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La Tercera Generación — capítulo 3

Habían pasado tres días desde el encuentro en la biblioteca y estaba híper nerviosa, me tocaban tres clases seguidas con Scorpius. Las piernas me temblaban mientras caminaba hacia pociones, era buena y con el profesor no me tenía que preocupar, pero este nos había puesto por parejas y a mí y a Scorpius nos había puesto juntos, me tendría que contener y no hacer ninguna de las locuras que se me pasaban por la mente. En ese momento en el que me dirigía acongojada hacía la clase de Pociones mi primo junto con Scorpius se acercaron a mí, automáticamente me puse recta y me hice la tranquila, cosa que sabía que no hacia bien ya que notaba como las orejas me ardían con fuerza como cada vez que me pongo nerviosa o me enfado. Para mi sorpresa el chico con el que me había quedado encerrada en la biblioteca estaba tan nervioso como yo y venía arrastrado por mi primo.

-Hola chicos-los salude con nerviosismo

-Rosie-dijo mi primo a modo de saludo

-Preparada para ser machacada en Pociones Weasley

-Eso ni lo sueñes Malfoy-solté, quedándome sorprendida con mi rapidez y la furia con la que las había dicho

-Tranquila rata de biblioteca, que no te he hecho nada, solo he dicho la verdad-dijo Scorpius con una sonrisa torcida

-No es mayor que la verdad de que te vi pasar una noche en la biblioteca-dije sacando el tema que me había pasado los últimos días evitando. Él también lo había evitado por lo que se puso nervioso y comenzó a temblar

-¡Rose!-gritó mi primo enfadado

-Déjala decirlo Al, es la verdad, pero también es verdad que esa misma noche me dijiste que te importo y dormiste entre mis brazos

No me lo podía creer, sabía que me había levantado rodeada por sus brazos, pero jamás pensé que lo diría en voz alta. Esto me hizo tropezar y pararme en seco. Mi primo me miró.

-¿Es eso cierto?-preguntó asustado de que entre su prima y su mejor amigo hubiera algo-Rose… respóndeme por favor, ¿es eso cierto?

-Lo es-dije mirando al suelo

-Decidme ambos que por la noche no pasó nada-dijo mi primo asustado

-¡No!-dije yo

-Sí-dijo sin embargo Scorpius

-Yo no recuerdo nada-dije confundida-ahora me vas a decir que pasó

-Pasó esto-dijo mientras se acercaba a mí.

Noté como sus labios se posaban sobre los míos y de repente me acordé de todo, del beso, de la conversación que habíamos tenido sobre si ser o no ser novios, decidiendo después de esta que sí y de repente aparecía ante mi vista un haz de luz azul, el cual sabía que correspondía con el hechizo Obliviate. Lo mire asustada

-Yo llevo enamorado de ti desde que te vi en el tren y desde aquello no he podido dejar de pensar en ti, de enamorarme cada día más y de darme cuenta de que eres perfecta, bonita, inteligente, avispada, valiente, divertida, estudiosa y muchísimas cosas más que son inexplicables con palabras, ya que estas solo entorpecen el hecho. Te lancé el hechizo Obliviate para mantenerte a salvo, pero estos días me he dado cuenta de que no merece la pena, prefiero que sepas lo que pasó y que si quieres odiarme por ello lo hagas, pero yo siempre te querré, eso quiero que lo sepas.

-No me creo que me hallas hecho olvidar el momento en el que por fin te digo lo que siento por ti y que ahora te crees la paranoia de que te voy a odiar por intentar mantenerme a salvo. De verdad Scorpius eres increíble.-finalicé la pequeña reprimenda con una sonrisa solo para él y que nadie más entendía

-Por cierto quiero que sepas que jamás sentí nada hacia ninguna de las chicas con las que me pudiste ver-aclaró Scorpius un poco asustado

-Entonces ¿hay algo entre vosotros?-preguntó Al quitándole toda la maga al momento

-Supongo, ¿no?-dije yo

-Si tú quieres, sí-dijo Scorpius mirándome

-Llevo tres años esperando esto, ¿cómo no voy a querer?-dije entusiasmada

-Pero no se puede enterar mi padre, ¿lo sabes?-dijo poniéndose serio

-Lo sé perfectamente, pero a mi madre si se lo voy a decir, si no lo hago se me quedará mirando raro cuando llegue a casa y no la podré mirar a los ojos-dije también más seria

Me dedicó una de esas sonrisas torcidas que solo él sabía poner y me dio la mano, nos encaminamos al aula de Pociones y allí nos sentamos juntos al final de la clase. Me sentía de maravilla.