujer. -dijo en tono serio.Jason, Leo y Frank asintieron rápidamente con la cabeza. Tanto que parecía que se les iba a zafar. Los dioses hombres murmuraron en acuerdo.  Las mujeres de la sala se dedicaron a fulminarlos con la mirada.      -Hefesto, sigue leyendo, por favor. -dijo con voz dura, Artemisa.      -Uh... Si, si. -Hefesto asintió, un tanto nervioso. Su media hermana, cuando se enfadaba (especialmente cuando Apolo le llamaba hermanita) daba verdadero miedo. Una oscura esférica se lanzó hacia ella. ¿Por qué la luna viene por nosotros? , pensó.       -Si Arty, ¿qué tienes en contra de los chicos? Ellos no te han hecho nada. No como para que les tires la luna. -dijo amablemente, Afrodita.       -No me llames Arty.       -Pero si tú amas que yo te llame Arty.       -¡He dicho!       -Tranquila Arty. No hay que alterarse. Ella gruñó, frustrada e indicó a Hefesto que siguiera leyendo. A continuación lanzó un grito y cayó sobre la cubierta. La enorme roca pasó tan cerca por encima de ella que le apartó el pelo de la cara.      -Oh, cielo, ¿estás bien? ¿Estás herida? ¡Esa estúpida roca pudo haberte matado! -se escandalizó, Hestia. Hades estaba muerto de preocupación. (Gracioso pensar eso. Él era el dios del Inframundo... Donde están los muertos... ¿No lo pillan? Bueno, igual él era un asco para los chistes) Quería correr al lado de su hija y asegurarse de que estaba sana y salva. ¡Una roca enorme, por Urano! ¿Qué clase de cosa los estaba atacando, capaz de lanzar una roca enorme? Bueno, si se encontraban en las montañas... Ugh. Rezaba (¿los dioses pueden rezar?) por porque no se encontraran con un ourae, dios de las montañas. Pero eso parecía lo más probable. Odiaba la suerte del semidiós.      -Imagínense cómo se pondrá Hestia cuando leamos todo lo que pasamos -le susurró Piper a los demás. Todos asintieron, torciendo la boca.      -O lo que pasaron Percy y Annabeth -dijo en un murmullo más bajo, Frank- si es que lo pone. Todos asintieron, esta vez con el ceño fruncido. Percy y Ananbeth no habían querido decir nada de su estancia en el tártaro, y con razón. No querían ni imaginarse todo lo que habían pasado... Y seguramente, lo leerían, y ellos no estaban. Hasta hace unos minutos, ellos se hallaban discutiendo sus planes para abordar Ítaca al día siguiente, y averiguar qué era lo que había que alteraba allá. Uf, iba a ser divertido. Luego cada quién se había ido a dormir, menos a los que les tocaba guardia. Después ¡paf! Aparecieron ahí. Pero sin Percy y Annabeth. Todos se encontraban un tanto nerviosos. Ellos acababa de salir del tártaro, y de nuevo se hallaban los siete juntos. De cierta manera, se sentían más fuertes y seguros. Ya no tenían que cargar con el peso de no haber salvado a dos personas, estaban juntos, e iban a navegar hasta Atenas a derrotar a Gaia. Fin. Ya no había si dos de ellos se habían sacrificado, para el bien de la misión. Si, podían morir. Pero esta vez podían protegerse. Esta vez podían hacer algo. Esta vez, no se quedarían parados, impotentes, viendo como caían. Esta vez, iban a luchar juntos, los siete semidioses más poderosos del siglo.Pero ahora los habían separado. Se sentían como rumbo a la Casa de Hades. Sin su líder y sin su columna vertebral. Sin Percy y Annabeth.Suspiraron y Hefesto siguió con la lectura. **¡CRACK!**El palo mayor se desplomó; la vela, los mástiles y Nico cayeron, y se estrellaron contra la cubierta.      -Chicos, sólo tengo una pregunta -dijo alzando la mano, Hermes.      -Dispara -se encogió de hombros Leo, junto con los demás.      -¿Su vida siempre es así de arriesgada? Es decir... Rocas gigantes que pasan a centímetros de su cabeza... El barco volador en el que viajan rompiéndose... Un chico cayendo con el mástil... Y ustedes apenas tuercen el gesto. Su vida debe ser muy loca para que estén acostumbrados a eso, ¿no? -dijo Hermes, con cara curiosa.      -¿Tú crees? -respondió sarcásticamente Leo. Los semidioses sonrieron irónicamente- pero seeee... Son gajes del oficio, ya ves... Y eso es como mugre de uña para nosotros. Unas estúpidas montañas con complejos de chicos malos no nos van a detener, pero eso sí, son tan molestos como un grano en el culo. Hay que concederles eso.      -Pero el chico está bien, ¿no? Quiero decir... El que cayó con el mástil. -dijo Hades, intentando sonar despreocupado. Sobra decir que no lo logró.  Desde que se había mencionado a Nico, él estaba más pálido de lo normal. Dos de sus hijos, una que no debería estar viva y otro que se supone tampoco debería estar vivo, ya habían salido en la lectura. Bueno, no estaba seguro seguro de que fuera Nico di Angelo, pero, ¿cuántos semidioses llamados Nico podría haber? Ok, podría haber algunos, pero él estaba seguro de que ese Nico era su hijo. Bueno, un 96% seguro. Se preguntó dónde estaría Bianca. En la introducción no habían mencionado a ninguna Bianca. Tal vez se hallara en el campamento... Aunque lo dudaba.      -¿Nico? -preguntó Leo- el que acaba de caer con el mástil.      -Uh, si, él. -de nuevo, su intento de parecer indiferente fue un fiasco.      -Él murió. Lástima, era un gran chico... -le tomó el pelo a Hades, al ver lo preocupado que estaba. Él se puso todavía más pálido, si era posible.      -¡Leo!      -Vale, vale, reina de la belleza. Sólo bromeaba. ¡Auch! ¡Ese era mi brazo! Bueno, si. Lo merecía. No se preocupe señor Hades. Nico tiene una cabeza dura. Está bien. Hades fulminó con la mirada a Leo, pero le dedicó algo así como una sonrisa. (Era más bien una mueca, pero la intención era lo que contaba, ¿no?)Se sentía aliviado. Su hijo estaba bien, de momento. Y esperaba que así siguiera. La roca, aproximadamente del tamaño de una camioneta se alejó entre la niebla como si tuviera asuntos más importantes que atender en otra parte.     -Claro, la roca tiene asuntos más urgentes que andar machacando barcos voladores de semidioses. -comentó divertido Apolo, que se había repuesto del ataque de la cierva asesina haciendo aparecer mágicamente unos tenis nuevos último modelo y haciendo crecer de nuevo su cabello. Se veía ardiente. Bueno, dah, era el dios del sol. (NA: ¿alguien recordó La Maldición del Titán, en la conversación de Percy y Thalia? xD)

     -Apolo      -¿Si, herma... Esto, Arty?      -Cállate      -Pero si tú amas el melodioso sonido de mi voz.      -¡He dicho!      -No es necesario sacar las garras, Arty. Calma a la fiera.Ella rodó los ojos, resignada a vivir entre un par de locos cofcofAroditayApolocofcof que parecían dispuestos a hacer su eterna existencia lo más fastidiosa posible.       -Hefesto, sigue leyendo -pidió suspirando.

