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¿Qué paso en esos 19 años? Parte II — capítulo 14
Paris siguió con la mirada a Cordelia durante el entrenamiento. La mujer era feroz. Se movía con la agilidad de una gimnasta pero golpeaba con la rudeza de un luchador, sería bastante intimidante de no ser por ese rostro precioso que la distraía.
-Rosendahl, tu turno, ¡Rosendahl!- dio un brinco cuando recordó que ese era su apellido. Esta siendo más complicado de lo usual desempeñarse bien en los duelos. Estaba demasiado consciente de los movimientos de la morena, no le sucedía eso desde que era una adolescente. Acabó por insultarse mentalmente un par de veces hasta que pudo poner su cerebro en la varita y contra los oponentes. -¡Están fallando miserablemente!- los novatos en fila la miraban avergonzados, o directamente evitaban mirarla. -¡Son aurores, esto no es Hogwarts! ¡No pueden llorarle al profesor por los puntos, o lo hacen bien o podrían morir! ¿Es lo mejor qué pueden hacer?- incluso ella se estaba sintiendo incómoda- ¿Es lo mejor que pueden hacer?- repitió con tono más firme.
-¡No!- Negó levemente con la cabeza.
-¿No qué?
-¡No señora!
-Rompan filas.
Cada novato se fue por su lado, solos o en grupo, dejándolas solas en medio del gimnasio. París meditó unos segundos sobre si hablarle o no, la morena parecía capaz de quemarla con mirada láser si se acercaba demasiado.
-¿No crees que eres algo dura con los chicos?- Cordelia la observó antes de negar con la cabeza. -Yo creo que podrías ser menos brusca, no los motivas, les pateas el trasero, lo cual es divertido de ver pero bastante trágico para ellos.
La morena suspiró antes de sonreír levemente, creándole un nudo en el estómago.
-¿Te parece divertido? No es lo que estoy sintiendo en estos momentos.
-Auch. ¿Tan mal así? Sé que apestan pero tienen potencial.
-No lo decía por ellos...Déjalo, no importa- se dio vuelta, caminando hacia donde estaba su abrigo y su bolso. París se apresuró a ir junto a ella, sabía que se arrepentiría luego si no aprovechaba ese momento de guardia relativamente baja.
-Se que no somos...amigas ni nada, pero si se que un buen trago de tequila anima a cualquiera.
-¿Sabes qué son las siete de la tarde?- París se encogió de hombros y sonrió.
-Cariño, en los bares donde voy no entra la luz del sol, sería lo mismo ahora que a medianoche- pudo ver la duda en sus ojos oscuros- solo una copa y una charla, luego vuelves a tu vida más aliviada, no pretendo dejarte borracha y tirada en alguna plaza de Londres, no en la primer salida al menos.
Por fin pudo conseguir robarle una risita, acabó por asentir.
-De acuerdo, ¿no tienes abrigo?
-El calor lo llevo por dentro- Quiso aclararle que no iba en broma, pero su sonrisa era demasiado bonita.
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-Así que, ¿Cordelia? ¿Tienes algún apodo o algo?- se perdió cuando vio su dedo acariciar el filo de la copa.
-Lia, puedes decirme así. Por cierto ¿cómo es que una chica de tu edad es instructora?
-No soy una niña, tengo veintisiete- Cordelia alzó sus espesas cejas oscuras algo sorprendida- ¿Parezco más joven? Solo nos llevamos tres pequeños e insignificantes añitos.
-No es tanto por tu rostro, tu forma de ser tan... alocada, creí que eras más joven. A tu edad yo estaba esperando a mi hija.
-¿Tienes familia?- Casi pudo escuchar el crujido de sus fantasías quebrarse.
-Sí, tenía al menos- una risa amarga- me estoy divorciando y mi hija pasa más tiempo con su niñera que conmigo. ¿Cómo pasas treinta años de tu vida planeando algo tan detenidamente y de repente todo se va por el tubo?
-La vida es demasiado compleja para planearla, eso no quiere decir que sea tu culpa. Y los divorcios no son tan malos, peor es acabar como mis padres, siendo tan conservadores que no van a admitir nunca que no se toleran.
-El divorcio es bastante malo cuando tu marido se acuesta con su amiga en tu cama. Pero así son los hombres ¿qué te cuento? Seguro ya lo sabes- París soltó una risita, un poco ahogada por el tequila.
