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Hermione Black — capítulo 17

−Buenas tardes señor Black. −Le saludo la profesora de su nieta. −Hace días que no veo a la señora Tonks. ¿Se encuentra bien?

−Buenas tardes profesora, a mi hija ya le queda poco para tener a sus hijos, así que no la vera en un tiempo, a Dora la vendremos a buscar nosotros, mi mujer, mis hijas o yo.

La profesora le sonrió. −Me quedo tranquila al saber que la señora Tonks se encuentra bien, ya le diré al director quienes serán los que vengan a buscar a Dora.

−Hágalo, a mi nieta no la puede recoger nadie que no sea algún familiar cercano.

−Se lo diré, ya me voy que tengo que saludar a otros padres. −Y miro a Dora. −Nos vemos mañana, haz tus deberes.

−Si profe, hasta mañana. −Y se despidió de su profesora con la mano.

Cygnus despidiéndose de la profesora de su nieta se la llevo a casa, al llegar a la urbanización entro, aunque la puerta estaba abierta el escudo protector hacia que fuera imposible usar hechizos de ataque.

−¿Abu me ayudas?

El hombre le sonrió. −¿Tienes muchos deberes?

La niña frunció el ceño. −Matemáticas, no me gustan.

−Aunque no te gusten, hay que hacerlas.

−Lo se abu, ¿me ayudaras?

−Claro que sí. −Al llegar a casa de su hija, abrió la puerta y vio que el salón estaba vacío. −¿Meda, Edward? −Los llamo.

−Estoy en la cocina. −Le dijo Tedd sacando la cabeza y sonrió a su hija. −Hola hermosa, ¿Qué tal la escuela?

−Muy bien papi, el abu me va a ayudar con los deberes.

−Eso está bien, ves a cambiarte de ropa y a lavarte las manos que la merienda ya esta lista.

−Si papi. −Y miro a Cygnus. −No te vayas.

El hombre le sonrió. −No me iré, ahora ves a cambiarte.

−Sí. −Y se fue escaleras arriba.

Cuando los dos hombres se quedaron a solas, Cygnus miro a Tedd. −¿Y Meda?

−Durmiendo, se pasa todo el tiempo durmiendo.

−A su madre le paso lo mismo, ¿Cuándo sale de cuentas?

−El medi mago nos dijo que en un mes más, aunque al ser dos puede que vengan antes.

−¿Quieres que me lleve a Dora unos días?

Tedd le sonrió. −Lo puedes hacer. −El hombre sabía que quería recuperar el tiempo perdido con su nieta y a él no le importaba que se la llevara, así podía ocuparse bien de su mujer. −Voy a prepararle una pequeña bolsa con el uniforme de la escuela y sus libros escolares.

−Te espero. −Y viendo como su yerno subía las escaleras se puso a mirar las fotos que había en el salón, mirándolas se daba cuenta de que había sido un cabeza cerrada pensando que los hijos de muggles y los mestizos no eran adecuados para hacer magia, pero en las fotos solo habían amor y felicidad y estaba feliz de que su hija le hubiera dado una segunda oportunidad, esa vez no lo estropearía.

−Abu. −Dora bajo corriendo. −Mi papi me ha dicho que puedo quedarme contigo y con la abu unos días.

Cygnus dejando de mirar las fotos la miro sonriendo. −¿Qué te parece?

−Me gusta abu.

−Antes de irnos, tienes que merendar.

−Sí. −Y se fue a la cocina donde se subo a un pequeño escalón que había allí y tras lavarse las manos se sentó en la silla y se puso a comer la comida que su padre le había preparado.

Un rato después cuando termino de merendar, se despidió de su padre prometiéndole que se portaría bien y se fue.

Al llegar a casa de su abuelo, dejo las cosas en la habitación que siempre usaba y con la ayuda de su abuelo se puso a sumar manzanitas y otras cosas.

Unas horas después, cuando ya era noche oscura, Charlus y otra gente entre los que se encontraban Sirius, Remus, James y Frank se iban a casa de Peter.

El chico al verlos se extraño pero no le dio importancia, era tan vanidoso que no se podía imaginar que ya lo habían descubierto.

−Peter hemos descubierto que hay un traidor entre nuestras filas. −Le dijo Charlus mirándolo. −Enséñanos tu brazo.

−¿Me estas acusando de ser un mortifago?

−Todos hemos mostrado nuestros brazos, ahora te toca a ti.

No es necesario yo sé que no soy ningún mortifago.

James lo miro. −¿Peter porque tan preocupado acaso tienes algo que ocultar? Todos lo hemos enseñado.

Peter lo miro. −Soy tu amigo, ¿me crees capaz de ser un traidor?

−¿La verdad? Si, hace meses que no sabemos de ti, solo vienes a las reuniones de la orden, nunca te apuntas a ninguna misión y desapareces por largos periodos, no se lo dices a nadie ni siquiera a tus padres, así que si sospecho de ti, así que ahora enseña tu brazo. −Y cogiéndole del brazo, le remango la camisa y se lo enseño a su padre. −Tenias razón. −Y miro a su amigo dolido. −¿Por qué? ¿No tenías suficiente con nuestra amistad?

−Tú no sabes nada, el príncipe Potter que lo tiene todo, amigos, novia y una vida perfecta. −Le escupió.

Y tras decir eso, iba a convertirse en rata para escapar pero no pudo.

−Ni lo intentes. −Le dijo Sirius mirándolo con asco. −Hemos puesto una barrera anti magia, no podrás transformarte en rata, ahora iras a Azkaban.

Al escuchar eso, el chico se lleno de miedo. −No, no me llevéis os diré todo lo que queráis saber.