-¡Nico!

Hazel se acercó a él con dificultad mientras Leo nivelaba la nave.

-Estoy bien -murmuró Nico, golpeando los pliegues de sus vaqueros. No, no lo estaba -pensó Hazel. En voz alta, dijo:      -Lo que no entiendo es por qué se ofrecía para vigilar si él debería estar en una camilla en la enfermería. Después de lo que pasó...      -¿Qué pasó? -exigió Hades, preocupado. Hazel se mordió el labio, pensando que había metido la pata. Miró a sus amigos, en busca de ayuda.      -Lo siento, pero no le podemos decir nada -sonrió en disculpa, Piper. Hazel la miró agradecida. Cuando Percy y Annabeth habían caído al tártaro ellas dos se habían vuelto muy unidas, ya que Annabeth era la mejor amiga de Piper, y Hazel era muy amiga de Percy. Además, necesitaban a otra chica con la que hablar. Quejarse de los chicos, comentar lo que les gustaría hacer de la guerra, sus comidas favoritas... Habían descubierto que tenían mucho en común.       -Bah -suspiró Hades- sólo quiero saber qué pasó con mi... Digo, con el muchacho. Los demás dioses lo miraron sospechosamente. Sólo Poseidón, que sabía de la vida clandestina que llevaban los hermanos di Angelo en el Casino Loto, miró comprensivamente a Hades.Después de que Zeus matara a María di Angelo, Poseidón había ido con su hermano, pues sabía lo mucho que amaba a María. Había encontrado a su hermano mayor totalmente destrozado. Él le había contado todo, y Poseidón había prometido guardar el secreto. Ahora no sabía bien cómo calmarlo. O de menos, consolarlo.      -Si Hefesto sigue leyendo, sabremos lo que pasa con esa Nicole -gruñó aburrido, hablando por primera vez desde que la lectura había comenzado, Dionisio. Los dioses lo miraron sorprendidos.      -¿Estás escuchando? -preguntó, consternada, Démeter. Dionisio se sonrojó un poco, por haber sido pillado.      -Nooooooo... Yo... Estoy leyendo... Ah... Mi revista de vinos.      -¿Y cómo se llamaba el mestizo que acaba de caer con el mástil? -preguntó con suspicacia, Atenea.      -Nicole -respondió inmediatamente Dionisio. Luego maldijo en voz baja, por haber sido pillado de nuevo. Atenea sonrió.      -Hefesto, sigue leyendo. Ella le ayudó a levantarse, y se dirigieron a proa tropezando. Hazel se puso ligeramente verde al recordar las maniobras de Leo para evitar las rocas. Volar casi no la mareaba, al menos no tanto como navegar. Pero a ver quién lograba no marearse en pleno ataque aéreo, con Leo de piloto. Dioses, ese chico maniobraba mucho. Aunque en parte lo agradecía. Así no acababa machacado el barco. Esta vez, Hazel se asomó con más cuidado.      -Creo que lo mejor sería no asomarse. -dijo preocupada, Hestia- aunque sea con cuidado.      -No se preocupe, señora Hestia, estoy bien. No me ocurrió nada -sonrió Hazel. Hestia asintió, suspirando. Ya sabía que la alocada vida de un semidiós era peligrosa, pero... Ella nunca había sido mestiza, así que no podía saberlo de primera mano.No podía simplemente no preocuparse. Era imposible.  Las nubes se apartaron lo justo para revelar la cima de la montaña situada debajo de ellos: una punta de lanza de roca negra que sobresalía de unas verdes pendientes cubiertas de musgo. De pie en la cumbre estaba un dios de la montaña.      -¿Se enfrentaron a los ourae? ¿En serio? Bueno, ustedes están locos -dijo Hermes con las cejas alzadas. Enfrentarse a un ourae, aunque fuera con un barco volador, era prácticamente un suicido. No entendía cómo era que lo mestizos seguían vivos.     -Que te digo, así es la alocada vida de un semidiós -se encogió de hombros Leo- enfrentar dioses de la montaña, hacer explotar cosas (sobre todo monumentos nacionales. A Percy le gusta destruir de esos) misiones imposibles, tal vez una guerra de bombones, comer galletas que nos dan ponis pez en medio del mar, vivir con un sátiro bélico, tener perros del infierno como mascotas...     -Eso es bastante alocado -estuvo de acuerdo, Hermes.     -Es que así es: "La alocada vida de un semidiós" -dijo  Piper, rodando los ojos.     -Exacto, reina de la belleza. Tú me entiendes.      -Leo, eres raro. -le dijo Jason.      -Me lo dices a menudo.Jason suspiró. Leo era... Un caso especial.      -Hefesto, siga leyendo.