-En realidad, no lo sé. He sido lesbiana desde que tengo memoria- Cordelia se ahogó y tosió disimuladamente- tranquila, es una reacción bastante común.
-Entonces- miró nerviosa las copas- ¿tú creías que esto era una cita?- Paris rió.
-¿Por qué habría de considerarlo así? Me pareciste atractiva, lo admito, solo quería saber qué nivel de probabilidad había, no hay ninguna y ambas seguiremos con nuestras vidas normales. No voy a idealizarte ni nada- había algo de mentira en esa despreocupación, pero era algo usual, antes de aventarse contra una persona debía tantear el terreno, tampoco tenía ganas de romperse la nariz por tirarse a una piscina sin agua.
-¿Me consideras atractiva?- la pregunta la tomó desprevenida.
-Si ¿eso te incomoda?- pareció meditarlo, no iba a hacerse esperanzas de que por cinco minutos de charla y una copa la mujer iba a replantearse toda su identidad sexual.
-No, me intriga. Nunca había hablado con alguien como tú.
-¿Cómo yo?- Cordelia puso los ojos en blanco.
-Si ya sabes, que no fuera normal.
-Tengo dos ojos, un corazón y dos pulmones, me considero normal- no pudo evitar plasmar la molestia en la última palabra- ¿Quién es normal en este mundo? ¿La divorciada? ¿La que se acuesta con tu marido? ¿Tu marido el infiel? Lia, la gente adulta es demasiado inmoral como para dárselas de moralistas.
-Lo siento, no quería sonar tan ofensiva. Pero me es extraño, ¿cómo te besas con otra mujer sin que te de asco?- París sintió la furia burbujear en su estómago. Puso el dinero sobre la barra del bar, y en un movimiento rápido, la tomó de la nuca y le plantó un beso. Justo cuando la sintió relajarse, quizás al borde de responder el beso, se separó.
-Así. Nos vemos el lunes.
Y la dejó, sola y aturdida. Sentía su cuerpo arder, no sabía si por la furia, por la excitación, por la euforia... ya sabría dentro de dos horas cuando la adrenalina y el alcohol bajaran si debía felicitarse o golpearse.
Rolf observó el pequeño y pálido cuerpo de Luna caminar por la salita de la tienda de acampada que llevaban para sus viajes. El cabello rubio, si bien más corto que cuando la conoció, llegaba a la curva de su espalda baja, dándole un aire etéreo. No necesitaba viajar miles de kilometros para ver un hada, solo le hacía falta levantar la mirada.
-¿Por qué debemos vestirnos? Cuando nacemos como vida, lo hacemos sin ropa y para generar más vida, debemos volver a quitárnosla, ¿no es curioso?- sonrió, estaba acostumbrado a las preguntas sin respuesta, podría pasarse horas junto a Luna escuchándola delirar o filosofar sobre cualquier cosa, existente o no.
-En este momento, deberías vestirte porque si no amanecerás resfriada.
-Cierto- Se acercó a ella con su sweater, al que ella misma le había bordado un unicornio, se lo pasó por la cabeza y le pidió que pasara los brazos. Luna era una eterna niña curiosa, que parecía distraía pero que era más atenta que el común de los mortales.
-¿Mejor?- asintió con una sonrisa- ¿Es necesario que después de hacer el amor siempre quieras cambiar algo del mundo? No estoy en desacuerdo con que ir desnudo por la vida sería muy cómodo, pero lo más probable es que terminaríamos privados de la libertad por exhibicionismo.
-Y me tildarían de loca, igualmente... siempre lo han hecho- Rolf la besó en la frente.
-El mundo sería muy aburrido sin gente loca, Luna. Y tú eres la lunática más hermosa que he conocido- Luna sonrió.
-¿Entonces también estás loco?- Rolf asintió- oh, eso es interesante. Si te sirve de algo, eres un demente muy guapo.
Y rieron, antes de que Rolf la arrastrara a la pequeña hamaca-cama para que durmieran un poco, después de todo eran las cuatro de la mañana.
-¿Era muy importante esto? Estaba perfeccionando algo con George y podría dejar mucho dinero- cruzó la sala de la casa de Harry y Ginny, derecho al refrigerador donde encontró un trozo de pastel de fresa.
-¡Eso era mío!- reclamó Ginny al verlo con la boca llena.
