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¿Qué paso en esos 19 años? Parte II — capítulo 6
Sentía las gotas de sudor deslizarse por su espalda. Una semana sin entrenar había sido demasiado, no soportaba estar quieta, tenía demasiada energía, demasiadas ganas de comerse el mundo y por eso había terminado ahí.
Lo admitía, no había sido inocente el hecho de que traía pantalones de yoga y un top de ejercicios, sabía que cada curva y ángulo de su cuerpo se marcaba. Dos causas primordiales, conseguir el salón de entrenamiento de los aurores y calentar a su marido. No por nada era Ginny Weasley de Potter.
Extraña los duelos, pero realmente en los últimos siete años no había tenido grandes motivos para luchar con nadie y por eso la emocionaba tanto ese salón, eran maniquís, poco más que espantapájaros, embrujados para moverse y atacar tal y como lo haría un enemigo, mientras mejor eras más difíciles se ponían.
Era la mejor manera en que los aurors podían usar cualquier hechizo defensivo sin dañar a otro auror.
Había salido muy temprano de casa, después de dejarle el desayuno junto a la cama a Harry en su mesita de noche y su lencería francesa tirada junto a la ducha, debía extrañarla, debía pensar en ella.
Tenía demasiada adrenalina y demasiado tiempo libre, por lo que recurrió a su admirador para conseguir el salón de entrenamiento, Robards era un hombre casado y respetuoso pero sabía que si le pedía un favor, sea por ella o porque era la esposa del muchachito dorado entre los aurors, obtendría cualquier cosa.
Se tronó el cuello y dio el golpe final.
-Esa es mi pelirroja- la voz de Harry reaccionó como interruptor. Todo el mundo se apagaba a su alrededor, todo se nublaba y solo quedaba él, su voz y la sonrisa de lado que traía en su adn.
-Cariño- Corrió hacia él y lo besó. ¿Cómo podrían haber estado a milímetros del abismo? Le rodeó el cuello con los brazos y al sentir las manos de él ajustarse en su cadera, lo rodeó con las piernas. Esto de buscar bebés era una excusa excelente para no sentirse un par de pervertidos. Parecía que habían pasado años, siglos, en las últimas horas, y su fervor, al límite por el duelo, explotó al profundizar el beso.
Un ruido y un relámpago de luz la distrajo lo suficiente para oír el carraspeó.
El beso se terminó y Harry la dejó en el piso, entonces prestó atención al resto de los presentes. Unos ocho o nueve hombres de traje y túnica.
Tosió avergonzada.
-Lo siento, si sirve de algo, soy su esposa- Harry sonrió y negó con la cabeza.
-Es Ginevra Potter- la tomó de la mano- ellos son los delegados de las nueve regiones.
-Bienvenidos- saludó con la mano y esbozó una sonrisa, sabía que era un honor para Harry presidir la reunión. -Lamentó estar así, estaba entrenando, debo estar hecha un desastre.
-Está usted muy...-Un hombre mayor con el cabello y la barbara entre gris y pelirrojo habló con acento, dignamente escocés, mientras la recorría con la mirada- bien.
-Una esposa maravillosa, sin duda, señor Potter. No recordaba que su esposa fuera auror también.
-No lo es, ella es jugadora de Quidditch, de las mejores- agregó con orgullo.
-Sí, lo sé muchacho, habría que vivir en una isla para no saberlo, pero la manera en que pelea no parece de una jugadora de Quidditch.
Ginny rió.
-Harry me enseñó bastante, estuve en el ejercito de Dumbledore desde los catorce, de hecho extrañaba los duelos, siempre es satisfactorio destrozar el autoestima de los chicos malos, les duele más si es de parte de una niñita.
*-*Mi querida- cortó un hombre, el más anciano del grupo, con picardía- nadie que tenga visión, incluyendo la mía algo envejecida, podría describirle a usted como una niñita.
-Lamento interrumpir, sigan con el recorrido- miró a Harry con una complicidad que solo ellos podían tener- iré a cambiarme y te espero en la cafetería para almorzar ¿sí? Iré pidiendo para ambos.
-Claro, espérame, no tardaré demasiado- Y en uno de los gestos más galantes que podría hacer un hombre, le beso la mano.
