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Hermione Black — capítulo 19
**Este capítulo va dirigido a Alan Rickman, el gran Severus Snape que ayer por desgracia nos dejo, Alan siempre te recordaremos no solo por tu papel en Harry Potter sino en todos tus otros papeles, descansa en paz.**Unos días después Severus se despertaba en su cama y levantándose se fue a bañar y luego a vestir, y tras estar listo para ese día bajo a la cocina a desayunar.
Desde que había terminado su primer año escolar, había cambiado las habitaciones de la escuela por su casa, y ese lugar le encantaba, aunque era muy grande para el solo no le importaba, esperaba algún día compartirlo con alguien, mientras pues seguiría viviendo solo, además como ya no tenía que seguir pagando la habitación podía pagarle más a Orión además John le estaba pagando muy bien por todas sus pociones.
Después de desayunar cogió sus cosas y se fue a la escuela, al salir de su casa se encontró con Lily.
−Buenos días Severus. −Le saludo la chica.
−Buenos días Lily, ¿Qué tal la señora Potter?
−Bastante bien, Alistar dice que en un par de semanas mas ya estará perfectamente bien, podrá volver a hacer su vida normal.
−Me alegro, me voy, tengo clases.
−Yo también me voy, ¿nos vemos luego?
−Hoy no, hay mucho trabajo en la fábrica, el señor Lupin quiere que preparemos otros mil litros de pociones para la viruela.
−Pues entonces nos vemos mañana.
−Sí, saluda al idiota de tu marido y le dices que su pastel estaba bastante bueno para haberlo hecho el.
Al escuchar eso Lily se rio. −Lo haré, nos vemos. −Y sonriéndole se desapareció.
Unas horas después, Severus volvía a su casa cansado, después de clase había ido a su trabajo y se había pasado toda la tarde cortando ingredientes y preparando pociones, ahora solo quería cenar e irse a dormir.
Al entrar en su casa, dejo las cosas en el armario de la entrada y se fue a la cocina, donde vio rastros de sangre, cosa rara porque él la había dejado limpia además no le sonaba que ningún animal hubiera entrado por la puerta de la cocina.
Así que sacando su varita comprobó todo el piso principal y al no encontrar nada, subió a la segunda planta donde vio que una de las puertas estaba abierta en silencio y con cuidado entro y se encontró con una chica encima de la cama, acercándose vio que era Christine, había sido una slytherin unos años mayores que él, creía recordar que estudiaba en el mismo curso que Bellatrix, la mujer del perro.
Extendiendo la mano se la acerco al cuello y comprobó que tenia pulso, no sabía qué hacía allí, pero era mejor que llamara a alguien que le ayudara, si se moría no quería que le acusaran de algo que no había hecho, así que se fue a casa del señor Potter que era la que tenía más cerca, tocando a la puerta espero a que le abrieran.
Por desgracia fue James quien le abrió. −¿Snape sabes qué hora es?
−Lo sé, pero alguien se ha metido en mi casa.
Al escuchar eso a James le cambio la cara, se suponía que la urbanización de su tío era segura y nadie podía entrar. −¿Lo has visto?
−Sí, es una slytherin creo que se llama Christine o algo así.
−Voy a buscar a mi padre.
−Y un sanador, mi cocina está llena de sangre, así que creo que esta herida.
−También lo llamare no tardo. −Y entro en la casa dejando la puerta entre abierta, no mucho tiempo después salía Charlus.
−¿Severus estas bien?
−Si señor Potter, pero no se que hace esa chica allí, ¿y cómo ha conseguido entrar? El señor Black me aseguro que en este lugar había una gran barrera mágica y nadie podía entrar.
−Y nadie puede entrar, debe de haber entrado por la puerta principal, la verja está abierta desde que los pequeños se van a la escuela, hasta poco antes de que anochezca, así que como ves ha tenido muchas horas para entrar, igual no te preocupes, en este lugar nadie puede lanzar hechizos atacantes.
−Gracias por el aviso me quedo más tranquilo.
−Si prefieres te puedes ir a casa de James y Lily que esta vacía, y nosotros nos ocupamos de tu invitada no deseada.
−No gracias, prefiero mi casa.
−Pues vamos. −Y miro a James. Avisa a Alistar el es un tipo muy competente.
−Lo hare. −Y antes de irse miro a su mujer. −Lils quédate con mi madre.
−Sí, pero ir con cuidado.
−Lo tendremos. −Y así los tres hombres se fueron a casa de Severus, y el chico los guio a la habitación del segundo piso donde Christine se encontraba.
Unas horas más tarde, la chica despertaba y al verse rodeada suspiro. −Y yo que creí, que Snape no se iría de la lengua.
