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We're not friends-6o año — capítulo 12

¡Hola a todos! Sé que una disculpa no va a calmar su "enojo" o ansiedad porque actualizara, pero veamos el lado bueno: ya estoy de vacaciones y podré subir capítulos como se debe. Cualquier duda, comentario, aclaración o "mensaje de odio" pueden decírmelo. Sin más que agregar, les dejo la historia :)

-¿Quieres uno? -le ofreció Ron con la boca llena, tendiéndole una caja de calderos de chocolate.

-No, gracias -dijo Harry, y levantó la cabeza-. ¡Malfoy ha vuelto a esfumarse!

-No puede ser -replicó su amigo, y se zampó otro caldero mientras se levantaba para vestirse-. ¡Vamos, si no te das prisa tendrás que aparecerte con el estómago vacío! Aunque, ahora que lo pienso, quizá sería más fácil así… -Se quedó mirando la caja de calderos de chocolate, pensativo; luego se encogió de hombros y se comió el tercero.

Harry le dio unos golpecitos con la varita al mapa, murmuró «¡Travesura realizada!», aunque en realidad no había hecho ninguna, y se vistió sin dejar de cavilar. Tenía que haber una explicación para las periódicas desapariciones de Malfoy. Claro, la mejor forma de averiguarlo sería seguirlo, pero esa idea era poco práctica aunque utilizara la capa invisible, porque tenía clases, entrenamientos de Quidditch, deberes y cursillo de Aparición, eso sin contar el espacio que se daba para coincidir con el horario de Hermione y así poder platicar un rato. No podía pasarse todo el día persiguiendo a Malfoy por el castillo sin que nadie reparara en sus ausencias, porque si sacrificaba cualquier tiempo libre que tenía una personita se iba a dar cuenta.

-¿Estás listo? -le preguntó a Ron, y se encaminó a la puerta del dormitorio. Pero Ron no se movió; se había apoyado contra un poste de su cama y miraba por la ventana, azotada por la lluvia, con los ojos desenfocados de una forma muy extraña-. ¡Vamos! ¡El desayuno!

-No tengo hambre.

-Pero ¿no acabas de decir…?Vamos, jamás te pierdes la hora de la comida.

-Está bien, bajaré contigo -cedió con un suspiro-, pero no voy a comer nada.

Harry lo observó con ceño.

-Te has comido media caja de calderos, ¿verdad?

-No es eso -contestó Ron, y volvió a suspirar-. Déjalo, tú… no lo entenderías.

-Y que lo digas -repuso Harry, muy extrañado, y se dio la vuelta para salir al pasillo.

-¡Harry! -exclamó de pronto Ron.

-¿Qué?

-¡No puedo soportarlo, Harry!

-¿Qué es lo que no puedes soportar? - se empezó a extrañar de lo que estaba diciendo pues parecía muy cambiante de emociones,parece una chica en sus días.

-¡No puedo dejar de pensar en ella! -admitió Ron con voz quebrada. De acuerdo, esto no es algo que un chico como el admitiera en voz alta y tan melancólico como sonaba.

No estaba preparado para una cosa así, y no estaba seguro de querer escuchar su confesión. Eran íntimos amigos, pero si Ron empezaba a llamar a Lavender «La-La», él se iba a molestar. Ya suficiente con luego tenerlos cerca demostrándose su afecto.

-¿Y por qué eso va a impedirte bajar a desayunar? -le preguntó.

-Me parece que ella ni siquiera sabe que existo -dijo Ron con un gesto de desesperación. Oh no, aquello no le daba para nada un buen presentimiento, pero igual podría tratarse de su imaginación.

-¡Claro que sabe que existes! -exclamó Harry-. Se pasa el día besándote, ¿no?

-¿De quién estás hablando? - Ron le contestó. ¿Acaso Lavender no era su novia, quien pasaba todo el día con él? ¿Quién más si no ella para que Ron pensara románticamente?

¿Habrá pasado algo más el día que los vio entrar juntos al gran comedor? No podía ser, su castigo lo había pagado al verlos sonriendo hablando de quien sabe qué cosas.

