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Hermione Black — capítulo 18

−¿Cómo están Jane y Herms? Ni siquiera te he preguntado.

−No te preocupes, están durmiendo no hace mucho que hemos llegado.

−Yo quería ver a Herms, pero bueno ya la veré en otro momento, ahora vamos a cocinar. −Y así padre e hijo se pusieron a cocinar.

Mientras ellos cocinaban, Remus estaba en su cama, no quería salir Peter lo había traicionado, el que se sentía un bicho raro por culpa de su licantropía, los amigos que conseguía los atesoraba y el al que consideraba uno de sus mejores amigos se había hecho mortifago.

Así que había decidido no salir de su cama nunca más, se quedaría allí donde nadie le haría daño, estaba tan ocupado compadeciéndose de sí mismo que no se dio cuenta de que entraban en su habitación y se sentaban a su lado.

−¿Rem te vas a quedar todo el tiempo allí acostado?

−Papa no voy a salir nunca más de mi cama.

−¿Y eso porque?

El chico lo miro. −Peter me ha traicionado.

−Ahora lo entiendo, pero hijo entiende ese tipo no merece tu dolor.

−Era mi amigo.

−Eso lo entiendo, pero ese tipo de gente no es amigo de nadie, y no estás solo, también tienes a Sirius y a James. ¿Los vas a dejar solos?

−Ellos…

−Ellos también sufren aunque no lo digan.

−¿Por qué nos hizo eso? −Pregunto y se puso a llorar.

−Remus las personas son difíciles nunca las entenderemos de entender pero entiende que aunque muchos te hagan daño, otros nunca te lo harán. −Y lo abrazo. −Ahora desahógate porque tienes una mujer que se preocupa por ti me ha avisado para que viniera.

−Lacey.

−Si ella, ella te quiere y se preocupa por ti.

El chico lo entendía pero es que las lagrimas no dejaban de salir, Lyall que lo entendía lo dejo llorar hasta que por fin ya no salieron mas lagrimas.

Un buen rato después, Remus ya no lloraba.

−¿Mejor? −Le pregunto su padre.

−Sí.

−Me alegro, ahora ves a bañarte y luego baja a desayunar.

−Lo hare.

−Bien, me tengo que ir, pero esta noche volveré.

−Sí, gracias.

−De nada. −Y viendo como su hijo salía de la cama y entraba en el cuarto de baño, bajo a la planta principal donde vio a su nuera preparando el desayuno. −Lacey, Remus ya no tardara mucho mas en bajar a desayunar, yo ya me voy nos vemos luego.

La chica lo miro. −Gracias por venir, yo no sabía qué hacer.

−No te preocupes, nos vemos.

−Sí. −Y viendo como su suegro se iba, siguió con el desayuno.

Por la tarde después de comer, Charlus que había dejado a su mujer con James estaba en la sala del juzgado, con Peter esposado.

−Peter Petigrew, se le condena al beso del dementor por ser un mortifago. −Dijo un juez y miro a un auror. −Que entre el dementor.

−Si su señoría. −Dijo el auror y dejo pasar al dementor.

Diez minutos después, Peter yacía muerto en el suelo del juzgado y unos aurores se acercaron para coger el cuerpo y entregarlo a sus familiares para que hicieran con él lo que quisieran.

−Señoría, esto no podrá mantenerse en secreto mucho tiempo. −Les dijo Charlus a los jueces.

−Lo sé, y no se ocultara, el pueblo tiene derecho a saber que estamos trabajando para limpiar las calles de mortifagos.

−Tiene razón.

El juez lo miro. −Auror Potter le damos las gracias por habernos ayudado a atrapar a Petigrew, sabemos que su vida personal ahora mismo no está pasando un buen momento y por ello le estamos más agradecidos.

−No se preocupen, mi mujer cada día está mejor, aunque aun no sale de la cama, está superando la viruela del dragón poco a poco, espero que en un mes ya se pueda levantar, ahora me voy ya llevo mucho tiempo fuera, si necesitan cualquier cosa hablen con Blake es mi ayudante y mi substituto hasta que regrese.

−Lo haremos, vaya a cuidar de su mujer.

−Sí. −Y despidiéndose se fue, al llegar a su casa, se encontró a James con la misma cara con la que lo había dejado cuando se había ido al ministerio, así que pasándole un brazo por los hombros le dijo. −Hijo mío, ese chico no se merece tu sufrimiento, se que era tu amigo pero ese tipo de personas lo único que merece es ser olvidado.

−Lo sé papa, pero no lo puedo evitar, era mi amigo.

−Lo sé, ¿sabes que te iría bien para animarte?

James intrigado lo miro. −¿El qué?

−Hacer un pastel de chocolate, como los que hacíamos cuando te deprimías.

−Papa que ya no soy un niño.

Charlus le sonrió. −Tú siempre serás mi niño, aunque tengas 50 años, ¿entonces te apuntas?

−Sí, pero lo haremos como yo quiera.

−Como tú quieras, ¿vamos?

−Sí. −Y así los dos se fueron a la cocina a empezar a preparar su pastel.

Unas horas después, Lily llegaba a casa de sus suegros preocupada, pensaba que su marido estaría deprimido en su habitación pero nada más lejos de la realidad, Charlus y James se estaban riendo mientras tenían la cocina llena de tartas, galletas y otros dulces de chocolate.

−¿Por qué tantos pasteles? −Pregunto Lily. −¿A quién queréis hacer engordar?

James la miro. −Cariño, mientras hacíamos el primer pastel nos hemos dado cuenta de que habían muchos que nunca hemos probado así que hemos decidido hacerlos.