Charlus la miro. −Es normal que avisara, has invadido su casa. −Y miro a Alistar. −Ves a descansar, no creo que necesite mas curas.
−Sí que me voy, tengo que cambiarme para ir a la fábrica. −Y despidiéndose se fue.
−¿Qué haces aquí? −Le pregunto Charlus a la chica. -No sabía que conocieras a Severus.
−Apenas lo conozco, pero no sabía donde más esconderme, los molestos mortifagos no dejan de molestar, he podido deshacerme de todos hasta que llegaron cinco de golpe y me hirieron.
−Ya vimos tu herida y ya está curada.
Christine levantando la colcha miro donde la habían herido y vio que estaba curada, tapándose de nuevo lo miro. −Gracias.
−De nada, me has dicho que Voldemort ha enviado sus mortifagos para que te maten, ¿verdad? Pensé que te buscarían para sacarte información.
−Creo que al principio era para sacarme información hasta que no regresaron, ahora me quieren muerta.
−Puede ser. ¿Qué piensas hacer ahora?
−Me gustaría quedarme aquí, si puede ser, he escuchado que aquí hay una gran barrera mágica.
−Así es, pero le tendrás que preguntar a Severus, cuando vuelva ahora está en la academia.
La chica suspirando asistió. −Pues esta tarde se lo preguntare, tengo hambre.
Charlus le sonrió. −Ya me lo había imaginado que te levantarías con hambre, Severus muy amablemente te ha preparado el desayuno, te lo voy a buscar y me voy, tengo que cuidar de mi mujer.
−Se que está enferma, lo siento.
−No te preocupes, ya casi está curada del todo, así que ya no me tengo que preocupar solo tiene que hacer reposo, no tardo. −Y se fue a buscar el desayuno.
Unas horas después, Severus volvía a su casa y se fue directo a la habitación donde su invitada no deseada se encontraba, aunque no la quería ahí, le habían enseñado modales así que pico a la puerta y cuando le dieron permiso para entrar lo hizo.
El chico se la encontró leyendo sentada en la cama. −Veo que ya te has despertado.
−Sí. −Le dijo Christine. −Gracias por dejar que me quedara aquí.
−No me diste muchas oportunidades de negarme, ¿Qué vas a hacer ahora? ¿Te vas?
La chica frunció el ceño. −Suenas demasiado esperanzador, y te tengo que comunicar que no me puedo ir aun, Voldemort y sus mortifagos no dejan de seguirme.
−¿Y a mí qué?
−Te recuerdo que tú también quisiste ser mortifago, así que no me vengas con esas.
−Si piensas que me puedes chantajear estás muy equivocada, en este lugar todos lo saben, incluso el señor Black cuando me vendio la casa, así que ya puedes ir olvidándote de ello.
−No te iba a chantajear, yo no soy así, solo te estoy pidiendo que me dejes quedar, no molestare, incluso cocinare y limpiare y cuando todo esto termine te pagare.
Severus la miro frunciendo el ceño, pero al final se relajo, ¿Qué mal le podía hacer que se quedara allí? −Está bien te puedes quedar, pero hay algunas normas que tienes que seguir, primero esta es mi casa, así que no quiero gente desconocida, segundo tampoco quiero fiestas, odio las fiestas ruidosas y tercero, tendrás que cocinar una vez al día y limpiar odio el desorden.
−Me parece bien. −Y extendió la mano. −¿Trato hecho?
−Sí. −Y acercándose se la estrecho. −Ahora me tengo que ir a bañar y luego hacer los deberes que no pude hacer ayer.
−Mientras tu estudias yo empezare a preparar la cena, he visto que tienes la despensa llena.
−Sí, me gusta estar bien surtido.
−Pues me voy, Bella antes se ha pasado y me ha dejado algo de su ropa, he visto que tienes un buen lavadero.
−Todo en esta casa está muy bien, por eso la compre, aunque aun la estoy pagando.
Christine lo miro. −Eso no importa mientras puedas decir con orgullo que la estas pagando limpiamente sin hacer tratos sucios ni hacer daño a nadie.
−Eso lo puedo decir con orgullo, todo lo que estoy consiguiendo es cosa mía y de mi esfuerzo.
−Eso está bien. −Le dijo sonriendo. −Ahora ves a bañarte, voy a cocinar muy poca gente lo sabe pero cocino genial, ¿te gusta la pasta?
−Sí.
−Pues pasta. −Y bajando de la cama, se puso unas zapatillas y sonriéndole una vez más se fue a cocinar.
Unos días después, las cosas en casa de Severus iban bastante bien, su invitada había cumplido su promesa no molestaba y apenas se notaba que estaba allí, solo se la veía cuando cocinaba y cuando comían sino se pasaba mucho tiempo paseando por la urbanización que gracias a su escudo protector no tenia que preocuparse de nada.