 -¿Y de quién estás hablando tú? - Temía que, después de tanto tiempo se diera cuenta de que en verdad valía la pena estar con Hermione. No podría soportarlo si ahora que ella decidía dejar sus sentimientos por él atrás, era el pelirrojo el que daba el "primer paso". ¿Y si Hermione se da por vencida en la misión de olvidarlo? Sufrimiento seguro para el si eso llegaba a pasar.

-De Romilda Vane - si le preguntaran el aspecto que este tenía, resaltaría el brillo de sus ojos al mencionar ese nombre. Menos mal, no soportaría la idea de Ron y Hermione como pareja. No ahora. Pero, ¿escuchó bien?

-Es una broma, ¿verdad? Te estás burlando de mí-. No veía a un Ronald conquistando chicas por el castillo, era ridículo. Si había tardado en encontrar una pareja para el baile de navidad de cuarto año, no creía que su timidez se haya esfumado.

-Creo que… creo que estoy enamorado de ella -confesó Ron con voz ahogada.

-Está bien. -Y se acercó a él, fingiendo que le examinaba los ojos y el pálido semblante-. Muy bien. Dilo otra vez sin reírte.

-Estoy enamorado de ella -repitió Ron con voz entrecortada -. ¿Has visto su cabello? Es negro, brillante y sedoso… ¡Y sus ojos! ¡Sus enormes ojos castaños! Y su…

-Oye, mira, todo esto es muy divertido -lo cortó Harry-, pero basta de bromas, ¿de acuerdo? Déjalo ya.

Giró sobre los talones y se dirigió hacia la puerta, pero apenas había dado dos pasos cuando recibió un puñetazo en la oreja derecha. Se dio la vuelta tambaleándose. Ron tenía el brazo preparado y el rostro crispado, a punto de golpearlo de nuevo.

Reaccionando de manera instintiva, Harry sacó su varita del bolsillo y pronunció el conjuro:

-¡Levicorpus!

 Una fuerza invisible tiró del talón de Ron hacia arriba. El muchacho soltó un grito y quedó colgado cabeza abajo, indefenso, con la túnica colgando.

-¿Por qué me has golpeado? -bramó Harry.    

-¡La has insultado! ¡Has dicho que era una broma! -gritó Ron, y su cara empezó a amoratarse por la sangre que le bajaba a la cabeza.

-¿Te has vuelto loco? ¿Qué demonios te ha…? -Y entonces vio la caja abierta encima de la cama de Ron y la verdad lo sacudió con la fuerza de un trol en estampida—. ¿De dónde has sacado esos calderos de chocolate?

-¡Son un regalo de cumpleaños! -chilló Ron, dando vueltas lentamente en el aire mientras intentaba soltarse-. ¡Te he ofrecido uno! ¿No te acuerdas?

-Los has cogido del suelo, ¿verdad? - no esperó respuesta alguna, pues creía que aunque a veces su mejor amigo fuera un poco pesado, no merecía que lo encantaran de esa forma. 


-¿Con cuál materia me dijiste que te ayudara a estudiar?

-Pociones, hay una que no me sale y es para la otra clase. Y es que no entiendo lo que dice el libro.

-Pienso que mejor le debes de pedir ayuda a alguien más- se quedaron viendo por un momento y comprendió rápidamente el mensaje.

-Es cierto, que tonta soy. Dime Hermione, ¿lo estoy haciendo bien?

-Ginny...

  • Es decir, lo conozco de hace años, sé que es un buen chico y trato de halagarlo en algunas cosas, pero no sé la razón por la que me pongo demasiado nerviosa y no sé de qué hablarle.

-Tranquila, vamos a seguir intentando. Puedes empezar a pedirle ayuda y pueden verse en la biblioteca y estudiar.

-Mejor en el gran comedor, y así por si cambian los planes salir a caminar.

-De acuerdo, pueden estudiar en el gran comedor y luego que te acompañe a algún lado, pero no será tan complicado solo recuerda que tiene algunas horas libres, también pueden verse en fin de semana.

-Tienes razón, pero corro el riesgo a que me mande contigo.

-Le puedo decir que estoy muy ocupada.

-Bueno. Solo debo parecer normal, no me tengo que emocionar demasiado. Cambiando de tema, ¿cómo vas con el asunto de mi hermano?

