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Song of the north. — capítulo 2
Estábamos llegando a las puertas de Rivendel.
Estos cuatro días de viaje habían sido de lo peor del mundo. Dormimos puede que unas diez horas en los cuatro días, y no bajábamos del caballo si no era porque nos caíamos de él de cansancio, literalmente.
Esto no habría pasado si no hubieran tardado dos días en hacerme saber la existencia de la carta. Podíamos haber viajado mucho más tranquilos si hubiéramos contado con esos dos días más.
Era la primera vez que salía de Kattegat, y la verdad es que todo a mi paso me fascinaba ligeramente, pero nada tanto como el ver por primera vez Rivendel.
En la puerta había un par de soldados apostados en las jambas del arco que enmarcaba la entrada, los cuales nos detuvieron.
-¿Qué trae a dos Licari por Rivendel?- preguntó uno de los guardas bloqueando la entrada.
Ya empezamos. La impresión que tenía todo el mundo de nosotros los norteños no había cambiado. Y la forma en que pronunciaban la palabra Licari me sacaba de mis casillas. Como sintiéndose superiores a nosotros. Que asco.
Mi hermano Livai sacó de su bolsillo la carta de Elrond y se la mostró a uno de los guardas. Este la cogió y le echó un vistazo rápido.
-Perdonad- dijo guardando la carta- Dejadnos los caballos, les daremos de beber.
Me bajé del caballo y mi hermano hizo lo mismo.
-¿Sorprendidos de que no vengamos a robar?- dije molesta entrando por la puerta.
-Perdonad señora- dijo uno de los guardas disculpándose- Elrond se encuentra con el resto de los convocados. Seguid el camino, os llevará hasta él.
Entramos en la ciudad y empezamos a seguir el camino empedrado que nos llevaría hasta Elrond.
-Eres la amabilidad personificada Rad- dijo mi hermano riendo levemente.
-En algo teníamos que parecernos, ¿no?- dije alzando una ceja.
Varios minutos después, alcanzamos por fin el destino de tan largo viaje.
Elrond estaba reunido con un montón de gente, todos sentados formando un semicírculo en un templete al final del camino.
Me paré en seco unos segundos.
-¿Estás bien Rad?- preguntó mi hermano preocupado.
-Si, si...
Volví a caminar de nuevo.
No, no estaba bien. Claro que no estaba bien. ¿Cómo iba a estarlo? Yo no sabía como actuar ante gente tan importante como la que estaría allí. Además, tenía muy poca paciencia, y estaba convencida de que sería la primera en saltar si alguno de los allí presentes me faltaba al respeto.
Elrond se volvió y nos vio llegar.
-Livai, Radhia, ya empecé a temer que no vendríais- dijo el elfo amablemente.
-El viaje es largo y salimos algo tarde- dijo mi hermano subiendo al templete.
Yo me quedé detrás de él.
-Coged asiento, vamos.
Mi hermano se sentó junto a un hombre con una túnica gris y un sombrero puntiagudo. Yo me senté al lado de Livai y a mi derecha quedaba un asiento vacío.
Eché un vistazo rápido a los allí presentes. Puede que no hubiera salido nunca de Kattegat, pero tampoco era estúpida. Algo de cultura general tenía.
Vi a Boromir, hijo del senescal de Gondor sentado en frente mía. Un montaraz, varios enanos y también varios elfos.
Al fijarme en los últimos pude apreciar como uno de los elfos me miraba con el mayor gesto de sorpresa del mundo. Parecía que acabara de ver un fantasma.
En ese momento, noté como alguien ocupaba la silla de mi derecha.
Me volví ligeramente y vi que esta había sido ocupada por un mediano de cabellos negros y rizados.
-Forasteros de tierras lejanas y amigos de siempre, habéis sido convocados para atajar la amenaza de Mordor- dijo Elrond.
Espera un momento, ¿qué?
¿Acababa de decir amenaza de Mordor?
-La Tierra Media se encuentra al borde de la destrucción. Debéis uniros o pereceréis. Toda raza se enfrenta a este destino, a esta maldición. Muéstranos el anillo Frodo.
En ese momento el mediano que anteriormente se había sentado a mi lado, se puso en pie.
Todos los allí presentes tenían sus ojos clavados en el hobbit, que se aproximaba a un pequeño atril de piedra que había en el centro del templete.
Se llevó la mano al bolsillo de su abrigo, sacó algo de él y lo depositó sobre el atril.
Yo no podía ver de que se trataba ya que el mediano estaba delante, pero se empezó a crear murmullo entre los allí presentes.
Cuando el mediano se apartó, pude ver el porque de tanto alboroto. Lo que el hobbit acababa de mostrar, era nada más y nada menos que el Anillo Único.
Vale, ahora entendía la importancia de esta reunión.
El mediano volvió a su asiento.
-Entonces es cierto...-dijo Boromir desde su sitio sin apartar los ojos del anillo.
El hijo del senescal de Gondor se puso en pie.
-En un sueño vi el cielo oriental oscurecerse- dijo dando un par de pasos hacia el atril- Pero en el oeste persistía una pálida luz. Una voz gritaba, tu maldición está cercana, el daño de Isildur ha sido hallado- dijo extendiendo el brazo hacia el anillo- el daño de Isildur...
