Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← La Tercera Generación · de

La Tercera Generación — capítulo 5

Estaba paseando sin rumbo por los pasillos de Hogwarts, me acordé de que la profesora de Adivinación había mandado hacía bastante una extraña tarea, hacer un diario de sueños. Me senté en el suelo de uno de los silenciosos pasillos y comencé escribir, escribí sobre lo que había soñado esa noche y sobre miles de cosas que en realidad no había soñado, todo lo escrito estaba inventado, pero con algunos comentarios como: "no lo recuerdo exactamente" y "o eso me parece recordar", lo hice todo más creíble. Ya estaba rodeada de papeles por todos lados y alguien se acercó a mí, tapándome la poca luz que provenía de la pequeña ventana que tenía delante.

-Quita de en medio, tengo que terminar-dije, sin mirar a quien estaba delante de mí

-¿Esas son formas de tratar a una amiga?-dijo una voz demasiado conocida para mí

-Perdóname, Lyra- dije reconociendo a mi mejor amiga Lyra Miller, era la única metamorfomaga que conocía, quitando a mi primo con el que apenas trataba, y tenía actualmente los ojos rojos y el pelo blanco, cosa que no me sorprendió ya que era su apariencia favorita, era de Gryffindor y no la había visto faltara a ninguno de mis partidos, aunque yo sabía que a quien quería ver era a Albus-, tengo algo muy fuerte que contarte, pero antes tengo que acabar esto-añadí mirando a los papeles que me rodeaban

-Como quieras tía, espero todo lo necesario-dijo, haciendo notar su trozo de sangre muggle muchísimo, se sentó junto a mí y esperó pacientemente a que terminara

-Bueno, ya he acabado-dije comenzando a recoger mis cosas-, pero no te puedo contar nada aquí, es demasiado fuerte y las paredes tienen oídos-dije mirando a mis lados como si estuviera loca

-Muy bien, sabelotodo-dijo riendo-¿A dónde vamos?

-Sígueme-dije levantándome y yendo en dirección a la Sala de los Menesteres.

Cuando entramos nos sentamos en los sofás rojos que había y comencé a contarle todo lo que me había pasado en el día que llevábamos sin hablar. Cuando acabé me miró como si estuviera loca y provocó que su pelo cambiara de color y forma varias veces hasta que pareció cansarse y lo devolvió a su forma "original". Mientras que intentaba tranquilizar mis risas del pequeño espectáculo le pregunte:

-¿Y tú que piensas? ¿Qué harías en mí lugar?

-Bueno, lo primero te tranquilizas un poco, porque así no se puede hablar-me dijo mirándome de arriba abajo-ahora que estas más tranquila te diré ¡tú estás loca!, no respondas, ¿qué pensabas que pasaría si hubiesen sabido que eres tú?-me pareció que necesitaba respirar así que intervine

-Primero, no, no estoy loca; segundo, lo pensé en su momento y se me ocurrió que no nos pillarían y me fie de él-le respondí perfectamente tranquila

Iba a continuar, pero alguien entró y me lo impidió, al ver quien era no lo aguanté y salí de allí rápidamente

-No te preocupes Malfoy ya nos íbamos-me giré hacia la chica, Zabini, ¿cómo no?-que paséis un buen rato; Malfoy, Zabini-dije a modo de despedida.

La última me sonrió como si me hubiera ganado en un juego, a lo que yo respondí con un coletazo que no pareció intencionado. Me dirigí corriendo a la Sala Común y desde allí a mi habitación, me tiré a mi cama, no lo aguantaba, no soportaba verlo con otra, él no era nada mío, pero no lo aguantaba, cada vez que los veía cogidos de la mano algo dentro de mí se rompía. En ese momento decidí que la zorra de Zabini no haría que me sintiera mal nunca más, lucharía por lo que sentía y si no era capaz de ganarlo lo habría perdido luchando como una Gryffindor y estaría orgullosa de lo que había hecho. Estaba decidido, había comenzado una guerra contra ella, una guerra que estaba perdida desde el primer momento, pero que no por menos una guerra que lucharía con la cabeza bien alta y segura de todos y cada uno de mi movimientos. Pensando cada cosa que haría horas y horas, días y días, tenía cinco cursos por delante para ganarle e iba a hacerlo. Bajé completamente repuesta a la Sala Común y le conté mi plan con pelos y señales a Lyra.

-Estás loca, ¿lo sabías?-me dijo mirándome como si fuera una planta muy rara-, pero no dudes que estaré ahí cada vez que caigas y te ayudaré a levantarte. Cuando llores y pienses que todo está perdido te devolveré las ganas de luchar y te haré reír

-Gracias amiga-dije sintiendo la palabra más que nunca.

La guerra había comenzado, tenía a mi primera aliada y a mi primera enemiga, todo estaba listo y pensado, mejor planeado que para un partido de Quidditch lo había decidido, no descansaría hasta verla con el rabo entre las piernas, como decían los muggles.