(Un numina montanum como los había llamado Jason. O también conocido como ourae, en griego. Se llamaran como se llamasen, eran asquerosos)      -Estoy de acuerdo contigo, el mundo estaría mejor sin esas cosas -se quejó Piper.      -Estoy de acuerdo.      -Y yo.      -Yo igual. Esas cosas casi destrozan a mi bebe. Los malditos tienen buena puntería. Y nos odian.      -Leo, todo ser mitológico nos odia.      -Tienes un punto.      -Bueno, no todos -dijo pensativa Piper- los ponis juerguistas no nos odian. Y son seres mitológicos.      -La señorita O'Lary es simpática. No nos odia. -dijo Frank, recordando cuando la Señorita O'Lary los había ayudado cuando Polibotes los había atacado.      -Tyson. Él también es un ser mitológico. Es un amor -comentó Piper.      -Ella, la arpía. Ella es muy buena -dijo Hazel con cariño.       -Los ponis pez.      -Leo, se llaman hipocampos. -lo corrigió Piper      -Si, como sea. Ellos no nos odian.      -Los sátiros y los faunos. -agregó Jason.      -Seguramente Percy sabe de más seres mitológicos que son amistosos. Él ha tenido más misiones que todos nosotros juntos.      -Si, Percy sabría. A lo mejor hasta conoce a un gigante amistoso o así.      -Leo, no digas tonterías.      -¡Hey! Estamos hablando de Percy, ¿no? Ese tipo logra lo imposible. Yo digo que conoce un gigante amistoso.      -¿Quién es Percy? -preguntó Atenea.      -Su yerno -murmuró Leo. Frank le dio un codazo, pero por suerte ella no lo escuchó.      -Aún no podemos decirle -sonrió en disculpa Piper. Ella torció el gesto. Odiaba no enterarse. Los semidioses sonrieron, cómplices. Cuando Atenea se enterara de que Percy era el novio de su hija...  Como los otros que habían enfrentado, llevaba una sencilla túnica blanca sobre una piel áspera y oscura como el basalto. Piper torció el gesto.      -Me gustaría que llevarán más ropa, la verdad. Los demás asintieron en acuerdo. Se estremecieron al recordar que a veces, no les tapaba del todo y... ¡¡Pueeeeeeghhhhh!!      -¡Cambio de imagen! -chilló Afrodita.      -¡No! -gritaron todos los demás. Afrodita hizo pucheros y se cruzó de brazos.Hefesto sonrió discretamente. Su esposa se veía realmente adorable. Luego suspiro, recordando que ella prefería a Ares. Se sentía algo celoso, pero prefirió dejarla en paz. Después de todo, era un matrimonio arreglado, y ella no estaría a gusto con alguien que en realidad no amaba. Por un momento, había pensado que en realidad sí le gustaba... Había sido tan dulce y amable... Aunque puede que sólo fuera cortesía.Suspiró de nuevo y bajó la vista al libro, para seguir leyendo.

Medía unos seis metros de altura y era muy musculoso con la barba blanca suelta al viento, el cabello despeinado y una mirada demente, como un ermitaño loco.      -Hazel, ¿has conocido a algún ermitaño loco? -preguntó con curiosidad Leo. Hazel miró a Frank, y los dos recordaron a un anciano ciego con pantuflas de conejo en albornoz corriendo de arriba a abajo, persiguiendo arpías.      -Bueno, no exactamente, pero algo parecido -dijo Frank- Fue en Portland, en nuestra misión con Percy para liberar a Tánatos. Ahí conocimos a Ella. Se llamaba Phineas. Percy lo engañó y lo mató.      -Oh... Ya...      -¿Conocieron a Phineas? -frunció el ceño, Hades- ¿Phineas, el que tenía el don de la profecía?. ¡Pero si él está muerto!      -Sorpresa sorpresa -rodó los ojos Leo- Gaia abrió las puertas de la muerte y chicos malos de la antigüedad salieron. Ya sabe, Medea, Minos, Phineas... Blah blah blah.      -Supongo que ya liberaron a Tánatos.      -Sip. Frank y Hazel junto con Percy se encargaron de eso.      -¿Y ahora están en Grecia?      -Ajá.      -Y cómo...      -Hades, deja que Hefesto siga leyendo. Te enterarás tarde o temprano -gruñó hastiada, Hera.Hades la miró mal, pero cerró la boca. Gritó algo que Hazel no entendió, pero claramente no era una bienvenida.      -¿Cuándo los monstruos nos han dado una bienvenida?        -Leo, cállate.      -Pero Pipes, sería gracioso que un monstruo nos saludara y dijera: "oh, miren, semidioses. ¡Pasen a mi guarida, vamos a tomar té y galletas, bienvenidos!       -No creo que suceda alguna vez.      -Apuesto a que a Percy ya le sucedió.      -Yo digo que no. Los monstruos siempre quieren matar a Percy.      -Oh, ¿quieres apostar, chispitas?      -Vale, cinco dracmas.      -Trato hecho. Cuando llegue le preguntaremos. Jason y Leo se tomaron de la mano y la sacudieron un poco, cerrando el trato. Piper y Hazel, rodaron los ojos. Artemisa gruñó: hombres.Los demás dioses estaban intrigados. ¿Quién sería ese tal Percy, del que tanto hablaban? Bueno, gracias a la introducción sabían que Percy era el mestizo que había caído al tártaro, pero no sabían nada más de él. Por lo que los semidioses decían, debía ser poderoso, y mucho. Zeus ya se regodeaba internamente, pensando que sería su hijo, un semidiós tan fuerte y poderoso. Ja, estúpido. **Levantó con las manos otro pedazo de roca de su montaña y empezó a darle forma de bola.**La escena desapareció entre la niebla, pero cuando el dios de la montaña volvió a gritar, otros numina le contestaron a lo lejos, y sus voces resonaron a través de los valles.      -Así que hay más de uno -suspiró Hestia- ustedes contra un montón de dioses rocas. ¿Por qué su vida es así?      -No lo sabemos -se encogieron de hombros los mestizos- ¿El destino? ¿Las Parcas?       -Es la alocada vida del semidiós, ¿recuerdan?      -La alocada vida del semidiós apesta.      -Estoy de acuerdo chispitas, estoy de acuerdo.

-¡Estúpidos dioses de las rocas! -gritó Leo desde el timón- ¡Es la tercera vez que tengo que reparar el mástil! ¿Creen que crecen en los árboles! Artemisa frunció el entrecejo.      -Los mástiles son de los árboles. Nico frunció el entrecejo.

-Los mástiles son de los árboles.      -¡Arty, piensas como un chico! -se escandalizó Apolo. Artemisa, como respuesta, le lanzó una flecha.      -Vale, entendí. A Arty no le gusta que le digan que piensa como chico. Esta vez, recibió tres flechas seguidas a los lados de la cabeza.      -La próxima no la cuentas -le gruñó.

-¡Esa no es la cuestión!

Leo levantó uno de los controles confeccionado a partir de un mando de Nintendo Wii, y lo giró.      -Leo, ¿por qué los controles son mandos de Nintendo? Nunca lo he entendido. -preguntó con el ceño fruncido, Jason.      -¿Y por qué no? -se encogió de hombros- la verdad no lo sé. Sólo ahí estaban y pensé: eso se verá genial en la nave.      -¿Y de dónde sacaste los mandos? -preguntó esta vez, Frank. Leo sonrío maliciosamente.      -Uno tiene sus contactos, Zhang.      -Se refiere a la cabaña de Hermes -le susurró Piper a Frank.      -¡Reina de la belleza! ¡Eso era información confidencial!      -Pero si todo el mundo consigue cosas de la cabaña de Hermes. Es como nuestro mercado ilegal. Hermes sonrió, orgulloso.      -Da igual. Era nuestro secreto. ¡Me has traicionado!  Leo puso el dorso de su mano en su frente y se dejó caer dramáticamente.      -Exagerado -bufó Piper, y le pasó un brazo por los hombros. Leo le sonrió y Jason también se acercó a abrazar por los hombros a Leo. Una trampilla se abrió en la cubierta a escasa distancia y de ella salió un cañón de bronce celestial.      -Uh, cañones, esto se pondrá bueno. -se relamió, Ares. Leo sonrió. El sistema de defensa de su barco era increíble. Ares se iba a quedar alucinado. 