-¡Boromir!- grito Elrond poniéndose en pie.
"Ash nazg durbatulûk, ash nazg gimbatul, ash nazg thrakatulûl agh burzum-ishi krimpatul."
El recitar esas palabras una sombra pareció cernirse sobre nosotros, y al terminar de pronunciarlas, esta se desvaneció.
Me volví para ver quien era el que lo había dicho. Había sido el hombre que estaba sentado junto a Livai, el cual ahora estaba de pie y observado por todos los presentes.
Boromir había vuelto a su asiento y parecía bastante conmocionado.
-Jamás antes una voz dijo palabras en esa lengua aquí en Imladris- dijo Elrond molesto.
-No he de pedir perdón, maestro Elrond, pues la lengua oscura de Mordor puede ser oída en cualquier rincón del oeste. El anillo es el mal en si mismo.
-Es un privilegio- dijo Boromir poniéndose en pie- Un regalo para los rivales de Mordor. ¿Por qué no usar el anillo? Largo tiempo mi padre, el senescal de Gondor, ha contenido las tropas de Mordor. Gracias a nuestra sangre vuestras tierras fueron seguras. Entregad a Gondor el anillo y lo usaremos contra el enemigo.
-No puedes dominarlo- dijo el montaraz desde su sitio- ninguno de nosotros puede. El anillo solo responde ante Sauron.
-¿Qué sabrá un montaraz de estos asuntos?
-No es un simple montaraz- dijo el elfo que antes me había mirado como si acabara de resucitar de los muertos, mientras se ponía en pie- Es Aragorn, hijo de Arathorn. Le debes lealtad.
-Aragorn...el heredero de Isildur...-dijo Boromir sorprendido.
-Y heredero al trono de Gondor- recalcó el elfo.
El montaraz le dijo algo al elfo en su lengua y este volvió a sentarse.
-Gondor no tiene rey. Gondor no necesita rey- dijo Boromir finalmente antes de sentarse de nuevo.
¿Me deja alguien un cuchillo para cortar la tensión que se acababa de formar en un momento? Gracias.
-Aragorn tiene razón- dijo el anciano sentado junto a mi hermano- no podemos usar el anillo.
-Solo os queda un opción- dijo Elrond poniéndose en pie- el anillo debe ser destruido.
Se hizo el silencio entre los allí presentes.
-¿A qué estamos esperando?- dijo uno de los enanos poniéndose en pie.
Se acercó hasta el atril, hacha en mano, y le propinó un golpe al anillo con esta.
Pero para mi sorpresa, el hacha cedió, quebrándose en mil pedazos mientras el anillo permanecía intacto.
Al mismo tiempo que el anillo era golpeado, el mediano sentado a mi lado parecía recibir el dolor que no recibía el anillo.
Me agaché a su lado y le cogí la mano.
-Eh, oye, mírame.
El mediano alzó la vista.
-¿Te encuentras bien?
Asintió levemente.
-De acuerdo- dije volviendo a mi sitio.
-El anillo no puede ser destruido mediante las armas de las que disponemos aquí. Debe ser arrojado al monte del destino por uno de vosotros- dijo Elrond muy seriamente.
-No se entra así como así en Mordor. Sería un suicidio- dijo Boromir con sarna.
-¿¡No has escuchado nada de lo que Elrond ha dicho!?- dijo el elfo poniéndose en pie- ¡El anillo debe ser destruido!
-Y supongo que eres tú quien se ofrece a hacerlo- dijo el enano que había intentado romper el anillo.
-¿¡Y si fracasamos qué!?- gritó Boromir dejando su asiento.
-¡Antes muerto que ver el anillo en manos de un elfo!- gritó el enano.
El resto de elfos se levantaron, al igual que todos los allí presentes. Y ea, ya la teníamos montada otra vez.
-¿Y luego los salvajes somos nosotros?- dije mirando a mi hermano.
Siguieron discutiendo durante un par de minutos. Mi hermano y yo seguíamos sentados, lo último que nos apetecía era meternos en esa pelea absurda. Pero estaba empezando a cansarme ya.
Me puse en pie y me llevé los dedos a los labios, los junté y silbé estridentemente llamando la atención de todos los allí presentes.
Todos enmudecieron y me miraron fijamente.
-¿Podéis dejar de comportaros como si fuerais críos?
-Yo lo llevaré- dijo alguien detrás de mí segundos más tarde.
Me volví.
Era el mediano.
-Yo llevaré el anillo a Mordor. Aunque...no sé como hacerlo.
HOLA BELLOS MOZOS <3
Antes de nada, creo que el capítulo me ha quedado más largo que un pasaje de la biblia y me disculpo si es así, pero no podía cortar el concilio por ningún lado y la escena tiene chicha, así que por eso me ha quedado tan jodidamente largo x)
Y, esto lo tenía que haber puesto en el anterior pero soy estúpida, así que lo pongo aquí :3
Esta historia es la continuación de la Spirit of the wild, por si hay alguna referencia a la otra historia que no entendáis, ya sabéis porque es x)
Gracias por leerlos mi historia y besis de fresi para todos :3