Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← ¿Qué paso en esos 19 años? Parte II · de

¿Qué paso en esos 19 años? Parte II — capítulo 10

-¡Oh, Arthur! Todos nuestros bebés de nuevo en casa- La madriguera estaba a reventar, por primera vez en mucho tiempo los seis hermanos weasleys estaban en casa, con sus familias, disfrutando del hogar donde habían crecido.

Molly, con más arrugas y más canas, cocinaba felizmente para sus niños, el nido estaba lleno de nuevo.

Bill estaba dándole el biberón al pequeñito bebé rubio, su nieto menor por ahora, mientras Fleur les trenzaba el cabello a las dos niñas, Victoire estaba felizmente sentadita como toda una dama en miniatura mientras su madre la peinaba, pero Dominique estaba ansiosa por levantarse y salir a correr por la casa, especialmente cuando su tío Charlie llegó.

-Es un pequeño torbellino- comentó Arthur sonriendo en dirección a la pelirrojita, hasta solo Dominique y Molly tenían el pelo rojo de los Weasley, pero estaba seguro que eventualmente habría mucho más griterío y cabecitas de fuego corriendo por la casa.

-Cariño, ¿Evangelina no viene?- Charlie negó.

-Se quedó con Mac, tenía una charla en el colegio, Mac le volcó el tintero en la cabeza a una compañera.

Molly suspiró, por eso esa niña le recordaba a Fred, tan desparpajada rozando lo irresponsable y sumamente impulsiva, en esos años había entablado una relación con Evangelina y había aprendido a entenderla a través de su coraza, y también había compartido muchos momentos con aquella niña rumana que se estaba volviendo una mujercita. No podía evitar llorar después de verla, tenía los aires de gracia y superioridad que tenía su pequeño Fred.

-Molly, ¿necesita ayuda con eso?- Hermione, siempre tan amable, se puso a revolver el guisado. Ron no habría podido elegir mejor mujer para compartir su vida, ella era compañera y sincera pero tenía la dureza necesaria para que la haraganería de Ronald no afecte en su vida, una pareja dispareja que tenían exactamente lo que al otro le faltaba.

-Gracias, Molly ha estado un poco adolorida, especialmente en las manos- comentó Arthur- no quería decirles nada, pero con semejante batallón diez manos son mejor que dos ¿verdad?- Ron se acercó y le dio un beso en la nuca a Hermione.

-Es lo más rico que vas a verme revolviendo en tu vida- se lamentó la castaña.

-Mione, has mejorado. Al menos no se te quema el agua- lo miró feo.

-Muy gracioso Ronald. Llevamos un par de años viviendo juntos y no has muerto intoxicado, eso es bueno.

-Deberías haber incluido ese riesgo en el matrimonio, soy una especie de sobreviviente.

-Ronald no molestes a Hermione- regañó Molly, y en ese instante le pareció verlos a los doce o trece años discutiendo en la sala de estar mientras Harry fingía no existir para no opinar.  Pero todo era muy distinto ahora, podía notarlo en la manera en que Hermione reía ante las tonterías de Ron, esa risita sin sentido que ella misma soltaba cuando Arthur hablaba emocionado de alguna chuchería muggle.

-Por cierto, ¿cómo es eso de qué estas enferma?- Ron la miró con preocupación.

-No estoy enferma Ronald, solo adolorida, los años pasan cariño, no puedo estar como cuando tenía veinte.

-Pero estas bien ¿Verdad?- asintió y le sonrió, como cuando era pequeño y lloraba por haber visto una araña, una sonrisa tranquilizadora y cariñosa, todos los hijos, ingenuamente, quieren creer que sus padres serán jóvenes y capaces para siempre.

-Es solo cansancio, no he dormido muy bien estas noches y eso me afectó en el cuerpo, pero ya verás que con una noche de sueño reparador estaré como nueva- Ron la abrazó.

-Mamá, no dejes que Fred te vuelva más loca que cuando estaba vivo.

-Lo sé, lo sé.

Le palmeó la espalda y le quitó importancia, les había costado casi una década poder mencionar a Fred con liviandad, sin llorar, insultar o dejar un momento tenso en el aire, Fred se había vuelto algo usual en la mesa y las reuniones, traerlo a la vida mediante memorias se había vuelto la manera más alegre de recordarlo. Aunque seguía doliendo como el primer día.

-¿Harry vendrá, verdad?- estaba deseando ver a su pequeña Ginny, hacía tiempo que no la veía y a pesar de que escribía casi a diario, quería abrazar a su niña.

-Si, ya tendrían que estar aquí-respondió Ron extrañado, y  llamado por el pensamiento Harry atravesó la puerta trasera con Ginny de la mano.

