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¿Qué paso en esos 19 años? Parte II — capítulo 5

—Tío— Dominique se arrojó a sus brazos, de todas sus sobrinas y sobrinos Dominique siempre había sido la favorita de Charlie, la única que, para horror de su madre, había sacado las ansias de aventura, le encantaba meterse en medio del lodo con tal de encontrar aunque sea una lagartija. Y aunque a Fleur y Victorie les disgustaba verla llegar con barro hasta la coronilla a Bill siempre lo hacía sonreír, después de todo, Bill había sido tan aventurero como su hija.

—¿Está bien si la cuidas?— preguntó Bill, cargando a Victoire— Vic debe ir a su consulta y Dominique hace desastres en la sala de espera— controlaban la salud de Victoire una vez al mes, no es que la niña estuviera mal de nada, pero ningún médico tenía registros de un niño que era medio veela y cuarto lobo, y solo le hacían algunos chequeos para saber que las pocas gotas de sangre de licántropo que cargaba no fueran a hacer estragos.

—Claro, ¿quién va a desenterrar huesos del dragón?— Dominique chilló y fue corriendo al jardín.

—¿Desenterrar huesos del dragón?— Bill negó con la cabeza divertido.

—¿Dominique no necesita...ya sabes, atención?— el pelirrojo mayor suspiró.

—No tiene ningún signo, es Victoire quien se tensa con la luna, Louis tampoco se molesta. Me preocupa— Victoire tenía la cabeza escondida en el cuello de su padre y lo rodeaba con sus bracitos.

—Bill tu ni siquiera eres licántropo, es imposible que la niña lo sea.

—No lo es, pero necesitamos saber hasta qué punto afecta esa contaminación. Es leve, pero si algo le pasa quiero saber cómo manejarlo.

—¿Louis donde está?— preguntó ante la falta del niño rubio.

—Se quedó en casa con Fleur, Dominique quiso venir. ¿Nina?— Charlie se encogió de hombros.

—No somos de esas parejas que sabemos todo del otro, probablemente este por ahí con su música o con Mac— Dominique volvió corriendo, con la cara más negra que blanca de tierra y las manos llenas de cosas que pretendían ser huecos.

—Dom, no creo que eso sea de dragón.

—Calla, son huesos del... escamoso británico, sigue buscando y encontraras el esqueleto entero.— los ojitos azules de Dominique se iluminaron y volvió a marcharse.

—Charlie son huesos de vaca, se los dimos al perro hace unos días. Ni siquiera existe el escamoso británico.

—Lo sé, déjala que sea feliz.

Bill sonrió, mirándo a su hermano pequeño.

—Serás un gran padre.

—Nina y yo hemos decidido no tener hijos— omitió el hecho de que aunque quisieran no podrían.

—¿Por qué? Charlie si todos los Weasleys nos juntamos en el mismo lugar llenaríamos un pueblo, no somos el tipo de familia que se cortan solos.

—Lo sé, pero no es lo nuestro. Ni siquiera pensamos casarnos, nuestra vida esta perfecta así.

—Esta bien, si tú lo dices. Solo no se cierren a la idea, es indescriptible ver a tu hijo por primera vez— Charlie sintió un nudo en el estomago.

—Bill, lo he sentido cada vez que fui al hospital a recibir a mis sobrinos, no necesito más que eso.

Escucharon un ruido.

—Genial, ya que quieres tanto a tus sobrinos ve a vigilar que tu predilecta no destruya el jardín ni entierre al perro.

—¿Bromeas? Brutus es un arma de ataque mortal.

—Es un pekinés de doce años, el mayor esfuerzo que hace es moverse del sol a la sombra.

—Creo que si vigilare que no lo entierre.

Bill rió.

—Ya nos vamos, ¿Vic sabes a donde vamos?— la rubita lo miró e hizo un pucherito.

—Al sanador.

—Sí, pero luego— la niña se encogió de hombros —A comprar una rana de chocolate solo para ti.

—¿En serio, entera?— Bill guiñó el ojo.

—Pero será nuestro secreto.