A Hazel le dio el tiempo justo de taparse los oídos antes de que disparara al cielo una docena de esferas metálicas      -No está mal. seguidas de un reguero de fuego verde.      -Hum... Fuego griego. ¡Genial!

A las esferas les salieron pinchos en el aire, como hélices de un helicóptero y se alejaron en la niebla dando vueltas.      -Chico, ¡tus armas son increíbles! A Ares le brillaban los ojos, sediento de sangre.Leo sonrió, complacido.Frank se preguntaba si aquel tipo loco en serio era su padre. Tendría que pedir un análisis de ADN... pero luego recordó que los dioses no tenían ADN.

Un momento más tarde, una serie de explosiones crepitaron a través de las montañas, seguidas del rugido de indignación de los dioses de las montañas.      -¡Ja, tomen esa! -gritó Hermes.      -Hermes, estás hablando con un libro -se mofó, Démeter. Hermes se sonrojó.      -Ya sabía.

-¡Ja! -gritó Leo.

**Lamentablemente, dedujo Hazel a juzgar por sus dos últimos enfrentamientos, el arma más reciente de Leo no había hecho más que molestar a los numina.**Leo bufó.     -Estúpidos dioses de la montaña. Nada los toca ¡nada! Probé de todo: fuego griego, pinchos, metal, bronce celestial... Demonios, ¡hasta una pantufla!      -¿Una pantufla? -preguntó Frank- ¿Era amarilla con un oso en el centro?      -Uh... Si, creo que si.      -¡Valdez! ¡Era mía! Frank hizo amagos de estrangular a Leo, pero este, previendo el peligro, huyó y se ocultó detrás de Jason.      -¡Ayuda! ¡Va a matarme! Los demás estaban demasiado ocupados riéndose.Cuando Frank se calmó un poco (después de lanzarle un zapato a la cabeza de Leo) y se sentó de nuevo, Hazel miró curiosa a Leo.      -¿Por qué una pantufla? Leo se encogió de hombros, mirando discretamente a Frank, que lo fulminaba con la mirada.      -Bueno, de hecho tenía que ser una sandalia. La abuela Valdez decía que a los niños se les corregía a chanclazos… así que… pues bueno, no sé. Estaba desesperado. La abuela Valdez solía tener razón…      -¿Creías que los dioses de las montañas nos iban a dejar si tú les lanzabas una pantufla? -preguntó con incredulidad Piper.      -¿Si? Bueno, tenía que hacer el intento.      -Pero era MI pantufla, Valdez -gruñó Frank- ¿no crees que deberías haber preguntado antes de tirárselas? ¡Estuve buscando como loco!      -Tal vez -Leo se encogió de hombros- pero era tu pantufla o las sandalias de Percy. Siendo sinceros amigo, Percy me da más miedo. Y vamos, ¡te hice un favor! Eran unas pantuflas horribles. Frank estaba rojo, no sabía si de vergüenza o de enojo, pero en realidad, esas pantuflas sí que eran horribles. Tal vez luego se lo agradecería... no, no, no. No le iba a agradecer a Valdez. Dioses, si al chico le gustaba tirar su ropa por la borda. No señor, no le daría las gracias.Otra piedra suelta pasó silbando por los aires por el costado de estribor.****-¡Sácanos de aquí! -gritó Nico.     -Estoy de acuerdo con él -asintió Hestia- mejor váyanse de ahí.Leo murmuró unos comentarios poco halagadores sobre los numina,     -Dudo que alguien pueda decir algo halagador de los numina. Hazel se acercó por detrás a Leo y le pegó un buen zape.      -¡Auch! -Leo miró sorprendido a Hazel- ¿Eso por qué fue?      -Debería lavarte la boca con jabón -aseguró ella- esos comentarios que dijiste sobre los numina... no eran apropiados. -añadió algo sonrojada. Esa noche Leo había dado gala de su florido vocabulario. Y Hazel había aprendido un par de maldiciones bastante buenas... oh, no. Debía de dejar de juntarse con Leo.pero giró el timón. Los motores zumbaron. Las jarcias mágicas se tensaron, chasqueando, y el barco viró a babor. El Argo II...     -¿Así se llama su barco? -preguntó Hera. Su héroe favorito había viajado en ese barco. Tal vez ella había mandado la misión...      -Así es -infló el pecho orgulloso, Leo. Todos sonrieron. Después de todo ese tiempo, consideraban el Argo II como un hogar. Era... Como su guarida en esa guerra sin cuartel. Todos se sentían muy apegados a él, en especial Leo. Había llevado mucho tiempo haciendo su barco, junto con sus hermanos de cabaña, Piper, Jason y Annabeth. Ése había sido su sueño desde pequeño. Para Leo, ese barco, el Argo II representaba su sueño cumplido. Representaba que nada era imposible, mucho menos para él.      -El Argo II, en honor a nuestro chispitas -Leo le sonrió socarronamente a Jason, que tenía las mejillas de un ligero tono escarlata. Hera miró a Jason detenidamente. Hasta el momento no se había fijado demasiado en él. Pero era una casualidad muy grande que ese chico se llamara como su héroe favorito. De momento, lo dejó pasar. Podía ser eso. Sólo una casualidad. ganó velocidad y se retiró hacia el noroeste, como habían estado haciendo durante los dos últimos días.      -¿Llevaban dos días intentando cruzar unas montañas? -preguntó con el ceño fruncido, Démeter- ¿En un barco volador? Con armas... Bueno, sinceramente si son alucinantes. ¿Cómo es que no lo lograron? Leo hizo pucheros.      -Pues no sólo teníamos que lidiar con los dioses de las montañas. También con ventis, grifos, algunos pegasos locos en busca de enchiladas...      -¿Pegasos locos en busca de enchiladas? -preguntó Artemisa con los ojos entrecerrados. De seguro era una broma del crío.      -Oh si -Leo asintió- les gustaba pisar las enchiladas del entrenador. No se. Los monstruos son raros.      -No más que tú, Leo -bromeó Piper. Él la miró, sarcástico.     -Cómo se ve que me amas. Jason miró mal a Leo y abrazó a Piper posesivamente. Ella sólo rió, junto con Leo, Frank y Hazel.      -Vamos, no te enceles Superman. Ella no podría con una belleza como yo. -Leo se apartó los rizos de la cara, con aire falsamente presuntuoso.Jason bufó y los dos se sonrieron.Hazel no se tranquilizó hasta que se alejaron de las montañas.     -Ni tú ni nadie, señorita detector de metales. Hazel y Frank fulminaron con la mirada a Leo.      -No me llames así.      -Oye... Todo el mundo tiene apodos menos tú... ¡Tengo que conseguirte uno! -exclamó Leo. Hazel y Frank lo volvieron a fulminar con la mirada.      -Yo no tengo apodo. -dijo Frank con el ceño fruncido. Leo abrió mucho los ojos.      -¿Ah, no? Veamos... -Leo empezó a enumerar con los dedos- Chispitas, Reina de la belleza, Acuaman (Sesos de algas, para la listilla) la Listilla... Aunque el único que la llama así es Percy, porque si no... O ella me clava su cuchillo o él me envía con los tiburones... Yo... Bueno, yo soy el Capitán Supremo... ¡Es cierto! -termina Leo- ¡No tienen apodo! Frank se arrepintió de haber mencionado que no tenía apodo, porque Leo empezó a parlotear sin parar, siendo apoyado por Apolo y Hermes, para escoger apodos (debía agregar que de lo más ridículos) Iban desde Señor iguana (los semidioses se echaron a reír al recordar cuando Frank se había convertido en iguana para salir de las trampas chinas. Los dioses no entendían nada), Bruce Lee (Frank se sintió ofendido, ya que ni siquiera sabía artes marciales), Capitán Nemo (¡Recórcholis! ¿Nunca iban a olvidar que se había convertido en una carpa de colores? Igual, Nemo no era ninguna carpa de colores. ¡Dios, Nemo era un pez payaso! Además, apostaba a que Leo nunca en su vida había leído veinte mil leguas de viaje submarino), Goliat (Frank no tenía nada que decir acerca de eso) y muchos otros más... Hasta que Afrodita intervino.       -Ninguno de los dos tiene apodo, ¿cierto? Leo, Apolo y Hermes negaron.       -¡Qué sean Frazel! Todos la miraron con el ceño fruncido ¿Frazel? ¿Qué clase de apodo era ese?      -Ya saben... Frank... Hazel... ¡Frazel! Oh, sí. Suena taaaaan lindo. Piper, sin querer, sonrió emocionada y empezó a charlar sobre los nombres de las parejas. Jason la miró consternado. Ella se encogió de hombros, culpando a su Afrodita interior.      -Ya está bien. Dejen su plática para luego, y cuando estén solas. No quiero escuchar nada de eso ahora. Hefesto, sigue leyendo -interrumpió Zeus con voz brusca. Afrodita, Hefesto, Hestia, Piper y Poseidón fruncieron los labios y el ceño. No debería hablar así, pensaron. Por muy rey de los dioses que sea debería tener algo de respeto.Poseidón se dijo a sí mismo que luego hablaría con su hermano.