-¡Lo siento! ¡Lo siento! Nos quedamos dormidos y teníamos que ir a buscar a Teddy y... ¡Papá!- Ginny habló rápidamente antes de tirarse a los brazos de Arthur y luego a los de su madre- Ven cariño, saluda a los abuelos- Teddy corrió hacía ellos y se abrazó a la falda de Molly.

-Lamento llegar tarde- Harry estrechó la mano de Arthur y le dio un abrazo a Molly- se suponía que el reloj tenía que sonar pero aparentemente no tenía ánimos para despertarnos.

-¿Por qué crees que no funcionó? ¿Como hacen los muggles para crear cosas que funcionan cuando quieren? ¡Qué aparato más curioso! ¿Podrías traerlo para que lo revise?- Harry asintió divertido.

-Claro, adivine, tengo una radio antigua que no funciona- Arthur sonrió como niño en navidad, si había algo que le encantaba eran las radios muggles, eran cosas muy extrañas, la manera en que los muggles encontraban la forma de hacer su propia magia sin varita ni poderes.

-¿Dormidos? ¿Tanto le han dado al baile?- se burló Charlie. Harry carraspeó, mientras Ginny le sacó la lengua.

-Es mi esposo, yo bailo con él cuanto quiera- respondió con cautela, por la mirada de Teddy sobre ella- ¿Te pasa algo, cielito?- se agachó a la altura del pequeño, que ahora tenía el pelo azul eléctrico, su favorito, y una cara de decepción.

-Yo creí que la abuela Molly iba a cocinar- Hermione frunció el ceño mientras Ron soltó unas risotadas junto con Harry que intentaba disimularlas más.

-Los borrachos y los niños no mienten- Hermione le dio un codazo a Ron- ¡Ey! Eso duele, violenta.

-¿Victoire está aquí?- preguntó el pequeño con un sonrojo.  Harry alzó la ceja sorprendido, y miró a Ginny que asintió con una sonrisita. Su niño estaba enamorado.

-¡Teddy!- la rubita llegó corriendo, con toda la agilidad que ya le permitían sus seis años y lo tomó de la mano. El cabello de Teddy se volvió rojo, al igual que sus mejillas. -¿Has visto mis trenzas? Mami me las ha hecho, ¿verdad que son bonitas?- Teddy asintió avergonzado.

-Me recuerda a Tonks- murmuró Ginny- parecía que era mi hermana cada vez que Remus le hablaba- movió el pelo rojo inconscientemente, del mismo color del que Teddy llevaba ahora.  -¿Por qué no van a jugar hasta que este la comida? Vayan a buscan a Dominique.

Los niños salieron corriendo rumbo al jardín, arrastrando a Dominique en el camino, para toda su alegría.

-Ha salido con la mitad del cabello peinado y la otgamitad hecha un desastge- suspiró Fleur, no había nada que hacer con su niña menor, era, como decía Bill, una leoncita.

-¡Familia, les traigo una sorpresa!- la estruendosa entrada de George los hizo dar un respingo- traigo una acompañante, adelante señorita- Angelina entró con una sonrisa.

-¿Era necesario que hicieras el ridículo, George Weasley?- el pelirrojo se encogió de hombros mientras abrazaba a su hermana.

-Capitana, hace siglos que no te veía- le dio un rápido abrazo a Harry.

-Señora Weasley, un gusto volver a verla- la mujer miró a la muchachita morena y a su hijo, George no había traído a una mujer a la madriguera desde que se había separado de Emmeline.

-Dime Molly- miró a su hijo con curiosidad. -George cariño, deberías haberme avisado que vendrías acompañado, mira el desastre que hay, y mira cómo voy vestida.

-¿Bromea? No sabe lo que es mi casa, es más seguro caminar por campo minado que por mi departamento- Angelina sonrió con gracia- no se preocupe, George solía tirarme pegamento en el cabello y aún sigo siendo su amiga, un poco de desorden no va a molestarme.

-Yo no te tiraba pegamento.

-George, Fred estaba detrás de Sophie en esa época y se sentaba con ella siempre y tú te sentabas conmigo para molestarme.

-Porque tú me gustabas a mí, mujer.

Angelina rió y lo empujó suavemente con el hombro.

-Idiota.

Hermione carraspeó.

-Esto ya está listo y no quiero que me echen la culpa de que se queme.

Todos pasaron al comedor, una sala nueva que habían construido Harry con Ron sobre parte del jardín, una habitación larga y  cálida, con una gran mesa llena de sillas de todos tipos y colores, otra curiosidad de la madriguera, todos habían elegido en distintos lugares la silla que más les gustaba y la habían elegido para esa mesa.  Arthur hizo levitar una silla de la cocina para Angelina.

