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¿Qué paso en esos 19 años? Parte II — capítulo 13

Harry se había quedado con la camisa a medio prender, con las manos estáticas entre los botones y ojales. No era algo extraño para él que sus ojos sencillamente se fueran sobre ella, que su cerebro entero se fugara, estaba seguro que gran parte de las veces ella ni siquiera lo notaba, cuando Harry la observaba mientras tomaba el café, mientras caminaba por el Ministerio, era un imán para sus ojos, para él.

Ginny caminaba distraída por el cuarto, con su ropa interior y unos graciosos calcetines con snitchs, sacando ropa del closet y desparramándola sobre la cama.

-No sé que ponerme- sonrió, Ginny no solía preocuparse por esas cosas, normalmente solo usaba sus pantalones de jean, cortos o largos según el clima, y si podía algún Sweater que él hubiese usado el día anterior.

-¿Por qué te preocupa?- la pelirroja, quién tenía su melena en  una coleta desprolija, hizo un mohín.

-Hace años que no piso Hogwarts, quiero parecer una adulta, no una niña de primero que se muere de emoción- él se sentía de la misma manera, no sobre el vestuario, si no sobre volver a Hogwarts, dio una mirada rápida a la carta de McGonagall sobre la mesita de noche. Eran comunes las charlas y clases de orientación vocacional, pero este año McGonagall, como directora, había decidido llamarlos a ellos.

Hermione se había sentido terriblemente apenada por declinar, pero hoy presentaría el proyecto final para el registro de elfos domésticos y no podía faltar, y Ron no había sido invitado. Primero se había mostrado levemente ofendido, pero tardó demasiado tiempo en notar que ningún profesor en su sano juicio llevaría al director de una tienda de bromas como posible carrera.

-Estarás hermosa uses lo que uses- la sonrisita que cruzó el rostro pecoso hizo que su corazón diera un vuelco. Para muchos aquello podría sonar exagerado, pero para él, que había padecido la soledad a puntos extremos, tener aquella mujer sonriéndole cada mañana y saber que seguiría estando al día siguiente y al siguiente, era una felicidad casi incomprensible.

Y la pequeña curva, casi inexistente, que comenzaba a formarse en su vientre, lo hacía querer reírse hasta llorar. No creía posible poder amar tanto, con cada milímetro de piel, con cada parte de su alma.

-¿Pasa algo? ¿Tengo algo? ¿Son los calcetines? ¡Harry! ¡No debes reírte de los calcetines de tu mujer!- rió ante la indignación.

-No me río de ti, solo estoy feliz ¿es qué acaso no puedo? ¿No estás feliz tú también?- Ginny se acercó a darle un beso.

-Nosotros también estamos felices, pero a McGonagall tu alegría, la mía y la del pistacho le importan un cuerno.

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-¿Estoy bien así, seguro?- Por décima vez, y no es que le costara hacerlo, recorrió con la mirada a la pelirroja. Traía una blusa blanca, ancha y liviana que ocultaba lo 'extraño' que se veían sus senos según ella por no usar un 'brasier real', por alguna razón se había levantado con una irritabilidad centrada en esa zona, y había terminado por ponerse una de esas piezas de lencería de encaje sin ningún armazón, piezas que usualmente solo usaba cuando estaba con él y no pretendía usar nada más y un pantalón beige de traje que Hermione le había regalado hace tiempo (y que en su humilde opinión le marcaba  sus curvas de una forma deliciosa).

-Estas preciosa- Había dejado de preguntarse sobre porque Ginny cambiaba levemente de personalidad depende el día, según los benditos libros sobre embarazo, solo eran hormonas.

-Tú estás muy atractivo- había terminado por elegir usar el traje de auror, después de todo hablaría de la profesión que había escogido. Y cuando Ginny corroboró por decimo primera vez que todo estaba en orden, entró en la chimenea y los polvos flu la consumieron, un minuto antes de que él hiciera exactamente lo mismo.

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Era extraño aquello.

Muy extraño.

Muchos jóvenes de diecisiete años con diferentes corbatas, de acuerdo a su casa, lo miraban interesados, admirados, o curiosos. Se sentía extrañamente viejo y con monos en la cara, pero había convivido con aquella sensación de ser observado toda su vida.

Carraspeó suavemente, un par de muchachitas de la primer fila se removieron emocionadas, como si aquello hubiese sido demencialmente sexy. Ginny le apretó el brazo suavemente, ella sabía exactamente lo que pensaba.

-Bueno- comenzó ella con una sonrisa simpática- como ya sabrán, somos Harry y Ginny Potter.

-¿Por qué usas tu apellido de casada?- una chica de Ravenclaw, que miraba a Ginny casi con actitud desafiante, levanto la mano después de preguntar.

-Porque con Harry formamos una familia y somos la familia Potter, fin de la discusión. Es una charla vocacional, las charlas con la casamentera son a las once treinta en la sala este.

Muchos rieron, incluido él. Agradeció mentalmente el desparpajo de Ginny, ella lograba relajar cualquier ambiente.

-¿Empiezo yo?- asintió- Soy auror hace ya varios años, entré en la academia cuando tenía diecinueve años y ahora soy Subjefe de la Oficina de Aurores del Ministerio...

