La Tercera Generación — capítulo 4
Esa mañana desperté muy rara. El sueño que había tenido era extraño, esperaba que fuera un sueño premonitorio de esos de los que habla mi madre de vez en cuando. Decidí que bajaría la Gran Comedor a desayunar, de paso si veía a Scorpius hablaría un rato con él tenía dudas y no soporto tener una pregunta en la cabeza, menos me gusta cuando no tengo la respuesta.
Al pasar por la Sala Común alguien me paro y cuando me gire a punto de soltarle una reprimenda me paré de golpe, era Albus.
-Hola Al-dije sonriéndole
-¿Qué te pasa?-dijo mirándome, sabía que no le podía mentir a sí que le conté mi extraño sueño.
Cuando acabé de contarle mi relato se quedó mirándome
-¿Qué pasa, tengo monos en la cara?-le solté, un poco irritada
-Bueno que has dicho algo sobre algo que pasó en la biblioteca y me gustaría saber que pasó-dijo como si fuera lo más normal del mundo
-Bueno, hice un trato con Scor-Malfoy-dije, casi la cagaba-y le trato constaba de que podíamos hacernos todas las preguntas que quisiéramos y que las responderíamos con sinceridad-dije tranquila, para aquel entonces ya estábamos en el Gran Comedor
-No me gusta ese chico, se mete contigo-dijo Al con el ceño fruncido
-No me molesta y además estoy loca por él, ¿te acuerdas?-dije como si fuera lo más obvio del mundo
-Bueno, ya hablaremos en otro momento, tengo que hacer una cosa-dije escabulléndome de allí. Ababa de ver a Scorpius salir solo y decidí que era el momento de hablar.
Cuando me quise dar cuenta iba persiguiéndolo y habíamos llegado a la mazmorra de Slytherin. Decidí llamarlo de una vez por todas
-Scorpius-dije flojito, no pareció escucharme, lo dije más alto-Scorpius, Scorpius-añadí por tercera vez dándole un tirón de la túnica. Se asustó y me miró con cara de preocupación
-¿Qué haces aquí?-dijo preocupado, no cabía en mí de gozo, estaba preocupado por mí
-Tengo que hablar contigo-dije como si fuera lo más normal.
Miró detrás de mí y se asustó, me tomó de la mano, dijo algo a una serpiente y entramos en su Sala Común, que estaba vacía, tiró de mí hacía su habitación, cerró la puerta.
-¿Cómo se te ocurre? ¿Estás loca?-me preguntó una vez estuvimos solos
-Y a ti no se te ha ocurrido que el que sea del que hemos huido pueda venir hacia aquí-dije, sabía que no había caído en eso
-Te voy a sacar de aquí-dijo mirándome-, póntelo-dijo tirándome su túnica
-No, me niego-dije, no me iba a poner los colores de las serpientes
-Entonces te enfrentaras a toda mi Casa-dijo, por qué llevaba siempre razón
-Voy-dije y de mala gana me puse su túnica encima de la mía
-Ven, no te separes de mí-Dijo protector
Le di la mano y bajamos las escaleras de las habitaciones de chicos de Slytherin, iba con la capucha de la capa bien calada, pero veía perfectamente. Noté como se tensó y me puso de espalda a una de las paredes.
-Sígueme la corriente-dijo antes de abalanzarse sobre mí
El beso era increíble, apasionado y cariñoso a la vez, noté como algunas serpientes se quedaban mirándonos, me sentía rara allí, pero él me estaba besando, así que me deje llevar. Alguien se nos acercó.
-¿Te gustan las Gryffindors, Malfoy?-dijo
Nosotros no le echamos cuneta, seguimos besándonos cómo si la vida nos fuera en ello. Todos se aburrieron de nosotros y se marcharon, solo entonces nos separamos. Me miró y me dejé perder en esos ojos color mercurio, inconscientemente me mordí el labio inferior.
-Vámonos, Weasley-dijo, algo se rompió en mí interior, me había vuelto a llamar por mi apellido
-Vámonos
-Que conste, esto no cambia nada entre nosotros-dijo mirándome
-Sería imposible que hubiera algo diferente entre nosotros, hurón albino-dije tragándome el gran nudo que tenía en la garganta.
Me quité su túnica y se la devolví, caminé hacia el lugar por el que habíamos entrado, me fui directamente hacia Historia de la Magia. Llague tres minutos tarde, pero el profesor Binns no se dio ni cuenta, me senté junto a Al que no tardó en intentar bombardearme a preguntas
-Atiende a la clase Al, ya hablamos luego-dije centrándome en la clase. Para mi suerte no me molestó más
La siguiente clase, fue Pociones y decidí no ponerme nerviosa. Al y yo nos sentamos al principio de la clase, había tirado de él y había conseguido sentarlo allí. El profesor Slughorn entró en la clase con una carpeta, que era un mapa de la clase con nombres, entre ellos reconocí rápidamente el de mi primo
-Buenos días, alumnos-dijo con una sonrisa
-Buenos días profesor-respondimos todos los Griffindors a la vez
-Me gustaría que me saludasen todos, lo repetimos y por favor sean educados, que estén en mi casa no significa que no vaya a ser duro con vosotros-dijo dirigiéndose a Slytherin-. Buenos días alumnos
-Buenos días profesor-respondimos todos, menos una serpiente
-Señor Malfoy, ¿hay algo que le impida saludarme?-dijo, cuando me giré hacía él lo encontré observándome sin ningún pudor, noté como mis orejas comenzaban a palpitar, delatando lo nerviosa que estaba
-Siento la distracción profesor, no volverá a pasar, lo prometo-dijo mirando al suelo
-Eso espero-dijo Slughorn volviendo al frente de la clase-he decidido que no podéis poner así, separados por Casa, eso solo empeora la comunicación, por lo cual voy a poneros con alguien de la Casa contraria. No quiero quejas-añadió rápidamente, no eche cuneta hasta que escuche mi nombre antes de tiempo
-¿Podría repetirme con quien estoy, por favor profesor?-pregunté, me había parecido escuchar que con Scorpius, peor no me lo quería creer
-Claro señorita Weasley, usted está con el señor Malfoy, ¿pasa algo?-preguntó
-No profesor, solo creía que mis oídos me habían engañado, perdone-dije arrepentida de haber preguntado nada.
Me fui a la mesa que nos había asignado, que estaba al final de la clase. Me senté al lado de esa persona con la que no me llevaba del todo bien
-Hola-susurre
-Hola, Rose-me respondió en el mismo tono-¿no te creías estar con este encanto?-dijo, como si fuera sobrado por la vida
-No te he dicho nada, no me molestes mucho que quiero hacer las cosas bien-le respondí empezando a enfadarme.
El profesor nos mandó hacer una poción por parejas, nosotros la acabamos los primeros y el profesor de Pociones nos dejó marcharnos.