-¿Y el prefecto perfecto no viene?- Ginny rió.

-Hacía tiempo que nadie le decía así a Percy- La pelirroja sentó a Teddy a su lado, junto a Victoire.

-Percy está reunido con el Ministro, me dijo que comería algo en el ministerio con Dri, pero que vendrían después- Molly sonrió.

-Es un hombre muy ocupado, con su trabajo y su familia, deberías verlo. Tanto como mis pequeños- dejó la gran cacerola en el centro de la mesa y apretó los hombros de Harry y Ron- Harry se ve tan importante con su traje de auror.

-Y muy guapo- Ron bufó- ¿Qué? Harry se ve guapo con su traje de auror, tengo que andar espantando a las mosquitas muertas que pululan a su alrededor.

-Te tienen cortito Elegido- se burló George.

-No necesito a ninguna otra que no sea mi esposa- cortó el ojiverde, Fleur y Angelina suspiraron haciendo que sus acompañantes miraran feo a Harry. Ginny tomó la mano de Harry, entrelazando sus dedos, y él la beso, justo sobre el anillo de matrimonio.

Molly miró a la pareja emocionada, en el último tiempo su niña había estado tan alejada de su familia y su matrimonio que había llegado a pensar que las cosas no iban bien con Harry, pero mirándolos, sentados frente a ella, y la manera embelesada en que se contemplaban supo que el amor seguía intacto. Sirvió los platos, el delicioso aroma invitó, especialmente a los Weasley y sus estómagos sin fondo, a comenzar a comer.  

-Cariño, ¿cómo van las cosas? Estuviste algo ocupada el último tiempo.

-Lo sé- miró a Harry y suspiró antes de seguir hablando- He renunciado.

El tintineo de los cubiertos sobre la mesa cortó el silencio, todos los ojos se centraron a Ginny.

-¿Qué tu qué? ¡Estás en la cima de tu carrera!- Charlie estaba desconcertado- Creí que te gustaba.

-¿Qué mejor momento para retirarme que ahora? Creo que se cumplió mi ciclo en ese equipo Charlie, solo eso.

Ron tosió.

-No te lo crees ni sola Ginevra.

-Cállate Bilius.

-Eres insufrible.

-¡Ron!-regañaron Harry y Hermione a coro.

-¿Hay algo más? ¿No tienes algún problema de salud, verdad?- inquirió Arthur preocupado.

-Papá, nada sucede. Solo estaba demasiado lejos de lo que me importa, de ustedes, de mi Teddy, de Harry. Más lejos de lo que podía soportar, necesitaba a mi marido.

-¿Si sabes qué hay formas de consolar esas necesidades, no?- se mofó George, Angelina soltó una risita.

-Ninguna de esas formas consuela de la misma manera que un marido, Georgie.

-Tú no estás casada ¿cómo te lo consuelas entonces?-la morena sonrió de lado misteriosa.

-¿Por qué tienen que consolar a mami?- Teddy la miró con un mohín- ¿Esta triste?

-No esa clase de consuelo chiquitín, pasa que...-Bill le lanzó un bollito de pan.

-Están mis hijas presentes, termina esa oración y no podrás consolar a nadie de nuevo en tu vida.

-¡No se tiren la comida!- Bill alzó las manos con inocencia y George la miró indignado. Treinta y cuatro años habían pasado desde que había sido madre,  todos sus hijos tenían ya más de veinte años...y aún así tenía que seguirlos regañando por arrojarse cosas, encerrarse en los armarios y burlarse de su hermana.

-He visto que los muggles tienen unas cosas que arrojan pelotas, podrían tener una de esas y arrojars...

-¡Arthur!- No importa cuánto tiempo pasase, hay cosas que no cambian.


-Me está dando un pico de azúcar- se quejó Ron. Hermione rió. Harry estaba en el sofá, tomando una taza de chocolate con Ginny acurrucada en su costado, con las piernas sobre él y murmurándose cosas. -Parecen dementores, se besuquean como si quisieran encontrarse el alma en algún lado.

-Ron, déjalos, son felices.

-¿Qué les ha pasado? Creí que se habían separado hace tiempo- comentó Percy por lo bajo- Harry andaba algo deprimido en el último tiempo. -Audrey asintió, había sido testigo del malhumor del elegido algunos días.

-¿Divogciagse? ¡Son el uno para el otgo!- Fleur tenía en sus brazos al pequeño Louis, a quien recién le había dado el pecho y dormía plácidamente.

