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If I Stay, Fred. — capítulo 3
Harry se ha ido con Luna a buscar la diadema de Rowena Ravenclaw, para ser honesta no creo que la encuentre en ese lugar y admito que separarme de él me produce un miedo demencial, como si algo de mí se esfumara, mi mente maquinea a mil por hora con pensamientos horribles, ¿y si lo encuentran? Aunque tenga la capa de invisibilidad, ¿Y si Snape lo encuentra? Eso me produce rabia, ojalá yo me pillara con ese maldito murciélago traidor y lanzarle el maleficio asesino en el rostro, pero ¿Qué pasa si el idiota de pelo grasiento lo entrega a Voldemort? Me estremezco del miedo, rodeó el lugar con los ojos, todos parecen estar hablando, creando planes, yo aquí sentada como India, con las manos sujeto mi mentón, Ron y Hermione han desaparecido, no sé qué hacer.
Mi corazón se dispara y siento un momento de paz e inmensa alegría, por unos segundos, Fred se ha sentado junto a mí, me sonríe, no logro corresponderle, trato, pero mi labio tiembla, estoy en la dualidad de la alegría de tenerlo a mi lado, vivo y ese miedo por mi mellizo. Es horrible. También Remus se acerca a nosotros, los dos hombres que más quiero en este mundo (obviando a Harry por supuesto) Mi padrino me habla de Teddy, su hijo. Siento el pánico correr como la bilis por la garganta, otra vez el maldito miedo de la muerte, no por mi claro, por mi padrino. Es padre ahora, no debería estar aquí, debería estar con su hijo recién nacido, como Tonks. Su voz está rebosante de orgullo, conozco a su bebé tan solo por fotos y aun así siento que lo quiero mucho. Me dedica una mirada radiante y se marcha volviendo a su canon desgreñado. Suspiro y siento una cálida mano tomar la mía, lo veo a los ojos y logró evocar una pequeña y mísera sonrisa, pero es una al fin.
-Me gustaría pensar que estoy soñando-digo, mi voz suena ronca, llena de tristeza.
-Pues yo no-admite el-Si es un sueño, despierto y no estés conmigo podría matarme, no te gustaría.
Sus palabras me conmueven, él no es un tipo romántico ni cursi, solo a veces, y siempre es en el momento justo y preciso. Beso su mejilla y desee estar apartada de todos, solo con él.
Emite un "oh" cuando una Paredes se mueven rodeándonos, apartándonos, se me había olvidado que esta sala mágica hace lo que uno le pide. Me mira con esa sonrisa picarona y yo emito una risilla.
-Tenía miedo de que te pasara algo-le dije.
-Nah, a mí no me pasa nunca nada-hace un gesto con la mano y sin decir nada más me besa. Siento sus labios como un fuego que me reconforta, la necesidad de tenerlo conmigo que tanto tiempo he sentido llega a su clímax y le devuelvo con más intensidad la conexión de nuestras bocas, lo he extrañado tanto...lo quiero tanto...lo amo.
Todo lo bueno termina, nos separamos buscando aire y juntamos nuestras frentes, ahora sí sonrío y me río al verlo relamerse.
-Ojalá no te pase nada-digo seria-Te imaginas quedas desorejado como George? ¿O sin una pierna? No me gustaría casarme con un cojo.
-Escuche que dijiste "casarme"-pregunta arqueando las cejas-Oye tranquila ¿sí?
Yo reí. Volví a besarlo. Volví a sonreír. Pero luego mi boca se curvo e hice una mueca.
-Promete que sobrevivirás-ordene en una súplica-Fred por favor sobrevive...Promételo.
Él se ha puesto igual de serio, se aparta un poco y puedo divisar el mismo pánico colectivo en sus ojos cafés, trata de sonreírme en vano y apoya la cabeza en la muralla. Cierra los ojos y se encoge de hombros.
-Te lo prometo-dice al fin y siento alivio-No puedes casarte con un muerto ¿verdad?
Siento que voy a llorar de alegría, miedo, tristeza...todo junto, pero me contengo y le tomó la mano.
La boda de Bill y Fleur, mi disfraz era hacerme pasar por una prima veela, no es que sea una belleza, pero tengo el cabello rubio, me dieron lentillas celestes caso translúcidas, mucho maquillaje y uno que otro hechizo para rellenar mi cuerpo haciendo esbelto como modelo. No sentí envidia alguna por esta nueva yo, me cargan que me miren y más si es en modo de hombre baboso. Ron, por ejemplo, Fred le golpeó la cabeza porque me reconoció al instante y eso me alegro, pero parecía estresado, no podíamos darnos muestras de afectos porque me reconocerían, podría ser una opción o creer que mi novio me engaña, lo que yo creía más probable pero aun así nos lo prohibieron. Podía distinguir ese fuego en sus ojos al verme, me hacía estremecer y sé que a él le cargan que le prohíban cosas, aun así, la que tomó el control de la situación fui yo, aun cuando morí al verlo en su traje, su perfume, su cabello peinado...guapísimo queda corto. Pero él también estaba frustrado por otra cosa, se desabotona el primer botón de su camisa, se tira el corbatín para aligerarlo.
-Cuando nos casemos Tai encerraré a mi madre, será pequeña la ceremonia y podrán venir vestidos como se les dé la gana-gruñe.
- ¿Cuándo nos casemos? -preguntó con la voz suave, seductora, también alterada.
-Ya no está tan enojona-la defiende George.
-Me da igual-dice Fred mirándome, su gemelo se encoge de hombros y va a ayudar a unas primas veela naturales dejándonos solos, con nuestros mutuos deseos de ser uno del otro-Si, cuando nos casemos-susurra dando un paso hacia adelante-Tu irás a donde tengas que ir, volverás viva, derrotarán al innombrable, y vendrás a mí, viva-repite-Promételo.
Admito que me quedé estupefacta al escuchar ese miedo en su voz, quise besarlo, abrazarlo, mis ojos se llenaron patéticamente de lágrimas, las controlé. Lo miré directamente a los suyos, nos conectamos, me sentí morir.
-Te lo prometo.