−Me parece estupendo, pero yo solo tengo un estomago y no creo que pueda con todos. Dijo la chica mientras miraba todos los pasteles que había.

Al escuchar eso Charlus se río. −No te preocupes Lily ahora los llevaremos a los vecinos. −Y miro a James. −Ves a ver a Sirius y le das uno, nosotros iremos a ver a Remus y a los demás.

−Sí. −Y así cada uno cogio una tarta de chocolate, unas galletas y las empezaron a repartir.

En casa de Orión, el hombre le estaba poniendo la cena a su mujer, cuando tocaron a la puerta.

Jane lo miro. −¿Quién puede ser a esta hora?

−Ni idea, no tardo. −Al abrir se encontró con Charlus que iba cargado. −¿Charlus todo bien? No te esperaba.

−Todo perfecto, esta tarde James y yo hemos preparado unos pasteles de chocolate para animarlo pero nos hemos animado más de la cuenta y hemos hecho muchísimos y no podemos terminárnoslos así que os los he traído.

−Gracias. −Y cogiéndolos le pregunto. −¿Quieres pasar?

−No gracias, ya me voy.

−¿Qué tal con Petigrew?

−Ya está muerto.

−Mejor, nos vemos mañana, ya me voy Jane me está esperando para cenar.

−Dale un beso de mi parte, y le dices que mañana la vendré a ver.

−Se lo diré buenas noches. −Y despidiéndose cerró la puerta y se fue a la cocina. −Jane ya tenemos postre. −Le dijo y le enseño lo que Charlus le había dado. −Pastel, galletas y bombones, siempre pasa lo mismo, cuando James se deprime, Charlus le anima haciendo pasteles y siempre hacen de mas.

−Es una buena manera de animarlo, y así pasan tiempo juntos.

−Sí, bueno ahora a cenar que ya se está haciendo tarde y seguro que estas cansada.

Aunque se había pasado casi todo el tiempo dormida, estaba cansada y solo quería dormir. −La verdad es que si.

Orión colocando las cosas en una de las encimeras se acerco a la mesa y tras poner la cena, se pusieron a cenar. −Cuando terminemos de cenar nos iremos a dormir y no te preocupes, si Herms se despierta yo le daré de comer, los biberones están llenos.

−Gracias.

−De nada hermosa ahora a cenar.

−Sí. −Y así cenaron para irse a pronto a dormir.

Al día siguiente en toda la prensa ponía la noticia de que Peter Petigrew era un mortifago que había recibido el beso del dementor, cuando Voldemort se entero por casi mata a todo su ejército nadie le había dicho que sospecharan de él, pero así había sido y se enteraba cuando ya estaba muerto y no podía hacer nada.

−¿Quién ha sido? ¿Quién ha hablado de más? −Pregunto.

−Amo, falta Christine. −Le dijo uno de sus mortifagos.

−Buscarla, pero no la matéis, quiero respuestas.

−Si amo. −Y los mortifagos se fueron a cumplir la orden de su señor.

Por la noche, los tres merodeadores que quedaban se fueron a sentar al jardín de Remus y empezaron a beber.

Sirius cogiendo su vaso de whisky de fuego los miro. −Por Peter espero que se esté pudriendo en el infierno, no se merece todo lo que nosotros le dimos.

−Ni una gota. ¡Salud! −Y se tomaron el vaso.

Mientras ellos bebían, Lyall, Orion y Charlus los miraban, sabían que estaban pasando por un mal momento así que no les dirían nada y dejarían que siguieran bebiendo, esperaban que después de esto, los tres volvieran a estar bien.

Unas horas después, James tenía un dolor de cabeza tremendo, levantándose de donde había estado durmiendo o sea en el jardín de su amigo castaño, entro en la casa y se encontró a su padre y a los padres de sus amigos en la mesa de la cocina desayunando lo que Lacey tan amablemente les había preparado.

−Papa.

Charlus dejando el desayuno lo miro. −Veo que tienes resaca.

−Muchísima creo que me va a explotar la cabeza.

El hombre le sonrió. −Es normal anoche tomaste mucho, ahora nos vamos a casa, te duchas y te tomas mi preparado especial anti resacas.

−Espero que me haga algo.

−Ya verás como si. −Y terminándose su café, se levanto y miro a Lacey. −Gracias por todo.

−De nada. −Y sonriéndole miro a James. −Nos vemos.

−Sí pero cuando no me duela tanto la cabeza.− Y despidiéndose de los mayores se fue detrás de su padre.

Al llegar a casa se encontraron con Lily preparando el desayuno, el chico se acerco y la abrazo. −Lo siento.

Su mujer lo miro. −No es tu culpa, así que no tienes porque pedir perdón espero que ahora te encuentres mejor.

−Después de que se me pase la resaca seguro que si, ahora me voy a duchar y luego me tomare lo que queráis.

−Lo tendré en cuenta, ahora sube.

−Sí. −Y dándole un beso subió mientras se quejaba de su dolor de cabeza.

Cuando Lily se quedo a solas con Charlus, lo miro. −¿Estará bien?

−Ahora sí. −Y sonriéndole se puso a preparar su especial anti resacas.

Con Sirius y Remus paso algo parecido, cuando los dos chicos se despertaron tenían una gran resaca y tuvieron que ser ayudados por sus padres.

Por suerte después de eso, los tres volvieron a ser los mismos de antes, sabían y entendían que la vida no era sencilla y como se podían encontrar a amigos que les durarían toda la vida, también sabían que el dolor era una cosa que traía la vida.