-Son tan tiernos, parece mentira que el flacuchito que se unió al equipo este casado y sean la bomba de las parejas- Angelina comía distraídamente una barra de chocolate que había robado de la cocina a escondidas, mientras Molly preparaba las tazas de bebida caliente.

-¿Qué tienes con el chocolate, mujer?- sonrió, encogiéndose de hombros.

-El mayor exportador de cacao es Costa de Marfil, es una suerte que la semana que viene estaré allá.

George alzó las cejas.

-¿Qué tu qué? ¿Te vas un siglo, vuelves y te vas de nuevo?

-Lo sé, quería decírtelo pero sabes que soy mala con las despedidas.

-¿Estas demente pensabas irte sin decirme nada?- Angelina hizo un puchero antes de soltar una carcajada- ¡No es gracioso, Angelina!

-Era una bromita, Georgie, deberías tener un poco de sentido del humor ¿sabes? Voy a ver si tu madre me da más chocolate.

Percy y Ron miraron a su hermano pasmados.

-Eso no pudo...

-Acabar de pasar...

Comenzaron a reírse, mientras Molly a los pies de su padre reía solo para hacer causa común.

-¡Has caído! ¡Le han hecho una broma a George Weasley!

-¡Giten de nuevo y los golpeage!- Fleur los miró amenazante, suficiente costaba dormir a un bebé Weasley como para que sus irresponsables tíos lo despierten.

-¡Eso! Piensen más en su sobrino, idiotas- George se alejó avergonzado, la única persona capaz de hacerle una broma hasta ese día había sido Fred. Miró a Angelina, sonrió, burlándose de haber caído. Debía proponerle matrimonio a esa chica.


-Mamá, ¿puedo hablar contigo?- Todos estaban reunidos en la sala, charlando, gritando, jugando con los niños, mientras Ginny había ido a la cocina a ayudar a su madre junto con Hermione.

-Claro cariño, ¿sucede algo malo?- la pelirroja sonrió.

-No, al contrario. Solo quería preguntarte como te diste cuenta que estabas embarazada de Bill- Molly dejó caer el plato.

-¿Se ha lastimado alguien?- preguntó Arthur desde la sala.

-No querido, solo se me ha resbalado un plato- un movimiento de varita y el plato estaba como nuevo- ¿estás embarazada?

-No, no aún. Quiero jugar el último partido, pero Harry y yo hemos estado buscando un niño...

-Ginny, te quiero y debo decirte algo seriamente, un hijo no es una bandita para matrimonios heridos, si algo está mal entre ustedes no deben usar un hijo como bote salvavidas, no funciona.

-No es eso, no estamos mal, lo estuvimos un poco, pero todo está bien ahora, de verdad- agregó para convencer a su madre- estamos bien mamá, queremos agrandar la familia y quiero saber cómo lo supiste, como se lo dijiste a papá, como hacer las cosas bien- Molly le acarició la mejilla, su única niñita estaba parada frente a ella, lista para ser madre.

-No hay una forma correcta de hacer eso cariño, lo sentirás y querrás gritarlo, y Harry estará ahí para gritarlo contigo, solo en el momento en que tengas a tu bebé dentro del vientre sabrás como reaccionar. Estoy muy feliz por ustedes. ¿Qué piensa Harry?

-Está desesperado por tener un pequeño ejército de Pottercitos- se encogió de hombros con una sonrisa- tenemos planeados tres bebés, pero quien sabe. ¿Y tú?- miró a Hermione- ¿Qué hay de ti y Ron?

-¿Qué con qué?- balbuceó nerviosa.

-Bebés, bebés por todos lados, Hermione.

-No lo sé, no lo hemos hablado, quizás en un par de años.

-Déjala, no puedes presionarla, ya sabrán cuando lo necesitan...aunque un par de nietos más no me vendrían mal- agregó con una cálida sonrisa. -Mis dos niñas ya son mujeres, ¡Ya serás madre!- abrazó a Ginny emocionada- No te exijas, a veces los bebés tardan en llegar, no te sientas mal si no quedas a la primera, aunque dado los genes, creo que tendrás tu barriguita antes de si quiera notarlo.

-Lo sé mamá, pero siete hijos no están en mis planes.

-A tú edad yo decía lo mismo- Hermione rió al ver la cara de pánico de su cuñada.

-No, definitivamente solo serán tres.

-¿Tres qué?- preguntó Percy entrando en la cocina.

-Tres días de vacaciones para tu mujer, la explotas.

Y Percy puso su mejor cara de cordero antes de soltar un discurso de porque Audrey era sumamente necesaria y un pilar irreemplazable en su carrera, en el ministerio, en la familia y en la fundación del mundo.

Definitivamente había cosas que no cambiaban, los discursos de Percival Weasley, por ejemplo.