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If I Stay, Fred. — capítulo 4

Caminamos juntos para enfrentar la guerra, buscando cualquier indicio de lucha, su mano en la mía, marchando al ritmo de las estrellas, él me sujeta fuerte. Esta alerta, aunque todavía los hechizos protectores funcionan no tardará en desatarse la catástrofe y yo aún no puedo localizar ni a Harry, ni a Ron ni a Hermione, el pánico vuelve a apoderarse de mí y sostengo la varita fuerte sobre mi mano. 

-Tai-murmura Fred a mi lado, lo miro, pero él no a mí, sus ojos divagan por todas partes, una ola de comprensión se apodera de mí. Está buscando a George.

-Deberíamos separarnos-le sugerí, pero su mirada fue de un rotundo no.

Los pasillos del colegio al atardecer, casi anocheciendo y vacíos son espeluznantes...nos cruzamos con Kingsley y Remus que iban a la torre de astronomía, el señor Weasley con Percy que se dirigían al vestíbulo, pero no habían señales de Harry, ni de George. Mientras deambulábamos divisé a una mujer irreconocible por su cabello rosa chillón y una furia incontenida se desató en mi interior.

-Tonks! -exclamé soltándole la mano a Fred y avanzando hacia ella. - ¿Qué haces aquí??! ¡Deberías estar con Teddy!!!

-No pude-murmuro ella sin mirarme-Tai comprende! ¿Si Fred fuera a la guerra, tú te quedarías en tu casa?

-No-masculle y por fin me miro-Pero yo no tengo un hijo recién nacido!! ¿Y con quién se quedó??

-No creas que no me duele dejarlo, está con mi madre. ¿Has visto a Remus??

Le respondí a donde se dirigía, pero no me respondió nada, salió dispara y la miré irse hecha una vela, fue cuando comenzó todo. Un ruido ensordecedor, gritos y una ola de gente corriendo por el pasillo, tuve que correr a resguardarme en la pared para que no me llevaran con ellos, miraba horrorizada hechizos lanzados a diestra y siniestra, los gritos, encapuchados abriéndose camino deshaciéndose de cualquier persona que se interpusiera en su camino, alguien chillo, parecía un verdadero gallinero. 

Me volteé y creo que nunca había tenido tanto miedo como verificar que Fred había desaparecido. 

Me abrí camino contrario a la dirección de todos, aferre fervientemente la varita sobre mi mano, miraba hacia atrás lanzando alguno que otro maleficio hacia los mortifagos, logre darle a uno, no me detuve ni quise averiguar quién había sido, solo quería encontrar a Fred.

Corrí sin rumbo hasta llegar a otro pasillo totalmente desierto. Con escalofríos disminuí la velocidad, no había ni un alma en pena, pero los sonidos de la guerra me martillaban los oídos, frene y gire para pasar por otro.

Me quede quieta al ver tres siluetas irreconocibles.

¡Corrí escaleras abajo, enfurecida, quería asesinarlo! ¡Cómo puede interrumpirlos! Solo era un beso, pero Ronald Weasley es un idiota testarudo y controlador, lo escuchaba discutir con Harry y a Hermione tratando de bajarle los humos cuando veo a Fred en la ventana de la cocina haciéndome señas para que fuera hacia él. Cualquier indicio de enojo se esfumó de repente y como nadie estaba pendiente de mi pude escabullirme e ir a su encuentro.

  • ¿Qué sucedió ahí? -me preguntó Fred emprendiendo camino por el jardín de la Madriguera.

-Ron interrumpió el regalo de cumpleaños de Ginny a Harry-explique en una mueca. Fred alzó las cejas y río-Es un idiota

-Más le valga que no interrumpa nuestro regalo de cumpleaños-sonríe con cierto misterio. -

-No quiero ni imaginar lo que tienen preparado tú y George-dije poniendo los ojos en blanco.

  • ¿Quién hablo de George? -preguntó Fred-Está bien que sea mi gemelo y todo, pero no tengo para que compartir todas mis cosas con él.

-Soy una de tus cosas? -pregunté con falsa frialdad y el soltó una carcajada, me emocioné y la curiosidad me embargo-Que me tienes??

-Ah nada-se encoge de hombros-No puedo regalarte nada porque te vas de vacaciones y no me gusta la joyería asique no pensaba comprarte algo así.

Sonreí ante su sinceridad, ciertamente a mí tampoco, siempre pierdo mis pertenecías pequeñas. Me guio por su patio hasta llegar al gallinero y se sentó en un fardo de paja, me indicó que me sentara con él.

-Vaya-bromee-Apreciar a las gallinas es un buen regalo, no lo olvidaré nu...

No pude terminar la frase porque Fred comenzó a devorar mis labios, me quede quieta unos instantes sintiendo una llama encenderse y lo sujete por la polera atrayéndolo más hacia mí, respondiéndole el beso, su lengua se abre camino recorriendo toda mi boca, de alguna forma me eche para atrás y el encima, lo sentía recorrer mis piernas hasta llegar a mis caderas, metía su mano por debajo de mi blusa acariciando mi dorso desnudo, me estremecí de una excitación que empezaba a sentir, nos revolcamos por el suelo aumentando la velocidad y el frenesí. Alguien como él me vuelve loca, es mejor que cualquier palabra, irremplazable, ¿cómo resumir lo que estaba sintiendo? No se puede. Las gallinas camuflarían cualquier ruido que llegáramos a hacer, estábamos escondidos detrás de los fardos, nadie nos podía ver ni escuchar, lo que me dio el valor de quitarle la polera y palmear a mi gusto ese pecho fornido, besar cada una de sus pecas, y el de hacer lo mismo conmigo, besaba mis pechos con deseo...

Hicimos el amor no una, tres veces, cada vez más ardiente que la otra, nos pertenecíamos, nos amábamos en ese gallinero, un regalo de cumpleaños que nunca se me va a poder olvidar.