El tiempo fue pasando y pronto Dorea ya estuvo completamente bien, justo cuando Lily y James se enteraban de que iban a ser padres, Frank y Alice también esperaban un bebe, Lucius y Narcissa, Remus y Lacey, Isabella y Alexander Zabini y por ultimo Molly y Arthur.
Los que ya habían tenido a sus hijos eran Meda y Tedd, como el medi mago les había dicho eran dos hermosos bebes castaños con los ojos grises Cygnus y Edward, el matrimonio estaba encantado con estos nacimientos.
Los meses fueron pasando poco a poco, hasta que llego el mes de marzo nació Ron, en mayo nació el pequeño Blaise y en junio y julio nacieron los demás, Lily y James tuvieron a su pequeño Harry James, Lucius y Narcissa a Draco Lucius, Remus y Lacey al pequeño Liall y Frank y Alice a Neville.
Las cosas no podían ir mejor en la urbanización, todos estaban felices con sus bebes hasta que un día el profesor Dumbledore llego con la noticia de que habían lanzado una premonición dirigida al pequeño Harry Potter.
−No me voy a esconder. −Grito James a su padre. −Que venga Voldemort, no le tengo ningún miedo.
−James contrólate estas asustando a Lily. −Le dijo Charlus.
El chico girándose vio a su mujer llorando con su bebe en brazos.
−Lo siento Lils, me he puesto a gritar sin darme cuenta de que tú estabas aquí, solo que me he puesto furioso.
−Lo sé. −Y se apoyo en el. −¿Qué vamos a hacer?
−Nada. −Charlus miro a Albus. −Gracias por venir pero como dice James no nos vamos a esconder, si quiere atacarnos que lo haga, pero aquí no conseguirá nada, nadie puede atravesar la barrera mágica que hay puesta y mucho menos lanzar ataques aquí dentro.
El profesor Dumbledore lo miro. −¿Estás seguro?
−Lo estoy, yo protegeré a mi familia, ahora que Dorea está totalmente recuperada de su enfermedad y vuelve a hacer su vida normal, yo he vuelto al trabajo.
−Está bien, pero si necesitas cualquier cosa, no dudes en avisarme.
−Lo sé amigo, te estoy muy agradecido. −Y viendo como se iba, el auror miro a su hijo. −Si no te quieres esconder no lo hagas, pero viviréis aquí de ahora en adelante.
−Ohh papa, con lo bonita que había quedado la habitación de Harry, con todas esas snitch volando por todos lados de su habitación.
Al escuchar eso Charlus le sonrió. −Aquí también le pondremos una snitch.
−Sí. −Y miro sonriendo a Lily. −Cariño no es tan malo, sí que me preocupa que Voldemort quiera entrar aquí, pero ya has visto que nadie puede entrar.
−Lo sé, pero ese hombre es muy poderoso.
−Lo es, pero solo es uno y nosotros somos muchos, hablare con los demás para que levanten otra barrera. −Y miro a Dorea. −Hasta nuevo aviso, Harry no puede salir a ningún lado que sea fuera de esta urbanización y ni James ni Lily pueden ir solos.
−Como digas. −Y miro a Lily. −Vamos a buscar las cosas de Harry y a prepararle una habitación.
−Sí. −Y dejando a Harry con su marido y con su suegro se fue con Dorea.
Unas horas después por la tarde, Cygnus, John, Lyall, Orión y Abraxas se enteraban de la premonición que habían lanzado hacia Harry.
−No te preocupes Charlus. −Le dijo Orión. −Esta urbanización cuenta con un gran sistema de seguridad, igual se pondrán de nuevos, si Voldemort llega no podrá hacer nada.
−Gracias.
−No, nos las tienes que dar, todos tenemos familia y sabemos cómo se siente uno cuando les quieren hacer daño.
−Ahora vamos. −Le dijo Abraxas levantándose. −Todo tiene que estar listo antes de que ponga el sol, no sé cuando el tipo ese vendrá pero no creo que tarde mucho más.
−O puede que sí. −Les dijo John. −Voldemort es conocido por hacer daño a los que no siguen sus creencias y todos aquí somos para el traidores, así que puede que espere hasta que todos estemos nerviosos y a puntos de volvernos locos esperando su ataque.
−Pues entonces ya puede esperar sentado. −Dijo Cygnus levantándose y sonriéndoles. −No se vosotros pero lo más divertido es ver a tu contrincante preguntándose cuando perderemos la paciencia y si algo me sobra es eso, ahora vamos.
−Sí. −Y riéndose de las palabras de Cygnus se fueron a poner más protecciones sobre el techo de sus familias.