_

Harry no estaba prestando atención a la película, estaba tirado en el sofá con Ginny sobre él, dormitando después de escribirle a la cigüeña. Todas sus curvitas ejercían una presión maravillosa sobre él.  Deslizaba su mano, siguiendo la bajada de su espalda y la subida en su trasero, la manera en que su piel pecosa era suave y lo dejaba recorrerla de manera ociosa, le besó la frente.

—No vayas— murmuró ella cuando el timbre sonó.

—No pensaba moverme— pero el timbre se volvió insistente. —Me levanto, despachamos a quien sea y seguimos con lo nuestro, ¿Si?— Ginny asintió resignada y se levantó para dejarlo levantarse. Harry se puso sus pantalones y le paso su camisa a Ginny.

Abrió la puerta y la sonrisa de Cathy, con cierto reproche en la mirada, lo confundieron por un minuto.

—Hola Cathy— y Ginny no pudo con su genio, al escuchar el nombre se acercó a la puerta y abrazó a Harry por detrás.

—¿Quién esa ella, cariño? Invítala a pasar, no queremos ser descorteses— la sonrisa de Cathy se esfumó al ver a la pelirroja. Harry dirigió una mirada confundida y luego sonrío, conocía demasiado los juegos de esa muchachita.  —¿Tú eres Kaitlyn, la secretaria, no es así?— la castaña frunció el ceño.

—Soy Cathy.

—Oh, estoy segura que Harry me dijo Kaitlyn.

Harry suspiró divertido.

—Puede que me haya confundido, su nombre es Cathy.

—¿Qué tal si nos traes un jugo, cielo?— lo besó en el cuello y le dedicó una miradita de sal de aquí. El ojiverde se marchó antes de que la sala se convirtiese en el campo de batalla.

—Siéntate, y te recomiendo en ese sofá pequeño. Tuvimos sexo en el grande y sería incómodo para ambas verte sentada ahí, soy Ginny Potter, por cierto.

—Si, todos lo saben— Una ceja pelliroja se levantó— quiero decir, sale en todas las revistas...solo que no dicen que sea tan— miró el sofá con desdén— indiscreta.

—¿Indiscreta? Todo el mundo sabe que tengo sexo con mi marido, no es ningún misterio.

—Quizás tu marido no se sienta del todo cómodo contigo presumiéndo el sexo.

Ginny la observó y mantuvo unos segundos la mirada desafiante.

—¿Tienes novio? ¿Marido? ¿Amante?— Cathy negó— Pues, yo estoy con el mismo hombre hace diez años, no creo que tengas nada para enseñarme en cuanto complacer a un hombre.

—Quizás con tantos viajes se pierde un poco las ganas de complacer a un hombre— la sangre de Ginny burbujeó con las molestias.

—Y quizás tú deberías dejar de meterte con un hombre que no es tuyo y que jamás se fijará en ti. ¿Sabes quién soy?— Cathy asintió— bien, métete con mi marido y me aseguraré de que no vuelvas a trabajar en Londres, tú pretendes meterte en el papel de chica mala y yo puedo ser mucho peor. Yo lo amo y lo amaría aunque fuera el conserje del ministerio, tú no puedes decir lo mismo. No te metas con él porque te destrozaré, ¿sí? Y deberías pedirme una disculpa por todo lo que has pensado hacer.

—Lo siento— masculló, furiosa.

—¿Disculpa, qué?— Cathy le dirigió una mirada iracunda.

—Lo siento, señora Potter. —Tiró un par de carpetas sobre la mesita ratona— eso es lo que el Señor Potter me pidió.

Harry volvió en el momento en que la puerta se cerraba de un portazo.

—¿Te das cuenta que destrozaste espiritualmente a mi asistente?— Ginny se mordió el labio.

—¿Lo siento?— una sonrisita que demostraba que no lo sentía— son solo malas personas que quieren colgar de tu autógrafo y tu bolsillo, si fuera una mujer sinceramente enamorada...

—La alejarías igual.

—Por supuesto, eres mío— lo besó— pero lo haría con mucha más delicadeza. Kaitlyn se lo merecía.

Harry negó con la cabeza, su esposa no solo era Gryffindor por el pelo escarlata y la valentía que le corría por la sangre, si no porque era una leona, apasionada, aguerrida y sobre todo, territorial.