  • Bien diría yo-. Hermione le mostró una sonrisa que denotaba éxito en su propósito.

-Ya veo, todo el mundo ha notado eso excepto Lavender claro, no por nada se mostraron muy sonrientes aquel día-. No le gustaba el tono sugerente de su amiga, al parecer no le había quedado claro que su meta no era "conquistarlo" sino recuperar su amistad.

-No te entiendo.

-No te hagas, si no te conociera diría que hasta te sonrojabas cuando lo mirabas.

-Tonterías, ya te dije que no lo veo de esa forma; deseo que no se enoje conmigo ni ella, no los quiero de enemigos.

-Está bien, te creo. Pero no me gustaría que luego el que sufra sea Harry- Hermione se quedó un poco sorprendida al escuchar eso, pues el conflicto, si es que todavía se le puede decir así, era entre ella y el hermano de la chica. No veía en donde encajaba el de cabello azabache en todo esto.

-Si recuerdas que es su amigo, tu mejor amigo, ustedes tres siempre han sido unidos a pesar de cualquier situación; llevan 6 años casi de convivir y no soportaría verlo dividido por sus tontas peleas, ¿te has preguntado alguna vez como le hace para hablar con los dos? Prácticamente se tiene que partir a la mitad para que el otro no crea que tiene preferencias.

-Lo sé, pero no creo que sea tan extremo, es decir conmigo platica diferentes cosas que con Ron, a él le va a tener un poco más de confianza porque es hombre.

-Es cierto, pero si te pones a pensar puede tener contigo platicas mas sensatas que con mi hermano.- Al escuchar esto Hermione soltó una risita, haciéndole ver a su amiga que en eso tenía razón. Tan pronto como terminaron de estudiar, cada quien se fue a dormir.


-¿Cuándo se preparó esa poción? -preguntó Slughorn mientras contemplaba a Ron con interés profesional-. Lo digo porque, si se conservan mucho tiempo, sus efectos pueden potenciarse.

-Eso… eso lo explica todo -jadeó Harry mientras forcejeaba con Ron para impedir que le soltara un puñetazo a Slughorn-. Hoy… hoy es su cumpleaños, profesor -añadió con mirada implorante.

-Está bien. Pasen, pasen -cedió Slughorn-. Tengo todo lo necesario en mi bolsa. No es un antídoto difícil…

Ron irrumpió en el caldeado y atiborrado despacho de Slughorn, tropezó con un taburete adornado con borlas y recuperó el equilibrio agarrando a Harry por el cuello:

-Romilda no me ha visto tropezar, ¿verdad? -murmuró ansioso.

-Ella todavía no ha llegado -lo tranquilizó Harry mientras observaba cómo Slughorn abría su kit de pociones y añadía unos pellizcos de diversos ingredientes en una botellita de cristal.

-¡Uf, qué suerte! -dijo Ron-. ¿Cómo me ves?

-Muy guapo -dijo Slughorn con naturalidad, y le tendió un vaso de un líquido transparente-. Bébetelo, es un tónico para los nervios. Te tranquilizará hasta que llegue ella.

-Excelente -repuso Ron entusiasmado, y se bebió el antídoto de un ruidoso trago.

Harry y Slughorn lo observaron. Ron los miró con una amplia sonrisa en los labios, pero ésta se fue desdibujando poco a poco hasta trocarse en una expresión de desconcierto.

-Veo que has vuelto a la normalidad, ¿eh? -sonrió Harry. Slughorn soltó una risita-. Gracias, profesor.

-De nada, amigo, de nada -dijo Slughorn. Ron se dejó caer en un sillón con cara de consternación-. Lo que necesita ahora es algo que le levante el ánimo. -Se acercó a una mesa llena de bebidas-. Tengo cerveza de mantequilla, vino… Y me queda una botella de un hidromiel criado en barrica de roble. Hum, tenía intención de regalársela a Dumbledore por Navidad… ¡Bueno -añadió encogiéndose de hombros-, no creo que eche de menos una cosa que nunca ha tenido! Bien, ¿la abrimos y celebramos el cumpleaños del señor Weasley? No hay nada como un buen licor para aliviar el dolor que produce un desengaño amoroso…

Soltó una risotada y Harry lo imitó. Era la primera vez que estaba casi a solas con Slughorn desde su fallido intento de sonsacarle el recuerdo auténtico. Quizá si conseguía mantenerlo de buen humor… quizá si bebían suficiente hidromiel criado en barrica de roble…

-Aquí tienen -dijo el profesor, y le entregó a cada uno una copa de hidromiel. Luego alzó la suya y

Brindó-: ¡Feliz cumpleaños, Ralph!…    

-Ron -susurró Harry.