−Cobarde como siempre. −Le dijo Charlus. −Pero no nos interesa nada de lo que puedas decirnos. −Y miro a Blake. −Ponle las esposas y llevarlo al ministerio, aíslalo no quiero que nadie se entere de que lo hemos cogido.

−Si jefe. −Y acercándose le puso unas esposas mágicas, con ellas no se podía usar ningún tipo de magia. −Peter Petigrew quedas detenido por ser un mortifago, tu castigo será recibir el beso del dementor. −Y con la ayuda de otro auror se lo llevo.

Cuando Charlus se quedo a solas con los chicos los miro para explicárselo. −He hablado esta misma tarde con algunos miembros del wizarmon y varios jueces en secreto me han dado el permiso para que los mortifagos que vayamos atrapando reciban el beso del dementor, son demasiado peligrosos para estar en Azkaban.

−No me importa, me voy ya he recibido demasiadas malas noticias esta noche. −Le dijo James. -Nos vemos. −Y antes de que nadie pudiera decir nada se fue.

−Tío, James está decepcionado le costara un poco volver a confiar en alguien, así que dale tiempo, me voy a casa.

Charlus lo miro. −No te veo decepcionado.

−Hace tiempo que no confiaba en Peter, se pasaba todo el tiempo persiguiéndonos y eso nunca trae nada bueno, me voy, nos vemos.

−Ves con cuidado.

−Sí. −Y tras despedirse de los demás se fue.

Al día siguiente, Orión sin saber que habían atrapado a Peter por traidor, cogió a su familia y se la llevo a su casa, al llegar se encontraron con Regulus.

−Reg no te esperaba. −Le dijo su padre.

−Lo sé, pero ayer apenas pude ver a la princesa, Sirius y tú la acaparasteis todo el tiempo. −Y se acerco donde Jane sostenía a su hermanita. −Es una bebe hermosa.

−Mucho. −Le sonrió Jane. −Pero ahora tiene que dormir y yo también.

−Ir a dormir, la veré en otro momento.

−Ya sabes que puedes venir cuando quieras. −Y miro a su marido. −Nos vamos a dormir.

Orión le sonrió. −Ves a dormir, te despertare en unas horas para que comas algo.

−Sí. −Y diciéndoles que los vería en unas horas se fue a su cuarto.

Cuando padre e hijo se quedaron a solas, Regulus miro a su padre. −Papa aparte de venir a ver a Herms, te vengo a decir que han invadido la oficina con cientos de paquetes, la gente ya se ha enterado del nacimiento de la peque y le han hecho muchos regalos.

Al escuchar eso el hombre suspiro. −Contigo y con Sirius también paso, no entienden que a ellos no les importa nada lo que nuestra familia haga.

−Lo sé, pero bueno han enviado cientos y sin exagerar creo que hay como 500, ¿Qué quieres que haga con ellos?

−Quiero que los entregues a beneficencia y pongas un anuncio en la primera página de la prensa, dándoles las gracias pero que no se aceptaran que se entregara a gente que lo necesita más que nosotros.

−Lo haré, me ocupare de esto y luego me iré con Dorcas a pasear.

−Hazlo, nos vemos.

−Sí. −Y despidiéndose de su padre se fue.

Orión suspirando porque la gente no le hiciera caso, se fue a la cocina a preparar algo de comer, aunque su suegra le había llevado la ropa al hospital había decidido no acompañarles a casa, ahora era el momento de que tanto Jane como su nena descansaran y les había dicho que ya iría en otro momento.

El hombre llevaba un rato preparando la comida cuando tocaron a la puerta, dejando el cuchillo a un lado se fue a abrir, al otro lado estaba su hijo y por la cara que tenia había pasado algo malo.

−¿Qué ha pasado?

−Peter era un traidor, estaba vendiéndonos, le estaba dando información a Voldemort de todo lo que hacíamos.

−Pasa y explícamelo bien. −Le dijo Orión metiendo a su hijo en la casa y cerrando la puerta.

Los dos hombres se sentaron en el sofá y Sirius se puso a explicarle todo, cuando termino Orión lo miro.

−Hijo no sé qué decirte, sabes que nunca me gusto pero nunca me hubiera imaginado que estaría con Voldemort.

Sirius levantándose se puso a caminar por el salón. −Pues lo estaba, y lo peor de todo es que yo estaba dispuesto a dar mi vida por él, aunque últimamente no nos lleváramos bien.

−Sirius puede que lo que te diga sea cruel e insensible, pero de esa gente no se puede esperar nada, es mejor que haya terminado como lo ha hecho, muerto y enterrado para que todos nos olvidemos de el cuanto antes.

−Tienes razón, pero James se ha quedado devastado.

−James es un adulto que sabe donde tiene la cabeza, ahora puede que no quiera hablar con nadie, pero en cuanto piense un poco se dará cuenta de que es mejor que os hayáis enterado de la verdad ahora que no más tarde o peor cuando Petigrew matara a alguien.

−Lo sé. −Y sentándose de nuevo en el sofá lo miro. −¿Qué hago?

−¿Qué haces? Nada, no has hecho nada malo, tienes una hermosa mujer que te espera en casa, un hijo que es un ser inocente que te necesita, así que aunque estés deprimido unas semana tienes que seguir con tu vida, tú querías ser auror, las clases te esperan y Bella te entenderá pero no esperes que se ponga a verte como sigues deprimido mucho tiempo porque ella no es de esas mujeres y mucho menos por alguien como Petigrew.

−Tienes razón, el no se merece nada de mi dolor.

−No, estaba preparando la comida para Jane, ¿me ayudas?

−Sí, Bella esta con mi tía, no me espera hasta la hora de comer.

−Pues entonces le prepararemos algo rico, a las mujeres les encantan los detalles.

−Sí. −Y levantándose lo miro. −Gracias por escucharme.

−De nada.