—Eres posesiva.

—Lo dice el hombre que no quiso que participe en el juego de verano porque los vestidores eran unisex.

—¿Dejar que todos esos jugadores musculosos sin cerebro estén viendo cómo te vistes y desvistes? Yo soy el único que tiene ese derecho— comenzó a desprenderle la camisa.

—¿Y yo soy la posesiva de la pareja?—  Le mordió el cuello con suavidad, haciéndole soltar una carcajada— esto de ser desempleada tiene sus ventajas.

_

—¿Dónde has estado en el último siglo?— Angelina rió.

—Solo han  sido siete años— George la miró escéptico.

—¿Solo siete? Angie han pasado tanto tiempo que ya no recordaba tus hoyuelos, eso debería ser ilegal.

La morena sonrió, dejando que los dichosos hoyuelos aparecieran.

—Fui de viaje a Ámerica, ¿tengo raíces latinas, recuerdas?— acarició su melena, oscura, desenfrenada y afro. Una de las cosas que más les gustaba a él y Fred de Angelina era, aunque suene tonto, su cabello. En Hogwarts había gente de muchas razas, pero aquel pelo salvaje combinado con esa piel tan oscura que parecía satinada, era hermoso.

Angelina era un espíritu libre, siempre lo había sido, y lo decía todo en ella. El pequeño aro de metal que adornaba su nariz, las letras tatuadas que adornaban su nuca y su mirada retadora.

—¿Encontraste algo que bajo la tierra?— Angelina sonrió.

—Las raíces están aquí— apretó el puño para que se marcaran en su piel los caminos que seguían sus venas.  —¿Qué tal van tus raíces? ¿Cómo han estado después de todo aquello?

—Todos han seguido, el mundo ha seguido girando, aún es difícil, ya sabes...Navidad especialmente. Pero han sabido llenar espacios, Bill tiene tres niños y Percy dos niñas.

—Espera ¿Percy? ¿El prefecto perfecto? ¿Con quién?— George sonrió.

—Es una buena chica, ni siquiera es estirada, no sé que ha visto en Perce. Se llama Audrey. Charlie esta con una pate traseros rumana, Ron y Hermione se casaron y Harry y Ginny siguen juntos, lo cual es de lo más predecible.

—¿Y tú? ¿No hay señora Weasley que cuide de ti?— George rodó los ojos.

—La única señora Weasley que cuida de mi en este momento es mi santa madre que sigue lavando mis medias, debería llevarle chocolates más a menudo— reflexionó.

—Molly Weasley, hace añares que no la veo, recuerdo que no tenían dinero y aún así insistieron en pagar los helados para mí y Alicia, era asombrosa.

—Lo es. ¿Qué tal lo de Alicia?— preguntó incomodo.

—Después de la herida, no pudo volver a volar— George se estremeció al pensar en la pierna destrozada por un mortífago— tranquilo, puede caminar bien y tiene dos niños, es muy feliz ahora, solo se alejó un poco de este mundo. Varios lo han hecho, supe que Cho Chang se casó con un muggle no hace mucho.

—Oliver y Katie tienen un varón, no sé si será bueno para el quidditch, por el bien psicológico del niño espero que no sepa ni por donde agarrar la escoba.

Angelina rió.

—Pobre Oliver, estaba malditamente obsesionado.  Pero llevamos bastantes copas a la repisa de McGonagall, Harry jugaba como los dioses. Creo que Oliver no le perdonó que no fuese buscador en algún equipo. A tu hermana le va muy bien.

—No me lo recuerdes, siempre que voy a algun bar algún imbécil tiene su foto en la pared. ¿Sabes la cantidad de puñetazos que he repartido desde que la mocosa es famosa?

—Es guapa, acéptalo.

—Eso no quita que voy a hacerla respetar. Tu eres guapa pero si algún idiota quisiera propasarse yo...— Angelina lo miró fijamente y George se silenció a sí mismo.

—¿Tú qué, George?— el pelirrojo suspiró.

—Te defendería, eso hacen los amigos ¿verdad?

—Si. Amigos.