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Estaba mirando embelesado como un idiota como Ginny hablaba apasionadamente, movía sus manos intentando dar énfasis en las cosas, reía y mezclaba consejos con anécdotas. Estaba levemente distraído por verla apoyada en ese escritorio, donde hace años y después de dar una de sus primeras pruebas de resistencia del curso de aurores, la había hecho suya. Un pensamiento pervertido y desubicado, considerando la situación, pero era inevitable.

-Señor Potter ¿Por qué esa carrera? ¿No cree que ya tuvo suficiente de magos oscuros con todo... aquello?- el chico de Hufflepuff se apenó un poco cuando el ojiverde le prestó atención.

-Nunca consideré hacer otra cosa, desde el momento en que supe que existía la magia oscura, decidí luchar contra eso. Tampoco es que tuve grandes posibilidades de elegir otra cosa, pero es lo que disfruto hacer- suspiró- ya sabes, que el mundo sea un lugar mejor para mis amigos, mi familia y los que vienen- dio una mirada fugaz al vientre de Ginny- saber que ellos tendrán una vida más segura y feliz que la que yo tuve...le da sentido a todo.

-¿Entonces no tuvo una vida feliz?- Ginny se tensó ante la pregunta, la charla no iba sobre aquello.

-Cuando pasas la mitad de tu vida ignorando quien eres y la otra mitad luchando con un asesino no hay mucho tiempo para ser feliz- sonrió de lado- pero luego conocí a esta mujer que hacía chistes estúpidos sobre Voldemort y todo valió la pena.

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-No he visto a mis alumnos tan callados desde la ceremonia de selección, y en aquel entonces estaban aterrorizados- Harry miró con nostalgia el despacho de McGonagall, mientras la mujer servía el té.

-¿Nadie ha ocupado su lugar?- la pregunta brotó de sus labios casi con inconsciencia. Minerva negó con la cabeza.

-Desde que me nombraron directora supe que seguiría aquí, nadie se ha atrevido a mover nada del lugar de Albus, es un sitio tan curioso- sonrió con tristeza- pero subo a diario, a charlar con él, no es lo mismo, pero al menos puedo ver su expresión de nuevo.

-¿Lo extraña mucho, verdad?- la mirada de la profesora, a través de sus gafas, demostró el cariño y la confianza que sentía por aquel muchacho frente a él.

-Tanto como tú. ¿Qué tal has estado, Potter? La señorita Granger escribe a menudo pero tú muchacho...- un reproche maternal lo hizo sentir culpable.

-He estado algo...pendiente de otras cosas- suspiró- Ginny está embarazada- no recordaba haber visto una sonrisa tan alegre y emocionada en el rostro de la profesora.

-Oh niño- se levantó de su lugar para abrazarlo, era extrañamente familiar aquello, a pesar de que eran pocas las veces que Minerva había tenido algún gesto de ese tipo con él. -Estoy tan orgullosa de ti- se sintió avergonzado cuando notó las lágrimas que caían por las mejillas- Ignórame, son los años, me he vuelto más blanda.

-No diga eso, no sabe lo que le espera con un par de Weasley y Potter más, necesitan alguien que los enderece.

-Al menos el primero que llegará es un Lupin, era el más tranquilo.

-Pero es hijo de Tonks también.

-Por Merlín, dame paciencia.

__

-¿Qué tal la charla con McGonagall?- Ginny lo tomó de la mano, mientras caminaban a la orilla del lago, por un instante como si tuviesen dieciséis años de nuevo, ignorando las miradas curiosas que los seguían como si fueran peces en una pecera.

-Bien, le he contado, estaba muy feliz. ¿Qué tal tu recorrido?- Ginny sonrió con picardía.

-Me he colado en la torre de Gryffindor. Es tan extraño, pisar embarazada de ti el lugar donde nos besamos por primera vez, todo aquello parece tan lejos y- se puso frente a él, mientras la luz del sol poniéndose le daban un aire mágico a su cabello rojo- más cerca que nunca. ¿Me entiendes?- Rodeó su pequeña cintura con los brazos.

-Como no te das una idea- La besó, un beso húmedo y suave, ignorando algunos silbidos. Sabía que mañana todo sobre el beso sería contado y exagerado en el profeta, justo un par de horas después a que algunos alumnos cotillas enviaran la noticia, pero no le importaba.

Nada fuera de ese pequeño momento importaba.

__

Le pidió a Ginny que se retirara antes y no necesitó ni una palabra más para que ella comprendiera. Un apretón de manos como apoyo, un beso y un adiós, con Ginny nunca necesitaba palabras de más.

Subió las escaleras en espiral, con un nudo en el estómago. No sabía que haría cuando escuchara esa voz de nuevo, era una inseguridad extraña para un hombre que tenía una vida estable, pero quería contarle, quería que supiera que él había logrado ser mucho más que una ficha en el ajedrez, que el sentido a su vida no se lo había dado una profecía, que se lo había dado la pequeña familia que él había formado.

-Señor- Dumbledore abrió los ojos algo distraído, quitando la cabeza de la línea del marco del retrato.

-Harry, cuánto tiempo- los ojos azules lo miraron a través de los anteojos de media luna- ¿Qué tal va tu vida?

-Mejor de lo nunca hubiese podido desear. Señor, voy a tener un bebé- sintió que los ojos verdes le escocían- Voy a ser padre.

Dumbledore abrió los ojos con sorpresa, antes de sonreír y negar con la cabeza.

-Nadie se lo merece más que tú, Harry. Nadie se merece una familia más que tú.

Bajo la cabeza, avergonzado de que aquella pintura lo viese llorar.