Pero Ron, sin prestar atención al brindis, ya se había llevado la copa a los labios y bebido el hidromiel. Tras un instante, el tiempo que tarda el corazón en dar un latido, Harry comprendió que pasaba algo grave, pero Slughorn no se dio cuenta.

-… ¡y que cumplas muchos más!

-¡Ron!

Este soltó su copa e hizo ademán de levantarse del sillón, pero se dejó caer de nuevo. Empezó a sacudir con violencia las extremidades y a echar espumarajos por la boca, y los ojos se le salían de las órbitas.

-¡Profesor! -exclamó Harry-. ¡Haga algo!

Slughorn parecía paralizado por la conmoción. Ron se retorcía y se asfixiaba, y la cara se le estaba poniendo azulada.

-Pero ¿qué…? Pero ¿cómo…? -farfulló Slughorn.

Harry saltó por encima de una mesita, se lanzó sobre el kit de pociones que el profesor había dejado abierto y empezó a sacar tarros y bolsitas. En la estancia resonaban los espantosos gargarismos que hacía Ron al respirar. Entonces encontró lo que buscaba: la piedra con aspecto de riñón reseco que Slughorn le había cogido en la clase de Pociones.

Harry se precipitó sobre Ron, le separó las mandíbulas y le metió el bezoar en la boca. Su amigo dio una fuerte sacudida, emitió un jadeo vibrante y de pronto se quedó flácido e inmóvil.


Iba con más prisa que la de costumbre, era uno de marzo, cumpleaños de Ronald Weasley. Ahora que volvían a ser de nuevo amigos, o al menos para ella, le apuraba verlo y felicitarlo pues después de alimentarse haría tarea en la biblioteca y quien sabe qué tiempo se llevaría en aquella labor.

-Hola Ginny -bajando de las escaleras de su habitación vio que la pelirroja estaba a punto de salir, por lo que apresuró su paso para alcanzarla.

-¿Qué tal, Hermione?- le pareció un poco extraño que su contestación hubiera sido un poco fría, casi grosera, pensó que tal vez porque llevaba prisa de ir a algún lado.  

-Bien, busco a tu hermano- al hacer mención de este, la pelirroja cambio su semblante.

-Supongo que no has visto a Harry.

-No me gusta tu tono, ¿pasó algo? Tiene que ver con Harry, solo dime que está bien.

-No, es con mi hermano. Está en la enfermería, Hermione.- Esas palabras le cayeron como un balde de agua fría, empezando a crear un sentimiento en su interior y haciendo que su mente comenzara a imaginarse todo tipo de escenarios mortales que pudieron ocasionar el accidente a su amigo, solo esperaba que no haya sido demasiado grave.- Voy en camino a verlo, me puedes acompañar si quieres.

-Por supuesto.- Y las dos emprendieron camino hacia la enfermería.


-No era así como imaginábamos darle nuestro obsequio -dijo George con gesto compungido. Dejó un gran paquete envuelto para regalo en la mesilla de noche de su hermano y se sentó al lado de Ginny.

-Sí, él debía estar consciente -añadió Fred.

-Fuimos a Hogsmeade y lo esperábamos para darle la sorpresa… -continuó George.

-¿Estaban en Hogsmeade? -preguntó Ginny.

-Nos planteábamos comprar Zonko -explicó Fred-. Queríamos convertirla en nuestra sucursal en Hogsmeade, pero ¿de qué nos serviría si ya no los dejan salir los fines de semana para adquirir nuestros productos? En fin, ahora eso no importa.

Acercó una silla a la de Harry y contempló el pálido rostro de Ron.

-¿Cómo pasó exactamente, Harry?

Éste volvió a relatar lo que ya había contado un montón de veces a Dumbledore, la profesora McGonagall, la señora Pomfrey, Hermione y Ginny.