**La niebla se despejó. Debajo de ellos, la luz del sol de la mañana iluminaba la campiña italiana: colinas verdes y onduladas y campos dorados que no se diferenciaban mucho de los del norte de California.**Démeter suspiró. Ella adoraba esos campos. Pero para un semidiós (del campamento mestizo, claro) sería peligroso estar en el norte de Calofifornia, más precisamente en San Francisco. A parte del monte Tamalpais, en donde se encontraba Atlas con su carga del cielo, reemplazo del monte Orthis, se encontraba el campamento romano.Había deducido que eran griegos, puesto que al parecer eran muy unidos, y los romanos no mostraban tal confianza. Se preguntaba por qué la chica, Hazel, pensaría en los campos de California. Puede que viviera ahí. Ojalá, no en San Francisco. Esos semidioses comenzaban a caerle bien.Igual, esos campos eran preciosos. Y plantaban muchos cereales.Hazel casi podía imaginarse que estaba regresando a su hogar en el Campamento Júpiter.      -¡¡ERES ROMANA!! -rugió Atena, mirando con dagas a Hazel, apenas Hefesto terminó de decir Júpiter- ¡¡LOS ROMANOS DEBEN MORIR!! Su silueta empezó a parpadear, entre Minerva y Atenea. Las dos se veían furiosas.Hazel tragó saliva, y Frank se puso delante de ella protectoramente. Su mirada claramente decía: a ella no le tocas un solo pelo.Los semidioses se pusieron en pie y rodearon a Hazel, en aire defensor, con miradas asesinas.Jason echaba pequeñas chispas por los cabellos, listo para lanzar un rayo en dirección a la diosa apenas ella diera un paso o movimiento brusco intentando dañar a Hazel.Piper agarraba con fuerza la Cornucopia, que apareció mágicamente en su espalda, lista para ordenarle a la diosa que diera marcha atrás con su embrujahabla. O en todo caso, a lanzarle cocos.Leo, junto con Frank estaban un poco más atrás de ellos, al lado de Hazel, que también se había puesto de pie. A él empezaba a salirle humo de las orejas, y algunas llamitas en sus pantalones, que apagaba rápidamente. De su cinturón había sacado un martillo, preparado para ser el lanzallamas humano, en caso de que hubiera más peligro.Frank enseñaba los dientes, casi a punto de convertirse en un oso Pardo, con una mano protectora en el hombro de Hazel.Ella no se iba a quedar como damisela en apuros, y tenía las manos un tanto alzadas, esperando el momento, para controlar la enorme cantidad de oro y joyas que se hallaban en la sala. No sería demasiado difícil controlar el trono de Apolo (completamente hecho de oro imperial) y lanzárselo a Atenea, o las incrustaciones de rubíes del trono de su padre, en los apoyabrazos. Atenea se preparó para atacar, apenas consciente de que la superaban en número y fuerza, cegada por la ira.Los dioses apretaban los puños en sus tronos, tratando de controlar la esquizofrenia grecorromana, unos mirando a Atenea con aire suplicante, pidiéndole que se detuviera. Hades apretaba los dientes, tratando de llegar a la diosa de la sabiduría, titilando entre sus formas griegas y romanas. No permitiría que lastimaran a su hija. No de nuevo. Atenea lanzó un grito de guerra, mientras los mestizos se tensaban, a punto de lanzar su primer ataque, cuando una luz blanca apareció, deslumbrándolos.Todos miraron al centro de la sala, los dioses recuperando su apariencia griega, Atenea con la mirada menos maquiavélica y los semidioses estupefactos.La luz se hizo menos intensa, pero no desapareció. De ella salió una voz potente, de mujer. Leo pensó que era como se imaginaba la voz de Ágatha Tronchatoro, la horrible directora que era la mala en Matilda, de Roald Dahl, un cuento que a veces su madre solía leerle cuando pequeño. Apretó los dientes, listo también para lanzar un par de llamas candentes a la luz si fuera necesario, con una mano en el astrolabio, apretándolo con fuerza.      -Atenea -tronó la voz, como si fueran tres las que hablaran al mismo tiempo- no se te está permitido dañar a estos semidioses. Ni a ellos ni a los que aparecerán próximamente. Te sugerimos que te controles, porque de lo contrario conocerás el poder de las Parcas. Hazel Levesque, Frank Zhang y Jason Grace son romanos. Ellos, junto con otros que aparecerán, también lo son. De ellos depende el destino del Olimpo, por lo tanto, está en sus manos tu sobrevivencia y la de tus dominios, Diosa de la Sabiduría. En el futuro tomarás malas desiciones, no creas que eso no afectará a tus hijos. Sufrirán, vivirán sus mayores temores para salvarte, a ti, al Olimpo, y a los campamentos semidioses. Estás advertida. Cualquier intento de daño hacia ellos será sancionado severamente. Los demás dioses también deben acatar esta petición. No aceptaremos ninguna agresión. Ningún desliz. Decidimos traer este libro para ayudar, para darles una segunda oportunidad. No habrá una tercera. No nos fallen. Y así, la bola de luz blanca desapareció, dejando un rastro de niebla que desapareció poco a poco.Atenea estaba más tranquila, pero algo shockeada. Se sentía como una niña regañada, después de haber hecho una travesura. Con el ceño fruncido y las mejillas algo coloradas, se sentó en su trono sin hacer ruido.Todos volvieron a sentarse en sus lugares, un tanto tensos. Los semidioses aún tenían ese aire defensivo, y los dioses no se relajaban del todo.Frank miraba con los ojos entrecerrados a la diosa de la sabiduría. Había aprendido a respetar a Annabeth, a ser su amigo. La apreciaba mucho, y le había enseñado que no es necesario ser tan complicado, cuando puedes buscar un camino fácil.Pero eso no quitaba que fuera romano, y que considerara a Minerva como una diosa de las artes, no una guerrera. Él no permitiría que dañara a Hazel. O a cualquiera de sus amigos. Incluso a Valdez.Respiró hondo y se dijo que mantendría un ojo sobre la diosa. Hefesto siguió leyendo.