Harry la observó marcharse, la coleta alta en su pelo parecía acentuar aún más el contoneo suave y inconsciente de sus caderas. Esa leoncita era la cosa que más le gustaba en el mundo, pero no solo sus caderas y su cintura, le gustaba todo, incluso su mal carácter o cuando le arrojaba con algo a Ron, él había estado viviendo por inercia, casi muerto, durante la primer parte de su vida, incluso sus primeros años en Hogwarts parecían vacíos en comparación con la vida que llevaba ahora, pero Ginny por sus pecas, su cabello, sus gritos, sus gemidos, sus caricias y sus arañazos en la espalda llenaban su mundo de color, un mundo que él creció viendo en blanco y negro.
Y puede que fuera un poco celoso, lo suficiente para hacerla reír y que ella le recordase que lo amaba, pero nunca para enjaularla, ella había, literalmente, volado por todo el mundo, años de la libertad más absoluta y ahora, diez años después de aquel primer beso, ella estaba junto a él. Por amor, por elección, por necesidad, por felicidad...pero estaba junto a él y eso le bastaba.
Muchos se empeñan en decir que lo de la media naranja es una cursilería infundada, pero él no llegaría ni a uva reseca sin Ginny. Había sufrido demasiado, había visto demasiada sangre, sudor y lágrimas como para ser un alma completa, de una forma totalmente opuesta él también había dividido su alma por muerte. Un trozo con Sirius, otro con Dumbledore, otro con Dobby, con Tonks, con Remus, con Colin, con Fred...habían dejado un alma y un corazón mutilado que no podría mantenerse solo, Ginny era su ancla, sus alas, su armadura, su risa, su excitación, su enojo... Ginny había sido la razón más poderosa para volver, él podría haberse ido quizás a un lugar donde recuperaría todo lo que había perdido, pero nada de eso habría tenido ningún sentido sin Ginny.
-Señor Potter, ¿se encuentra bien?- Harry salió de sus pensamientos y le sonrió al delegado de West Midlands.
-Si, claro, como verán esta es la sala de entrenamientos equipada, se ha mejorado mucho después de la guerra con ayuda del Ministro y del Jefe de Aurors...
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-Lamento el retardo, te ves hermosa- la besó en la coronilla y aspiró el aroma de su cabello. Litros y litros de amortentia.
-Harry solo me puse un sweater- el ojiverde se sentó en una silla a su lado, observó la comida- Esta todo bien, ¿verdad?
-Hemos convivido desde que teníamos once años, nadie podría saberlo mejor que tú. Como yo sé que no pones mantequilla porque sueles meter el codo cuando te distraes mirándome.
-¡Ey! eso no me pasa desde los nueve, diez...once...-Harry alzó una ceja-Bueno, dieciséis. Ególatra- se mofó.
-Eres tú quien tiene a todo el Ministerio detrás- Ginny rodó los ojos.
-Eso no me hace ególatra.
-Gin, te fascina- la pelirroja se mordió el labio- me quedo con la tranquilidad de que te desean pero te temen lo suficiente como para no intentar nada- la pelirroja se rió hasta que varios la miraron curiosos en la cafetería. -Eres una bestia mortal en metro sesenta de estatura, pequeña.
-No soy pequeña, soy minimalista en centímetros- se defendió. Harry la miró embelesado, nadie supondría que aquella muchachita tenía tanto fuego...y lo admitía, le encantaba la manera en que Ginny se ofuscaba cuando mencionaba su estatura, no es que fuera especialmente baja, pero quien la viera, tan pequeña y delicada, no adivinaría su ferocidad.
-Ven aquí- le tiró de la mano y la sentó en su regazo- Te amo, nunca lo olvides.
-Yo también te amo, y cometí el error de dejar que tú lo olvides, lo siento tanto.
-Eso ya no importa, hemos pasado cosas peores.
-Cho-llorica-Chang, para dar un ejemplo.
-¿Sabías que se caso?- comentó, besándole el hombro.
-¿Cho?- Ginny lo miró perspicaz- Ha invitado a todo el ejercito de Dumbledore, no he asistido, nunca nos llevamos muy bien y además es sería muy incómodo.
-¿Fuiste striper en su despedida de soltera?- Harry hizo una mueca.
-Claro que no. ¿Por qué yo sería striper?
-Tienes razón, no es tu estilo. Aunque tienes con qué- Y Ginny volvió a atraer miradas cuando soltó unas risotadas al ver el rostro de su marido sonrojarse.
Harry era tan tierno a veces.
Lo sé, es super corto, pero de verdad me encantó este capítulo.
Pedir ideas o sugerencias es totalmente contra las reglas y Mero no quiere ser censurada, así que, ¿qué tal si me comentan su pareja favorita? para ir armando caps más largos -
Saludos, abrazos y tengan sexo responsable, no quiero ser la culpable de la superpoblación.