-…y entonces le metí el bezoar por el gaznate y él empezó a respirar un poco mejor. Slughorn fue a pedir ayuda y acudieron la profesora McGonagall y la señora Pomfrey, que lo subieron aquí. Dicen que se pondrá bien. La enfermera cree que tendrá que quedarse en la enfermería una semana, tomando esencia de ruda…

-Vaya suerte que se te ocurriera lo del bezoar —comentó George.

-La suerte fue que hubiera uno en la habitación -puntualizó Harry. Se le helaba la sangre cada vez que pensaba en lo que habría sucedido si no hubiera dado con aquella piedra, Ron era su mejor amigo y por nada del mundo desearía que algo malo le pasara. Al menos no otra vez.  

-¿Lo saben ya papá y mamá? -le preguntó Fred a Ginny.

-Sí, ya lo han visto. Llegaron hace una hora. Ahora están en el despacho de Dumbledore, pero no tardarán en volver…

Se quedaron en silencio y observaron a Ron, que decía algo en sueños.

-Entonces, ¿el veneno estaba en la bebida? -preguntó Fred con voz queda.

-Sí -contestó Harry, que no dejaba de pensarlo y se alegró de esa oportunidad para hablar del asunto otra vez-. Slughorn nos lo sirvió…

-¿Pudo ponerle algo en la copa a Ron sin que tú lo vieras?

-Supongo que sí, pero ¿por qué iba a querer envenenarlo?

Oía como discutían y posiblemente encontraban un presunto culpable, poco a poco, debido a sus cavilaciones la chica de cabellera castaña solo podía pensar en la persona que se encontraba en la camilla, haciendo que el ruido de alrededor se apagara. ¿Quién iba a pensar que tan pronto volvieran a tratarse alguien lo envenenaría? Era absurdo, el único delito o acto grave que alguna vez cometía era el ignorar a todo el mundo mientras se perdía comiendo. Se encontraban todos preocupados, aunque no todos. Se le hizo un poco raro que entre ellos no estuviera su novia, llegó a pensar que tal vez nadie le había avisado; pensó que a pesar de que no le caía bien la chica, debería de hacerle saber lo que había pasado con Ronald. Estaba decidida, le diría al respecto.

Regresando a escuchar la conversación que entablaban los demás, pudo escuchar que sugerían que el envenenamiento de Ron lo pudo provocar alguna persona que esté enojado con el equipo de Gryffindor.

-Yo no creo que esto tenga nada que ver con el quidditch, pero sí veo relación entre los dos ataques -intervino Hermione.

-¿Qué relación? -preguntó Fred.

-Bueno, ambos tendrían que haber resultado mortales, pero no ha sido así, aunque de chiripa. Y por otra parte ni el veneno ni el collar afectaron a la persona a la que supuestamente tenían que matar. Claro que -añadió con aire pensativo-, en cierta manera, esto convierte al autor de las agresiones en aún más peligroso, porque por lo visto no le importa a cuántos tenga que quitar de en medio hasta conseguir su objetivo.

Esta idea que se le había formulado en la cabeza, los dejó especulando una vez más. Se volteó a prestar atención a su amigo, se encontraba en una silla al lado de su cama. Se veía un poco pálido, pero era cuestión de que las medicinas fueran surgiendo efecto.

—Err… ii… oon… —susurró de pronto Ron con voz ronca.

Ese murmullo por su parte, hizo que la esperanza fuera creciendo en su interior, lo que suponía que se iba a mejorar. Una pequeña sonrisa se asomó de sus labios, pensando en que podría quedarse tal vez a cuidarlo un raro, claro después de los señores Weasley.

Del otro lado de la cama se hallaba sentado el chico de la cicatriz, como todos estaban muy ocupados platicando acerca de lo sucedido, se concedió unos segundos para apreciar a la bella chica que cuidaba del su mejor amigo. Sentía que la mirada que le dedicaba no era de amigos. Puede que este accidente que tuviera la acercara mas a Ron, incluso llegando a que ella se "vuelva a enamorar de él".

No sabes lo que diera porque me mires de la misma forma, quiso decirle.

Todo a su tiempo, le dijo la conciencia.