La idea le produjo pesar. El Campamento Júpiter sólo había sido su hogar durante nueve meses, desde que Nico la había sacado del Inframundo.     -Doncella... Hum... No sé si sea indiscreto lo que voy a preguntarte -dijo Artemisa- pero, ¿por qué estabas en el Inframundo? ¿Acaso tú estás...?      -Bueno yo... La verdad es que... Yo... -Hazel tartamudeaba, dando entender a Artemisa que sí. Frank tomó su mano y le sonrió.      -No lo creo Artemisa -cortó a Hazel, Démeter- de seguro Hades la raptó. Es un secuestra hijas. Démeter fulminó a Hades con la mirada, y este rodó los ojos.      -Volvemos a lo mismo.      -No tenías que secuestrarla. Si me la devolvieras y no la obligaras a vivir en ese horrible lugar...      -Eso ocurrió hace miles de años, Démeter ¡miles de años! Ella escogió quedarse ahí.      -¡No es verdad! De seguro la hechizaste con alguna de tus frutas raras... Y ahora ella vive encerrada en alguna torre de tu castillo... Pobre de mi niña. Mi pobre Perséfone.      -Pues ella no se ha quejado.      -¿Qué le has hecho a mi hija, pervertido?       -Nada que ella no quisiera. Démeter se escandalizó, junto con Hazel, Hestia, Frank... Mientras los demás, se hallaban muertos de la risa, por la discusión de Démeter y Hades, y la cara que tenía Démeter.Hefesto, para que Démeter no se pusiera a convertir en cereal a Hades, comenzó a leer se nuevo.