-Si quer te o evuelo- la pelirroja hizo una mueca de asco. Harry le besó el hombro.
-Te compraré más, tranquila. Hay un par de cervezas en el congelador- Ron levantó el pulgar en señal de aprobación, antes de ir a buscar un par de cervezas muggles deliciosas y refrescantes para apaciguar el calor pegajoso del verano que se acercaba a Londres.
-Gracias- Hermione tomó la suya, justo después de que Ron la destapara. Ella no era especialmente fan del alcohol, pero había cosas que jamás se le negaban a un amigo y una cerveza era una de ellas. Y derrumbar a un troll también entraba en la lista.
-No quiere- Harry agarró la cerveza de Ginny de la mano de Ron y la dejó sobre la mesada de granito.
-¿Estás delirando? A Ginny siempre le han encantado- Harry carraspeó.
-Más que no querer...- Ginny sonrió, mirándose con complicidad.
-Más que no querer, no puedo beber- completó, Ron la miró contrariado, pero Hermione dejó caer la botella, que se hizo añicos en el piso, antes de saltar a los brazos de Harry.
-¿Están todos dementes? ¿Por qué no puedes beb...Hermione, estás llorando?- Harry estaba intentando consolarla torpemente. Mientras Ginny rodó los ojos ante la estupidez de su hermano para entender indirectas.
-A mí me gustan las cervezas, pero no creo que a James Sirius le agrade.
-¿Quién es James S...? Oh, maldición. No es...No puede...Estas....Él... ¡Embarazaste a mi hermanita!- Ginny se pellizcó el puente de la nariz.
-Voy a tener un bebé ¿y solo dices eso? Harry cariño, recuérdame porque lo quieres de padrino.
-Porque es mi mejor amigo, un amigo tan bueno que no golpeará a su mejor amigo por embarazar a su hermanita ¿verdad? No sé cuantas veces puedan arreglarme la nariz antes de que quede deforme, es en serio.
Hermione rió entre los hipidos del llanto, antes de abrazar a Ginny.
-¿Así qué seré... padrino?- Harry asintió.
-Tú y Hermione serán los padrinos del bebé...si aceptan, ustedes serán los encargados de cuidar a mi hijo si me pasase algo, y no podría elegir dos mejores personas que pudiesen cuidar de lo más valioso que tengo.
Ron no dijo nada, solo lo abrazó. Esos extraños abrazos que se dan los hombres, donde se palmean las espaldas intentando que todo parezca lo más varonil posible pero que a la vez demuestren que les tiemblan las rodillas como niñas de primaria.
-Claro que aceptamos, ¡Por Merlín! ¡claro que sí!- Hermione ya no sabía a quién abrazar, si reír o llorar y Ginny parecía al borde de la misma histeria.
-Yo- Ron suspiró- me alegra que seas el idiota con el que mi hermana se casó, no podría haber elegido alguien mejor.
-Gracias, creo.
-¡Cuidado Georgie!- estaban corriendo por toda la tienda, que estaba con sus pisos cubiertos de blanco. La nevada embotellada de Sortilegios Weasley era algo experimental, pero muy genial, que estaban planeando para las vacaciones de verano. Nieve fresca y divertida en medio del calor, solo duraba un par de horas y luego se desvanecía. O eso estaban intentando que pasase. Pero mientras tanto podían jugar con la nieve.
Le tiró una bola de nieve a la cabeza pelirroja.
-Angie, se supone que es trabajo. Eres una irresponsable y perezosa asistente, es hora de un castigo- una bola de nieve bien preparada y muy grande le dio el hombro, llenando su melena castaña, llenándola de copos de nieve blancos que contrastaban con su bella piel morena.
-¡Primero muerta que vencida!- salió a correr escaleras arriba, seguida por George que reía a carcajadas.
-¡Podrás huir pero no esconderte!- la tomó de la cintura, resbalando por la nieve en el piso de mosaicos. Con buenos reflejos se acomodó lo mejor posible para que el golpe no le doliese tanto a ella, que terminó cayendo sobre su pecho.
-¿Y quién dijo que quería huir de ti?- Sabía que la nieve se derretía bajo el calor de su espalda, mojando su traje pero estaba demasiado distraído observando los carnosos labios. Y antes de pensar dos veces la idea que martillaba en su cabeza, la besó.