Y, sin embargo, añoraba el campamento más que Nueva Orleans, su lugar de nacimiento, y desde luego más que Alaska, donde había muerto en 1942. Todos se quedaron en silencio. Hazel temblaba, recordado su muerte en Alaska. Sostuvo fuertemente la mano de Frank, rezando para no desmallarse y tener algún flashback de su pasado, pero sosteniendo la mano de Frank, sentía que no podía pasarle nada.Hades intentaba no mirar fijamente a su hija. Así que Nico la había sacado. Eso significaba que ese Nico era su hijo. O puede que no. Varios héroes habían intentado sacar personas del Inframundo. Puede que Nico sólo fuese un héroe hijo de alguno de sus hermanos, que se hubiera encontrado a Hazel y se hubiera enamorado perdidamente... Pero no lo creía. Su hija estaba en ese momento siendo consolada por ese tal Zhang (al que no le quitaba la vista de encima) y se veía que eran unidos. Además, en el libro no había mencionado nada del lío amoroso de Afrodita. Tal vez sólo eran hermanos y ya. Tal vez ese era su Nico. O eso deseaba. Ya seguiría oyendo la lectura. Seguro se enteraría.Hazel miraba azorada a los dioses. No sabía exactamente cómo reaccionarían, pero esperaba que no decidieran que como estaba muerta, debía volver al Inframundo. Oh, eso apestaría. Sí que lo haría.      -Entonces... -dijo Hermes- ¿qué se siente morir?  Los dioses lo miraron incrédulos. Incluso los semidioses (menos Hazel) lo miraron un tanto indignados.      -¿Qué? -preguntó, mirándolos a todos- soy un dios inmortal que nunca va a morir. Sólo quiero saber. Además, ¿cuántas veces vas a tener la oportunidad de preguntarle a alguien qué se sintió morir?  Los dioses se lo pensaron, y algunos la miraron con curiosidad. Los semidioses miraron a Hazel.      -Bueno... -comenzó ella- es como... Si de pronto flotaras. Lo sientes absolutamente todo y a la ves... Nada. Como si de pronto... Tuvieras súper sentidos y luego te quedarás sin ellos... Es... Raro. A lo mejor morir se siente diferente para cada quién o no sé. La verdad no lo recuerdo del todo bien -se encogió de hombros- siento como si hubiera pasado hace mucho tiempo.      -Técnicamente podrías haber muerto hace poco -razonó Démeter- la guerra terminó oficialmente hace dos semanas. Y este año es 1942. Tal vez podrías verte. ¿No sabes qué mes...? Hazel estaba ligeramente verde. ¿Verse a sí misma? ¿Podría evitar su muerte? ¿La de su madre? La cabeza le daba vueltas.     -Yo... Morí antes de que la guerra terminara. -dijo al fin- o eso creo. No estaba muy pendiente de las noticias, la verdad. O tal vez no... Démeter abrió la boca para decir algo cuando Artemisa la detuvo.      -Creo que estás liando a la doncella, Démeter. Será mejor que lo dejemos así.Démeter asintió, y Hazel le dio una sonrisa agradecida a Artemisa. La cual, Artemisa correspondió. Puede que odiara a los hombres, pero no era huraña todo el rato con todas las personas.Hefesto siguió leyendo. Añoraba su litera en los barracones de la Quinta Chorte. Añoraba las cenas en el comedor mientras los espíritus del viento se llevaban los platos a toda velocidad y los legionarios bromeaban sobre los juegos de guerra.     -Bueno, si hay que concederles algo a los romanos es que saben comer -asintió Leo- y hablando de comida...      -Leo, acabamos de cenar -le recriminó Piper- no puede ser que tengas hambre. Él se encogió de hombros.      -Con unos foznies estaría contento. Hazel frunció el ceño.      -Leo, esas cosas algún día te van a matar. Morirás gordo. Leo se lo pensó un poco, y luego sonrió.      -Bueno, no lo creo. Percy está de acuerdo conmigo en que son la mejor comida del mundo (después de las galletas azules), y no veo que ninguno de los dos esté "gordo" -hizo las comillas con los dedos- además, Percy lleva media vida suya comiendo esas galletas azules y según las chicas del campamento mestizo, él "tiene un cuerpo para morirse". Si la clave para tener "un cuerpo para morirse" es comer comida chatarra ¡yo me apunto! Piper y Hazel se sonrojaron. La verdad era que Percy SI tenía un cuerpo para morirse. Piper lo había visto volver de misiones al Argo II casi sin camisa, y la verdad... Se veía sexy. No iba a decir nada porque tenía novio y porque Percy era el novio de su mejor amiga. No sentía absolutamente nada por él más que amistad pero... Percy era sexy. Podría amar mucho a Jason, pero seguía siendo hija de Afrodita y seguía teniendo ojos en la cara. Hazel, la primera vez que había visto a Percy había pensado que era un dios. Y si, Percy era guapo. (Muy, muy guapo), pero era como un hermano mayor para ella. Claro, eso no quitaba que tuviera ojos, y hubiera visto a Percy entrenar. Uhhhh... Si. La verdad Percy no tenía nada que envidiar.Hazel se sonrojó todavía más. Se dijo a sí misma que tener un hermano súper guapo no era malo.       -Hum... Si tú lo dices -dijo una indecisa y colorada Piper. Leo sonrió pícaramente y sacó unos foznies de su cinturón porta herramientas.     -Bueno, siga leyendo, Hefesto. Afrodita sonrió veladamente, pensando que conocer a ese tal Percy sería interesante.Quería pasear por las calles de Nueva Roma tomada de la mano de Frank Zhang.     -Owwwwww -suspiró Afrodita- qué lindos. Hazel y Frank se sonrojaron. Frank tomó la mano de Hazel y la apretó un poco, dándole a entender que estaba con ella.       -Yo también quiero pasear contigo. Hazel prácticamente se derritió. Amaba que Frank fuera tan tierno.Afrodita en su trono tenía los ojos en forma de corazón y una sonrisa enorme en la cara. Ella realmente AMABA las nuevas parejas. Eran tan... Tan... Uau. Muy muy... Uau.Suspiró encantada y animó con un gesto a Hefesto para que siguiera leyendo.**Quería experimentar por una vez lo que era ser una chica normal, con un novio dulce y cariñoso.**Los mestizos hicieron una mueca. A todos ellos les gustaría llevar una vida normal, sin monstruos ni locas diosas que quisieran dominar el mundo. Sin el tiempo encima, colgando sobre sus cabezas para salvar a la humanidad.Suspiraron, pensando que aunque sería la cosa más malditamente genial del universo, no se podía. Y que seguían teniendo que salvar al mundo. No sólo por los dioses o la humanidad, si no también por ellos. Esa cara de tierra les debía demasiado. Debía la muerte de la madre de Leo. Debía el secuestro del padre de Piper. Debía el sacrificio de la abuela de Frank. Debía la muerte de Hazel. Debía la caída de Percy y Annabeth al tártaro. Debía mil y un cosas más. Y ellos querían que pagara.Querían que las futuras generaciones de semidioses vivieran en paz, sin Gaia. Sin guerras. Querían que todo aquello acabara para volver a casa. Los dioses se miraron entre sí, al ver las miradas de los mestizos, pensando que querían ayudarlos. Querían que ellos vivieran vidas normales, y se sentían culpables, pese a que no sabían de quién eran hijos, pero sabían que eran mestizos. Ellos les habían dado eso. Porque eran descendencia divina. Y tenían la sangre de un dios en sus venas. Y eso sólo podía significar una cosa: problemas.Hefesto siguió con la lectura, rezando porque ninguno de esos chicos fuera un hijo suyo. No quería que ningún hijo suyo tuviera que vivir esa vida. Pero sobre todo, quería sentirse segura. Estaba cansada de tener miedo y estar inquieta todo el tiempo.      -Oh, mi niña -suspiró Hestia. Tenía ganas de ir y abrazar a todos los mestizos. Aquellos niños tan simpáticos no merecían tener en sus hombros la carga de salvar el mundo. Aquella niña tendría unos... ¿Trece? Era demasiado pequeña. Demasiado como para preocuparse por salvar a la humanidad o así. Ella debería preocuparse por las notas o por pasar las tardes con sus amigos.Suspiró y caminó un tanto indecisa hacia los mestizos, en forma de niña. Los mestizos le sonrieron y aceptaron el abrazo, todos juntos en una piña.Hefesto sonrió, un tanto enternecido y continuó con la lectura, después de que todos se sentaran de nuevo.

Se quedó en el alcázar mientras Nico se sacaba las astillas del mástil de los brazos y Leo pulsaba botones en la consola del barco.      -Nunca he sabido qué botón hace qué -murmuró pensativo Jason.      -Yo tampoco -le susurró devuelta Piper.      -Leo debe tener muy buena memoria para no equivocarse -susurró Hazel, oyendo la plática.      -Pero si Leo tiene el peor caso de THDA que he visto. Es imposible que se sepa todos los botones y lo que hacen -susurró Frank. Los cuatro semidioses miraron a Leo, que estaba distraído, jugueteando con unos tornillos y engranajes en las manos.Fruncieron el ceño, pensando en preguntarle luego.

-Bueno, eso fue fantástico -dijo Leo- ¿despierto a los demás?      -Leo, no sé cuál es tu definición de fantástico pero estoy segura que no es la misma que la mía -frunció los labios Hazel      -Creo que es la misma que la de Percy -dijo con un mohín pensativo, Piper- alguna vez dijo algo parecido...      -Es que Leo y Percy están igual de locos -razonó Jason.      -¡Hey!       -Leo, tú sabes que es verdad.      -Uh...Tal vez, tal vez. Leo no iba a aceptarlo, pero sí que estaba loco. Puede, incluso más que Percy. O... Bueno, tal vez no. Porque, ¿un chico que se avienta de cabeza al lugar más oscuro y tétrico del Inframundo sólo por la chica que ama? Ok, él haría lo mismo si se tratara de Calypso. Tal vez sí estuvieran igual de locos.Con aire pensativo, pensando en todas las locuras que había hecho en su vida, indicó a Hefesto que siguiera leyendo. Hazel estuvo tentada a contestarle que sí, pero los otros miembros de la tripulación habían cubierto el turno de la noche y se habían ganado un descanso.      -Debiste despertarnos -le recriminó suavemente Frank- podíamos haber ayudado...      -No, Frank -Hazel tomó su mano y la apretó cariñosamente- ustedes cubrieron la guardia de la noche. Debían descansar. Sabemos defendernos. Frank comenzó a protestar, pero Hazel lo cayó con un beso. Ambos se sonrojaron, pero Frank no protestó.Afrodita hacía esfuerzos titánicos para no gritar de emoción. Leo sonreía pícaramente.      -Oh, qué rápido crecen. -dijo él con voz maternal- recuerdo cuando Percy y Annabeth...      -¡¡LEO!! -gritaron todos- ¡No spoiles? Leo hizo un puchero y se cruzó de brazos.       -Vale, pero no hay que gritar. Estaban agotados de defender el barco. Al parecer, cada pocas horas un monstruo romano parecía decidir qué el Argo II parecía un estupendo manjar. Todos bufaron.      -Creo que el Argo debe tener forma de nugget o algo así. O una hamburguesa con queso. Debemos parecer muy deliciosos. Hazel frunció el ceño.      -¿Qué es un nugget? Leo alzó las cejas.      -Cierto, aún no te lo he explicado. Verás, mi querida discípula, un nugget de pollo es...      -Leo, se lo explicarás más tarde. Hay que seguir leyendo. -le dijo Piper. Leo le sacó la lengua, pero guardó silencio. Unas semanas antes, Hazel no habría creído une alguien pudiera dormir en pleno ataque de unos numina, pero en ese momento se imaginaba perfectamente a sus amigos roncando bajo cubierta. Los semidioses se sonrojaron. Hermes también se sonrojó, pensando que él sí roncaba. Pero los únicos que sabían eso eran George y Martha... Bueno, ellos y la videocámara de Apolo, que reía entre dientes en su trono. Cada vez que tenía oportunidad de dormir, dormía como si estuviese en coma.      -En especial Percy. Él duerme como si no hubiera mañana -dijo pensativo Frank, recordando lo que costaba despertar al héroe del Olimpo.      -No sé cómo hace Annabeth para despertarlo -añadió Jason. Leo y Piper sonrieron entre ellos. Alguna vez habrían entrado al camarote de Percy y se habían encontrado a los dos durmiendo juntos.      -Créanme -sonrió Piper- es muy efectivo.      -Pero...      -Hefesto, siga leyendo.

-Necesitan descansar -dijo- Tendremos que encontrar una solución nosotros solos.

-Huh

Leo le frunció el ceño al monitor.      -¿Qué te ha hecho el pobre monitor?      -Apolo, cierra el pico.      -¡Pero Arty! ¡El monitor no ha hecho nada!      -Ugh. Eres imposible.      -Y tu insufrible.      -Y tu...      -¡Basta! ¡Me está dando migraña! -refunfuñó Hera- ¡y las diosas no tienen migraña!(N.A: ¿conversación Percy/Annabeth en El Ladrón del rayo...? :3) Con su camisa de trabajo hecha jirones y sus vaqueros salpicados de grasa, parecía que hubiera perdido un combate de lucha libre contra una locomotora.      -En todo caso, yo habría ganado. La locomotora no tendría oportunidad. Nada puede con Leo el magnífico.      -Si tú lo dices... Desde que sus amigos Percy y Annabeth habían caído al Tártaro,      -Así que es verdad -dijo con voz sombría Hestia- dos chicos cayeron al Tártaro. Los semidioses bajaron la mirada, apenados. Puede que Percy y Annaebth hubieran salido ya de ese horrible lugar, pero eso no quitaba lo que habían vivido, y que no pudieron hacer nada para ayudarlos. Se sentían culpables. Es especial Leo.Pensaba que si no hubiera abierto esa galleta que le dio Némesis no hubieran caído. Pero probablemente tampoco estuvieran vivos Frank y Hazel.Uf, ¿la vida tenía que ser siempre así de complicada?¿Estaría siempre destinado a ser el que metía la pata? (Oh, pero no sólo metía la pata. La metía espectacularmente, y hasta el fondo) Suspiró y pensó, junto con todos los demás, que desearían que Percy y Annabeth estuvieran ahí. Dicho y hecho.La luz blanca segadora de las Parcas inundó la sala una tercera vez, y los semidioses sintieron crecer la esperanza de que fueran Percy y Annabeth. Pero no como esperaban. La luz se desvaneció y todos los presentes se quedaron con la boca abierta.


*Holaaaaaaaaa**Vale, sé que no es todo el capítulo, pero sentía que estaba tardando demasiado y me puse nerviosa.**Y además... Siento que fue un poco mucho. No lo sé, ¿se les hizo pesado? ¿Aburrido?**La verdad, no estaba del todo segura. Es decir... Siento que interrumpían cada tres palabras, pero me emocioné y... Tal vez haya sido mucho. Díganme, ¿quieren que sigan siendo así? (Si son así, puede que haga dos partes de cada capítulo) o no... Los puedo hacer sin menos comentarios y eso...En fin... Espero les haya gustado este primer capítulo de lectura :3 emoticon fangirleando uau, el primer capítulo de lectura. ¡El primer capítulo de lectura de este fic! Hay que saber una foto o algo.¿Ustedes creen que sean Percy y Annbeth los que acaban de llegar? (Obvio que si) pero a qué no adivinan cómo llegaron...**Oh, por si no me expliqué, los chicos vienen después de la Casa de Hades y antes de La sangre del Olimpo. Ya saben, cuando llegan a Ítaca y no saben qué hacer, y van a mandar a Piper a Annabeth y a Jason a que vayan de encubiertos... Por cierto, si no han leído La Sangre del Olimpo, les recomiendo no lean el fic, porque habrá muuuuuuchos spoilers.Bueno, también me gustaría dar gracias a las catorce personas (¡Catorce!) que comentaron el capítulo anterior :D (estoy tan emocionada) me alegra mucho que les gustara :3Sin más que decir...*Nos leemos!!!!!